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Crecimiento espiritual

 

La meditación permite el contacto y compenetración con nuestra alma. El servicio altruista nos permite llevar a cabo el propósito del alma en la vida diaria, descentralizando así la atención sobre nosotros mismos y aumentando el crecimiento espiritual.

La Relación entre la Meditación y el Servicio 
en el Crecimiento Espiritual

por Benjamin Creme

La psicología moderna ha dividido a la humanidad en dos tipos principales: el contemplativo y el hombre o mujer de acción; la personalidad introvertida y la extrovertida. La psicología esotérica también reconoce estas diferencias en el acercamiento de la gente a la vida, pero característicamente, ya que su meta es la síntesis en vez del análisis, ve su integración final. Para el esoterista, el introvertido es aquel cuya atención está enfocada hacia adentro, al alma, que tiene un buen y fácil contacto con ese aspecto de sí mismo, para quién la meditación convencional es atractiva como una forma más científica y organizada de profundizar ese contacto pero cuyo contacto con el mundo exterior es relativamente fragmentario y limitado, conduciendo a dificultades de expresión y funcionamiento en el plano físico. 

El extrovertido, por otra parte, es aquel cuyo contacto con el mundo exterior es intenso y vívido, que tiene poca dificultad para relacionarse con la gente y situaciones, pero cuyo contacto con el alma es limitado y en gran parte inconsciente; su atención está dirigida hacia afuera. Vida tras vida, nuestras almas crean vehículos, nuestras personalidades, a través de los cuales ambas modalidades pueden ser desarrolladas y perfeccionadas. El objetivo evolutivo es su integración final; un contacto directo e ininterrumpido y la unificación con el alma; y a voluntad una compenetración desinhibida con el mundo exterior de la gente y acontecimientos. Este es el ideal; su logro caracteriza al iniciado. 

Dos caminos

Los dos caminos gemelos del sendero para esta integración son la meditación y el servicio. Por medio de la meditación, el contacto con el alma se hace más profundo y se fortalece, realizando gradualmente la infusión de la personalidad por el alma. Las energías y atributos del alma - Voluntad Espiritual, Amor e Inteligencia - se manifiestan cada vez más a través de la personalidad hasta el momento en que la fusión de las dos se completa. 

Por medio del servicio, el propósito del alma se lleva a cabo. La naturaleza del alma es servir; ella sólo conoce el servicio altruista. Todo lo que el alma sea de Voluntad, Amor e Inteligencia trata de ponerlo al servicio del Plan - el Plan del Logos del que ella es un reflejo. En Palestina, el Cristo, reveló la realidad del alma e instituyó el Sendero del Servicio como el camino, por excelencia para la realización de Dios. 

Esto no es menos cierto hoy en día. La gran ilusión de la vida de nuestra personalidad es la sensación de estar en el centro del universo. Todos nos consideramos del mayor interés e importancia para nosotros mismos. 

Nada es tan efectivo para descentralizarnos como el servicio. Nada nos ayuda tanto para adquirir perspectiva y crecer espiritualmente. Cuando servimos, nos identificamos cada vez más con "el otro", aquel al que servimos, y gradualmente desplazamos el foco de nuestra atención de nuestro pequeño yo separado. Adquirimos una visión más amplia, más inclusiva del mundo y así llegamos a una relación más correcta con el Todo del que somos una parte. 

Muchos, hoy, especialmente aquellos que trabajan con la tradición Oriental, bajo la influencia de uno u otro de los muchos gurús que enseñan actualmente en Occidente, ven la meditación como un fin en sí mismo. No ven ninguna necesidad de servicio o acción externa para cambiar la sociedad para mejor; no ven ninguna posibilidad de cambio externo sin un cambio interno del corazón. Muchos creen también que simplemente con la meditación están haciendo más bien para el mundo del que podrían de otra manera. Sin duda, si ellos fueran Maestros que han realizado a Dios bien podría ser así, pero incluso los Maestros trabajan incansablemente en el servicio al mundo; ninguno más que Ellos. 

A través de la meditación, se atrae las energías e inspiración del alma que dan vida y significado a la expresión de la personalidad. Donde a estas se les impide, su salida correcta en el servicio, tiene lugar un 'estancamiento' en los vehículos de la personalidad - mental, emocional y físico - con resultados desafortunados. Muchas de las neurosis y otras enfermedades de los aspirantes y discípulos son el resultado de no emplear la energía del alma y del rechazo del propósito del alma. 

La meditación sigue siendo el camino real para contactar con el alma, pero una vez que esto se alcanza, el camino hacia adelante para el verdadero aspirante al discipulado es a través de la aceptación además, de la vida de servicio. Los focos interno y externo deben estar equilibrados y debe emprenderse la marcha por el Camino Infinito, el sendero del servicio, que llama a todos los verdaderos Hijos de Dios, desde el más modesto discípulo hasta y más allá, del Cristo Mismo. Es la misma necesidad de servir la que impulsa al Logos a la manifestación y nos da vida. 

(Revista Share International − Marzo 1982)
 

 

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