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El temor a la muerte por Aart Jurriaanse Existen varias razones subyacentes para el constante temor a la muerte. Está el horror a lo desconocido e indefinible, unido a la duda sobre la inmortalidad del hombre y a la incertidumbre de lo que se convertirá después de su muerte. ¿Existe un 'cielo', y que sucede con la amenaza de consumirse eternamente en el purgatorio? Existe también el siempre presente temor del proceso de separación real cuando la esencia de vida se retira y el espíritu o alma se marcha del cuerpo. Las personas parecen olvidarse que tal sensibilidad está asociada con la vida activa en funcionamiento en el cuerpo físico, y que con la retirada de la vida todos los sentidos físicos de dolor simultáneamente desaparecerán. No existe la 'muerte'; es sólo una cuestión de paso desde un nivel de conciencia despierta a otro, de la conciencia física a la conciencia espiritual. Si el hombre llegara a esta realización entonces los temores se desvanecerían. La 'muerte' no es algo a que temer, sino por el contrario, en muchos aspectos, es una fase a la que se debe dar una bienvenida – qué bello pensamiento para la persona mayor que ha pasado por la rutina de la vida y experimentado su bienestar e infortunio, que pueda desprenderse de su prisión física densa con todos sus sufrimientos, dolores y temores, que pueda cambiar la vida física con todas sus preocupaciones, dudas, decepciones y tensiones mentales, por un periodo de vida en un cuerpo espiritual que ya no se cansará ni estará sujeto a todos los problemas terrenales. En ese nuevo mundo del espíritu se dará un amplio trabajo a aquellos que quieran contribuir a la redención de la humanidad. Semejante trabajo será de una naturaleza agradable, y compatible con el carácter, inclinación y estado de desarrollo individual. Como cabría esperar, el enfoque de la juventud a estos pensamientos puede ser bastante diferente. Para ellos la vida está sólo empezando, con todos sus placeres, experiencias y desafíos que superar. Para ellos la muerte es todavía algo remoto en lo que a su vida personal incumbe – algo que le sucede a otros. Para los fuertes y vigorosos, la muerte es algo en el distante y vago futuro que no debe aún ser contemplado, hasta que súbitamente lo inesperado tiene lugar, alterando todos los planes e ideas preconcebidos. De pronto el inconsciente es llevado frente a frente ante el Ángel de la Muerte, debiendo afrontar duramente algunos de los hechos inexorables de la vida que hasta ese momento se habían dejado fuera de consideración. Para el que no está preparado esto probablemente significará una conmoción intensa, seguido de un temor sobrecogedor. Este es el momento en el cual un conocimiento más agudo de los hechos de la vida sería de gran ayuda – una realización de que la vida en el mundo físico es meramente una fase pasajera en un ya largamente establecido esquema cíclico en la existencia del alma, alternando entre periodos pasados tanto en la carne como en el mundo del espíritu. ¿Qué importancia tiene si una aparente vida prometedora es inesperadamente interrumpida? Aunque el propósito real de tal aparente destino cruel permanezca oculto a la visión miope del hombre, se puede tener la seguridad de que existe una buena razón para tal suceso. Desde el punto de vista humano la muerte frecuentemente parece severa y sin sentido, pero debemos recordar que el hombre sólo puede visualizar un sector muy estrecho del Plan general, y su perspectiva debe inevitablemente ser limitada. Se debe recordar también que la vida terrenal que ha sido interrumpida, después de una estancia espiritual más corta o más larga, será reasumida en un nuevo vehículo físico para continuar las experiencias planificadas por el alma. Liberación No, a aquellos que se marchan no se les debe tener pena, tampoco se debe temer a la muerte – uno se debe alegrar en su nombre porque, durante un tiempo, ellos han sido liberados de las trabas y limitaciones físicas. Es la inmersión del alma en la oscuridad de la forma física – el proceso conocido como el 'nacimiento' – la que se debe considerar como una entrada en la oscuridad y un periodo de 'muerte' para el alma. Los únicos que realmente sufren por la muerte son aquellos que se quedan, que han sido súbitamente apartados de sus seres queridos, y que durante un tiempo serán despojados del amor, la compañía y quizás el apoyo de los que han partido. Sin embargo, con un enfoque correcto los supervivientes deberían pronto adaptarse, una vez que comprenden que los que partieron están realmente mucho mejor en su nuevo entorno, y que su pena está principalmente causada por su autocompasión. Intentad comprender que es sólo un ¡'au revoir' – hasta la vista! Estas son amplias generalizaciones. Así como entre los miles de millones de seres humanos no existen dos exactamente iguales, es imposible describir las condiciones detalladas que serían aplicables a todos los individuos y circunstancias. Por tanto sólo amplios principios pueden delinearse. Debe comprenderse que cada vida individual, teniendo su propio modelo particular, es ajustada y coordinada alrededor de estos principios básicos según la posición ocupada en tiempo y espacio por el ser en cuestión, de acuerdo a su estado de desarrollo, los rayos e influencias que afectan su aura, y finalmente conforme a las directrices del alma encarnada. Este es otro ejemplo de la relatividad de toda verdad en lo que puede ser interpretada por las mentes limitadas de los hombres. Cada individuo, siendo una entidad separada, debe absorber, digerir y aplicar, en lo mejor de sus posibilidades, tanta verdad como pueda comprender y afrontar en su estado particular del despertar y expansión de su conciencia. (Revista Share International
− Junio 1985) |
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Maitreya
- el Instructor del Mundo |