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Las leyes del karma y renacimiento

 

Vida después de la muerte

por Aart Jurriaanse

Para la persona no evolucionada, no existe conciencia después de la muerte; la mente no está lo suficientemente despierta para reaccionar, y no hay una reserva de memoria que puede revivirse. Para ellos, la muerte será por tanto un reposo profundo y sin sueños.

Los que están algo evolucionados, que constituyen la masa de la humanidad, están todavía enfocados en los aspectos físicos y emocionales de la vida, estando guiados por motivos egoístas y gratificaciones de deseo sensual. Para ellos el paso al mundo astral será sólo una condición de semi–conciencia, de desconcierto emocional y mental, y un fallo en reconocer su entorno o circunstancias – sólo un vago y confuso mundo de ensueño.

El hombre medio bien intencionado, con defectos, típicos del ser humano normal en desarrollo, pasa la mayor parte del tiempo, durante su estancia en las esferas subjetivas, en el plano astral, viviendo principalmente de sus recuerdos y pensamientos, y acarreando en su conciencia los intereses y tendencias que caracterizaron su vida en la Tierra. Muchos hasta no serán conscientes de que han 'fallecido'. Sin embargo, en algunos casos la estancia astral será perturbada por un impulso constante de regresar a la vida terrenal – posiblemente causado por los sentimientos de intenso amor por alguien dejado atrás, algún deseo incumplido, o la realización o ilusión de alguna tarea inconclusa. Para ellos no habrá descanso hasta que regresen.

También existen los 'terrenales' – aquellas pobres almas que vivieron una vida malvada, cruel y egoísta en la Tierra, o que vivieron una existencia puramente material o sensual y que, aún después de fallecer, todavía anhelan bienes mundanos o satisfacciones sensuales. Para ellos la vida astral es un periodo de verdadero infierno; muchas veces no conscientes de haber dejado el mundo físico, llegando así a frustrarse en extremo.

Para el aspirante que ha descubierto el Sendero de Retorno y se ha hecho consciente de la luz por delante, que le conduce de revelación en revelación y a una luz cada vez más brillante, la muerte no es sino una liberación de las restricciones físicas, y una oportunidad de servicio y expresión más efectivos. Él descubrirá que, aún en el cuerpo físico, ya ha comenzado un campo de actividades de servicio durante las horas de sueño que ahora puede ampliar otorgando toda su atención.

Una de las grandes ventajas de la rápida divulgación del conocimiento esotérico es que el público en general se está haciendo consciente del hecho de la continuidad de la vida del alma, y de la retención de la conciencia después de la muerte; está comprendiendo que no hay motivos para temer a la muerte, un sentimiento que en el pasado estuvo meramente basado en la ignorancia y en un terror a lo nuevo y desconocido.

El movimiento Espiritista, con sus amplias ramificaciones mundiales y amplia literatura, ya ha ofrecido un valioso servicio al eliminar muchos de los temores a la muerte.

Purgatorio

Para el hombre de buena voluntad, la vida en el cuerpo físico podría considerarse como un purgatorio; para él la vida astral 'futura' será una liberación feliz de la vida terrenal, con su gama interminable de dolor, sufrimiento, temor y fricción; pero no encontrará ese mítico 'paraíso' al otro lado, con sus calles doradas y sus adorables ángeles con arpas volando por allí.

Para el hombre de mal, la situación será diferente. Tal persona, habiendo tenido su primera experiencia de 'infierno en la Tierra', también se ha preparado otro lecho de espinas en su próxima vida, donde morará en la oscuridad, rodeado de reflexiones y memorias de sus acciones malvadas, y torturado por el autoreproche y el remordimiento.

Una de las peores tergiversaciones con las cuales las 'religiones del temor' tan frecuentemente amenazan a los creyentes es ¡el castigo 'eterno' por una falta momentánea! ¡Cuán terrible pretendido juicio se atribuye al Dios del Amor! No, afortunadamente para nosotros no es esta la forma en que el Padre impone el castigo a Sus hijos. Existen las leyes de la Naturaleza, como la Ley de Causa y Efecto, que debe seguir su curso, y de acuerdo a ella cada acción inevitablemente produce una reacción correspondiente. El hombre consecuentemente será recompensado o penalizado por todas sus actividades en proporción directa a su fortaleza, cualidad y motivación – pero esto ciertamente no debe considerarse como una retribución o castigo inexorables por parte de una Deidad implacable.

Que el hombre debe pagar sus deudas por acciones pasadas, o recibir una recompensa proporcionada, es suficientemente justo. Pero la belleza de la vida, y uno de los dones supremos de la Divinidad, es que aún el peor pecador puede siempre tener otra oportunidad para rehabilitarse – y si esto no se consigue en su vida presente, entonces tal posibilidad de redención se le otorgará nuevamente en alguna vida siguiente, y así, en el curso del tiempo, cada individuo descubrirá el Sendero de Luz, el Sendero de Retorno al Padre.

Cremación

A lo largo de las eras las muchas razas, cada una con sus costumbres, tradiciones y bases místicas y religiosas, han creado numerosos métodos de desechar los vehículos físicos abandonados. Estos han variado desde dejar los cuerpos para que sean devorados por animales salvajes, tales como las hienas, los cocodrilos, los tigres y los buitres; el enterramiento, con los cuerpos en posturas variadas, en sepulturas, cuevas, tumbas, catacumbas y pirámides; incineración en piras funerarias y otras formas de cremación; y finalmente el embalsamamiento para preservar el cuerpo de la descomposición.

Muchos de estos métodos aún se utilizan, pero la inhumación en la Madre Tierra es probablemente la forma más utilizada comúnmente. Es el menos higiénico porque muchas muertes son causadas por enfermedades infecciosas, y al enterrar estos cuerpos, la tierra se contamina con los gérmenes y virus causales, que pueden permanecer contagiosos durante muchos años. Así el entierro de millones de cuerpos infectados ha contaminado grandes áreas de la superficie terrestre.

Con gran diferencia, la forma más efectiva, higiénica y 'limpia' de desechar estos restos físicos es la cremación. La técnica exacta a aplicar, y si se utiliza piras o equipamiento eléctrico, es indiferente. Lo que importa es que la cremación está cada vez más ganando terreno sobre otras prácticas, y esto en el futuro podría contribuir al menos en la purificación del suelo, y en la reducción de las fuentes de infección.

(Revista Share International − Diciembre 1986)
 

 

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