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El Cristo por Aart Jurriaanse El Cristo es el Maestro de los Maestros, el Líder de la Jerarquía, y el Instructor del Mundo, y como tal es la principal fuente de inspiración del hombre y su guía a través del sendero evolutivo. El Cristo fue el primer individuo nacido en la Tierra que fue iniciado en el Reino de Dios, y desde entonces ha mantenido su posición como el líder e instructor amoroso y amado "tanto de hombres como ángeles". Cada entidad, no sólo en el pequeño mundo de los hombres, sino en todo el Universo, alcanza fases momentáneas de logro en el interminable Sendero Evolutivo. Para aquellos que aún se encuentran en los niveles inferiores del Sendero, la conciencia alcanzada por el Cristo bien podría parecer como el apogeo de la perfección, pero esta diferencia es totalmente relativa. Para cada entidad en evolución debe necesariamente existir un proceso de continuo cambio de valores - un continuo movimiento hacia criterios más elevados. Para el Cristo, en sus mundos de experiencia y conciencia siempre en expansión, su posición actual bien podría parecer comparativamente insignificante, cuando se compara a nuevas perspectivas y esferas de ser que se abren ante su visión espiritual. Hace aproximadamente 2.000 años el Cristo se fijó la tarea de salvar a la humanidad pero, según los tibetanos, requerirá otros dos milenios (la duración de la Era de Acuario) para que se complete su trabajo. Para el Cristo este logro le conducirá a una iniciación superior que, para el ser humano común, está más allá de la percepción. Aparentemente tal evolución superior pondrá fin a su asociación directa con los asuntos de los hombres, ya que seguirá con el servicio a niveles aún más sobrenaturales. El Principio Crístico En la terminología moderna "El Cristo" se utiliza normalmente para indicar la aparente pero potente energía del "Principio Crístico". La entidad conocida por el hombre como el Cristo es de hecho alguien dentro del cual este principio está tan fuertemente enfocado que se ha convertido en la identificación viviente de esta energía, exhibiendo todas sus cualidades. Sin embargo el Principio Crístico no está limitado al Cristo, sino que está universalmente presente y es una energía a disposición de todos los seres humanos. Es una parte intrínseca del alma que, en aquellos no desarrollados, está todavía oculta y sin reconocer porque las cualidades físicas y emocionales todavía dominan al individuo. El Principio Crístico está caracterizado por el amor altruista, y un influjo de esta energía evocará el desarrollo de un espíritu de comprensión, buena voluntad y cooperación. En las masas se expresará como un impulso hacia mejores relaciones humanas. El mundo de los hombres está en la actualidad sistemáticamente irradiado con esta energía divina, manifestando el Amor y la Luz del Cristo, y su efectividad sólo dependerá de la receptividad de los individuos y las masas. Así como el Buddha estuvo caracterizado por la Luz, la cualidad distintiva del Cristo es el principio del Amor. Pero el Cristo combina en sí mismo no sólo el aspecto más elevado del Amor divino, sino que también todo lo que el Buddha tuvo de Luz. La vida del Cristo en la Tierra ha llegado a considerarse como el emblema del amor y el servicio, y uno de sus primeros preceptos fue que los hombres debían amarse mutuamente -¡pero cuán poca atención se puso en este requerimiento durante los siguientes dos milenios! Con tanta frecuencia los hombres de religión, que afirmaban exponer sus enseñanzas, resultaron ser los peores infractores de los elevados principios del amor, instigando en realidad el odio, la persecución y el derramamiento de sangre. Incluso en tiempos actuales, cuando las fuerzas de la Nueva Era del Principio Crístico fluyen al mundo y afectan a todos los que sean sensitivos de alguna manera a estas influencias, sus efectos están aún frecuentemente sumergidos por cualidades menos deseables. Pero aunque estos efectos estén con frecuencia aún ocultos en su mayoría por un manto externo de materialismo, e incluso por las fuerzas reinantes del mal, una tendencia oculta clara y potente de amor y comprensión se está sin embargo haciendo aparente a aquellos con percepción. Otro aspecto resaltado por el Cristo es que Dios, del cual él es un reflejo, es un Dios de Amor y ciertamente no un Dios vengativo como tan frecuentemente se representa en el Antiguo Testamento. La retribución que a veces sorprende al hombre no es sino el resultado inevitable de alguna acción inapropiada, y no un acto de venganza de Dios, no es más que una ley natural, la Ley de Causa y Efecto, llegando a su conclusión natural. El Cristo enseñó el sobrenatural Amor de Dios, y de que ese amor constituía todo el objetivo de la creación, formaba el principio básico de todas las mejores relaciones, como también de ser el fundamento del Plan y Propósito divinos. El Cristo reveló estos divinos objetivos, fijando nuevos ideales y valores para la vida humana, pero el hombre aún está lejos de alcanzar estos objetivos. Son los corazones de los hombres los que responden al amor del Cristo, y una vez que el corazón se activa, se inaugura un nuevo enfoque a la vida. El Cristo en la Era de Acuario El mundo está ahora pasando de la Era de Piscis a la de Acuario, y en los próximos 2.500 años la humanidad estará sujeta a las energías liberadas bajo las influencias benévolas de este régimen. El gran don de esta Era para la humanidad será el Principio de Compartir que gradualmente impregnará todos los aspectos de la vida humana. Primero, se compartirán físicamente todos los recursos de la tierra, combinados con los productos de las actividades humanas; esto pondrá fin al presente desequilibrio en la distribución de productos que tan abundantemente nos suministra la naturaleza, combinados con aquellos ingeniosamente producidos por los artefactos humanos. Por tanto todas las formas de desnutrición y hambre desaparecerán, y todos dispondrán de vivienda y protección contra los elementos de la naturaleza. Pero de incluso mayor importancia será el compartir a niveles emocionales, mentales y espirituales, que conducirá por último a una comunidad humana integrada, unida por la comprensión y la buena voluntad mutua. Como líder de la Jerarquía e Instructor de la humanidad, será la labor del Cristo poner en práctica este Nuevo Mundo y todas sus nuevas relaciones. ¡Qué tarea formidable, pero también considerad la alegría que vendrá con su logro! En esta gigantesca labor el Cristo por supuesto tendrá la cooperación de la Jerarquía de Maestros, y además él será inspirado por el Señor del Mundo, trabajando a través de 'Tres Colaboradores', un triunvirato produciendo un 'Triángulo de Fuerza' para suministrar al Cristo las energías necesarias para llevar a cabo su exigente misión. El trabajo del Cristo pondrá énfasis en la Inteligencia, el Amor-Sabiduría y la Voluntad Divinos. Estos serán conscientemente desarrollados por la humanidad, forjando así una estrecha relación entre las actividades de Shamballa, la Jerarquía y la Humanidad. Con una inteligencia creciente y una mayor utilización del enfoque mental, el concepto místico de la religión en su conjunto y del Reino de Dios en particular serán suplantados por un enfoque más razonado, inteligente e incluso más científico. Todo esto tendrá lugar bajo la orientación del Cristo, pero la nota clave de su misión será evocar una respuesta de la humanidad a las influencias espirituales, que conducirá al desenvolvimiento de una percepción y sensibilidad intuitiva. Además, la teología será substituida por la espiritualidad, y la experiencia de la vida reemplazará a la disertación teológica. Al emerger las cualidades espirituales con creciente claridad, el aspecto forma irá retrocediendo y tendrá una importancia secundaria. El control de las iglesias disminuirá paulatinamente, y el Cristo viviente asumirá su lugar legítimo en la conciencia humana. (Revista Share International
− Abril 1989) |
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Maitreya
- el Instructor del Mundo |