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La constitución del hombre

 

El alma

por Aart Jurriaanse

El campo esotérico debe considerarse en su totalidad, evitando cuidadosamente un excesivo énfasis en conceptos aislados, que llevaría a obtener una estructura desequilibrada. Sin embargo, en toda estructura existen piezas individuales que podrían omitirse sin afectar su verdadera fortaleza, dejando quizás sólo una pequeña marca o señal, para ser luego restaurada o rectificada. Existen por supuesto ciertas piedras angulares o fundamentales que cumplen una función vital, y sin las cuales los muros no podrían erigirse o sostenerse. Y tal es la función fundamental del Alma en la construcción esotérica.

En artículos anteriores se realizaron constantes referencias al alma, y es el momento de considerar este concepto más detalladamente. ¡Pero qué tema más difícil de tratar! El alma es algo tan intangible, carente de forma y subjetivo, que está más allá de toda descripción con palabras humanas.

Quizás su descripción más adecuada es esa luz interior que a veces ilumina a todo el ser. Sin embargo, ninguna descripción de ningún tipo permitirá comprender al hombre que aún no ha contactado con su propia alma, este ser interior, este observador y director oculto.

Afortunadamente entre los hombres medianamente inteligentes existen pocos que, consciente o inconscientemente, no hayan percibido a veces este gobernante interior. De aquellos que han realizado este contacto, existen muchos, sin embargo, que no han reconocido conscientemente el significado profundo de esta experiencia, o de otro modo hayan alcanzado la etapa en la cual esta constitución interna de su ser se haya convertido en algo de interés para ellos, y consecuentemente no dedican ninguna reflexión seria al tema. Otros nuevamente están tan inmersos en los esfuerzos por logros en los tres mundos de expresión humana, en las luchas por cosas materiales, en los intentos por satisfacer toda emoción y deseo, y acumulando todo conocimiento que pudiera servir sus ambiciones, que no están dispuestos a dedicar el tiempo a pensar y meditar sobre el lado profundo y espiritual de la vida.

Sí, así de lamentable es la situación, y aunque uno tiene la tendencia de entristecerse por ello, se debe recordar que todo forma parte del Plan de Vida, y que en el curso del tiempo – y las encarnaciones todos estos individuos tendrán una conciencia despierta del Ser, el Guía interno y el Sendero de la Vida.

El alma de cada individuo ha alcanzado su propio punto de desenvolvimiento específico; cada alma debe experimentar toda fase de experiencia posible que la vida en el mundo material pueda ofrecer – lo bueno y lo malo, lo amargo y lo dulce, y aprender de estas experiencias, hasta que finalmente se haya extraído y asimilado la esencia de todo lo que la vida física puede ofrecer, y el impulso de retirarse de los tres mundos y regresar al hogar del Padre se vuelve de vital importancia.

Definir el alma

El estudiante esotérico precisa alguna definición del alma, por lo cual intentemos clarificar este vago concepto:

1.  El alma no es ni espíritu ni materia, pero relaciona a los dos, sirviendo como vínculo entre Espíritu y el instrumento material a través del cual funciona. Es idéntico al principio Crístico en el hombre.

2.  El alma es responsable de la cualidad y características de la vida, y representa las fuerzas de expresión latentes en cada ser humano.

3.  La contribución del alma es la conciencia de uno mismo, y la fuente a través de la cual la forma registra la conciencia despierta de su entorno. El grado de expansión de la conciencia es por tanto un indicativo de la integración progresiva del alma con su instrumento de expresión.

4.  El alma representa los principios de sensibilidad e inteligencia en el hombre, manifestándose como mente y percepción mental, y dando lugar al poder de discriminar, analizar, distinguir y decidir.

5.  El alma es inmortal. Cuando una vida particular ha cumplido su propósito, el alma se retira, el cuerpo físico 'muere' y se desintegra, y el alma regresa a los niveles egoicos.

6.  El alma inmortal es el vínculo entre las encarnaciones sucesivas; por tanto aporta continuidad. Extrayendo y asimilando la esencia de la experiencia ganada en cada encarnación, el alma inicia el desenvolvimiento y la evolución de la conciencia.

En la literatura esotérica se hace referencia frecuente al loto egoico, que no es sino una representación simbólica del alma, localizada en el tercer nivel del plano mental.

La representación gráfica del alma como 'la joya en el centro o corazón del loto', rodeada por los nueve pétalos de la flor, es de hecho muy apropiada. Antes del despertar del alma el capullo está aún cerrado, y los nueve pétalos, dispuestos en tres círculos concéntricos o espirales de tres cada una, envuelven estrechamente y ocultan la joya del centro. Con el desarrollo espiritual progresivo, paso a paso, y de vida a vida, los pétalos individuales del loto comienzan a abrirse, uno después del otro, irradiando tanto color como luz. Cuando el hombre alcanza la 'perfección' en la trayectoria terrestre, los nueve pétalos se han abierto completamente, mostrando sus bellos colores, y de ese modo resaltando la Joya resplandeciente expuesta ahora en el centro.

El Tibetano afirma que es imposible pintar una imagen adecuada del loto egoico plenamente abierto, en cuyo momento irradia fuego brillante y constantemente centellea a causa de las incesantes y vibrantes corrientes de energía que lo vitalizan. Cada pétalo centellea con puntos palpitantes de fuego y vida vibrante, y esta vitalidad es reflejada por la belleza de la Joya en el centro. Esta Joya resplandeciente irradia corrientes de energía que pueden ser dirigidas hacia cualquier punto focal en el sistema que coordina.

El cuerpo causal

El 'cuerpo causal' es otro término frecuentemente utilizado en los escritos esotéricos y por tanto debe aclararse. Este, nuevamente, es una representación puramente simbólica de un concepto más bien oculto. Es el 'templo del alma'; es el receptáculo donde se guarda y acumula la esencia de la vida, lo bueno y valioso, acumulado de las experiencias de muchas vidas. No es sino la envoltura figurativa o vehículo del alma, que sirve como la estación central de recepción y transmisión. La esencia cosechada es guardada en el cuerpo causal al final de cada encarnación, y los beneficios acumulados son así transmitidos de vida en vida.

(Revista Share International − Abril 1986)
 

 

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