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Escuelas de pensamiento por Aart Jurriaanse Con el creciente desarrollo mental de la humanidad, constantemente van apareciendo nuevas ‘escuelas de pensamiento’ que van a la par de las ideas que progresivamente están siendo impresionadas en la mente humana desde las esferas subjetivas. Realmente estas ideas no contienen nada nuevo, ya que todas forman parte de las milenarias enseñanzas de la sabiduría, pero a menudo representan versiones modernas de las viejas verdades, ahora presentadas con un nuevo ropaje en un nivel un poco más alto, para guiar a esos seres humanos en quienes el impulso de lograr objetivos más elevados ha sido despertado. Las ideas, que han sido liberadas por la Jerarquía en los éteres para impresionar a las mentes receptivas, son fundamentales, pero debido a que los instrumentos de recepción son imperfectos, dando lugar a una recepción e interpretación defectuosa, es que nos llegan tantas versiones de las enseñanzas básicas a tantas naciones, comunidades y escuelas de pensamiento. Si este principio pudiera al menos ser reconocido, habría una mayor tolerancia y entendimiento, no sólo entre individuos, sino también entre grupos, naciones y razas. De todos modos, actualmente existe una gran variedad de escuelas de pensamiento, cada una de las cuales con su propia faceta especial para contribuir al patrón global del pensamiento mundial. Si el hombre pudiera al menos alcanzar la etapa en que pueda apreciar el próximo punto de vista del hombre, en lugar de criticar y condenar constantemente cada opinión que difiere de la suya propia. Podría al menos comprenderse que ninguna de las ‘grandes ideas’ que se puedan contemplar, ninguna revelación divina que pueda expresarse, ningún pensamiento que surja después de una profunda reflexión, ningún producto de la mente de cualquier naturaleza, pueden nunca expresar la perfección o la completa y prístina verdad, así como las verdades espirituales al penetrar las esferas de la materia, inevitablemente son distorsionadas, como un rayo de luz que atraviesa un cristal. Por lo tanto la Verdad absoluta nunca será conocida por el hombre en la Tierra, y todo lo que puede hacer es acumular y destilar tanta verdad como pueda discernir, y entonces vivir y actuar en consecuencia. Pero al mismo tiempo otorgar a su prójimo el mismo privilegio de sacar sus propias conclusiones y vivir su vida de acuerdo con sus ideas particulares, sin interferencia de su parte, aunque sus opiniones no coincidan con las suyas. Sin embargo, el primer y principal criterio debería ser el motivo subyacente en los pensamientos y acciones. Cualquier acción que es formulada mentalmente y no sólo inspirada por la emoción o la tradición, que es emprendida desinteresadamente y motivada por el amor y la buena voluntad, debe conducir finalmente a una conclusión favorable. Y lo que es verdad para el individuo es igual de válido para el grupo, así que siempre debería haber tolerancia e incluso cooperación con otros grupos o escuelas de pensamiento, cuando el objetivo común es el mejoramiento humano, especialmente si tiene que ver con el desarrollo de la vida espiritual. También se deberían hacer esfuerzos por mantener una mente abierta hacia las nuevas ideas y puntos de vista, y no adherirse ciegamente a principios tradicionales y dogmáticos, especialmente cuando estos están asociados con la devoción a las personalidades. Sí, debería mantenerse siempre un sentido de equilibrio y proporción, y es sorprendente como un correcto sentido del humor contribuirá a este equilibrio. Es lamentable que existan varios de los llamados movimientos espirituales que han conseguido un considerable reconocimiento público incitando emocionalmente a las masas subdesarrolladas y a los crédulos. Un buen orador puede fácilmente influenciar a grandes multitudes, especialmente poniendo énfasis en el sentimiento y trabajando con las emociones, pero éstas no son más que incitaciones astrales de la personalidad y no indican despertar espiritual. Tales técnicas de limpieza de las emociones pueden de hecho causar más daño que bien, y pueden conducir a los temperamentos egoístas, e incluso sádicos, a la acción irresponsable bajo el pretexto del fervor religioso. Otras escuelas de pensamiento idealistas han fundado su sistema en el principio erróneo de que la liberación final de las limitaciones naturales y materiales puede lograrse al instante por el uso de afirmaciones. Ellos tienden a ignorar el elemento de tiempo requerido para la evolución espiritual, ni tampoco toman en consideración el punto de desarrollo de la persona involucrada. Todas las limitaciones físicas pueden ser superadas en el futuro por la fe pero sólo cuando esa fe está equiparada conforme a los principios más elevados, o viviendo una vida de redención. Solamente cuando el alma del individuo asume el total control del ser inferior, y cuando el cuerpo físico reacciona a los mandatos del alma, eliminando todo deseo egoísta y reacción emocional, las limitaciones físicas desaparecerán siempre que esto esté de acuerdo con el propósito monádico para esa vida. Siempre debe recordarse que cualquier progreso permanente debe ganarse por el esfuerzo persistente y dedicación a la visión, y no puede adquirirse de repente haciéndose ilusiones, afirmaciones, o el deseo egoísta innato de consuelo y paz. La intensa autosugestión a veces puede conducir a aparentes cambios rápidos, pero éstos sólo demostrarán ser de una naturaleza temporal, y la condición original, que fue mantenida en la vida del individuo por alguna buena razón kármica, volverá en una etapa posterior, y permanecerá efectiva hasta que la persona haya aprendido la lección por la que la condición fue mantenida originalmente. Los cambios permanentes y valiosos sólo ocurrirán cuando se efectúan con la cooperación plena y consciente del alma. Algunas de las llamadas ciencias mentales han perdido de vista la naturaleza y el propósito de la vida en la Tierra, considerando como derecho del hombre, como hijo de Dios, el tener todas las cosas buenas que la vida puede ofrecer. Estos individuos equivocados tienen la impresión de que pueden reclamar egoístamente los dones de la vida, haciendo caso omiso del hecho riguroso de que el alma reencarna vida tras vida para ganar experiencia arduamente, y así aprender las lecciones de la vida que se necesitan para el desarrollo espiritual. Estos exploradores del camino deberían más bien aprender a olvidarse de su propio avance personal y evocar la expresión de vida requerida por el alma, enfocando su atención en el servicio a la humanidad. (Revista Share International
− Diciembre 1990) |
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Maitreya
- el Instructor del Mundo |