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Archivos - Religión

 
Título La relevancia de los valores hindúes en una sociedad orientada al estrés (1)
Fuente Revista Share International- Noviembre 1996
Autor Swami Nirliptananda
Notas El papel de la respiración, el deseo y el mantra para aliviar el estrés.. 

La relevancia de los valores hindúes
en una sociedad orientada al estrés (1)

De una conferencia de Swami Nirliptananda en Londres

El estrés es algo común en todos nosotros. No es un tema filosófico profundo, pero sí que lo son sus implicaciones. El estrés incumbe a todas las personas de esta sociedad moderna, siendo uno de los factores que amenaza nuestra vida ya desde una temprana edad. 

Puede conducir a una especie de sufrimiento que hace difícil experimentar el propósito y significado de la vida. Cuando el estrés surge en nosotros, ocurren ciertas cosas importantes. Una de ellas es que el ritmo de nuestra respiración cambia, y como resultado de ese cambio, surgen muchos problemas dentro de nosotros. En los Upanishads, nuestros rishis narraban historias sobre las grandes implicaciones relacionadas con nuestra fisiología, de lo que estamos compuestos, y de cómo nuestro cuerpo, mente e intelecto –los sentidos– están interconectados y son interdependientes, describiendo su distinto funcionamiento: si coordinarnos nuestra conciencia de forma determinada, si somos capaces de comprenderla y tratar las distintas clases de conflictos que nos ocurren, podremos experimentar en este mundo una gran paz, armonía y felicidad porque, básicamente, el mundo es un lugar de felicidad en el que hay un océano de bendiciones, de felicidad, en nuestro interior. Desgraciadamente, el hombre sufre porque no entiende cómo abordar sus conflictos internos. Esta tendencia de no saber abordar o de mal interpretar los conflictos tiene que ver con una falta de autocontrol.

El poder de la respiración

Los Upanishads narran que hubo una época en que los sentidos competían los unos con los otros, cada uno de ellos diciendo ser superior a los demás. En este ambiente de competencia se amenazaban mutuamente. Los ojos –la vista– decían al resto de los sentidos: "Dejaré este cuerpo, haber cómo os las arregláis". Al regresar, la vista preguntaba: "Bien, ¿cómo ha ido?" "Todo fue bien excepto que el mundo entero estaba sumergido en la oscuridad; no podíamos ver ni una sola cosa", contestaban.

Y así ocurría con los sentidos del oído, el gusto, el olfato y el tacto. Cada uno, respectivamente, dejaba el cuerpo y al regresar le preguntaba a los demás cómo se las había arreglado. Cuando el sentido del gusto desapareció la comida no tenía sabor; el mundo entero era apacible cuando no existía el oído, y era imposible sentir la fragancia de algo sin el olfato. Sin los sentidos parecía que el mundo no existiera; con ellos existía de una forma u otra.

La respiración –prana– dijo luego: "Ahora salgo yo; ¡haber cómo funcionáis!" En el momento en que la respiración amenazó con dejar el cuerpo, los sentidos intentaron detenerle y le rogaban: "Por favor, no te vayas," porque se daban cuenta de que cuando la respiración abandonara el cuerpo su existencia también se agotaría. Este es el poder de la respiración –pranayama– tal como se resalta en nuestras escrituras. La respiración es esencial para nuestro ser. Es básica para nuestra existencia física y mental. Incluso tiene que ver con nuestra vida espiritual.

El estrés afecta nuestra respiración

Cuando en nosotros surge el estrés, crea tensión en el cuerpo, lo cual aminora nuestra respiración, y nuestro sistema necesitará mucho oxígeno para rejuvenecerse. Cuando no podemos conseguir este oxígeno, nuestro sistema empieza a deteriorarse, creando una amplia variedad de problemas, como dolores de cabeza o migrañas. El estrés también puede ser la causa de problemas coronarios.

Todo esto es resultado de prana, la respiración. En Combatir las Enfermedades del Corazón, un estudio y un libro escrito en Nueva York hace dos o tres años se remarcaba la importancia del pranayama o control de la respiración. Por tanto, la respiración desempeña un papel vital en nuestras vidas. ¿Cuántos de nosotros sabemos cómo respirar? Darnos por sentado que podemos respirar adecuadamente. A veces las personas ni siquiera son conscientes de cuándo su vientre se expande y contrae al respirar.

Pero cuando observas a un bebé dormido –que no sufre estrés– ves cómo respira, cómo se mueve su barriguita. Esa profundidad de respiración no la tenemos generalmente. Hablamos de falta de sueño. Sin embargo, no es el sueño sino la relajación lo que es necesario. Si sufrimos tensión no podemos relajarnos y cuando vamos a dormir tensos, con el corazón bajo un estrés constante y falta de relajación, empiezan los problemas de corazón –al igual que muchos otros. Estos son algunos de los síntomas de los efectos directos de una naturaleza, una vida y una mente estresantes.

Deseos

Puedes no tener nada mal. Puede que lo tengas todo bien; no quiere decir necesariamente que el estrés surja porque nos falte algo, aunque en la mayoría de casos descubrimos que las personas tienden a pensar que hay algún problema, y que como resultado de este problema, surge el estrés dentro de nosotros. Todo el problema de nuestra sociedad moderna y materialista es que está orientada al estrés. En una vida materialista –cuando se persigue la obtención de bienes materiales– es natural que el estrés surja en nosotros porque los bienes materiales no pueden ofrecemos el tipo de satisfacción que nos llenaría, y por la que desarrollaríamos la paz interior y la armonía interna. Por el contrario, cuando perseguimos cosas materiales, se nos amontonan cada vez más deseos: queremos esto, lo otro, y otras muchas cosas. No reflexionamos cuidadosamente, no pensamos adecuadamente sobre lo que realmente necesitamos. Incluso muy a menudo ocurre que no sabemos lo que es bueno para nosotros, e incluso cuando lo sabemos, escogemos lo incorrecto. En el Bhagavad Gita, Arjuna le preguntó al Señor Krishna: "Oh, Krishna, a pesar de saber lo que está bien y lo que está mal, una persona todavía sigue haciendo cosas malas ya que se ve impulsado a hacerlas por una fuerza externa. ¿Por qué? ¿Qué es eso?" El Señor Krishna contestó que la pasión, la ira y la codicia nacen de nuestra ansiedad por una satisfacción de los sentidos.

Como resultado de esta ansiedad dentro de nosotros, nuestra mente se desequilibra. Con una mente desequilibrada no podemos pensar lo que es bueno o no bueno para nosotros, e incluso sabiendo lo que es bueno para nosotros seguimos haciendo cosas incorrectas, escogiendo cosas incorrectas, cosas que no son buenas para nosotros, ya que nos vemos forzados por nuestra naturaleza a hacer cosas incorrectas. Así que no hacemos cosas para satisfacer nuestra naturaleza física, la naturaleza dentro de nosotros, ya que cada uno responde según su naturaleza.

Este es, por tanto, el estudio profundo de nuestros rishis: ¿Qué es el hombre y por qué se comporta como lo hace, cómo se desarrolla nuestra naturaleza, hacia qué dirección, y cómo responde? Las vibraciones de lo que escuchamos, vemos, gustamos, olemos y tocamos están dentro de nosotros y componen nuestra naturaleza. De esta naturaleza proviene lo que llamamos nuestro carácter, y de acuerdo con esta naturaleza –el carácter dentro de nosotros– respondemos a los rajas, tamas o sattva –actividad, inercia o vibración armónica.

Nuestra naturaleza es lo que somos; es nuestro segundo ser, como dice el Señor Krishna en el Bhagavad Gita. Por tanto, es esencial que entendamos y purifiquemos nuestra naturaleza. Cuando nuestra naturaleza se vuelve pura, cuando nuestra tendencia a las pasiones ya no está presente, experimentamos la paz, y entonces todo el estrés que tenemos en nuestro interior desaparece.

Por tanto el estrés no proviene necesariamente del mundo exterior sino que se desarrolla dentro de nosotros porque no nos entendemos a nosotros mismos, y por tanto no somos capaces de controlar las fuerzas de la naturaleza que entran en nuestro ser y moldean nuestra actitud o carácter.

Si tenemos, por ejemplo, una taza de veneno y vertemos en ella agua pura, llegará un momento en que ya no quedará veneno en la taza, y sólo el agua pura permanecerá en ella, porque el veneno se desborda de la taza.

Igual ocurre con nuestra naturaleza y toda su negatividad, que no proviene sólo de nuestra vida actual. Hemos nacido muchas veces; todas estas cosas se han ido acumulando vida tras vida y configuran nuestra naturaleza, lo que nos fuerza a tomar cierta dirección. No sabemos cómo manejar estas cosas dentro de nosotros, y por tanto estamos en manos de nuestra naturaleza. Allí donde nuestra naturaleza nos lleva, ahí vamos; no sabemos qué hacer.

Pero nuestros rishis dicen: "No, eso no es correcto. Nosotros podemos solucionar nuestros problemas." Incluso si estos factores de estrés se desarrollan en nosotros, podemos manejarlos, podemos tratarlos. En vez de permitir que estas negatividades entren en nuestro ser, podemos controlar eso mediante la entonación de un mantra. Un mantra es lo que protege la mente. Con él podemos protegernos a nosotros mismos de que estas influencias entren en nuestro ser. La naturaleza de la mente es tal que sólo puede introducirse en ella una sola cosa a la vez, y no dos. Con el fin de evitar que algo entre en nuestra mente podemos, deliberadamente, introducir una cosa en ella. Cuando nada más tiene la posibilidad de entrar en nuestra mente, está protegida de influencias externas y empieza a rejuvenecerse a sí misma. Y llegará un momento en que la misma naturaleza se rejuvenezca. Cuando esto ocurre se desarrolla en nosotros un sentido de libertad en que los factores de estrés, sean los que sean, desaparecen.

Cuando Valmiki –que era un bribón, que no vivía en absoluto una vida espiritual– repetía continuamente el mantra que había recibido, todo su ser se transformó, y pasó de ser un hombre corriente a un rishi, sólo con la repetición del mantra. Siddharta –un hombre frustrado, un hombre con estrés, lleno de ilusiones– se sentó bajo el árbol de bodhi con determinación: "Conoceré la verdad". Después de estar así sentado, sin moverse, toda esta negatividad, todas estas vibraciones negativas, empezaron finalmente a vaciarse, y salió de ese estado como el Buddha, El iluminado. ¿Qué significa "El iluminado"? Significa el que está lleno de conocimiento, sabiduría.

 

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