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La constitución del hombre

 

El cuerpo físico

por Aart Jurriaanse

La forma física, tanto aquella de un mineral, un animal, un hombre o un planeta, consiste de millones de átomos o células, cada uno encarnando una vida inferior, cada uno en una condición de actividad constante, y cada uno preservando su individualidad o identidad, aunque al mismo tiempo mantenidos juntos en una formación grupal por una fuerza central atractiva y coordinadora - por la Vida. Esta vida forma parte de una manifestación mayor de vida - la vida de nuestra Deidad o Logos planetario, 'en El vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser.'

Se debe trazar una clara distinción, sin embargo, entre el hombre sólo como una forma física, y lo que se denomina un ser humano completo. La diferencia descansa en la dualidad del último concepto - un ser humano es considerado como una personalidad física bajo la orientación espiritual, donde el alma sirve de unión entre espíritu y materia. Aunque el cuerpo físico sirviendo como tal tiene su propia vida, esto sólo representa vida atómica, completamente falta de conciencia, y sin la dirección del alma no sería más que un autómata sin sentido. El cuerpo físico no es considerado un principio sino simplemente una forma respondiendo automáticamente a la conciencia que se desenvuelve gradualmente. Es por tanto sólo un medio sujeto a impulsos, pero sin ninguna inteligencia innata propia; es un cuerpo receptor, sin la capacidad de iniciar ninguna forma espontánea de actividad.

El cuerpo del hombre físico normal es en gran medida la víctima de un cuerpo astral caprichoso, por el cual la personalidad está aún guiada, hasta que en una etapa más avanzada de desarrollo se convierte en el instrumento de la expresión triunfal de la energía del alma. Se puede por tanto considerar como un agente reaccionando a las influencias y las órdenes de:

  • El cuerpo vital o etérico;
  • El vehículo astral o emocional;
  • La mente inferior, situada en el cuerpo mental;
  • El alma - la guía espiritual inmediata.

Uno de los problemas del estudiante es determinar la fuente de los incentivos, impulsos, impresiones o inspiraciones, que - con el cuerpo vital actuando como unión, coordinador o transformador - impulsan al cuerpo físico a la actividad.

Los estudiantes están a veces perplejos por la cuestión de herencia de ciertas características de los padres. En cierto sentido los niños pueden mostrar una asombrosa similitud tanto a uno como a otro de los dos padres - 'de tal palo tal astilla' - o pueden parecer una composición mezclada de las características obtenidas de ambos padres. Esto por lo que se refiere a su apariencia externa o modales, pero sus características más subjetivas pueden diferir tanto de aquellas de sus padres que a veces se cuestiona si cierto individuo puede posiblemente ser el producto de ellos. Sin embargo, una vez que el principio de dualidad es comprendido, estas incongruencias inmediatamente se clarifican y se pueden explicar.

El cuerpo físico resulta de la unión de dos células, originarias cada una del padre y la madre. Estas células contienen los 'cromosomas' o portadores de las características de cada padre -pero recordad que esto sólo se refiere a sus rasgos físicos, emocionales y mentales. Su carácter, o lo que se podría denominar sus cualidades espirituales son producidas por las influencias interiores espirituales o contacto del alma. Como el alma inmortal es sólo un ocupante temporal del cuerpo, abandonándolo al final del ciclo de vida, y no formando en ningún momento parte intrínseca del cuerpo físico, las propiedades del alma no pueden transferirse de las células físicas a la descendencia.

La afirmación recién realizada sin embargo debe matizarse. Durante la ocupación del cuerpo por el alma, esta ejerce una influencia benéfica en el complejo triple de la personalidad, aunque el hombre físico pueda permanecer totalmente inconsciente de tal acción o efecto. Esta influencia sostenida resulta en el refinamiento y desarrollo gradual de los atributos físicos, emocionales y mentales y cuando estas mejoras son finalmente asimiladas se volverán hereditarias y serán transmitidas a generaciones futuras. Por tanto, aunque las cualidades del alma no son directamente hereditarias, el resultado de su acción tendrá de todas maneras un efecto progresivamente beneficioso en los vehículos inferiores de expresión, y estos efectos acumulativos serán llevados a la posteridad y manifestados como el progreso de la evolución.

Los rasgos físicos que son heredados normalmente son aquellos de la forma, la apariencia, la actitud, los hábitos instintivos, los gustos, los deseos, las emociones y la inteligencia, que fueron característicos de los padres. Que los atributos del padre o de la madre sean los dominantes, dependerá de la prevalencia relativa de aquellas propiedades en la combinación de cromosomas de las células masculinas y femeninas.

El problema algunas veces surge, sin embargo, al distinguir la 'mente superior' y la 'mente inferior'. La explicación más simple es que todos los atributos que son funciones del cerebro, como la capacidad razonadora, el intelecto y el poder de memorizar, almacenar y convertir conocimiento, pueden agruparse juntas como la 'mente inferior'. Estas cualidades mentales son claramente hereditarias pues forman una parte o cualidad innata del cuerpo físico. En contraste a lo anterior, están los atributos del Alma o Ego. Esta parte intangible o espiritual del hombre que incluye la 'mente superior', es la responsable de la 'cualidad de vida' y se refiere a los aspectos más etéreos, como la voluntad, la sabiduría, la conciencia, el amor espiritual y la intuición - estos constituyen las fuentes principales de inspiración y consejo del hombre en el Plan de Vida. Estas cualidades espirituales no pueden ser transferidas a la posteridad.

Para aquellos interesados en las funciones del cuerpo físico humano, está disponible una amplia literatura relacionada con los aspectos anatómicos y físicos, pues han sido de interés al hombre durante muchos siglos. Sin embargo, un estudio del terreno donde los aspectos físicos y etéricos se encuentran e interaccionan con la voluntad espiritual, es de mucho más provecho, pues es en este campo que el curso de la existencia humana será determinado.

Hay cuatro directivas entrelazadas que controlan – o no consiguen controlar – el cuerpo físico del hombre. Estas son:

1. El cuerpo etérico – el mediador de la recepción y distribución de energías.
2. El sistema nervioso.
3. El sistema endocrino.
4. El flujo sanguíneo.

Los problemas de salud provienen en gran medida de la falta de coordinación entre estos sistemas. En artículos posteriores será indicado brevemente cómo estos factores intrínsecos del sistema mayor interaccionan y se complementan entre sí, con el resultado de que cualquier anomalía en una de estas uniones se reflejará inevitablemente en el todo.  

(Revista Share International − Septiembre 1984)
 

 

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