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Benjamin Creme

 
Conferencias de Benjamin Creme primeras experiencias

1. Idina Le Geyt, Londres, Reino Unido (Investigadora)

Cuando fui a Friends House por primera vez hace 24 años, estaba llena de entusiasmo. Estaba familiarizada con las enseñanzas de Alice Bailey, y con la meditación, y había sentido durante mucho tiempo que la Segunda Venida podía realmente ser ahora.

Alrededor de las paredes de la sala de conferencias había bellos mensajes, pidiendo justicia, compartir los recursos del mundo, rescatar a los millones de personas que padecen hambre.

Benjamin habló enérgicamente de la injusticia, la blasfemia, de hombres, mujeres y niños padeciendo hambre en un mundo de abundancia. Sus estadísticas eran estremecedoras y sentí tal vergüenza que deseaba arrastrarme debajo de la silla y esconderme. Él explicó claramente las Enseñanzas de la Sabiduría Eterna y habló del inminente regreso del Cristo y del Día de la Declaración, cuando todos los ojos podrán verle. Estaba henchida de asombro y alegría.

A las ocho en punto Creme anunció que recibiríamos un mensaje de Maitreya mismo. La sala se calmó; se atenuaron las luces, y Creme comenzó a hablar en un tono lento y mesurado con largas pausas que a veces hacía difícil captar todo el significado. El Mensaje de Maitreya esa noche fue sobre el “Estanque de Amor, de donde todos los hombres pueden beber” (Mensaje Nº 110, 24 de Septiembre de 1980), que me conmovió mucho.

Durante la meditación, Benjamin Creme nos miró a cada uno de nosotros, y olas de energía emanaban de él. En las primeras tres visitas fui capaz de ver estas energías, la primera vez como una luz blanca que llenaba la sala, tan brillante que las figuras de las personas desaparecían, sólo sus perfiles permanecían visibles, y Creme estaba envuelto en una brillante luz palpitante que llegaba hasta el techo. Abrir y cerrar mis ojos no detuvieron el fenómeno. En la segunda visita la sala se infundió de un color rosa (el color de Maitreya, luego supe) y en mi tercera visita, fue dorado. No volví a experimentar nuevamente este brillo, y sentí que se trató de un vislumbre desde detrás del velo para infundirme ánimo.

Después de ello nunca volví a perderme una conferencia, y conocer con certeza la presencia del Cristo y de los Maestros puso una perspectiva completamente diferente a la vida, una reafirmación preciosa que, a pesar de toda la crueldad y peligro en el mundo, “todo irá bien”. 
 

 

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