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Archivos - Aguas curativas

 
Título Viaje a Tlacote
Fuente Revista Share International- Septiembre 1992
Autor Gill Fry
Notas Una enfermera informa sobre su visita al milagroso pozo de aguas curativas de Tlacote, México, donde ella experimentó un milagro inesperado.

Viaje a Tlacote

Desde mayo de 1991, en la pequeña ciudad de Tlacote, a una distancia de dos horas y media al norte de Ciudad de México, un manantial ha estado produciendo agua milagrosa. El dueño del rancho, el Sr. Chahin, descubrió la propiedades curativas cuando su perro herido se recuperó rápidamente, después de haber bebido el agua. Después de pruebas exitosas en los trabajadores de su rancho, abrió las puertas al público.

Gill Fry, una colaboradora de Share International en Londres, visitó Tlacote en julio de 1992 y ha escrito el siguiente reportaje

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Como enfermera profesional, estaba fascinada por los reportajes del agua de Tlacote que había curado tantas dolencias, incluyendo la diabetes, la epilepsia, la artritis, el cáncer y hasta el SIDA. Habiendo trabajado durante 10 años con pacientes que sufrían el dolor y la angustia de tales enfermedades, la idea de encontrar una cura, o cura parcial, era excitantemente indescriptible.

Es por ello que partí, en julio de este año, en una búsqueda a México para recoger el agua milagrosa de Tlacote. Por lo que había leído, esperaba algunas dificultades al menos esperando en la cola durante tres o cuatro días y noches, con temperaturas casi tropicales, y llevé conmigo un completo equipo de supervivencia (redes mosquiteras, crema solar protectora, ropa de cama, etc.) y llegué preparada para cualquier eventualidad. También había leído que la ración de agua por persona era generalmente de tres litros, y traje conmigo varios recipientes plásticos. Tal como resultó, no podía haber estado más equivocada. Un conocido de Benjamin Creme extremadamente amable de Ciudad de México se encargó de mí, me condujo a Tlacote y, hablando la lengua local (que yo no conocía), sorteó toda obstáculo y problema. Toda puerta parecía completamente abierta. Mi tres días de privación se convirtieron en tres meras horas de espera; mi ración de agua aumentó de tres a 38 litros; aún más maravilloso, presencié la fotografía más extraordinariamente posible en la existencia, que confirmó todo lo que había creído durante los últimos seis años.

Desde mayo de 1991 tres millones de personas habían estado en Tlacote, y al menos seis millones de personas habían bebido el agua. El dueño del rancho, el Sr. Chahin, guarda los archivos de registro de cada visitante, algunos de los cuales han llegado de tan lejos como Europa y Rusia. Muchos funcionarios del gobierno mexicano, políticos y artistas han sido vistos esperando en la cola, que varía entre 5.000 a 10.000 personas diarias. El rancho está muy limpio y los edificios recién pintados. Grandes y exuberante árboles proporcionaban a la multitud una sombra invitadora para el sol abrasador. Había imaginado una escena seca y desértica con colas caóticas y sinfín de gente exhausta, pero encontré todo muy bien organizado, con la cola moviéndose rápido y eficientemente. Después de registrarse, la Sra. Chahin, la esposa del ranchero y médica de profesión, estudiaba el certificado médico de cada visitante y decidía en la cantidad y dosis apropiadas, recetando el agua de forma oral, o externa como gotas para ojos, o enemas o aplicación directa en la piel para cáncer de piel, eczemas, etc. Debe ser un trabajo agotador responder a un aluvión de preguntas de miles de personas diarias, sin embargo ella realizaba su labor con infinita paciencia y amabilidad, ofreciendo su consejo libremente. Ninguna persona del rancho recibía dinero por su servicio, y trabajan de 9.30 a las 15.30 todos los días. El Sr. Chahin nunca ha cobrado por el agua, pero considerando el tiempo y esfuerzo involucrados, a mi entender una forma de donativo voluntario podría suministrar una ayuda de apoyo y podría introducirse alguna vez.

Después de la consulta médica, uno espera en fila para recibir el agua. Enormes tanques de agua de acero inoxidable, que el gobierno ayudó a suministrar, bombean el agua a los grifos plásticos desde el profundo pozo artesiano que, se nos cuenta, nunca se secará. Habiendo pensado en este momento durante meses, sentí un gran regocijo mientras observaba cómo se llenaba mi recipiente. Todas mis esperanzas se cumplían y me daban más agua de la nunca soñé posible. Después de agradecer a los trabajadores y volver a apretar el cierre de los recipientes, reflexioné brevemente en la viabilidad de llevar 38 litros de agua, el desalentador pensamiento de las aduanas. (Curiosamente, en la realidad, nadie de aduanas me preguntó una sola pregunta sobre el peso o contenido de mis maletas con sobrepeso, llenas de agua milagrosa.) Tales preocupaciones fueron rápidamente disipadas mientras me ofrecían una taza de agua. Sabía maravillosamente y un poco dulce, pura y ligera. Al finalizar el día había bebido tres tazas y algunos días después comprendí el error. Tuve que sufrir un mal de estómago durante una semana. El agua es totalmente limpia y pura, pero muy potente. La dosis necesaria es realmente muy pequeña. Un par de cucharaditas hubieran sido más que suficientes para mí.

Se me mostró la oficina del Sr. Chahin que tenía dos grandes paredes llenas de archivos de visitantes, y estantes cubiertos de aparatos para chequear el agua. Justo cuando estaba yéndome, me mostraron una fotografía enmarcada junto a la historia e implicación fenoménica más extraordinaria. Un hombre que había bebido el agua, y había sido curado, tomó varias fotografías del rancho. Al regresar a su casa, aún le quedaba una foto en el carrete. Ansioso de acabarlo y revelarlo, tomó una fotografía de su nuevo televisor. El aparato estaba apagado; la pantalla vacía. Para su asombro, después de revelar el carrete, la última foto mostraba la pantalla del televisor con un rostro en ella: el rostro de Cristo con una corona de espinas sobre Su cabeza. Sentí escalofríos mientras observaba la poderosa imagen. Con el tiempo limitado, tomé varias fotografías, esperando poder capturar una más bien pálida foto, con las complicaciones del brillo del sol y un cristal de marco reflectante. Afortunadamente, las fotografías que tomé parecían aún más poderosas que el original, y el rostro es claramente visible.

Volviendo a casa con mis excitantes noticias, cargando mis maletas llenas de agua, me sentí triplemente bendecida: mi espera en fila había sido corta; me habían dado litros de agua; y había presenciado la evidencia más tangible de la presencia de Maitreya.

(Agua de Tlacote: el agua se encuentra en el rancho del Señor Jesús Chahin en la villa de Tlacote, a 15 minutos de la ciudad de Queretaro, que está aproximadamente a 2 horas y media en coche al norte de Ciudad de México.)

 

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