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La constitución del hombre

 

Los centros de energía

por Aart Jurriaanse

El cuerpo vital, etérico, está compuesto de numerosas líneas de fuerza. En ciertos puntos estas líneas se cruzan y así forman puntos focales o centros de energía. Donde muchas de estas líneas de fuerza se cruzan se forman grandes centros de energía, y los esoteristas así reconocen siete centros mayores que desempeñan un papel fundamental en las funciones de la vida. Estos centros están situados en aquella parte del cuerpo vital paralelo a la columna vertebral y rodea la cabeza del individuo. Además de los siete centros mayores, se distinguen también veintiún centros menores, y numerosos puntos pequeños de estos nodos de energía están distribuidos por todo el cuerpo vital.

Aunque los siete centros mayores son a menudo descritos como estando situados respectivamente en el plexo solar, el corazón, la garganta y la cabeza, esto puede dar lugar a confusión pues definitivamente ellos no están situados en el mismo cuerpo físico sino que son puntos focales característicos del vehículo etérico circundante, situados en posiciones más o menos correspondientes a los órganos a los cuales están asociados.

Lo siguiente es una disposición esquemática de los siete centros mayores de fuerza como aparecen en el cuerpo etérico del hombre. (Considerando al centro Alta mayor y al Ajna como uno). La glándula endocrina relacionada con cada centro también es indicada, así como ciertos órganos físicos con los cuales están directamente correlacionados.

Los siete centros de energía:

1. Centro de la cabeza
Glándula pineal; cerebro

2. Centro alta mayor
Glándula carótida; columna vertebral

centro del ojo o ajna
Cuerpo pituitario; ojos, oídos, nariz

3. Centro de la garganta
Glándula tiroidea; cuerdas vocales, bronquios, pulmones

4. Centro del corazón
Glándula del timo; corazón

D-I-A-F-R-A-G-M-A

5. Centro del plexo solar
Páncreas; hígado, estómago, vesícula biliar

6. Centro sacro
Gónadas; sistema reproductor (masculino y femenino)

7. Centro de la base de la columna
Glándulas adrenales; columna vertebral (polo opuesto al centro de la cabeza)

Estos siete centros están presentes en el vehículo etérico de cada individuo. En la vida del hombre común algunos de estos centros permanecen más o menos latentes, y un despertar y vivificación gradual sólo tendrá lugar de acuerdo con el desenvolvimiento espiritual. A este respecto los aspirantes necesitan una advertencia especial, porque un gran peligro amenaza al hombre que, en su ansia de obtener resultados, se vale de prácticas inadecuadas y experimentos para estimular los fuegos del sistema. Si por medios ilícitos él realmente consigue intensificar estos fuegos, su ignorancia o voluntariedad pueden ocasionar graves consecuencias quemando y destruyendo realmente tanto el cuerpo vital o el tejido cerebral, que luego puede inducir a varias formas de sufrimiento o hasta aberración mental.

El hombre equilibrado debe intentar llevar una vida de disciplina y altruismo, caracterizada por el entrenamiento y el refinamiento y la purificación sostenidos de sus vehículos inferiores, llevándolos así gradualmente bajo el control del alma. El vehículo mental debe ser equipado por el estudio persistente y adecuado y una vida mental disciplinada. Si además estos esfuerzos son luego coordinados por el servicio a la humanidad dedicado, dirigido adecuadamente y altruista, esto asegurará que las vibraciones del aspirante se estabilicen y se eleven a la intensidad requerida. El entonces descubrirá que, aunque los centros no han recibido atención directa, han seguido un curso natural y paralelo de desarrollo, y que su funcionamiento y radiación serán adecuados para todas las demandas de sus circunstancias particulares. Por tanto cumpliendo las leyes esotéricas él ha despertado los fuegos etéricos sin correr ningún riesgo.

Durante este proceso de desarrollo se descubrirá que los centros se encuentran en varias etapas de desenvolvimiento, algunos aún están latentes, mientras otros pueden ya estar funcionando y girando vigorosamente. Para el hombre común los centros por debajo del diafragma mostrarán ser más activos que los de arriba. Aquellos que comienzan a aspirar hacia el desenvolvimiento espiritual, tendrán los centros inferiores en un estado activo, con los centros del corazón y la garganta que despiertan lentamente, mientras que en los discípulos bastante avanzados el centro ajna también estará vivificado. Cuando el centro de la cabeza está alcanzando una actividad vibrante, el discípulo está cerca de la etapa del iniciado, y ahora sólo queda por llevar a todos los centros a una vibración coordinada y rítmica.

Cada individuo seguirá su propio modelo específico de desarrollo, dependiendo de la combinación de rayos a la cual sus vehículos están sujetos, el factor tiempo y el complejo de influencias que determinan su existencia. Los centros vitales son como agentes distribuidores y baterías eléctricas, que suministran fuerza dinámica y energía cualitativa al hombre; son vórtices de fuerza que hacen girar la materia etérica, astral y mental hacia una actividad de algún tipo, produciendo así efectos definidos en la manifestación física externa. A través de la constante actividad de estos las cualidades del hombre aparecen, las tendencias de sus rayos comienzan a emerger y su punto de evolución es claramente indicado.

El cuerpo físico se mantiene unido por las fuerzas de los centros que las sintetizan en un todo coherente, energizado y vital. En este sentido debe señalarse que el hilo de la conciencia está anclado en el centro de la cabeza y el hilo de la vida en el centro del corazón. Cuando más adelante se trate del sistema endocrino, también se señalará que este sistema es un producto de los siete centros, y que la vitalidad y la actividad de las glándulas variará según la condición de los centros.

Cada uno de estos centros está relacionado con ciertos tipos de energía entrante. Cuando la energía que llega al cuerpo etérico no está relacionada con un centro particular, entonces ese centro permanece inactivo y dormido; cuando está relacionada correctamente y el centro es sensitivo a su impacto, entonces ese centro se vuelve vibrante y receptivo y se desarrolla como un factor controlador en la vida del hombre.

Todos los hombres difieren entre sí respecto al énfasis de la vida, la condición de sus centros, la respuesta glandular en el cuerpo físico y por tanto en las diversas inhibiciones de la carne reflejadas en sus estados de salud relativos. Es en este sentido que el trabajo del médico y del psicólogo deben finalmente ir juntos. Se puede por tanto esperar que la ciencia médica del futuro se apoyará mayoritariamente en la ciencia de los centros, y que el diagnóstico y la posible cura normalmente se basarán en este conocimiento.

En una etapa futura cuando se sepa más sobre el vehículo etérico y sus centros de fuerza, el estudiante avanzado controlará los centros por el poder del pensamiento. A través de la meditación y las prácticas correctas los centros se pondrán bajo el control directo del alma, que es algo bastante diferente del control de los centros por la mente inferior - pero para esto la mayoría de los hombres no están preparados.

(Revista Share International − Marzo 1984)
 

 

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