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Asistencia internacional a
los niños: Puedo asegurar a todos los que lean este artículo, que los acontecimientos en él relatados han ocurrido en la vida real. Yo no los entiendo, ni tampoco entiendo la razón por la cual me han sucedido. La mayor parte de mi vida laboral ha transcurrido como funcionario de un servicio de ambulancias en un entorno disciplinario, retirándome a los 55 años como máximo responsable de la sala de control del servicio de ambulancias de emergencia en Londres, que se encarga de cubrir el servicio de ambulancias en una área de 1.600 km2. Con esto intento mostrar que siempre he mantenido una actitud responsable y estoy acostumbrado a tratar con hechos. En 1970 era un hombre enfermo, destrozado, habiendo perdido mi hogar, familia, y negocio. Me mudé a Londres y me convertí en conductor de ambulancias. Durante los siguientes 22 años sufrí un grave dolor incesante que nunca me abandonaría, y que ni ningún médico o medicina podía curar. En 1981 conocí a Sai Baba por primera vez cuando leí un libro. Con sólo leer unas páginas, "supe" internamente que lo que estaba leyendo era totalmente verdad, que Sai Baba era un "Ser Divino". Le pedía que me curara el extremo dolor que continuaba sufriendo – y que duraría otros 10 años más. En 1991 ya no podía soportar más el dolor. Le pedí a Sai Baba: "Swami, haz que me desaparezca este dolor y pasaré el resto de mi vida en servicio para ayudar a los demás, o me quitaré la vida ahora". Al cabo de tres meses el dolor me desapareció por primera vez en 21 años. Por aquel entonces era el encargado subalterno del servicio de ambulancias. En cuestión de 6 meses fui ascendido a un puesto de mucha más responsabilidad, saltando directamente tres categorías. Ocurrió cuando se estaba librando la guerra en la antigua Yugoslavia, y la televisión no hacía más que mostrar terribles escenas de niños agonizantes. Un día fui de compras a los almacenes Tesco con mi mujer. Yo siempre me ocupo del carrito, pero por alguna razón ese día me puse a vagar por el supermercado. Me detuve delante de unas estanterías de comida para bebés, y de repente sentí un impulso irresistible que no pude controlar, y que me incitaba a comprar tres pequeñas latas de comida de bebés – mis convoys de ayuda a los niños de Croacia y Bosnia acababan de empezar y yo no lo sabía. Al cabo de cuatro años, ya se habían enviado varios cientos de toneladas de todo tipo de artículos en concepto de ayuda, y se difundió en siete países el programa de asistencia a los niños – "el milagro de Dios". Durante los envíos de los convoys de ayuda, tuve varios momentos de orientación y visión. Lo que narro a continuación sucedió durante un convoy de ayuda a Croacia en 1994, pero siempre permanecerá en mi memoria tan vívidamente como el mismo día en que ocurrió. En Croacia estábamos en el Centro Sathya Sai de Zagreb. Me encontraba solo en mi habitación sentado en la cama. El resto de los trabajadores voluntarios habían salido esa noche. Poco a poco me di cuenta de que el ambiente de la habitación había cambiado. Era como si el aire se hubiera purificado y la luz era diferente. Mientras alzaba la mirada, la estancia se vio inundada de una bella luz rosa que impregnaba hasta los mismísimo tejidos de todas las cosas. Me vi envuelto por una paz total, y me convertí en uno con todo el Amor. Una comprensión y dicha completas penetraron en mi propio ser, al igual que un absoluto que todo lo abarcaba, sin ninguna separación entre todas las cosas vivientes; el tiempo se detuvo; no había ni tiempo ni distancia; todo resultaba comprensible. Me levanté y anduve por la habitación. Todos los artículos irradiaban estos bellos destellos rosas, el mismísimo aire que respiraba estaba lleno de pequeños glóbulos de luz, una abrumadora sensación de una Presencia Amorosa se apoderaba de mí, estaba en mí; todo era uno. Me senté de nuevo en la cama y permanecí así unos 5 minutos más, disfrutando del más maravilloso sentimiento de dicha absoluta y tranquilidad, hasta que el bello destello translúcido rosa se desvaneció y desapareció por completo. Cuando me fijé en la hora en mi reloj de pulsera, quedé asombrado al descubrir que el tiempo se había detenido pero que transcurrieron dos horas, en vez de los 10 minutos que yo había creído. Metamorfosis Durante ese mismo convoy de ayuda, pero al cabo de unos pocos días, se nos pidió que visitáramos un hospital psiquiátrico en Zagreb – esto no entraba dentro de nuestros planes, pero estuvimos encantados de ir. Al entrar en sus ruinosas salas, observé a un hombre muy anciano que estaba de pie al final de un enorme pasillo. Tenía una larga barba blanca, el pelo le llegaba hasta la altura de los hombros, y vestía un camisón largo. Al levantar él la vista, se cruzaron nuestras miradas, y haciendo amplios gestos con sus manos, emitiendo extraños ruidos, se acercó a mí corriendo por el pasillo. Cuando ya se encontraba cerca, se detuvo y cambió de conducta. Desapareció su mirada salvaje y se tornó suave y tranquila. Juntó sus manos, se postró delante mío y besó mis pies. Al principio me alteré por la presencia y acciones de este pobre hombre, pero mientras le observaba en esa posición que había adoptado sentí una enorme compasión por la situación, e inclinándome, le así por los hombros para levantarlo y le dije: "Venga, venga". Mientras lo decía pude ver su rostro, era el mismo rostro que el de Sai Baba. Fue una conmoción, me quedé completamente sofocado y sin habla. El anciano volvió a ser de nuevo el que era antes. Lenta y reposadamente se marchó, y nunca más lo volví a ver. Me costó algún tiempo recuperarme, tuve que salir fuera y caminar por las inmediaciones del hospital Columnas de luz En Croacia repartimos ayuda en campos de refugiados, orfanatos, hospitales e instituciones para niños, y hemos enviado ya muchos de estos convoys de ayuda. Entre los hospitales infantiles que repartimos ayuda se encuentra el de Gornji-Bistra, situado a unos 48 kilómetros de Zagreb, oculto entre un bosque. Este viejo y ruinoso edificio al estilo de un chateau francés alberga a 158 niños gravemente discapacitados o con serias deformaciones. En materia de recursos, estos niños reciben muy poca atención. Simplemente se les expulsa de la sociedad sin medicinas o tratamiento; nuestros convoys de ayuda cubren algunos de estos requisitos. Para fomentar la ayuda a estos niños en el Reino Unido, acostumbro a fotografiarlos – durante los cuatro años de estos convoys de ayuda, he tomado miles de fotografías. Pero este viaje fue distinto. En todos los sucesos que antes he descrito y que ocurrieron, sentía como si una presencia invisible estuviera guiándonos en todo lo que hacíamos, todo el tiempo. Tomé fotos de los niños. Las que hice en las estancias que albergaban a los niños más afectados mostraban un extraño fenómeno: columnas y extrañas muestras de luz, aunque no todas las fotografías del mismo carrete se vieron afectadas por eso, sólo las que fueron tomadas en esta particular estancia, y no todas ellas; también me hice revisar la cámara por si había algún desperfecto. No tenía ningún problema. Resulta extremadamente difícil describir la atmósfera dentro de esa estancia cuando se tomaron esas fotografías; era como si estuviéramos pisando "tierra sagrada". Los sucesos posteriores también fueron absolutamente asombrosos. Pudimos realizar una llamada, para que la gente contribuyera en la asistencia de estos niños, en la televisión alemana, y esto se pudo retransmitir por toda Europa. Hubo una enorme respuesta y permitió suministrar a estos niños todo lo que tan urgentemente necesitaban. (El Maestro de Benjamin Creme confirma que la luz de color rosa, la "presencia invisible", y las columnas de luz en las fotografías eran manifestaciones del Maestro Jesús, un frecuente visitante en este (y otros) hospitales de la región, al igual que Sai Baba. Maitreya también los visita si se presenta la oportunidad.) |
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Maitreya
- el Instructor del Mundo |