|
|
Un mensaje de esperanza para la humanidad ( Parte 1 ) Mucha gente me ha pedido que relate algo sobre los pasos que me han conducido al trabajo que desempeño actualmente...
No será un relato completo: hay leyes no escritas de reticencia sobre algunos aspectos de la relación entre Maestro y Discípulo, y he prometido guardar silencio sobre cierto trabajo que hago para los Hermanos del Espacio; pero por cualquier interés que pueda tener, y en la esperanza de hacer más real y creíble el hecho de los Maestros y el hecho del retorno del Cristo a la cabeza de Ellos, pongo por escrito lo siguiente: De niño, a los cuatro o cinco años, uno de mis pasatiempos preferidos era sentarme a la ventana y observar el viento; no el efecto del viento sobre los árboles y las hojas, sino el viento mismo. Miraba los movimientos del aire y trataba de adivinar si soplaba del norte, del sur, del este o del oeste. Cuando ingresé en la escuela aprendí que el aire era invisible, asimismo el viento, y olvidé, no sé si gradual o repentinamente, mi habilidad para ver lo que era, naturalmente, algún nivel de los planos etéricos de la materia. Planos etéricos Por encima del plano físico denso –sólido, liquido y gaseoso– existen cuatro planos materiales aún más sutiles que conforman la envoltura etérica de este planeta, de la cual los planos físicos densos son una precipitación. No fue sino hasta veinte años después, a través de la construcción y el uso del acumulador orgónico de Wilhelm Reich, que me di cuenta nuevamente de este océano de energía del cual nosotros mismos somos parte, y pude cerciorarme definitivamente de la existencia de los planos etéricos.
A la edad de catorce años leí lo que fue para mí un libro extraordinario: Con los Magos y Místicos del Tibet, de Alexandra David-Neel. Esta mujer polaca de incansable ánimo, determinación y recursos logró atravesar, disfrazada de Lama, las barreras prohibidas alrededor de ese misterioso país, logrando un permiso para residir allí, y colocándose bajo la tutela de un verdadero Lama. Ella describe varias practicas esotéricas, algunas de las cuales aprendió, incluyendo la creación mental de un “familiar” en su caso un monje gordo y jovial que muy pronto evadió su control y tuvo que ser desmaterializado. Estas prácticas exigían obviamente una concentración y un control mental considerable, mas yo alcancé algún éxito con algunas, incluyendo el Tumo, un sistema para crear calor interior en épocas de frío. A finales de los años cuarenta, a través de un estudio de la obra de Wilhelm Reich y del empleo del acumulador orgónico, percibía conscientemente las corrientes de energía a las cuales me volví extremadamente sensitivo; tanto así que finalmente podía registrar la explosión de una bomba atómica en el Pacífico o donde fuera. A través de miles de millas, registraba el cambio de las corrientes etéricas causadas por las explosiones. Inevitablemente, uno o dos días después, venía la información de que los Estados Unidos, Rusia o Gran Bretaña había puesto a prueba una bomba de tal o cual tamaño.
El Poder de la Mente A principios de los años cincuenta encontré un libro de Rolf Alexander: El Poder de la Mente. El artículo de la revista que remitió mi atención hacia el libro había subrayado, por supuesto, el aspecto mas sensacionalista de éste –“el reventón de nubes”, partir o desgarrar las nubes a través del poder mental únicamente. Rolf Alexander, un canadiense, fue llamado al Tibet y entrenado por un maestro tibetano de Yoga, y su libro describe una práctica para someter la mente instintiva, subconsciente, al control de la mente directiva consciente. Esta última a menudo se halla fragmentada y parcialmente sumergida en la actividad de computadora subconsciente de la anterior, y se pierde una gran parte de su energía disponible. El método empleado es auto-hipnosis. Liberar el principio directivo consciente de su involucramiento en la actividad de la mente subconsciente (que debe proceder de forma automática) descarga grandes acumulaciones de energía mental y lleva directamente al enfoque y a la concentración que preceden la meditación. Y así empecé a meditar. Alice Bailey
También empecé a leer. Leí, entre otros, los trabajos teosóficos de H.P. Blavatsky y de Leadbeater; Gurdjieff, Ouspensky y Nicoll; Paul Brunton, Patanjali; las enseñanzas del Agni Yoga y de Alice Bailey; los Swamis Vivekananda, Sivananda, Yogananda; Sri Ramana Maharshi, cuyo Camino de Auto-Conocimiento intenté seguir. A través de Su meditación sobre “¿Quién Soy Yo?” (y lo sé ahora, a través de la Gracia de mi Maestro) me sentí impulsado a identificarme con todo el mundo fenoménico: la tierra, el cielo, las casas y la gente; los árboles y los pájaros y las nubes eran mi propio ser. Desaparecí como un ser aparte, mas retuve plena conciencia, una conciencia expandida para incluir todo. Vi que esta era la verdadera Realidad, que nuestra conciencia normal simplemente cubre esto, lo esconde, a través de la identificación errónea de uno mismo con el cuerpo. También vi este mundo fenoménico como una especie de ritual, un juego de sombras ritualizado, la actuación de un sueño o deseo de sólo Aquello que existe, que es Real, y que también era yo. A finales de 1958, me dijo un condiscípulo que tenia la "conexión", que yo estaba recibiendo "mensajes". Esto me sorprendió y no sentía que fuera cierto. Se me dijo que los mensajes "me rebotaban", pero que si hacía determinada cosa, en el curso del tiempo recibiría los mensajes correctamente. Comienzo del trabajo Debí de haber hecho lo correcto, porque una noche a principios de enero de 1959, tan claramente que no podía equivocarme, escuché interiormente las instrucciones: Ve a tal lugar (en Londres), a tal hora y en tal fecha, unas tres semanas más adelante. Esa noche, había gente esperándome allí para conocerme. Ese fue el principio de una serie de mensajes que venían con creciente impulso. Algunos, aparentemente, no los captaba (se me indicaba después cuando eso ocurría). Y temí tanto no captarlos, que me los daba a mí mismo . Bajo esa impresión, fui varias veces a diversas citas, donde nada ocurría ni nadie llegaba; pero gradualmente me asenté, me tranquilicé, los recibía bien, ya no los perdía. Se me pidió que consiguiese una grabadora y recibí numerosos mensajes y extensos dictados de diversas clases. Algunos incluían consejo, orientación o instrucción espiritual. No se me reveló la identidad del Maestro (o Maestros) Quien así me hablaba, telepáticamente, y creo que fui demasiado tímido para preguntar, aunque se me dijo que podía hacer preguntas. Fue hasta años después que me enteré de Su nombre y también de que me lo habría dicho si hubiese preguntado mucho antes. "Afirma su venida" Una noche, a principios de 1959, durante una transmisión, se me dijo que apagase la grabadora. Inmediatamente siguieron las palabras de Maitreya, el Cristo, Guía de nuestra Jerarquía planetaria, sobre Su Reaparición. El dijo que yo tendría parte en el Plan. En esa época yo creía que el Instructor del Mundo vendría de algún planeta más avanzado, probablemente de Venus, y esta información de Maitreya causó un gran desconcierto en el campo de mis ideas. En una transmisión poco después de este acontecimiento, mi Maestro, refiriéndose a esta nueva información, añadió: “Se avecina el momento en que esperamos que actúes de acuerdo a esta nueva información.” Y en otra transmisión: “!Afirma Su venida!” No puedo afirmar que tomé a pecho estas exhortaciones y que por ello me he comprometido en este trabajo de preparación para el Cristo. Siguiendo instrucciones, guardé estas cintas durante diecisiete años y me temo que necesité un fuerte empujón por parte del Maestro para lanzarme a este trabajo. Liberación de espejismos A finales de 1972, cuando estaba un poco desalentado y cuando menos lo esperaba, Aquel que es Sabio y Perspicaz y a Quien tengo el privilegio de llamar Maestro, irrumpió súbita e inesperadamente. Me tomó de la mano y me sometió al mas intenso período de liberación de espejismos e ilusiones, de entrenamiento y preparación. Durante meses trabajamos juntos, veinte horas al día, ahondando y fortaleciendo la conexión telepática hasta que fluyó en ambas direcciones con igual facilidad, requiriendo el mínimo de Su atención y energía. El forjó en este período un instrumento a través del cual El podía trabajar, y que podría responder a Su mas mínima impresión (naturalmente, con mi completa cooperación y sin la menor infracción de mi libre albedrío). Todo lo que veo y oigo, El oye y ve. Cuando El lo desea, una mirada mía puede ser una mirada Suya; mi contacto, el Suyo. Así, con un mínimo desgaste de energía El tiene una ventana al mundo, un puesto avanzado de Su conciencia; El puede curar y enseñar. El mismo permanece, en pleno cuerpo físico, a miles de millas de distancia. No quiero sugerir que soy Su única ventana al mundo. No sé cuan raro es, pero estoy seguro que éste no es un caso único. Constituye una etapa definitiva en la relación entre Maestro y Discípulo. El me ha pedido que no revele Su identidad por el momento –ni siquiera a los miembros del grupo con el cual trabajo, y a través del cual trabaja El. Su petición se debe a dos razones que conozco y respeto (habrá otras), pero puedo decir que El es uno de los Miembros Mayores de la Jerarquía, un Maestro de la Sabiduría, Cuyo nombre es bien conocido entre los esoteristas de Occidente. Su inspiración ha aumentado tremendamente el poder conceptual y la intensidad de mis pinturas. Dos pequeños episodios, entre muchos que ilustran la amorosa preocupación de los Grandes, Su vivo sentido del humor y la capacidad de emplear Sus poderes a larga distancia: El primero ocurrió a principios de 1973, durante el período de la más intensa preparación y del más intenso entrenamiento. Yo había estado fumando pequeños cigarros durante algún tiempo, y el Maestro frecuentemente me animaba a dejar de fumar estas “asquerosas yerbas”, como El decía. Su técnica era asignarme alguna meditación o ejercicio cada vez que yo iba a encender algún cigarro. Un día, preparándome para cumplir una cita en algún lado, dejé la pequeña caja de cigarros en la esquina de mi cama mientras me cambiaba de ropa. Cuando estaba listo, la caja había desaparecido, literalmente. Le pregunté al Maestro, por supuesto, si El había hecho algo con la caja. Sostuvo completa ignorancia y desinterés respecto a las “asquerosas yerbas”. Yo estaba seguro del sitio en que dejé la caja, y sin embargo busqué con diligencia sin resultado. “¿Está seguro de que Usted no la escondió?” repetí. Juró Su inocencia: El tenía mejores cosas que hacer con Su tiempo y energía. Finalmente dije, “Bueno, compraré otra caja al salir.” Inmediatamente, allí estaba la caja en la esquina de la cama donde yo la había dejado. El segundo episodio se relaciona con un pájaro y ocurrió hace dos años y medio. Cada año, nos visitan un gran número de vencejos que revolotean cerca de nuestras ventanas todo el día y anidan bajo el alero del tejado. Temprano una mañana de verano, uno de estos pájaros maravillosos tropezó, a través de una ventana abierta, contra una persiana cerrada. Cayó de golpe en una gran lata de barniz que se hallaba bajo la ventana, doblando la manilla y la tapa de la lata con su impacto. Yacía allí, palpitando, sus ojos mirando con fijeza y sus enormes alas torcidas, una sobre la lata y la otra cubriéndola de lado. El Maestro me pidió que mirase de cerca y cuidadosamente al pájaro y sentí Su energía fluyendo a través de mis ojos. Inmediatamente, el pájaro se relajó y cerró los ojos. El Maestro me aseguró que no tenía huesos rotos, pero que estaba muy golpeado y asustado. Me pidió que abriese la parte inferior de la ventana y que bajase a desayunar. Media hora mas tarde, volví para hallar que el pájaro había volado, estaba curado y había regresado al aire matinal. Estos dos pequeños episodios pueden sorprender a aquellos estudiantes que recuerdan la declaración del Maestro Djwhal Khul de que a los Maestros no Les interesa ni Les concierne la vida personal de sus discípulos. Aunque estoy seguro de que en general es cierto, estoy igualmente seguro de que hay excepciones a la regla. Depende enteramente del tipo de relación que el Maestro quiere forjar, el grado de confianza que El busca crear, y la relación kármica entre El y su discípulo. |
|||||||||||||||||||||||||||
|
|
||||||||||||||||||||||||||||
|
Maitreya
- el Instructor del Mundo |