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Principios generales

 

El mundo etérico

por Aart Jurriaanse

Cada átomo y cada forma está compuesto solamente de energía - energía que ha sido confinada y es retenida en átomos de diversas densidades. La energía dentro de las paredes del átomo permanece en movimiento o circulación constante, y continuamente bombardea estas paredes restrictivas con el resultado de que parte de esta energía consigue atravesar la barrera y escapar. La energía que se ha filtrado de esta manera, sin embargo, conserva una afinidad con y es atraída por la masa de la energía todavía restringida, y por consiguiente se esparce como una fina capa envolviendo estrechamente a todos y a cada uno de los átomos. Este manto es lo que se conoce como el cuerpo etérico o el aura del átomo.

Diversidad infinita

El cuerpo etérico realiza diversas funciones importantes. Está por ejemplo cargado eléctricamente, produciendo un campo positivo o negativo, que a su vez afectará la acción de atracción o de repulsión de un tipo de átomo hacia otro. El manto etérico es también el canal a través del cual son conducidas las energías y las fuerzas, y al envolver al átomo puede protegerlo hasta cierto límite contra influencias externas perjudiciales, o por lo contrario permitir que rayos beneficiosos sean absorbidos por la esencia del átomo. Como norma los átomos no se encuentran como unidades separadas pues están agrupados con otros átomos diversos en moléculas de materia, que a su vez se concentran juntas para crear la infinidad de combinaciones que componen la diversidad infinita de las formas que satisfacen las necesidades de la naturaleza. Los átomos, por lo tanto, pueden ser considerados como los ladrillos necesarios para la construcción de las diversas formas, y la fina capa de materia etérica que envuelve a cada átomo puede considerarse como la argamasa con la cual se mantiene unidos a los átomos. También actúa como un plano de división permitiendo a cada átomo conservar su individualidad cuando, por alguna razón, la vida u otra fuerza motriz que ha servido como un agente adherente se retira. Si esto sucede, entonces el estado de cohesión que mantenía unida a la forma también desaparecerá y tendrá lugar la desintegración, liberando los átomos y las moléculas para una reagrupación estable bajo nuevas condiciones.

Al tener y retener cada átomo individual su cuerpo etérico, no es necesario destacar que toda forma compuesta estará dotada de manera similar. Cada forma posee su entorno etérico, cuya extensión y profundidad variará dentro de amplios límites, dependiendo del vigor de la fuerza de la vida contenida dentro del cuerpo, y la cantidad de energía que por consiguiente es irradiada. En el caso de los seres humanos, el aura etérica puede variar desde sólo una fina capa a un entorno de varias pulgadas de profundidad, que corresponde a la intensidad de radiación de las fuerzas internas. También tendrá diferentes colores conforme a la vida emocional del individuo y a su grado de desarrollo espiritual. Clarividentes intuitivos o entes superiores con visión clarividente pueden, como norma, con sólo una rápida mirada al aura de una persona, determinar por su color y luminosidad cuáles son sus principales cualidades y bajo qué tensiones emocionales está funcionando.

Red continua

Como se describió, el cuerpo etérico no sólo abarca a todas las formas, sino que realmente penetra en la forma con una red etérica intricada y continua, alcanzando a cada célula, molécula y átomo. Es esta malla penetrante la responsable del intercambio de energías - que son, tanto las energías emitidas e irradiadas, como las energías absorbidas de fuentes externas y que ejercerán su influencia en la forma. En un próximo artículo se describirá con más detalles cómo esta malla etérica se concentra en varios puntos de distribución, llamados centros etéricos, y también cómo esta estructura etérica sirve de base al sistema nervioso en el cuerpo físico animal y humano.

La malla etérica no sólo constituye una parte intrínseca de cada forma en nuestro planeta sino que este sistema se extiende a través de todo nuestro sistema solar, y finalmente más allá de este complejo para incluir a todas las demás estrellas, constelaciones y galaxias dentro del macrocosmos infinito. Es esta red etérica que sirve de canal para el flujo de toda energía o esencia de vida, y es a través de este sistema que todas y cada una de las formas está finalmente conectada con todas las demás formas, no sólo en la vida de nuestra Tierra sino en todo el sistema solar y en la totalidad del Cosmos. Aunque estos conceptos realmente exceden a la comprensión humana, es a causa de este sistema interconectado que toda acción de cualquier naturaleza, desde un destello de pensamiento hasta una explosión nuclear deben tener alguna influencia en todo el resto del gran Entorno. Existen por supuesto muchos impulsos que son tan leves que la vibración que ocasionan difícilmente puede registrarse. Otros sin embargo pueden ser lo suficientemente violentos para tener sus efectos en todos los éteres. De esta forma nuestro planeta, con todo lo que abarca, está constantemente sometido a fuerzas que han sido generadas de fuentes de dentro de su esfera de interacción normal o sus límites, y también a los constantes flujos de impulsos y rayos de energía emitidos desde fuentes dentro del sistema solar circundante o desde esferas celestiales más amplias.

El todo inseparable

La red etérica es por lo tanto ese elemento que sintetiza a toda la creación en un todo inseparable e interdependiente, y es por lo tanto de gran importancia comprender que, todo lo que le sucede a cualquier parte del sistema, debe inevitablemente reflejarse en una reacción de naturaleza correspondiente en algún lugar en la parte restante del todo. A pesar del instrumental astronómico más avanzado, es prácticamente imposible para el hombre, viviendo en su pequeño planeta de dimensiones relativamente atómicas, registrar o comprender las perturbaciones principales en los cielos estrellados. Sin embargo, tanto si es consciente de estas influencias como si no, ellas tendrán lugar y deben inevitablemente dejar señales de algún tipo. Estas leyes universales que se aplican al macrocosmos, son naturalmente lo mismo de válidas para las condiciones más limitadas del hombre - como es arriba, es abajo. En su existencia diaria esto significa que cada pensamiento fomentado en la mente, cada acción llevada a cabo, sea deliberada, accidental o involuntaria, ha sido provocada por alguna actividad, vibración o influencia anterior. Además cada acción como esta debe inevitablemente ir acompañada por una repercusión correspondiente en la esfera etérica circundante, y estas vibraciones deben manifestarse nuevamente con algún efecto separado o combinado en los niveles físico, astral, mental o espiritual: la Ley de Causa y Efecto o del Karma. Debido a que tales efectos no son siempre perceptibles inmediatamente, o se evidencian en niveles no perceptibles para el protagonista, existe muchas veces la tendencia a desatender o menospreciar tales consecuencias. Estad seguros, sin embargo, que cada pensamiento o acción, para bien o para mal, debe y tendrá una reacción comparable en los éteres aunque la secuela pueda ser un tanto velada y retardada, o cuyos resultados puedan producirse en algún terreno o nivel inesperado, donde estos efectos no siempre se reconocen como tales o no son directamente relacionados con el impulso original.

(Revista Share International − Octubre 1983)
 

 

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