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Archivos - Servicio

 
Título "Un puente que yo llamo servicio"
Fuente Revista Share International- Enero/Febrero 1997
Autor Monte Leach
Notas Una entrevista con Jean Bertrand Aristide, anterior Presidente de Haití y sacerdote salesiano, donde explica la importante conexión entre la espiritualidad y su expresión en el servicio práctico a los demás - en este caso a la nación de Haití.

"Un puente que yo llamo servicio"


Jean Bertrand Aristide fue ordenado sacerdote católico de la orden Salesiana en 1982. Dirigió un alzamiento popular en contra del líder haitiano Jean-Claude Duvalier en 1986, y fue expulsado de su orden en 1988. Aristide fue elegido presidente de Haití en las primeras elecciones libres y justas del país en 1990, pero fue destituido en un golpe de estado en 1991, permaneciendo en el exilio de 1991 a 1994. Una vez restituido a su puesto, Aristide continuó siendo el presidente de Haití hasta febrero de 1996. Monte Leach le entrevistó para Share International.

Share International: Usted se encuentra en una situación bastante excepcional, al haber sido sacerdote católico y también presidente de un país. ¿Cómo le influenciaron sus creencias religiosas para formar parte del proceso político y, siendo ya un líder político, cómo influenciaron sus decisiones al asumir ese papel?

Jean Bertrand Aristide (izquierda) y Monte Leach

Jean Bertrand Aristide: Como sacerdote, como cristiano, tenía que servir a mi pueblo para poder decir que estaba sirviendo a Dios. Tenía que amar a las personas para poder decir que amaba a Dios. Hicimos lo que teníamos que hacer, porque nuestra fe estaba arraigada en el evangelio, y veíamos que Jesús daba alimentos a las personas, cuidaba a los que estaban enfermos. Servir a las personas, cuidar de los pobres, cuidar a los que estaban enfermos, era parte de nuestra misión, y sentíamos que era a Dios al que conocíamos a través de los hombres y las mujeres.

Al convertirme en presidente, continuamos sirviendo. La misión de cualquier jefe de estado es servir, el servicio público. Servir a las personas significa respetar sus derechos, respetar la constitución – igual que en el pasado, como sacerdote, respetaba la Biblia. (Naturalmente, esto no significa que el sacerdote no tenga que respetar la constitución). Cuando se invierte en educación, creas oportunidades para poder servir a las personas. Cuando se invierte en sanidad, continúas haciendo en el campo político lo que el cristiano o el sacerdote pueden hacer en el campo religioso. Entre ambos extremos, el campo político y el religioso, existe un puente que yo llamo servicio.

SI: Su época de exilio en Estados Unidos debió haber sido una experiencia difícil para usted. ¿Se sintió inspirado o edificado de alguna forma por su fe y creencias religiosas? Algunos líderes políticos aseguran haberse sentido divinamente inspirados para ayudarles a tomar ciertas decisiones. ¿Se ha sentido alguna vez inspirado por sus experiencias para continuar?

JBA: Sí, porque nunca dejé de rezar. Nunca dejé de leer la Biblia, que es una fuente de inspiración y energía espiritual. Estaba en comunicación con mi pueblo. Cuando los refugiados huían de mi país y algunos de ellos se estaban muriendo, evidentemente no podía permanecer indiferente. Ellos son seres humanos. Y el estar en comunión con ellos era una forma de capacitarme y superar dificultades. Sentíamos que estar unidos con todos ellos era necesario para apoyar su lucha, compartir su sufrimiento, siempre con medios no violentos, y luchar por la democracia y la paz. Como cristiano, sentía que sería un pecado social poner fin a esta maravillosa forma de servicio a través de la comunión con mi pueblo. Mi fe claramente me ayudó. En ambos extremos, teológicamente y políticamente, tuve oportunidades para ser fiel, para servir, y superar dificultades.

SI: Una de las otras cuestiones que tratamos en nuestra revista es la situación económica del mundo. La razón por la cual se llama Share International es por nuestra creencia de que necesitamos compartir los alimentos y los recursos del mundo de forma más equitativa entre los ricos y los pobres. ¿Cuál es su opinión sobre esta posibilidad y sobre cómo podemos ayudar a los pobres de Haití, y de todo el mundo, a salir por ellos mismos de la pobreza?

JBA: En Haití, menos de un 1 por ciento de la población controla el 45 por ciento de la renta nacional. Tenemos que construir un puente de diálogo entre ambos extremos, para ver cómo dirigir las cuestiones económicas no rechazando a un grupo, sino más bien acogiendo a todos. Concentramos nuestra atención tanto en el desarrollo humano como en el crecimiento económico, y deberíamos hacer lo mismo en todo el mundo. Si nos concentramos exclusivamente en el crecimiento económico, vemos quizás que la globalización crea oportunidades de empleo, pero no la solución que piden los pobres. Su solución no es sólo la creación de algunos puestos de trabajo; es fomentar el desarrollo humano y el crecimiento económico. Esa es la razón por la cual creo que tenemos que fomentar el crecimiento económico para afrontar los problemas económicos. Pero al mismo tiempo, si no nos concentramos en el desarrollo humano en todo el mundo, veremos una especie de realidad económica desequilibrada. Cuanto más se fomente el desarrollo humano, cuanta más educación y servicios sanitarios se tengan, más se capacita a las personas para que produzcan más y mejoren la vida económica. Esa es la razón por la cual a veces se tiene un crecimiento económico que genera riqueza para un grupo reducido, pero no tantos puestos de trabajo como espera la gran mayoría de las personas. No se presta la suficiente atención al desarrollo humano.

SI: ¿Cree usted que desarrollo humano significa educación, sanidad, las necesidades básicas?

JBA: Sí, te preocupas por los valores, y mejoras la calidad de la relación entre las personas. Esto las capacita para producir más y fomentar el crecimiento económico. En Haití queremos pasar de la miseria a la 'pobreza con dignidad'. Ese es nuestro objetivo. Eso significa que si hoy tenemos menos del 1 por ciento de la población controlando el 45 por ciento de la renta nacional, intentamos construir un puente entre los dos extremos para crear las condiciones que son importantes a la hora de fomentar el desarrollo humano y el crecimiento económico. El ochenta y cinco por ciento de la población en Haití es analfabeta. Tenemos que invertir en educación. Y para invertir en educación el gobierno tiene que recaudar impuestos. Necesitamos abordar estas cuestiones a través del diálogo. Las personas tienen que entender lo que queremos hacer. Y su participación es la clave para la paz.

SI: ¿Es usted optimista respecto a lo que está ahora ocurriendo, no sólo en Haití, sino también en el resto del mundo?

JBA: Soy optimista. Creo que los ciudadanos del mundo son importantes. Creo que los ciudadanos del mundo pueden mejorar la calidad de vida, y construir un mundo en paz. Esa es mi creencia. Sigo impartiendo conferencias en muchos países – Japón, Alemania, Holanda, Suiza, Italia, Estados Unidos, Costa Rica. He conocido a mucha gente. Basándome en mi experiencia, creo en los ciudadanos del mundo. El mundo será mejor.

 

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