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El cuerpo astral por Aart Jurriaanse Es de vital importancia que todo estudiante llegue a una clara comprensión del plano astral – conociendo su naturaleza él puede aprender a permanecer libre de éste, y una vez que esta libertad se ha conseguido él también sabrá cómo trabajar en el mismo cuando las circunstancias lo requieran. Cuando se observa el plano astral por vez primera a través del 'ojo abierto', dará la impresión de un mundo calidoscópico en un estado de completa confusión, y en su mayoría sólo discernible a través de una atmósfera nebulosa, desdibujando las constantemente cambiantes formas y colores entremezclados. Este es el punto de reunión de innumerables fuerzas incontroladas que resultan en un aparente caos total. El astral es el plano de la ilusión, del espejismo (glamour) y de una presentación distorsionada de la realidad. Todo individuo en el mundo está trabajando de algún modo en materia astral, resultando en innumerables impulsos y deseos. Es la efusión de esta multitud de deseos humanos en la caldera astral, lo que ocasiona la fantasmagoría de escenas e ilusiones astrales. Esta conglomeración de fuerzas interactivas que surgen de la humanidad también incluye otras numerosas fuerzas, y todas ellas actúan conjuntamente sobre el ser humano y le influencian. La respuesta a estos impulsos dependerá del calibre de los vehículos inferiores, y más específicamente en la condición y calidad de los centros etéricos. A través de este laberinto ilusorio, el aspirante debe encontrar su camino, asiendo cada pista que promete ser de ayuda y después de muchos años de experiencia él aprende a distinguir entre verdad y espejismo, lo real y lo irreal. Cada individuo que en el transcurso del tiempo logra liberarse a sí mismo, que comienza a ver más claramente y que se libera del espejismo de la ilusión, contribuye a la realización del Plan Divino. Grandes dualidades Los pares de opuestos se encuentran e interactúan en el plano astral, y este es el terreno donde la poderosa atracción de las grandes dualidades se siente, donde la interacción entre el alma y la personalidad toma su curso, y también donde numerosas dualidades menores juegan su papel. La luz y la oscuridad luchan por el dominio, y también lo hacen el placer y el dolor, el bien y el mal, la pobreza y la riqueza, la salud y la enfermedad, el calor y el frío, y muchos otros. La luz que el hombre ha descubierto dentro suyo le hace más consciente de la oscuridad; a través del bien que le atrae, él ve el mal que está en la línea de menor resistencia; la actividad que conduce al dolor le permite simultáneamente visualizar el placer contrastante, y así experimenta tanto el infierno como el paraíso. Y así el pobre aspirante se hace consciente de estas dualidades, y es constantemente atraído aquí y allá entre los dos. El secreto de la liberación final humana yace en el correcto equilibrio de estas fuerzas opuestas, y en encontrar el estrecho sendero entre estas dualidades que finalmente le conducirá a la Luz. El factor decisivo en esta lucha hercúlea es la Voluntad divina como se expresa a través del alma, que tan a menudo entra en colisión con la egoísta voluntad personal pero aunque la batalla pueda ser larga y ardua, el triunfo final del alma sigue siendo inevitable. Es en el plano astral donde se libran estas batallas que finalmente conducirán a la liberación del alma aprisionada. Gran reflector El cuerpo emocional del hombre común desempeña el papel de un gran reflector, pero al mismo tiempo es el espejo menos fiable, siempre distorsionando la imagen que recibe. Graba los impulsos de todo tipo de fuerza o influencia irradiada de su entorno, y mezcla todos estos colores y movimientos, como también toda forma de deseo, emoción, acción y sonido en una conglomeración confusa de impresiones. El objetivo del individuo que aspira debe ser poner cierto orden en este caos, y calmar la superficie agitada de las aguas de este plano hasta el punto de que pueda servir como un claro espejo para reflejar las cualidades e impulsos del alma. Es a través de la mente analizadora que el cuerpo astral es controlado. No debe permitirse ninguna emoción excesiva, aunque deben permitirse fuertes corrientes de amor hacia todo lo que respira a través del ser del hombre. El amor sistémico es constructivo y estabilizador, y no contiene los peligros ocultos en el amor sentimental y emocional. El aspirante debe liberar su cuerpo emocional de todo temor y preocupación cultivando la serenidad y la estabilidad, y un sentido de dependencia segura en las Fuerzas Superiores. El nunca debe albergar envidia, oscura depresión, codicia o autocompasión, sino en su lugar debe proseguir con calma en el Camino con tranquila y alegre confianza en su corazón. Todo individuo construye su propio cuerpo astral de las energías del plano astral circundante, un cuerpo que responderá a su nota y cualidad particular, y limitado a su punto específico en la escala evolutiva. Este cuerpo emocional constituirá su campo de respuesta a la experiencia de la vida dentro de límites definidos, pero también se prestará a tremenda expansión, desarrollo, ajuste y control, armonizando con los impulsos recibidos del creciente cuerpo mental, y de una alma que progresivamente se afirma sobre sus tres cuerpos de expresión – el físico, el astral y el mental. El cuerpo astral es normalmente animado por fuerzas que pueden agruparse bajo tres títulos principales: – Fuerzas del deseo egoísta. Esto forma una parte esencial del proceso. evolutivo, porque el hombre debe experimentar toda fase que la vida en el físico ofrece, incluyendo lo bueno y lo malo; el honor y la afrenta; el placer y la angustia; la riqueza y la pobreza; el liderazgo y el servilismo; el orgullo y gloria de la posición en contraste con la completa humillación. Son estos deseos los que constituyen las fuerzas que le conducirán de una vida a otra, y de una experiencia a otra, siempre deseando aquello que no posee, aquello que pertenece a otros, tanto posesiones materiales, dinero, poder, posición o conocimiento. Estos deseos permanecerán dominantes hasta que el hombre se sacia con todo lo que la vida material puede ofrecerle; hasta que el alma ha extraído la esencia de todas estas experiencias, y la mente superior toma control de la inferior y la luz se ve delante. – El segundo grupo de fuerzas son aquellas engendradas por la atracción sexual. No hay nada malo con el principio básico de la atracción física, porque ella es parte de la forma natural de propagación del hombre. Pero el hombre ha abusado de este impulso natural, y se ha deteriorado en deseo emocional y lujurioso. Sin embargo, aún estos obstáculos serán superados después de que se haya ganado la experiencia necesaria y aprendido las lecciones imprescindibles. – El tercer grupo de fuerzas que impulsan al hombre en el camino de la vida es el temor. Esta fuerza ilusoria se muestra diariamente en sus diferentes patrones, causando dolor, sufrimiento y frustración agudos, conduciendo a veces al hombre a las acciones más irresponsables. Estos temores pueden ser de una naturaleza egoísta, pero frecuentemente conciernen a aquellos que emocionalmente están cerca de nosotros. ¿Cuántas horas tortuosas se gastan en presentimientos, dudas, cuestionamientos e ilusiones imaginarias que nunca suceden? Estos temores pueden asumir muchos disfraces – los de uno propios, los temores de familia, los temores nacionales y raciales, incluyendo el temor al dolor, al futuro, a la muerte, y el temor al fracaso. (Revista Share International
− Abril 1985) |
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Maitreya
- el Instructor del Mundo |