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Archivos - Derechos humanos

 
Título Derechos humanos y una verdadera cultura de paz
Fuente Revista Share International- Abril 2001
Autor Federico Mayor Zaragoza

Derechos humanos y una verdadera cultura de paz

Conferencia de Federico Mayor Zaragoza


Bioquímico, de profesión, Federico Mayor Zaragoza fue Director General de la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) entre 1987 y 1999, y goza de una sólida reputación internacional por sus incansables esfuerzos para alcanzar la paz a través de la educación. En julio de 2000 se dirigió a un grupo de altos funcionarios y embajadores de la ONU de distintos países en el Palacio Wilson , sede de la Comisión de Derechos Humanos en Ginebra, Suiza.

Empezaré sin preámbulos, sólo con una frase que es un breve resumen de las palabras que seguirán a continuación: sin diversidad cultural, apenas lograremos el pleno ejercicio de los Derechos Humanos, y por tanto la Paz. Déjenme insistir en que cada persona es única tanto desde un punto de vista biológico como cultural. Esto es algo que, a mi entender, tenemos que tener siempre en cuenta. La diversidad cultural es infinita; la desmesura de cada ser humano es igualmente infinita. ¿Por qué? Porque nosotros los humanos somos los únicos seres capaces de crear. Los científicos predicen el comportamiento de los insectos y animales; saben que su existencia es una proyección lineal. Pero nosotros podemos innovar, inventar y crear. Y esta facultad distintiva es también nuestra esperanza, porque significa que somos capaces de rehacer nuestro futuro común. ¿Quién habría dicho, hace sólo 12 años, que ese imperio soviético de silencio e imposición se derrumbaría? ¿Quién habría predicho que Nelson Mandela, después de 27 años de prisión en Robben Island, en vez de fermentar odio y venganza, buscaría, junto a Frederik De Klerk, soluciones armoniosas para poner fin al apartheid? ¿Y a quién se le podía ocurrir que el mismo Mandela sería presidente y que ahora otro presidente –también negro– asumiría las riendas del gobierno de Sudáfrica? En resumen: diversidad sin fin, y en transformación constante. Nadie será el mismo que es ahora, o el que fue ayer o hace un instante. La vida, tal como dijo Eráclito, es como un río, y es ahí donde mora nuestra libertad, incluso biológica. Cada día experimentamos cerca de un millón de mutaciones en nuestro cuerpo. Estos cambios morfológicos, que dan lugar a tantas mutaciones y especies, es lo que estableció Darwin. Pero aparte de esto, tenemos otra dimensión, la espiritual, que es creativa. Esta permanente modificación constituye, en mi opinión, la base de la libertad de este ser humano único, de esta unicidad que acompaña a la esencia de cada persona. Esa es la razón por la cual en la UNESCO me gustaba decir que la expresión suprema de la cultura es nuestro comportamiento cotidiano, ya que nos permite la articulación entre la unidad como especie y como persona distinta.

Resumiré rápidamente lo que yo considero los hitos más importantes de la historia moderna en lo que concierne a los derechos y dignidad de la persona humana. El más importante es la constitución de las Naciones Unidas en San Francisco en 1945. En ese mismo año, se fundó la UNESCO, con una carta fundacional increíblemente inspirada. En 1948 ocurrió lo que yo entiendo como la creación más importante del siglo XX: la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Nunca antes habíamos establecido un baremo moral tan elevado para el conjunto de la humanidad.

Ahora hago un salto hasta el año 1995, el 50 aniversario de la ONU y el Año Internacional para la Tolerancia. En esta extraordinaria declaración se registra el deseo de los países de vivir en una actitud permanente de consideración hacia otros países y pueblos; si es posible, con una actitud de amor hacia el otro, pero si esto no es posible, de respeto permanente hacia el otro. Ese fue un momento verdaderamente importante. Y por fin, en el año 2000, la Comisión de Derechos Humanos adoptó una resolución para la puesta en práctica de una cultura de paz para todo el mundo y en nuestro entorno cotidiano, y estableció la mejor forma de articular esta relación entre los derechos humanos y una cultura de paz.

Por tanto, todo parte de ese momento cumbre de la aceptación de la Declaración de los Derechos Humanos –una declaración que empieza: "Nosotros, los pueblos". Cabe observar que los autores, muchos de los cuales aún sentían en sus corazones la tragedia del Holocausto, no escribieron: "Nosotros, los países victoriosos". Ni siquiera escribieron: "Nosotros, los países". Simplemente: "Nosotros, los pueblos", ya que quieren abarcar a todas las culturas y pueblos dentro de esos países. Ellos continúan con: "Nosotros, los pueblos, hemos decidido evitar a nuestros hijos el horror de la guerra".

Con esto, se creó una medida preventiva. ¿Y cómo evitamos más guerras? Compartiendo mejor. Asegurándose de que todos los países estén 'desarrollados', ya que esta es la forma de detener la injusticia y alcanzar la paz. Ahora ya han transcurrido muchos años –y quiero decir esto muy alto porque lo he vivido de primera mano– y hemos pasado de una construcción activa de la paz, de una prevención de la guerra, al mantenimiento de la paz y la ayuda humanitaria. Nos hemos convertido en una Cruz Roja al servicio de los países más poderosos del mundo. Y esta no es la solución de la ONU. Lo cual no quiere decir que no tengamos que cooperar y ayudar a los refugiados y niños a restablecer sus vidas cuando ha habido un conflicto que no se ha podido evitar, pero este no es el objetivo fundamental ni la visión de la ONU. La ONU se creó para evitar la violencia, la guerra y el conflicto, para ir directamente a sus raíces. ¿Y cuáles son las raíces del conflicto? La pobreza y la miseria. Estos son los pilares sobre los que se levanta el conflicto, y estos son los pilares que no vamos a destruir si [solamente] hacemos hincapié en nuestras operaciones de mantenimiento de paz.

En relación a esto, también, se creó una comisión muy importante en el pasado dentro de la familia de la ONU: el ECOSOC, que significa 'Económico y Social'. Durante 50 años hubo sólo 'ECO', no había ningún 'SOC'. Recuerdo que, en algunas ocasiones, con la intención de provocar un poco, cuando hablaba ante los grupos de trabajo de ECOSOC, empezaba: "Es un gran placer para mi hablar en ECO (en voz alta) SOC (con un susurro)". En 50 años no hubo ni una sola reunión sobre desarrollo social. Lo único que importaba era el desarrollo económico. Fueron los daneses quienes, en 1995, comentaron que deberíamos empezar a hablar sobre desarrollo social. Y a raíz de ello, se celebró la cumbre sobre Desarrollo Social en Copenhague, de la cual, por cierto, no tenemos resoluciones, sino sólo compromisos. Hubo un intento serio de buscar soluciones específicas a temas concretos pero, una vez más, hemos olvidado estos compromisos. No obstante, al menos hemos empezado a abordarlos. Al menos hemos empezado a trabajar en el desarrollo social, una de las claves para el cambio, y algo que todo gobierno en el nuevo milenio debe fomentar.

En 1945, la rama más intelectual de la ONU, la UNESCO, se creó en Londres. Fue inspirada, entre otras personas, por el ministro inglés, R.A.Butler quien, mientras las bombas caían sobre Londres, exclamó: "Este horror nunca se solucionará hasta el día en que, sin excepción, seamos todos educados, hasta que nos demos cuenta de la enorme esperanza que reside en las capacidades intelectuales y espirituales de los hombres y mujeres. Sólo así cesarán estos actos de barbarie". Él aceleró la madurez de lo que al principio fue sólo una institución educativa a escala mundial. Posteriormente, a la UNESCO le añadimos la ciencia y la cultura. Esa puede ser la razón por la cual la carta fundacional de la UNESCO empieza con unas breves líneas que resumen el espíritu y la voluntad de sus creadores: "Ya que las guerras nacen de las mentes de los hombres, es en las mentes de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz". Pero va más allá: que el desarrollo económico es importante, pero no suficiente en sí mismo, que el desarrollo político es indispensable, pero no basta. La paz y el bienestar dependen de la solidaridad moral e intelectual de la humanidad. Insisto en las palabras "solidaridad intelectual y moral" porque hemos sido reticentes en la ONU a pronunciar palabras como "moralidad", "ética" o "amor". Y yo digo que debemos reivindicar estas palabras, porque las personas que las escribieron en las distintas cartas constitutivas de la ONU fueron lo suficientemente honestos consigo mismos como para incluirlas. "Solidaridad intelectual y moral". No podemos limitarnos a decir que los países desarrollados deben compartir mejor el resultado de sus esfuerzos, sus laboratorios y sus sistemas de producción. Tenemos que hacer más que esto. ¿Por qué hay muchas instituciones científicas y académicas que guardan silencio sobre nuestra tragedia actual? ¿Por qué no dicen ni hacen nada ante la degradación del medio ambiente, o cuando somos testigos de una pobreza extrema? Porque no tenemos esa solidaridad intelectual y moral. Esa es la razón por la que decidimos: "De acuerdo, encarguemos otra investigación, otro estudio, y más estadísticas". Seguimos este camino de acumular informes y cifras, pero sin una acción concreta. Esta solidaridad intelectual y moral tiene que tomar la iniciativa porque es nuestra responsabilidad hacerlo. Y es nuestra responsabilidad, también, actuar con esa fraternidad a la que nos invita el primer artículo de la Declaración. Observen que después de decir que "todos los hombres y mujeres son libres e iguales", sigue con "éstos deben actuar uno a otro en un espíritu de fraternidad". La ONU debe reforzarse en este espíritu.

A menudo oigo a personas que hablan de los Derechos Humanos como si éstos pertenecieran a sus respectivos países, como si ellos fueran quienes otorgan los Derechos Humanos: "Yo te doy los Derechos Humanos. Yo te los quito". Es muy fácil referirse a los Derechos Humanos como si algunas personas y países no los 'tuvieran' ni los observaran y otros países fueran ejemplos perfectos de su cumplimiento. No, los derechos humanos son inherentes a cada ser humano; nadie se los otorga a nadie. Recuerdo que cuando propuse la paz como derecho humano, en el seno de la ONU, un 95 por ciento de los países estuvieron de acuerdo en aceptarlo como tal, pero algunos países no estuvieron de acuerdo. Luego, dije: "No estoy esperando a que ustedes aprueben el derecho humano a la paz. Si ya lo tenemos. Es sólo cuestión de que empiecen a reconocerlo".

Tenemos que recordar todo esto cuando intentamos poner fin al hambre y la pobreza. Y sobre todo, tenemos que recordar que no podemos decir que estamos observando los Derechos Humanos si permitimos que esas personas mueran de esa manera, ya que no estamos respetando su Derecho a la Vida.

Esto es algo que debemos cambiar. Puede hacerse por medio de la educación, tal como indica la declaración. Ésta no menciona específicamente educación básica y alfabetización. Me ha resultado muy difícil convencer a algunos países poderosos que dejen de recomendar sólo educación básica y alfabetización a las zonas más pobres. Esa es la razón por la que son pobres, porque sólo les damos educación básica y alfabetización. Tenemos que proporcionarles eso y mucho más –educación a todos los niveles y dejar de hacer ver que la vida de esas personas cambiará con una simple alfabetización. Es la educación lo que puede hacer que las cosas cambien. Es eso lo que está haciendo que algunas cosas estén empezando a cambiar. En India, por ejemplo, ciertas escuelas e iniciativas de microcrédito restablecen primero la dignidad y la auto estima en las personas, especialmente en las mujeres. La educación es algo más que información.

Tenemos que saber, por tanto, que debido a nuestra falta de respuestas ante estas injusticias, se está erosionando nuestra diversidad innata. Tal como el escritor portugués y premio Nobel de Literatura, José Saramago, dice: "¿Alcanzará la humanidad el punto de 'Tecnología - 100; Pensamiento - Cero'? ¿Llegaremos a una situación en la que la High-tech estará por encima del High-touch?"

Nosotros tenemos que estar a favor del touch [en inglés, 'tacto'], del tacto humano, de lo que representa este ser irrepetible que es el ser humano. Les pido que siempre tengan en mente, en su trabajo, la salvaguarda de la verdadera diversidad. Que seamos capaces de proteger y estimular esa unidad y unicidad del ser humano. Es con nuestro esfuerzo de enseñar una cultura de paz, a todos los niveles, que podemos alcanzar esa preciosa paz.

Federico Mayor Zaragoza fue Director General de UNESCO entre 1987 y 1999.
 

 

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