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La ley de causa y efecto (karma) por Aart Jurriaanse A lo largo de estos artículos, en varias ocasiones se ha hecho referenciala a la Ley de Causa y Efecto, quizás mejor conocida con su nombre Oriental de ‘Karma’. Toda la existencia humana y la evolución están tan íntimamente relacionadas con varios aspectos de esta Ley, que se aconseja que el estudiante esté bien informado de algunos de sus detalles, ya que estos principios juegan un papel predominante en la formación de la vida diaria del hombre. El karma individual es el resultado acumulativo de todos los pensamientos y acciones del hombre, no sólo de su vida presente sino también de sus innumerables existencias recientes. Este karma individual es en sí mismo más complejo y difícil de comprender en su totalidad. Pero la situación es incluso más complicada, porque además del resultado de las propias actividades del hombre, su vida también está sujeta a otros varios tipos de karma sobre los cuales no tiene control directo, y como resultado de esto él puede considerarse como un mero títere, o un átomo insignificante en los destinos cósmicos. Él está, por ejemplo, sujeto también al karma Universal o Cósmico, al karma mundial, así como al karma de la humanidad, de la raza, la nación, el grupo, y la familia – por mencionar sólo unos pocos. Todos estos diferentes tipos de karma se entremezclan y están actuando recíprocamente de tal inconcebible e inextricable manera que el complejo total está más allá de la concepción humana. Se ha explicado la complejidad del karma porque los estudiantes a veces se inclinan a simplificar demasiado la situación. Cada ser humano está gobernado por fuerzas mucho más allá de su conciencia, arrastrándole a él, a sus asociados y su entorno a incomprensibles circunstancias de las que no hay escape y que debe aprender a aceptar. A pesar de este panorama relativamente sombrío, el hombre todavía mantiene su libre albedrío con el que, dentro de ciertos límites, puede controlar su propio destino, o en otras palabras – ‘el hombre puede construir o arruinar su propia vida’. El hombre puede iniciar una acción que seguramente producirá resultados reconocibles y él puede así, en gran medida, ser el arquitecto de su propio futuro y guiar sus propios asuntos. En él confluyen sin duda muchas fuerzas que quedan fuera de su control, pero puede manipular muchas de estas fuerzas y dirigirlas para sus propios propósitos según las circunstancias y el entorno. En el transcurso del desarrollo del hombre siempre viene una vida en la cual él se da cuenta conscientemente del funcionamiento práctico de la Ley de Causa y Efecto. Desde ese momento aprende a reconocer el karma en los acontecimientos de la vida, y a evaluar los acontecimientos con inquisitiva consideración, y por consiguiente con una mayor comprensión. Empieza a estudiar la cualidad irradiante de su vida, y los posibles efectos kármicos de sus acciones, y así conscientemente comienza a construir y formar su propio destino y futuro. De ahora en adelante sus reacciones a las circunstancias de la vida dejan de ser completamente emocionales – empieza consciente y mentalmente a estudiar y a analizar las posibles causas responsables de los acontecimientos que han sido evocados. Se produce un planteamiento y perspectiva de la vida totalmente nuevos mientras comienza a reconocer que el karma es la fuente de todos los acontecimientos y circunstancias, y que es el instrumento empleado por el alma para determinar el desarrollo evolutivo. El único dilema que a menudo enfrenta el discípulo es que muchos acontecimientos kármicos tendrán su origen en actividades de encarnaciones anteriores de las cuales él no tiene ningún recuerdo consciente, y que por consiguiente no puede relacionar con las condiciones actuales. Esto incluso se complica aún más por las condiciones kármicas que surgen de fuentes externas, completamente incomprensibles para él. La Ley de Causa y Efecto enseña que cada acción es registrada en el campo etérico y es seguida inevitablemente por alguna reacción de igual potencia. Sin embargo, de esto no se debe colegir que las vibraciones puestas en movimiento por la acción causativa han sido canceladas o neutralizadas por la reacción. Una vibración nunca puede desaparecer definitivamente – puede simplemente transmutarse en una vibración de mayor o menor frecuencia, o desviarse en una nueva dirección. Estrictamente hablando, ninguna nueva acción puede ser iniciada – es solamente una cuestión de desviar la energía existente hacia otros cauces, dando lugar así a la manifestación de vibraciones cambiadas, y por consiguiente una sucesión diferente de acontecimientos. La completa fantasmagoría de fenómenos en la que el hombre quiera o no quiera se ve atrapado debe considerarse como un complicado sistema entretejido y entrelazado de reacciones en cadena – cada acción generando alguna reacción, y así dando lugar a otra nueva reacción... ¡una serie absolutamente interminable de acciones y reacciones! A pesar de toda esta imposible y aparente confusión, sigue existiendo aún un Propósito y un Plan sistemático subyacente a todo, que conduce a algún Destino planeado – pero un destino que, en lo que respecta al hombre, desaparece en el infinito, y continúa siempre despareciendo a pesar de la creciente visión y el descubrimiento de horizontes constantemente en expansión. Aunque muchos de estos pensamientos pueden parecer paradójicos, el hecho es que el hombre retiene un grado considerable de libre albedrío y la capacidad para guiar en gran medida el curso de su propia vida y de su propio destino; se le ha concedido el poder de neutralizar o de suprimir algún mal karma acumulado en el pasado, iniciando la correcta acción redentora en la vida presente. Uno de los medios más eficaces de realizar esto es llevar una vida de sacrificio y de dedicado y amoroso servicio al prójimo – ‘Lo que el hombre ha hecho puede deshacerlo’. El hombre nunca se plantea ser la víctima desvalida de las circunstancias – vida tras vida el alma vuelve, utilizando un instrumento físico, para ganar experiencia, y prepara esta herramienta para llegar a ser el árbitro inteligente de su propio destino y un exponente consciente de la divinidad interior. En el pasado, cuando se mencionaba la Ley del Karma, había inclinación a poner demasiado el énfasis en el aspecto negativo del karma. Hay que subrayar por consiguiente que hay tanto karma bueno como malo, dependiendo del enfoque de las actividades del hombre. Mientras el discípulo avanza en el Camino, habrá un cambio correspondiente en su motivación y objetivos, y su reserva de karma desfavorable acumulado irá desapareciendo sistemáticamente y disminuirá, y será reemplazado por una provisión equivalente de karma bueno. (Revista Share International
− Marzo 1993) |
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Maitreya
- el Instructor del Mundo |