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“Estos
milagros son como un grito sin palabras”
La quietud del pequeño y recogido pueblo de Mura, a unos 50 kilómetros al norte de Barcelona, sucumbió cuando el 16 de marzo de 1998 el sacerdote de la localidad, Lluís Costa, descubrió que una estatuilla de la Virgen de marmolite blanco, y de unos 70 centímetros de alto, "tenía el aspecto de haber llorado lágrimas de sangre". La imagen procedía de Medjugorje, Bosnia, y estaba expuesta en el patio del exterior de la iglesia del pueblo sobre un pedestal a unos 2 metros y medio del suelo. De los extremos de sus ojos, y no de los lagrimales, le habían salido gotas de sangre que se deslizaron sobre su rostro hasta que se coaguló, y la sangre no estaba seca del todo. "Esa mañana yo me encontraba en el patio arreglando unos geranios cuando me di cuenta. Llamé a un matrimonio que estaba en la rectoría para que se acercaran y me dijeran si ellos veían lo mismo que yo. Lo confirmaron. Luego subí con una escalera hasta la altura de la imagen para comprobar si alguien pudo habérsela llevado y manipulado. Ya que la estatuilla está en el exterior, se acumula polvo sobre ella y sobre el pedestal, así que si alguien hubiera retirado la imagen y la hubiera dejado después, le habría resultado muy difícil colocarla exactamente en el mismo lugar, y sin levantar polvo. Nos pareció que nadie había movido la estatua de su lugar. Por tanto, si alguien quiso provocar estas lágrimas, tuvo que hacerlo fuera y subido a una escalera." Pero sólo cuando el padre Costa entró la imagen en la rectoría se dio cuenta de sus originales características. "La sangre fluye desde los extremos exteriores de sus ojos, y justo sobre sus párpados tiene como dos nódulos, o círculos. Ya que la Virgen tiene los ojos medio cerrados, es natural que las lágrimas se extiendan al fluir, formando estos nódulos". Le preguntó a un pintor profesional si ese efecto pudo haber sido provocado por una persona con un pincel, u otro utensilio. "A menos que esa persona fuera un experto pintor clásico – como Velázquez y otros que sabían exactamente dónde pintar las lágrimas y la sangre pues conocían de qué venas emanaba, no se le habría ocurrido pintar esos dos nódulos, o círculos, sobre los párpados. La sangre, al expandirse (y por efecto de la capilaridad), se extiende primero hacia arriba, luego se absorbe, como una esponja, y luego se desliza hacia abajo sobre la superficie de las mejillas." Costa también preguntó a dos médicos si hubiera sido posible que alguien inyectara sangre en los extremos de ambos ojos y lograra así el efecto de sangre deslizándose, ya que la estatuilla por dentro está hueca. Pero incluso estos confirmaron que no era posible, ya que la sangre se habría coagulado. Además, como la sangre no se adhiere al marmolite, y el rostro de la Virgen está ligeramente inclinado hacia delante, la sangre hubiera caído, con toda seguridad, al suelo. "Por tanto llegué a la conclusión," – hace una pausa, mide sus palabras – "de que la sangre salió como si se tratara de una herida natural, deslizándose suavemente hacia abajo hasta que llegó a la parte inferior de las mejillas, formando dos gotas de sangre. Estas dos gotas coagularon y luego cayeron, dejando una mancha circular en cada mejilla que marca la existencia de la gota y la coagulación, justo como en una herida normal". Estos dos círculos, al igual que los nódulos sobre los ojos, causan una impresión de lo más vívida y real que, para muchos, confirma la autenticidad del fenómeno. "Como me di cuenta de que había un 51 por ciento de posibilidades de que se tratara de un milagro auténtico, creí que era mi responsabilidad no esconderlo, y contarle a la gente lo que yo y otros habíamos visto". El padre Costa redactó una breve acta en la que informaba de los hechos al obispado correspondiente, el obispado de Vic, pero este no le prestó ninguna atención. Sólo cuando se dieron cuenta de que la noticia había saltado a los medios de comunicación, el obispo de Vic pidió al padre Costa que entregara la Virgen al obispado, para tenerla en observación durante tres semanas. "No se me ha informado de si van a realizar pruebas o no". Cuando se le preguntó si él esperaba que la iglesia confirmara el milagro, añadió que aunque la Santa Sede había confirmado un suceso similar en Civitavecchia en parte porque la Virgen había llorado delante de un obispo, no podía asegurar si se reconocería el milagro como tal incluso si lo presenciaban de primera mano. "La mentalidad de la iglesia es que estos fenómenos no pueden suceder, ya que esto implicaría pensar con otros parámetros, más racionales e intelectuales, denegando de este modo la libertad de Dios a hablarnos de esta manera. Pero muchas personas que han venido aquí, y han visto la Virgen, no dudan de que es verdad porque lo han visto y lo han sentido, y no necesitan más pruebas de la veracidad del milagro. Y los que vienen aquí con un espíritu crítico, no lo creerían incluso si vieran todos los milagros del mundo. Pero una cosa es cierta: tanto si las personas lo creían como si no, guardaban un profundo respeto." El padre Costa está bien familiarizado con los sucesos milagrosos que, según ha observado, se han incrementado en estos últimos 10 años. "Nunca me había interesado por este tipo de fenómenos hasta hace aproximadamente dos años, cuando experimenté una serie de hechos que no pueden reducirse simplemente a la casualidad – al final tuve que admitir que, de algún modo, estaba siendo guiado hacia alguna parte desde arriba, especialmente cuando cayeron en mis manos una serie de libros que trataban de milagros. He estado siguiendo el tema; he estado en Medjugorje, he visto cosas y he pasado por experiencias personales que no me dejan ninguna duda de que los milagros existen, y es más, que hay una relación entre ellos. Sabes, " añade con gravedad, mientras cita al Padre Pio de Italia, "'Cuando una madre llora, mal asunto'. ¿Y qué hace una madre? Cuando ve que algo no va bien, primero grita, luego exhorta con más seriedad, y si no puede solucionar el problema, entonces llora. Si las lágrimas son de sangre, significa que el dolor es más profundo. Estos milagros son como una advertencia, un grito sin palabras, que las personas son libres de escuchar o no." ¿Un grito por el estado actual del mundo, nuestra actitud negligente con la Tierra y nuestras relaciones humanas? "Sí, por todo esto, y más posiblemente." Luego apunta a sus lecturas de las obras de varios católicos que han recibido mensajes de la Virgen, como el italiano Padre Gobbi, apoyado por el Papa, el Padre Pio, la Hermana Hanna, la Sra. Vassula, y otros, que aparentemente guardan relación con muchos pasajes de la Biblia, llevándole a la conclusión de que "los milagros también anuncian los acontecimientos futuros que están por venir, como la aparición del Anticristo en 1998, que dará lugar a la Segunda Venida de Jesús en muy poco tiempo, y el establecimiento de una era de paz, el Reino de los Cielos en la tierra, en vez de nosotros subir ahí arriba. Nosotros viviremos en el Reino de los Cielos. Esto está en el Evangelio." Aunque el padre Costa no ha registrado ninguna curación milagrosa hasta la fecha, ya que el milagro es muy reciente, se sorprendió de la amplia cobertura prestada por los medios de comunicación, algo que atribuye en parte a un genuino interés del público, aunque se queja de que algunos medios han manipulado sus palabras, presentándolo casi como un excéntrico por su interpretación del milagro. "Los milagros son también indicaciones de Dios del camino a seguir. La mayoría de sacerdotes creen que Dios habló una sola y única vez hace 2.000 años, y que nosotros tan solo tenemos que seguir lo que está escrito en el Evangelio; pero eso no es cierto, ni siquiera el Evangelio lo dice. La revelación no ha terminado, en momentos de urgente necesidad, Dios habla." (El Maestro de Benjamin Creme confirma que este milagro de Mura fue manifestado por el Maestro que fue la Virgen. Los comentarios del padre Costa sobre la venida del Anticristo son, naturalmente, su propia interpretación católica.) |
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Maitreya
- el Instructor del Mundo |