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Las leyes del karma y renacimiento

 

El concepto de renacimiento

por Aart Jurriaanse

Para los estudiantes esotéricos el concepto de renacimiento no es una creencia abstracta basada en la teoría y así abierta a debate. Para ellos es un concepto muy establecido que ha formado parte de las enseñanzas de la Sabiduría Eterna durante miles de años, y ha sido corroborado posteriormente una y otra vez en la vida diaria. El principio se basa principalmente en la dualidad del hombre.

Una vez que el estudiante ha aceptado la premisa de la inmortalidad del alma humana, entonces la lógica, libre de la obstrucción del dogma, le llevará a la conclusión de que la reencarnación es inevitable. Si la composición de la humanidad se considera, con sus razas y naciones, con su variedad de colores y lenguas, sus características físicas, emocionales y mentales, y si además se considera que existen tantos caracteres como individuos, entonces puede formarse alguna idea sobre su complejidad.

El punto a enfatizar es la disparidad entre individuos. Entre los miles de millones en la tierra existen aquellos que mueren de hambre, y aquellos que mueren de exceso; existen aquellos que no poseen nada y no tienen los medios para 'mantener el cuerpo y el alma juntos', y aquellos que precisan de grandes organizaciones para administrar sus posesiones; existen aquellos que aún viven como esclavos, y aquellos que poseen el poder de decidir el bienestar, la vida y la muerte de millones de personas; existen los mentalmente débiles y aquellos poseedores de mentes brillantes; existen aquellos con cuerpos débiles, y aquellos con salud radiante. Y de forma similar uno puede enumerar muchas condiciones y características opuestas; pero finalmente existen aquellos sólo interesados en su bienestar personal, en contraste con aquellos discípulos avanzados cuyos vehículos inferiores han sido completamente sometidos al mandato del alma, y caracterizados por el amor espiritual, viven únicamente para servir a su prójimo.

Ahora, si al hombre se le concediera sólo una vida en la Tierra, sólo una oportunidad tanto para triunfar o fracasar, con todos estos individuos tan desigualmente equipados para los desafíos y luchas de la vida, ¿cómo podría tal estado de cosas ser justificado o considerado justo? ¿Cómo posiblemente podría uno creer en un Dios de amor que favorece aparentemente a unos con toda ventaja concebible en la vida, y a otros con nada, ni inteligencia, ni bienes mundanos, ni oportunidades, y ni conciencia espiritual? ¿Cómo podrían tales individuos divergentes ser traídos ante el Trono de la Justicia y ser juzgados en igualdad de condiciones? ¡No, imposible! Ningún Padre Amoroso podría tolerar tales anomalías, al dar sólo una oportunidad para la redención.

Afortunadamente para el hombre, tenemos a un Padre amoroso, en cuya sabiduría y justicia podemos confiar. Los defectos residen en el mismo hombre que no puede ni comprender ni interpretar aquello que le rodea. Él sólo puede distinguir una pequeña faceta de la Verdad y de un sistema muy complicado, y por tanto basa su juicio en evidencias totalmente inadecuadas.

¿Pero entonces, cuándo el hombre falló en su razonamiento? La respuesta y quid de todo el problema se encuentra en el concepto equivocado y erróneo de que la evolución y la redención del alma humana debe completarse en el período de una sola vida en la Tierra.

El hombre interno - el alma

La condición dispar tanto entre individuos como razas es un hecho, y forma parte del modelo de existencia humana, pero una vez que la razón para esta disparidad es comprendida, no puede ya haber dudas sobre el amor compasivo y la justicia de nuestro Padre Divino. Lo que observamos, en razas e individuos, es meramente la expresión externa de las etapas de desarrollo alcanzadas por los variados integrantes de la humanidad, todos ellos en un estado de cambio constante, evolución y adaptación. Algunos están todavía en una etapa primitiva, mientras otros han avanzado mucho en el Sendero. El mayor obstáculo del hombre es su falta de discernimiento y comprensión; su visión miope, que es acentuada y distorsionada por el espejismo del entorno astral en el cual la mayoría aún se mueve y vive.

Lo que debe ser reconocido es que la personalidad es sólo el instrumento físico, que es temporalmente ocupado por el hombre interno real e inmortal – el alma. La cubierta material de carne, sangre y huesos, es de seguro mortal, y 'muere' al final del período de vida, cuando el alma, junto a la esencia de vida, se retrae. El cuerpo muerto entonces se desintegra en sus átomos constituyentes, pero el alma inmortal es transferida a uno de los niveles etéricos, y seguidamente a los planos astrales y mentales, dependiendo del desarrollo espiritual alcanzado. La existencia continuará 'normalmente' en estos niveles superiores, excepto que el alma estará ahora libre y no más impedida por la cubierta exterior física limitativa. Después de una larga o corta permanencia en estas esferas subjetivas, una necesidad de más experiencias físicas crecerá en el alma.

En los escritos de la Sabiduría Eterna se hacen repetidas referencias al alma en desarrollo o en desenvolvimiento. Estrictamente hablando esto es incorrecto. El alma es un reflejo de la Mónada o Espíritu, y como tal es una chispa o fracción minúscula de la Deidad, y debe por tanto también ser perfecta. Pero 'perfección' es un concepto relativo, y aunque nuestra Deidad, el Logos de nuestro planeta Tierra, es la consumación de la perfección para el hombre, aún esta Deidad, según la Sabiduría Eterna, permanece mutable y en un estado perpetuo de cambio y evolución. Para esta evolución la 'experiencia' es necesaria. Hacia qué objetivo el Logos está evolucionando permanecerá más allá de la concepción humana pero, aparentemente, para la realización de tal propósito es esencial para el alma, como un fragmento del Espíritu global, tener toda experiencia posible que pueda ser adquirida a través del contacto con la materia densa. De estas experiencias el alma recoge entonces la 'esencia', que es transmitida al Yo Superior para servir algún propósito superior desconocido en beneficio del Logos. Todo lo que concierne al hombre es el hecho de que el alma necesita estas experiencias, y que los cuerpos humanos en la Tierra son necesarios para que a través de ellos las almas pueden operar.

Las almas comienzan sus ciclos de eras ocupando los cuerpos de hombres primitivos, y la única influencia ejercida en estos cuerpos en esta etapa temprana es aparentemente suministrarles una conciencia de sí mismos necesaria para distinguirles del mundo animal. Durante innumerables encarnaciones, que cubren cientos de miles o incluso millones de años, estas reencarnaciones periódicas o cíclicas se repiten indefinidamente, el alma adquiere los requisitos para el desenvolvimiento gradual, pero durante mucho tiempo no tiene ningún efecto evidente en su instrumento. Con el paso de las eras, sin embargo, el alma se vuelve selectiva, eligiendo cuerpos que muestran cierta medida de desarrollo o refinamiento; al principio los cuerpos están puramente enfocados en satisfacer los aspectos físicos de la existencia, pero seguidamente se crean formas que gradualmente comienzan a estar orientadas hacia la vida emocional. Finalmente la mente inferior comienza a despertar, resultando en el desarrollo del cuerpo mental. Es sólo con el desenvolvimiento de la mente que el alma puede comenzar a afirmarse, pero la verdadera dirección del alma sólo surge cuando los cuerpos físico, astral y mental son integrados y juntos funcionan como la personalidad

La anterior digresión puede ayudar a explicar la amplia variedad de tipos, cualidades, características y desarrollo que confluyen entre los miles de millones de individuos que componen la humanidad. No existe por tanto una cuestión de un Padre injusto que favorece a ciertas razas, comunidades e individuos, y penaliza a otras; lo que se observa son meramente etapas en la gama calidoscópica de modelos en los cuales las almas se expresan. Se pueden observar individuos y naciones en todas las etapas de evolución, del más primitivo al más evolucionado, cada uno de ellos pasando por aquellas experiencias necesarias para el alma interior. Para el ojo irreflexivo algunas de estas experiencias pueden parecer innecesariamente duras o crueles, pero podemos estar seguros de que, por algunas razones inexplicables para la limitada mente humana, es exactamente lo que el alma necesita en esa etapa específica. Estamos observando el panorama humano compuesto de millones de individuos, cada uno guiado por su propia alma interna, cada uno en su propio estado de desenvolvimiento evolutivo particular, y en el proceso de recogida de experiencias adicionales en su muy largo viaje de regreso al hogar del Padre. Recordad también que en cualquier etapa inferior de desarrollo que pueda estar un instrumento en particular, todos están en el mismo sendero, cada alma ha soportado o soportará, la misma experiencia en vidas pasadas, presentes o futuras, y finalmente todos alcanzarán el mismo destino temporal, sólo para continuar nuevamente más allá en el sendero evolutivo eterno que conduce al misterioso Desconocido.

Aspectos del renacimiento

Unos pocos aspectos del renacimiento quizás merecen una mayor elaboración:

Intervalos entre Reencarnaciones. No se debe dar gran valor a la generalización en este tema, pues ocurren grandes diferencias en la rapidez en la cual estos 'impulsos cíclicos' tienen lugar. Algunas almas permanecen durante eones en los planos astrales antes de decidir volver al mundo de expresión física, mientras otras rotan bastante rápido. Sin embargo debe decirse que los pocos evolucionados, como regla, circulan bastante rápido, y no se entretienen mucho en los niveles subjetivos. Al continuar el desarrollo espiritual, la duración de estos retiros periódicos se incrementa, hasta que se pasa mucho más tiempo 'en el otro lado' que en la encarnación física. No obstante, cuando el sendero del discipulado se acerca a sus etapas finales, los períodos entre encarnaciones nuevamente se acortarán: es como si el alma fuera incitada a completar su experiencia física de eones tan rápido como sea posible, con un afán por resolver compromisos y obligaciones de servicio iniciadas en vidas previas.

Normalmente la intención de reencarnarse surge de la misma alma. Cuando esto ocurre, el alma, ayudada por un grupo especializado de colaboradores espirituales, seleccionará a padres apropiados que darán nacimiento al cuerpo físico que deberá servir al alma como su próximo canal de expresión. Estos padres deben seleccionarse con cuidado, no sólo por sus cualidades hereditarias, sino también con debida consideración al entorno en el cual están funcionando. El alma regresa para propósitos específicos, y para su realización es importante que se provea de una forma con los potenciales requeridos, como también un entorno apropiado para las experiencias necesarias.

Las almas pertenecen a grupos, y como regla un alma renace en el mismo período que los otros miembros del grupo. El grado en el cual estos miembros del grupo estén asociados durante su vida física variará. Algunos de estos miembros pueden nacer en la misma familia, pero esta es una de muchas posibilidades. También sucederá ocasionalmente que todos los miembros del grupo se reencarnen en el mismo período o en la misma región o raza. Cuando el alma regresa 'a casa' después de completar una reencarnación, será normalmente acogida de vuelta por los miembros del grupo 'en el otro lado'.

En realidad los lazos del grupo y el consecuente 'impulso cíclico' de los grupos juegan un papel mucho más importante del hasta ahora atribuido por el estudiante esotérico medio. El hombre con su típica preocupación egoísta, ha enfatizado mayoritariamente en el pasado las muchas implicaciones personales del renacimiento y el desarrollo, sin comprender la función que el grupo debe cumplir, o el servicio y sacrificio que subyace a la encarnación del grupo en beneficio de toda la evolución de la humanidad. En los años venideros este aspecto del renacimiento recibirá mucha más consideración.

En lo que respecta a la vida del alma el género es irrelevante, puesto que es esencialmente un atributo de la existencia física y emocional. Con el fin de resolver sus experiencias, el alma se encarnará periódicamente, sin embargo, tanto en cuerpos masculinos como femeninos.

Por razones similares el alma también nacerá en naciones y razas de todos los colores y cualidades.

Almas avanzadas que han alcanzado una etapa en la cual son delegadas para cumplir alguna función específica en servicio a la humanidad, pueden ser inducidas tanto a prolongar la duración de una encarnación particular, como en otros casos acelerar su regreso. Los 'Señores del Karma', que son principalmente responsables de organizar las condiciones del renacimiento, pueden por tanto ejercer una fuerte influencia en la tendencia de los asuntos mundiales, retardando o acelerando la encarnación de un número apropiado de almas especialmente ‘entrenadas’ para guiar a la humanidad en una dirección necesaria. También se debe recordar que las almas avanzadas ya no son impulsadas a reencarnarse por un deseo de alcanzar la perfección – en ellas el incentivo es un afán de sacrificio, y una voluntad de servir y contribuir con su parte en la realización del Plan divino.

(Revista Share International − Enero/Febrero 1985)
 

 

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