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Centros planetarios - Los reinos de la naturaleza

 

Devas y elementales

por Aart Jurriaanse

Los devas y los elementales constituyen una evolución separada a la del ser humano. Todas las evoluciones o involuciones están, sin embargo, estrechamente integradas, y juntas componen el cuerpo del Logos Planetario. Cada uno de estos vastos sistemas está independientemente controlado por Jerarquías que funcionan en niveles o posiciones paralelas.

No es la intención realizar un estudio detallado de estos otros vastos campos de expresión, pero el estudiante esotérico debería al menos ser consciente de estas evoluciones relacionadas, con una idea general de cómo se vinculan y afectan a nuestro propio sistema inmediato.

Elementales – Los elementales son formas infrahumanas que aún no han alcanzado la etapa evolutiva. De hecho se encuentran en el proceso de involución, en el arco descendente, la etapa en la cual el espíritu todavía está ocupado con la materia. La evolución, por contraste, denota la pendiente ascendente, en la cual aquello que se crea evoluciona, o se transforma en aspectos de niveles superiores de desarrollo, y así se refiere al ascenso o regreso del Espíritu a su Fuente, llevando consigo los logros en experiencia al haber pasado por la materia.

Los elementales son formas etéricas de ser, que ocurren en todos los planos, y que tradicionalmente se le han conocido como gnomos, enanos y duendes.

Podrían ser clasificados de la siguiente manera:

1. Elementales físicos o de tierra.
2. Elementales etéricos o de aire.
3. Elementales astrales o de agua.
4. Elementales mentales o de fuego.

Estos elementales son la esencia o fase primordial de toda creación tanto en nuestro sistema solar como en el Universo.

Dentro de ciertos límites estas fuerzas elementales pueden ser controladas y guiadas por el hombre. Como norma pueden ser utilizadas a través de ritos y rituales específicos, y se advierte a los ignorantes que es sin duda indeseable entrometerse en estos asuntos sin poseer un conocimiento minucioso. El propósito presente es tan sólo para indicar la existencia de estas fuerzas.

Con un desarrollo espiritual más avanzado el discípulo adquirirá conocimiento y capacidad, basados en las leyes de la naturaleza, que le permitirán cooperar exitosamente con los reinos involutivos, y así también fomentar los procesos evolutivos.

Devas – A diferencia de los elementales, los devas ya se encuentran en el sendero evolutivo. Son los constructores del sistema material, en el cual trabajan en sus miríadas en 'rangos seriados' donde están agrupados en diversas categorías.

Los devas pueden encontrarse en todas las posiciones, análogas de alguna manera a las de la evolución humana y clasificados en rangos comparables al del Logos Planetario, descendiendo por muchos rangos jerárquicos intermedios hasta las categorías menores de los devas constructores, que trabajan inconsciente y automáticamente en grandes grupos, construyendo las muchas formas conocidas de la evolución humana. Estos grupos inferiores se guían sólo por la vibración y el sonido.

Los devas hacen uso de las fuerzas elementales, y los devas constructores controlan estas fuerzas de funcionamiento ciego para realizar su función involutiva. Los devas en su trabajo constructivo producen cohesión, armonía y belleza a partir del caos.

El nivel inferior de los devas, los constructores prácticos, hablando comparativamente, varía desde los obreros que trabajan automáticamente sin pensar, subiendo progresivamente hasta encontrar la cualidad del capataz, luego el supervisor, para llegar por último a los controladores, los ejecutivos industriales o 'Grandes Devas Constructores', que se encuentran a un nivel comparable al de los Maestros de Sabiduría.

En el plano físico el hombre está en contacto diario y constante, aunque en su mayor parte inconsciente, con el mundo dévico. Toda la materia, y toda forma física, sea mineral, vegetal, animal o humana, está constituida de la sustancia vital de los diversos rangos menores de entidades dévicas, y éstas se mantienen unidas por los rangos superiores dévicos que proporcionan la cohesión de la forma al objeto. Así cada cristal, gota de agua, y cada planta o animal, tiene su propia vida dévica controladora.

Las Fuerzas Negras también han adquirido la técnica de manipular las fuerzas elementales o involutivas, y pervierten a estas formas de vida menores inconscientes para sus propósitos malignos y egoístas. Para el hombre el procedimiento correcto, como lo practican los Maestros, es no intentar el control directo sobre los elementales y devas de bajo rango, sino realizar tal control a través de la cooperación con sus rangos superiores, como los devas Señores y Ángeles. Por ello el hombre no debe controlar el mundo dévico sino colaborar con ellos con inteligencia y una comprensión amorosa de sus funciones.

Los adeptos han sido instruidos en el arte de invocar devas o elementales específicos para servir sus propósitos con el uso de mantrams. Por mantram nos referimos a palabras o sílabas colocadas en cierto orden rítmico, que al ser pronunciadas generan la vibración deseada. Estas vibraciones pueden utilizarse como la nota de llamada para los devas o elementales específicos. Tales poderes serán otorgados al discípulo cuando esté preparado para su uso, y cuando su trabajo lo demande. Sin embargo surge un gran peligro cuando los devas y fuerzas menores son invocados por los inexpertos en un intento de fomentar sus ambiciones egoístas.

Al igual que el hombre es el custodio del principio mental, la evolución dévica es la custodia del principio de vida, y por tanto del magnetismo y la vitalidad, esas cualidades que desempeñan un papel tan importante en los tres mundos de manifestación humana. Para el beneficio mutuo es esencial una colaboración estrecha entre estas dos evoluciones, ya que ninguna se puede desarrollar efectivamente sin el apoyo de la otra y, en cuanto a la forma se refiere, son en realidad socios indispensables. Además, el hombre debe orientarse cada vez más hacia las relaciones espirituales, intentando así liberarse de la dependencia en la forma y la materia.

El aspirante debe reconocer que no sólo su cuerpo físico está constituido de vida dévica, sino también sus cuerpos etérico y emocional, y que incluso sus pensamientos no son otra cosa que sustancia dévica. Es por esta razón que el hombre común, todavía funcionando a niveles emocionales, se encuentra mayoritariamente bajo el control de los devas astrales, y su objetivo por tanto es liberarse lo antes posible de estas influencias, permitiendo al alma dominar su vida y al Espíritu volverse su guía.

Es interesante saber que se ha reunido un grupo de entidades de los devas más avanzados que desempeñan la función de 'devas guardianes' sobre la raza humana. Cada ser humano tiene por tanto su propio ángel guardián cuya función es permanecer con él día y noche, protegiéndole de energías desfavorables que podrían constituir una amenaza para el bienestar físico del protegido. Estos ángeles guardianes no deben ser confundidos con aquellos colaboradores espirituales que en niveles etéricos apoyan al discípulo proporcionándole ayuda espiritual cuando es necesaria o es invocada. Estos devas guardianes tienen mucho que dar a la humanidad, pero su propio logro también yace en este tipo de servicio.

En niveles jerárquicos existe una estrecha colaboración entre la evolución humana y la dévica. Devas evolucionados pueden reconocerse en planos etéricos como grandes Ángeles, y según los Sabios al menos cuatro de estos grupos están congregados alrededor del Cristo, comprometidos a su servicio y al de la humanidad. Una de las responsabilidades que el Cristo les ha dado es hacer que los hombres se hagan conscientes de ciertos conceptos o condiciones que todavía hoy pueden considerarse inverosímiles:

1. La humanidad debe aprender a ver etéricamente. Esto lo conseguirán los devas elevando la vibración a través de la interacción dévica.

2. El hombre debe aprender a utilizar el color y el sonido para curar ciertas enfermedades. La luz violeta, por ejemplo, parece particularmente efectiva para tratar trastornos originados en el cuerpo etérico.

3. Los pensadores materialistas deben convencerse de la existencia de los mundos etéricos, donde se puede contactar con el 'espíritu' de los hombres y de los ángeles.

4. Los hombres deben hacerse conscientes de la 'física sobrehumana', cómo eliminar la gravedad y alcanzar la ingravidez, y cómo eliminar la fatiga por el movimiento sin resistencia y con la rapidez del pensamiento. Estas condiciones 'imposibles' sólo se podrán alcanzar con el control del vehículo etérico.

5. La humanidad aprenderá a nutrir su cuerpo obteniendo el sustento de la energía etérica. Esto significa que las actividades de la vida deberán enfocarse de forma creciente en la existencia etérica, con una retirada simultánea de la atención activa de las funciones físicas, permitiendo que estas últimas se vuelvan automáticas en su mayor parte.

6. Abarcar lo superior significará penetrar y por último destruir la 'malla etérica' que actualmente todavía separa tan efectivamente el mundo físico de la existencia humana de las esferas etéricas invisibles.

Para el ser humano común estas concepciones pueden resultar fantásticas e incluso más allá de cualquier consideración, y muchos consecuentemente ridiculizarán estas visiones. Pero simplemente pensad en cuán imposibles muchos de nuestros inventos científicos actuales, como la televisión, los ordenadores, la electrónica, la fuerza nuclear, las naves espaciales, etc., hubieran sido considerados si se hubieran profetizado a nuestros antepasados tan sólo hace 100 años. ¡Nadie entonces hubiera hecho el más mínimo caso a semejantes disparates!

Aquellos que tienen una mente abierta y un punto de vista imparcial ya tienen que ser conscientes de la constante expansión de la influencia de estos Ángeles Dévicos, que lenta pero claramente impregnan la vida humana, afectando sus muchas actividades y campos de conciencia. En todas partes existen señales de una creciente percepción psíquica; la ciencia está descubriendo y aceptando rápidamente varios aspectos de la 'percepción extrasensorial' (PES), y esto está ahora recibiendo una amplia atención. Finalmente la ciencia ha reconocido la existencia del mundo etérico (o al menos ciertos aspectos del mismo), aunque el enfoque científico se haya rodeado de una terminología tan complicada que se vuelve casi irreconocible para el estudiante esotérico.

La existencia de facultades telepáticas de comunicación también está siendo reconocido, y con la creciente sensibilidad humana se espera que habrá un incremento correspondiente en la aplicación práctica de estos poderes.

El cumplimiento de algunas de estas profecías debe por tanto ser considerado como inminente y sólo es cuestión de tiempo antes de que una sensibilidad más refinada se desarrolle para reconocer el mundo etérico circundante, con sus muchas Entidades activas e influencias. Esto a su vez conducirá a una mayor expansión de conciencia y una comprensión de la realidad más profunda de los mundos internos.

(Revista Share International − Julio/Agosto 1989)
 

 

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