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El arte de esperar La mayoría de las personas implicadas en el trabajo de la Reaparición del Cristo y los Maestros de Sabiduría han estado viviendo durante muchos años con la impresión (falsa) de estar esperando algo. Han estado esperando algunos pacientemente, otros muy impacientemente – el emerger público de Maitreya. Apenas hay llamadas de alguna persona de los grupos que no acabe con las inevitables palabras: "Ben, ¿hay alguna noticia, algo nuevo? ¿Podrías explicarnos lo que está ocurriendo?" Se creen que estoy sentado delante de un telégrafo, y que la Jerarquía y todos los miembros de los mundos angélicos me comunican las últimas noticias. Eso es algo que ocurre continuamente, cada semana, cada mes, año tras año, y para todas esas personas representa su sentido de espera, impaciencia, de querer saber las últimas "noticias". ¿Cómo pueden haber noticias si no existen tales noticias? Si no existe algo como el tiempo, que es de lo que vamos a hablar, no existe algo como las noticias. Las noticias pertenecen al tiempo. Y si el tiempo no existe, las noticias no existen. La idea del telégrafo es sencillamente la última y más estúpida expresión de nuestro apasionamiento por el tiempo. Si se piensa con detenimiento, no se necesita demasiada imaginación para darse cuenta de que el tiempo en realidad no existe. Es una ilusión. Aún así organizamos y vivimos nuestras vidas en relación a esta completa ilusión: la de que el tiempo es un proceso de acontecimientos marcados por las horas y los minutos. Pensamos en la historia, la prehistoria, y el tiempo que todavía está por venir. Nos asusta. Miramos hacia el futuro y decimos: "Me voy a volver viejo, cansado, me moriré; no puedo, no me atrevo a pensar en ese momento del tiempo, que espero no sea mañana ni la próxima semana ni el año que viene, sino de aquí muchos años". Las personas se pasan toda la vida dominadas por el concepto de lo que es el pasado y el futuro, así que casi nadie en gran medida vive en el momento presente. Todos, casi sin excepción, vemos la vida como un pasado y un futuro. Lamentamos el pasado y tememos el futuro. Los niños esperan con ilusión ser mayores, más brillantes, más listos y más fuertes, y para ellos eso es el futuro. Pero no lo conciben en términos de tiempo. Lo conciben sencillamente en términos de su nueva responsabilidad – la fortaleza, la visión, el valor y las oportunidades que se les presentarán al ser mayores. Los niños se caracterizan por no tener ningún sentido del tiempo en absoluto. Esa es la razón por la cual son prácticamente los únicos exponentes verdaderamente vitales del experimento humano – porque no están condicionados por el tiempo. El resto de las personas, excepto los Maestros y los iniciados elevados, están dominados por la ilusión absoluta de que el tiempo existe. Por tanto, o nos lamentamos de algo o esperamos algo. Nos lamentamos de todos los años, y de los días de esos años, en que no pusimos en práctica todo nuestro potencial – nuestro trabajo para la Reaparición del Cristo, o sea lo que sea. Deseamos haber trabajado antes y más. Deseamos haber aprovechado realmente esa oportunidad y no haberla perdido, no haber tenido miedo, sentirse cansados o ser en realidad demasiado tímidos para hacer algo especial. Algunos cuentan los días y las semanas hasta que Maitreya se aparezca abiertamente, el día en que se puedan dirigir a todos aquellos a los que vagamente les mencionaron la noticia y decir: "Ves, yo tenía razón. El tiempo siempre te da la razón, y el tiempo ha demostrado que yo tenía razón, que no perdí esas horas, días y años de trabajo en ese interminable 'mito' de la Reaparición del Cristo en el mundo". La experiencia de muchas personas en este trabajo, demostrada por lo que ellos me dicen por teléfono, o por lo que escriben y se cuentan unos a otros, y por los rumores que circulan en todos los grupos, es que están esperando, esperando, esperando. ¿Existe alguna forma de abordar esta idea del tiempo, ajustar nuestra relación a esta espera, y convertirla en un arte, una experiencia – con la esperanza de que sea una experiencia útil, vívida y viva? Algunas personas ya lo están haciendo. Pero muchas personas en los grupos de todo el mundo están simplemente esperando. Su energía se agota, su paciencia, su esperanza, se agotan, su dedicación y convicción se agotan. Eso ocurre principalmente porque su interés está esencialmente basado en una respuesta emocional a la idea, y hay un límite en la cantidad de energía astral de la que pueden disponer para sostener y mantener su compromiso con esa idea. Así que se impacientan, y dicen: “¿Hay alguna noticia? ¿alguna noticia? ¿ocurre algo?” No es por casualidad que el primer artículo que el Maestro escribió para Share International, en enero de 1982, se llamara 'Un Concepto del tiempo de la Nueva Era'. Los Maestros nunca hacen nada, por muy pequeño o trivial que pueda parecer, que no tenga un propósito subyacente. Nunca desperdician una oportunidad para servir al Plan, ayudar a un discípulo de algún modo, para iluminar allí donde puedan. Todo lo que hacen está hecho con un propósito que, instantáneamente, pueden cumplir al pedírselo. No puedes 'engañar' a un Maestro Cada mes pregunto: "¿Podrías por favor darme el artículo para la revista?” Algunas veces, en pocas ocasiones, el Maestro dice: "No, no tengo ideas. Pregúntame mañana, o déjalo hasta el viernes". El sabe que soy tan perezoso que preferiría dejarlo hasta el viernes, así que me está haciendo un favor. No puedes 'engañar' a un Maestro. No hay forma de pedir el artículo a Mi Maestro con la idea de esperar que diga: "Justo ahora no", pues El no conoce tal cosa. Cada matiz de mi pensamiento es un libro abierto para El. Yo debería decir: "Te importaría que lo dejáramos hasta el viernes porque me siento tan cansado, no estoy con ganas". Pero El lo sabe; y por eso dice: "No, estoy ocupado. Dejémoslo hasta el viernes", o "no tengo ni idea. No tengo ninguna idea en Mi cabeza". El debe tener muchas ideas. Esto ha durado años y años; nos encontramos ahora en la mitad del volumen 14 de Share International. Cada mes durante 15 años y medio el Maestro ha estado pensando ideas para el artículo y dictándomelas. Espero que todavía continúe. A veces creo que tarde o temprano se le agotarán las ideas, pero hasta ahora nunca ha ocurrido. Siempre me sorprende con lo que acaba diciendo. En ocasiones son ideas repetidas pero vistas desde otro ángulo, así que El está expandiendo nuestra conciencia, desarrollándola todo el tiempo. Pero estoy seguro de que no es por casualidad que el primer artículo tratara del tiempo, o la ausencia, la ilusión, del tiempo: un concepto del tiempo de la nueva era. Tampoco es casualidad, estoy seguro, de que la primera vez que fui adumbrado por Maitreya, en marzo de 1959 (justo después del contacto inicial con mi Maestro) – cuando El me dijo que iba a venir al mundo en el plazo de unos 20 años y que yo tendría un papel a desempeñar en Su venida si yo lo aceptaba – me proporcionara, también, la experiencia más extraordinaria: una visión de cómo los Maestros ven precisamente la realidad en la ausencia completa de tiempo. Se me dio una visión en la que yo me encontraba dentro de una brillante esfera de luz blanca. A la derecha de esa esfera (no habían extremos, pero sentí como si fuera el lado derecho) se mostraban a todo color, a pesar de que se cernía un fino velo en toda la sucesión de las escenas, todos los acontecimientos del mundo que llamamos historia, como la muerte de la Reina de Inglaterra, la batalla tal y cual, etc. Vi todo eso, pero aún estaba ocurriendo, una capa sobre otra de acontecimientos de colores, activos, en movimiento. Al mismo tiempo, al lado izquierdo, sin girar mi rostro y sin perder la conciencia despierta de los acontecimientos que nosotros llamamos el pasado, se me proporcionó la imagen panorámica, en color, de los sucesos que iban a tener lugar, lo que nosotros llamamos futuro – pero que estaban simultáneamente ocurriendo. Mientras yo observaba lo que parecía el pasado, también estaba observando lo que parecía el futuro. Me vi a mí mismo. Vi a personas que conocía. Vi acontecimientos relacionados con la Reaparición. Se me mostraron todas estas cosas. Era absolutamente consciente de estos acontecimientos que ocurrían al mismo tiempo. No había sensación de pasado o futuro. Simplemente estaban los sucesos que llamamos pasado y los que llamamos futuro ocurriendo simultáneamente. La visión era por todo alrededor, y yo me encontraba en el medio, experimentándola, sintiéndola. Era como en el cine, sólo que más real. Incluso las batallas más horribles no me producían ningún tipo de emoción; simplemente las veía como acontecimientos que estaban ocurriendo y, de igual modo, en el futuro. Veía todo esto en el único tiempo que existe, que es el Ahora. Y es eterno. No hay pasado, no hay futuro, sólo existe el Ahora. Así es como el Maestro, cualquier Maestro, experimenta lo que llamamos la realidad. Nosotros, por otro lado, tenemos la idea confusa del tiempo. Empieza en cierto momento de nuestra infancia cuando se nos dice que es hora de ir a dormir. "¿Hora de ir a dormir? ¿qué tiene que ver eso con el tiempo? no tengo sueño, mamá." Sólo vas a dormir cuando estás cansado, y ni siquiera esperas para ir a la cama. Cualquier niño en plena actividad puede de repente quedarse dormido, de un momento a otro (¡como algunas personas que conozco en la Meditación de Transmisión!). Es una experiencia repentina, total, plena. Aún así, cuando tiene lugar esa rutina del sueño, y suena el despertador, es hora de despertarse. Tanto si nos encontramos en la más maravillosa experiencia de contacto con el alma como si no, nos despertamos porque es la hora. Si habéis estado alguna vez en algún hospital, sabréis a lo que me refiero – a las seis en punto, levantarse, taza de té. Las enfermeras están ahí; tienen que hacer su trabajo, así que te despiertan. |
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Maitreya
- el Instructor del Mundo |