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La constitución del hombre

 

Amor y odio

por Aart Jurriaanse

Se debe prestar atención al importante papel que el odio desempeña en la vida cotidiana, con sus efectos perjudiciales, no sólo en el individuo, sino también en la humanidad en conjunto. Como los sistemas físico, emocional y mental pueden ser completamente envenenados por esta emoción virulenta, deben hacerse todos los esfuerzos para evitar o al menos moderar su pasión dañina, degradante e indisciplinada.

El odio y el antagonismo son las fuerzas más crueles y destructivas del cuerpo emocional, y es penoso que ocurran de forma tan generalizada, dejando a pocas personas libres de este azote de la existencia armoniosa. Puesto que es tal defecto general del hombre, sus tentáculos se extienden a la vida grupal, la política, la religión, y todas las relaciones entre las razas y las naciones.

El odio es el polo opuesto del amor, y procede del egocentrismo, el egoísmo, y la separatividad, apoyado por la envidia, los celos, el rencor, la avaricia, la codicia, la intolerancia, la crítica, la ambición, la crueldad y la sospecha.

Puesto que el odio es una parte integral del mundo astral y de sus distorsiones, es un arma poderosa blandida por las Fuerzas de la Oscuridad. Fomentando aquello que obstruye la entrada de fuerzas nobles portadoras de vida, ellas se esfuerzan en cegar a la humanidad. Ellas deliberadamente avivan el fuego del odio, la separatividad, la crítica y la crueldad; se esfuerzan por perpetuar aquello que es familiar y duradero, retrasando así el progreso espiritual y las revelaciones de la Nueva Era. Alimentando temores y odios existentes, ellas incitan a las naciones del mundo a la discordia, la lucha y la guerra, retrasando por ello a las fuerzas de la evolución. El individuo no puede combatir directamente estas Fuerzas Oscuras, pero puede activamente contribuir con su pequeña parte asegurando que cada señal de odio sea sofocada en su propio sistema, y sustituida por las fuerzas opuestas de amor, buena voluntad y correctas relaciones humanas. El odio y el antagonismo, la visión ciega y la discriminación pervertida, ¡todos ellos deben cesar y acabarán cuando los individuos los suplanten en sus propias vidas!

El odio ha sido una parte intrínseca del carácter del hombre desde que el cuerpo emocional comenzara a desarrollarse como parte de su equipo estándar. Desde tiempos primitivos el hombre ha estado echando la culpa de las condiciones adversas a otros, y les ha odiado por eso, en lugar de primero realizar una introspección honesta; cuando las cosas marchan mal, es mucho más fácil y satisfactorio encontrar víctimas propiciatorias para los pensamientos, palabras y acciones incorrectas. Todo individuo con alguna aspiración de contribuir hacia la mejora de las relaciones humanas debe reconocer y trabajar para la eliminación de esta tendencia. El odio, la culpa y la condena no pueden, sin embargo, coexistir con el amor y, cuando la buena voluntad es cultivada y echa raíces, los sentimientos de odio se marchitarán y desaparecerán.

"El odio no cesa por el odio; el odio cesa por el amor."

Amor

El amor en su verdadero sentido es un principio, una energía divina, y la totalidad de nuestro sistema mundial actual está fundamentado en la energía de Amor-Sabiduría. Esto significa que el Amor es la motivación subyacente de toda actividad divina, y que todo el Universo está sintetizado por esta energía de Amor. Este concepto de 'amor' es por tanto el de una suprema energía que se extiende mucho más allá del entendimiento sentimental de la palabra, que lo reduce al nivel astral.

Un estudio casual de las condiciones mundiales nunca podría conducir a la conclusión de que el curso de los sucesos está guiado por el amor, sino que más bien insinuaría que todo está basado en el odio, la codicia y cualidades degradantes similares. Se debe recordar, sin embargo, que el ser humano medio está aún rodeado y sumergido en las miasmas e ilusiones del plano emocional, y que sus puntos de vista y criterios están cubiertos por una perspectiva deformada. Pero nuevamente todo es cuestión de relatividad, de ángulos diferentes de enfoque de la verdad, y de las variadas interpretaciones del hombre a eso. La energía del amor tiene varios aspectos, y el punto de evaluación será determinado por el desarrollo del observador, y del plano desde el cual se realiza el enfoque. Además la cualidad de la energía de amor y su eficacia dependerán de su fuente inmediata y su idoneidad.

Para resumir, el 'amor' podría clasificarse en:

Amor físico, o la atracción natural entre las formas para el propósito de la procreación, manifestado como vida sexual. En el hombre esta expresión del amor se ha vuelto frecuentemente pervertida por las influencias astrales.

Amor astral o emocional es lo que en el lenguaje cotidiano se conoce como amor y puede variar entre vibraciones puramente sensuales, experiencias sentimentales superficiales, o amor profundamente penetrante, correspondiendo cercanamente a la versión espiritual exaltada.

Amor mental, y a un nivel aún superior, amor espiritual o divino.

Estas formas de amor meramente indican una gradación de la energía divina básica del Amor, la fuerza gobernante de nuestro sistema, del cual la fuerza potencial sobrepasa por mucho la concepción humana. Cuando se hizo referencia al amor como la energía que neutralizará y sustituirá a los poderes emocionales del odio, no se aludía ciertamente al tipo emocional de amor, que podría hasta servir como estimulante adicional para agravar estas emociones venenosas. No, el antídoto que suavizará, suprimirá y finalmente desplazará al odio es el amor mental o divino, y donde amor es mencionado en estos artículos sin ninguna calificación adicional, se referirá a esta energía envolvente, sobrenatural y motivadora del Universo. Por tanto la tarea principal de aquellos que trabajan para la redención del hombre consiste en elevar la conciencia humana de las miasmas degenerativas del plano astral. La única manera por la cual esto finalmente podría realizarse es sometiendo a la humanidad a un torrente continuo de amor divino, manifestado como buena voluntad y comprensión amorosa.

(Revista Share International − Septiembre 1985)
 

 

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