INFO GENERAL
 Portada
 Introducción
 Actualidad Mundial
 Info para la Prensa
 Preguntas y Resp.
 Servicio E-mail
 Colabora

SECCIONES
 Maitreya
 Benjamin Creme
 Meditación Trans.
 Señales y Milagros
 Base Esotérica
 Archivo Artículos
 Revista Share Int.
 Libros - Folletos
 Webs - Links

 

 

Preguntas y respuestas (F.A.Q.)

 
Este artículo es una continuación lógica del artículo De la Religión Tradicional a la Sabiduría Eterna incluido en la sección Base Esotérica.

Religión Tradicional y Sabiduría Eterna - Un acercamiento

  Parte I


El propósito de este artículo es demostrar la síntesis subyacente entre las enseñanzas de la Sabiduría Eterna y ciertos principios del cristianismo. El material fue recopilado por el Reverendo Howard Ray Carey, pastor metodista durante más de medio siglo. En 1967, mientras servía activamente en una congregación del Sur de California, el Reverendo Carey descubrió la Sabiduría Eterna. Reconociendo su mensaje universal y excepcionalmente práctico, y comprendiendo que no entraba en conflicto en modo alguno con su sistema de creencias desde tiempo establecidas, comenzó a incorporar a su ministerio muchos de sus principios y conceptos. Durante los 20 años siguientes se dedicó a tender puentes entre el Cristianismo y la Sabiduría Eterna, ayudando a los estudiantes a hallar un nuevo significado en sus vidas cotidianas mediante la ampliación de su visión de la Vida Espiritual.

En 1980 al Reverendo Carey le fue presentado el artista y conferenciante británico Benjamin Creme, cuya revelación provocadora acerca del inminente retorno de Cristo le abrió ulteriores puertas de comprensión. Hasta su muerte en 1986 el Reverendo Carey trabajó diligentemente para compartir este extraordinario mensaje con todas las personas a las que conoció.

Aunque este artículo utiliza las “claves” de la Sabiduría Eterna para abrir los misterios de la Biblia Cristiana, es igual de relevante para todas las grandes escrituras, y es, por consiguiente, un utensilio valioso para todos los buscadores de la Verdad – al margen de su afiliación religiosa.

[Recomendamos que los lectores comiencen con la sección “Fundamentos” de la última página como introducción a ciertos conceptos que no les pudieran resultar familiares. ]
 

1. Comprendiendo la Biblia

[Nota: Todas las referencias bíblicas, a menos que se establezca lo contrario, pertenecen a la versión estándar revisada]

La Biblia es en realidad una biblioteca de 66 “libros”, conteniendo algunos de ellos más de 50 capítulos, y limitándose otros simplemente a uno o dos. Los escritos de estos 66 libros, 39 pertenecientes al Antiguo Testamento y 27 al Nuevo, abarcan un período de muchas generaciones. Sus numerosos autores incluyen a profetas, sacerdotes y escribas del Antiguo Testamento, algunos identificados por su nombre y otros anónimos. Algunos libros del Nuevo Testamento fueron escritos por Apóstoles de Jesús, tales como Mateo, Juan y Pablo, mientras que otros fueron escritos por discípulos y seguidores de éstos, tales como Marcos, Lucas y Timoteo.

¿Es la Biblia la palabra de Dios?

Sí, en el sentido en que Dios nos “habla” a través de las palabras de la Biblia, y en que fue el origen de la inspiración para sus autores. Sin embargo, ver la obra de Dios únicamente en términos Bíblicos es limitar nuestra concepción sobre Él. Su presencia y guía puede también contemplarse en las vidas de aquellos hombres y mujeres que han sobresalido de las multitudes a lo largo de la historia humana, aquellos que nos han inspirado y que han dirigido nuestra aspiración “hacia el cielo”.

¿Dictó Dios lo que escribieron los numerosos autores de la Biblia?

Muchos cristianos proclaman que la Biblia y sus contenidos vinieron de Dios palabra por palabra, haciendo así de ella algo infalible. A la hora de considerar tal afirmación es importante estudiar la evolución de la Biblia. En los tiempos modernos no aparece como se recopiló por vez primera. Desde su origen ha visto muchas ediciones y sufrido numerosas reinterpretaciones. Los primeros líderes de la Iglesia incluso debatieron durante algún tiempo qué libros deberían ser incluidos. ¿Es razonable aceptar que todos estos “eventos” que han rodeado a la Biblia durante los últimos 2.000 años fueron inspirados divinamente?

La Biblia es un libro profundamente espiritual, lleno de sabiduría y orientación para aquellos que leen sus páginas. Sí, muchos de sus autores fueron, sin duda, inspirados divinamente. No obstante, pertenece a la naturaleza del ser humano el exhibir errores en el juicio y en la comprensión. ¿No están sujetos a estas mismas limitaciones humanas los autores de la Biblia y los subsiguientes editores e intérpretes? ¿No afectarían estas limitaciones al resultado final de lo que hemos llegado a conocer en los tiempos modernos como la Biblia?

Significado original perdido en la traducción

Aquellos que traducen la palabra escrita de un idioma a otro nos advierten que el significado original se pierde a menudo en el proceso. A menos que uno comprenda los modismos, costumbres, psicología y otros factores implícitos en una cultura particular, la precisión de una traducción se torna muy difícil.

Es ampliamente conocido que la Biblia usada en los tiempos modernos fue traducida del Griego. Es menos conocido sin embargo, y objeto de desacuerdo entre algunos eruditos, que la traducción Griega derivó realmente del arameo. George M. Lamsa, renombrada autoridad bíblica, dice que el arameo era la lengua hablada durante el tiempo de Jesús (ver El Nuevo Testamento – A partir del Antiguo Texto Oriental por George M. Lamsa). Si esto es cierto, entonces ¿no puede ser plausible que parte del significado original del texto bíblico pudiera haberse visto alterado de forma inadvertida? Incluso los que tradujeron el Nuevo Testamento griego a la versión King James durante el siglo XVII exhibían un conocimiento limitado del Griego. Teniendo en cuenta esta limitación ¿no se podría derivar de esto que existieran errores de traducción? Una comparación entre la Biblia moderna, la traducción griega y la primitiva versión en arameo sin duda ofrecería diferentes significados entre ellas.

¿Cómo hemos de interpretar lo que está escrito?

Jesús nos dio una clave importante cuando dijo: “¿Por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo?” (Luc.12:57) Este es un precepto dado por Jesús para que el oyente decida por sí mismo, para que no dependa de otra persona o autoridad externa para la interpretación. Sí, sería un error el echar por la borda toda la investigación y trabajo de los expertos en dichas áreas de interpretación. Pero, al mismo tiempo, dicha pericia sólo debería ser usada como guía para llegar a una interpretación propia.

Los misterios del reino

Sólo a aquellos discípulos que se habían comprometido completamente a Dios y a Su servicio les declaró Jesús: “Porque a vosotros se os ha dado el conocer los misterios del Reino de los Cielos... Dichosos vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen” (Mt.13:11 y 16). Pablo, en su epístola a los Efesios (3:9) y a los Colosenses (1:26), escribe también acerca de estos secretos o misterios que Dios revela a aquellos que hacen un compromiso total y sirven altruistamente. Se puede decir con confianza que cuando uno se dedica a la vida espiritual, representada por Cristo, uno adquirirá las claves de comprensión y la capacidad para “discernir por nosotros mismos lo que es justo”.

Significados ocultos o simbólicos de los textos bíblicos

Un punto importante a recordar cuando se estudia la Biblia es que gran parte de la profundidad de su significado puede ser sacada a la superficie si el escrito se toma simbólicamente. Considérese, como ejemplo, el pasaje en Jn 14:6 donde Jesús dice: “Yo soy el camino, la Verdad y la Vida; nadie va al Padre sino por mí”. Por una parte, se podría decir que esto excluye a todos aquellos que no se cuentan entre las filas del cristianismo. Un estudio y exploración en mayor profundidad, revela, no obstante, que las palabras “por mí”, se refieren al amor-sabiduría o conciencia Crística. A medida que evolucionamos y crece nuestra comprensión espiritual, entramos en la misma consciencia que ostenta Cristo, “vamos al Padre”. Puede ocurrir fuera o dentro de la religión organizada.

Jesús habló en parábolas. Ocultó intencionadamente el significado que estaba tratando de comunicar. Su propósito era el de alentar la discriminación y la comprensión intuitiva. Ocultó el significado a aquellos que no estaban preparados o que no eran dignos de recibirlo.

La Biblia como un espejo de nosotros mismos

La Biblia sirve para muchos propósitos: describe acontecimientos históricos, representa simbólicamente aspectos o rasgos interiores de cada uno de nosotros, y nos ofrece orientación y parámetros dentro de los cuales conducir nuestras vidas.

Tómese por ejemplo el relato del amainamiento de la tempestad del lago de Galilea registrado en Mc.4:35-41. Si se considera al lago o mar de Galilea como el mar de la vida, sobre el que estarnos realizando nuestra travesía, entonces el relato podría representar las olas de nuestra vida emocional, tempestades que amenazan con ahogarnos. Se nos dice que Jesús estaba dormido en la popa del barco, así, también la conciencia Crística permanece a menudo dormida en nuestro interior hasta que las tormentas son lo bastante severas como para obligarnos a pedirle ayuda.

Entonces hallamos que tiene el poder de aportar tranquilidad a nuestras vidas atormentadas y de dirigimos al puerto deseado, hacia el cual dirigirnos nuestras velas. Otro ejemplo sería el del libro del Éxodo, la mayor parte del cual trata de la progresión de los Hebreos: liberándose de la esclavitud en Egipto, cruzando el Mar Rojo, abriéndose camino a través del desierto, cruzando después el Jordán hasta la tierra prometida. En comparación, podríamos examinar nuestras vidas para ver si estamos y dónde, en esa especie de viaje. ¿Estamos dejando detrás nuestro viejos modos de vida y nos dirigimos hacia una existencia más libre y más espiritual?
 

2. Términos diferentes – mismo significado

[Nota: Existe un número infinito de posibles paralelismos que pueden ser trazados entre ideas y enseñanzas tal como se presentan en la Biblia y las enseñanzas de la Sabiduría Eterna. Las siguientes son unas pocas de las más importantes].

Reino de Dios – Jerarquía Espiritual

Jesús habló a menudo del reino de Dios y del reino de los cielos, usando esas palabras de forma intercambiable; y afirmó: “El reino de Dios ya está entre vosotros” (Lc. 17:2 1) En la Biblia, la información específica acerca de este reino es escasa, mientras que las enseñanzas de la Sabiduría Eterna contienen muchas referencias a este reino, conocido como la Jerarquía Espiritual.

Los justos hechos perfectos – Maestros de la Sabiduría

Jesús nos dijo: “Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro padre celestial”. (Mt. 5:48) Pablo escribe de la madurez del varón perfecto, que describe como “La medida de la estatura de la plenitud de Cristo”. Sigue diciéndonos: “Crezcamos en todo hasta Aquel que es la Cabeza, Cristo” (Efe. 4:13 y 15). Y el escritor de Hebreos habla de “los espíritus de los justos llegados ya a la consumación”. (Heb. 12:23)

En la Sabiduría Eterna, aquellos que han llegado así a la perfección, al menos desde el punto de vista humano, son llamados Maestros de la Sabiduría. Son individuos como nosotros mismos que han progresado a través de toda la experiencia que este planeta puede ofrecer y ya no necesitan encarnar más.

La Jerarquía Espiritual, con Cristo a su cabeza, vigila el desarrollo de toda la vida en este planeta. Los Maestros no están implicados únicamente en temas religiosos, sino que lo están con cada aspecto de la realidad. Son los inspiradores de los grandes trabajos científicos, así como de los altos logros en las artes creativas. Sus discípulos, a quienes inspiran y guían, trabajan en todos los campos, incluido el socio-político, científico, religioso, educativo y artístico.

Dios – Logos

La Biblia usa el término “Dios” para indicar al Creador o Ser Supremo. La Sabiduría Eterna usa el término “Logos” con la misma connotación. El Evangelio de San Juan comienza con “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”. Podría leerse perfectamente: “En el principio era el Logos...” porque ése es el término griego para Verbo.

Tanto la Biblia como la Sabiduría Eterna coinciden en que no hay sino una Vida suprema, creadora y sostenedora de todo lo que existe. Y aunque no existe más que un Dios, esta Vida divina se manifiesta en muchos niveles, humanos y no humanos.

Ángeles – Devas

En muchos de los libros de la Biblia, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, existen referencias a ángeles y a su servicial ministerio hacia con las personas; como en el caso en el que un ángel contribuyó a la liberación de Pedro de la prisión. En las enseñanzas de la Sabiduría Eterna estas vidas son conocidas como “devas”. Se dice que realizan muchas tareas útiles tales como la de protectores de la humanidad, creadores y sostenedores de la vida en otros reinos – animal, vegetal y minera¡. Aunque en la mayoría de los casos en que se menciona la aparición de ángeles en la Biblia en realidad podría tratarse de Maestros o Iniciados de la Jerarquía Espiritual, que a falta de otro término o conocimiento los compiladores de la Biblia llamaron ángeles.

Relación entre la Reencarnación y las Enseñanzas de Jesús

Uno de los principios básicos de las enseñanzas de la Sabiduría Eterna tiene que ver con la idea de reencarnación (la Ley del Renacimiento). Sin la comprensión de esta idea divina, no se puede captar el significado pleno de las enseñanzas de Jesús sobre el pecado, salvación y aceptación eventual en el reino de Dios.

¿No sería posible que un concepto tan ampliamente aceptado entre otras religiones del mundo abrigara un significado para los cristianos? En realidad, si las tendencias actuales son un indicativo, parecería que cada vez mayor número de cristianos están empezando a abrazar la creencia de la reencarnación. Un nuevo examen de ciertos pasajes del Nuevo Testamento puede arrojar nueva luz sobre este tema tan debatido. Para llegar a una plena comprensión sobre la reencarnación, es necesario también tomar en consideración la idea de “karma” (la Ley de Causa y Efecto) o, como está escrito en la Biblia, “ojo por ojo, y diente por diente”.

‘Lo que sembrares, eso cosecharás’ – Karma

En la epístola de San Pablo a los Gálatas nos advierte: “No os engañéis, de Dios nadie se burla. Pues lo que uno siembre, eso cosechará”. (Gal. 6:7) En este pasaje de los Gálatas, San Pablo se está refiriendo a la obra de la Ley de Causa y Efecto. El mensaje es que debemos pagar nuestros pecados. La Sabiduría Eterna pone el acento sobre la misma ley, pero usa el término “karma”. Un factor implícito en esto, que la Sabiduría Eterna acentúa incluso con mayor fuerza pero que la Biblia no deja tan claro, es que los efectos de las causas iniciadas en una vida son frecuentemente experimentados en una vida o vidas futuras. Así, muchas de las dificultades de nuestra vida presente, así como muchas de nuestras “bendiciones”, son el resultado de causas puestas en marcha en vidas anteriores y sólo ahora se presentan para su resolución y conclusión.

Es aquí donde entra en juego la reencarnación. A través de esta gran ley complementaria, el karma se resuelve. Igual que son “creados” nuestros pecados, asimismo debemos “pagar” por dichos pecados. El pensamiento y la acción correctos ayudan a contrarrestar y reducir el “pago” o deuda kármica que debe ser satisfecha. El individuo encarna una y otra vez, resolviendo karma, creando nuevo karma y evolucionando de una forma constante hacia la perfección.

El Nuevo Testamento contiene varias referencias sobre la reencarnación. Por ejemplo, en Mt. 11: 14, encontramos que Jesús, comentando sobre Juan Bautista quien estaba por entonces en prisión, cerró sus observaciones con estas palabras: “Y, si queréis admitirlo, él es Elías, el que ha de venir”. Con énfasis añadió: “El que tenga oídos para oír que oiga”.

Hay también pasajes, en Mt. 17:11-13 y Mc. 9:12-13, que muchos citan como referencias definitivas a la reencarnación: en respuesta a una pregunta hecha por Sus discípulos, Jesús identifica de nuevo a Juan el Bautista como una reencarnación de Elías. Otros pasajes en el Nuevo Testamento indican que tanto los líderes religiosos de la época y la gente común, como los discípulos de Jesús, aceptaban el concepto de reencarnación.

3. Sabiduría oculta en las parábolas de Jesús

Muchos relatos bíblicos son como minas de oro, en virtud de que no ofrecen sus tesoros verdaderos hasta que no se cava más profundamente. A la hora de descubrir los significados simbólicos, una clave importante es considerarlos no sólo como sucesos históricos sino como alegorías que representan dramas de la vida. Así, las parábolas de Jesús, esas “historias terrestres con significados celestiales”, devienen más vivas.

Para las siguientes parábolas, se ofrece una de las muchas posibles interpretaciones en base a las “claves” aportadas en La Sabiduría oculta en la Santa Biblia, por Geoffrey Hodson.

La Parábola de las Diez Virgenes (Mt. 251-134 versión King James)

Estas diez vírgenes, podrían ser descritas como novias. Mientras esperaban el gran evento, la llegada del novio, cinco de ellas se habían provisto prudentemente con vasijas de aceite para sus lámparas, pero las otras cinco insensatas no lo hicieron. A media noche, cuando el novio llegó, las insensatas descubrieron que sus lámparas se apagaban por falta de aceite. Apelaron a sus hermanas más prudentes, “Dadnos de vuestro aceite”. Pero la petición fue denegada. Fueron enviadas a los vendedores a comprar su propio aceite por sí mismas. Pero entre ir y venir ya era demasiado tarde, de modo que fueron excluidas del banquete nupcial.

¿Por qué actuaron las vírgenes “prudentes” de forma tan dura y egoísta? ¿Dónde estaba su compasión?

Interpretada a la luz de las enseñanzas de la Sabiduría Eterna, vemos que el aceite representa la comprensión intuitiva o la visión interna. Este es un nivel de experiencia que no puede ser dado o pasado a otro. Ha de ser comprado en el mercado de la dedicación, de la meditación y del servicio altruista. De manera que la lección debería ser: Hasta que no nos dediquemos a la verdad, y hasta que no nos consagremos al estudio espiritual y a la meditación, todo esto emparejado con una vida de servicio altruista – hasta entonces nos será vedado el acceso al banquete de bodas con Cristo (el novio).

Un punto importante a comprender acerca de las parábolas es que pueden aplicarse a variados niveles de comprensión y experiencia humanas, individual y colectivamente.

La Parábola del Hijo Pródigo (Lc. 15:11 24)

Otra parábola tiene que ver con la historia de un padre y sus dos hijos. El hijo más joven estaba ansioso de irse de casa y verse libre de la tutela parental. Lo que halló en su largo viaje de vida “desenfrenada” fue el derroche de todo lo que tenía, hasta que se vio hambriento y sin hogar en un país lejano.

Ahí recobró el juicio, dio media vuelta e hizo el largo camino de regreso al hogar, con una plegaria de arrepentimiento en sus labios. Experimentó entonces el perdón de su padre y con música, danza y una nueva indumentaria, emergió una nueva filiación.

Esta parábola puede verse como una ilustración que representa el comienzo y subsiguiente viaje de toda la raza humana. La humanidad es el hijo pródigo. La partida de la Casa del Padre tuvo lugar hace millones de años, cuando como espíritus vírgenes nos aventuramos a buscar experiencia en los planos externos de la vida. Esto constituyó la fase involutiva de nuestro largo viaje, culminado en la inmersión en el materialismo más profundo. Finalmente, con el paso del tiempo, nos vuelve a la memoria la Casa del Padre, el verdadero hogar del alma, y comenzamos el largo viaje evolutivo –de muchas vidas– de regreso a la Casa del Padre.

Al igual que el hijo pródigo, estamos en el viaje de regreso al Padre. Él aguarda nuestra decisión de retomar, sabiendo con certeza que la culminación de nuestro viaje nos devolverá a Su redil.

El Buen Samaritano (Lc. 10:25-37)

El término “buen samaritano” se puede encontrar en muchos artículos de nuestros periódicos actuales. Su extendido uso da una indicación de la influencia que ha ejercido esta historia tan antigua. La parábola fue dada por Jesús en respuesta a una pregunta planteada por un doctor de la ley, “Y quién es mi prójimo?” En su respuesta, Jesús eligió a un samaritano, una persona usualmente despreciada por los demás en la comunidad, como un ejemplo del verdadero prójimo. Es una historia de sobra conocida entre los cristianos. Un hombre está viajando desde Jerusalén a Jericó y cae en manos de unos salteadores. Ellos le despojan de su ropa, le apalean y lo abandonan en el camino, dándole por muerto. Un sacerdote, y más tarde un levita pasan de largo. (Ambos pensaron que el hombre estaba muerto. Si ellos llegaran a tocar un cuerpo muerto serían considerados “sucios” teniendo prohibido entonces entrar en el templo). Pero cuando el samaritano se fue acercando al hombre se fue llenando de compasión y le atendió, vertiendo aceite y vino en sus heridas para curarlas. El samaritano llevó entonces al hombre al único “hospital” disponible, la posada más cercana. Allí dio instrucciones al posadero para que el hombre fuera atendido y curado. Dando su propio dinero como desembolso inicial destinado al cuidado del hombre herido, prometió pagar a su retorno los posibles gastos restantes.

Es fácil dar una interpretación superficial de todo esto, despotricando contra aquellas personas terribles que hacen cosas semejantes a personas inocentes, y contra aquellos que no hacen nada para aliviar el sufrimiento humano viéndonos a nosotros misinos como el buen Samaritano. Pero si aplicamos la clave previamente mencionada a la interpretación de esta parábola, viendo la historia como una representación de nuestras propias vidas, entonces podríamos preguntar: ¿No hay elementos en nuestros propios pensamientos y acciones pasados o presentes que han herido a otros, ya sea emocional, mental o físicamente? ¿Y no hemos pasado de largo, dejándoles que encuentren ayuda por su cuenta? O, ¿cuántas veces nos hemos visto a nosotros mismos como las “víctimas” de las circunstancias o incluso de la gente magullada?. Quizás podamos percibir al sacerdote y al levita en nosotros mismos, como ese aspecto de nuestra naturaleza que ha pasado de largo por la parte herida de nosotros mismos, no deseando reconocer el daño o hacer algo con él, ¿Quién es, entonces, el buen samaritano en dichas circunstancias? ¿Podría ser la naturaleza de Cristo dentro de cada uno de nosotros? Mucha gente lo llama amor de Dios o Ser “real”. Cuando este “Ser” o amor despierta, entonces somos rescatados. Podemos entonces atender a las heridas de los demás y a las nuestras sin tener que eludirlas. 

continúa ( Parte II )  >>
 

 

Índice FAQ

Maitreya - el Instructor del Mundo
Web page design and custom graphics © 2006 troman.com
Document, images, logos.. © Share International Foundation.