|
|
|
|
Archivos - Derechos
humanos |
|
|
|
|
|
Derechos humanos y una
verdadera cultura de paz
Conferencia de Federico Mayor Zaragoza
Bioquímico, de
profesión, Federico Mayor Zaragoza fue Director General de la UNESCO
(Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura)
entre 1987 y 1999, y goza de una sólida reputación internacional por sus
incansables esfuerzos para alcanzar la paz a través de la educación. En julio de
2000 se dirigió a un grupo de altos funcionarios y embajadores de la ONU de
distintos países en el Palacio Wilson , sede de la Comisión de Derechos Humanos
en Ginebra, Suiza.
Empezaré sin preámbulos, sólo con una frase que es un breve resumen de las
palabras que seguirán a continuación: sin diversidad cultural, apenas lograremos
el pleno ejercicio de los Derechos Humanos, y por tanto la Paz. Déjenme insistir
en que cada persona es única tanto desde un punto de vista biológico como
cultural. Esto es algo que, a mi entender, tenemos que tener siempre en cuenta.
La diversidad cultural es infinita; la desmesura de cada ser humano es
igualmente infinita. ¿Por qué? Porque nosotros los humanos somos los únicos
seres capaces de crear. Los científicos predicen el comportamiento de los
insectos y animales; saben que su existencia es una proyección lineal. Pero
nosotros podemos innovar, inventar y crear. Y esta facultad distintiva es
también nuestra esperanza, porque significa que somos capaces de rehacer nuestro
futuro común. ¿Quién habría dicho, hace sólo 12 años, que ese imperio soviético
de silencio e imposición se derrumbaría? ¿Quién habría predicho que Nelson
Mandela, después de 27 años de prisión en Robben Island, en vez de fermentar
odio y venganza, buscaría, junto a Frederik De Klerk, soluciones armoniosas para
poner fin al apartheid? ¿Y a quién se le podía ocurrir que el mismo Mandela
sería presidente y que ahora otro presidente –también negro– asumiría las
riendas del gobierno de Sudáfrica? En resumen: diversidad sin fin, y en
transformación constante. Nadie será el mismo que es ahora, o el que fue ayer o
hace un instante. La vida, tal como dijo Eráclito, es como un río, y es ahí
donde mora nuestra libertad, incluso biológica. Cada día experimentamos cerca de
un millón de mutaciones en nuestro cuerpo. Estos cambios morfológicos, que dan
lugar a tantas mutaciones y especies, es lo que estableció Darwin. Pero aparte
de esto, tenemos otra dimensión, la espiritual, que es creativa. Esta permanente
modificación constituye, en mi opinión, la base de la libertad de este ser
humano único, de esta unicidad que acompaña a la esencia de cada persona. Esa es
la razón por la cual en la UNESCO me gustaba decir que la expresión suprema de
la cultura es nuestro comportamiento cotidiano, ya que nos permite la
articulación entre la unidad como especie y como persona distinta.
Resumiré rápidamente lo que yo considero los hitos más importantes de la
historia moderna en lo que concierne a los derechos y dignidad de la persona
humana. El más importante es la constitución de las Naciones Unidas en San
Francisco en 1945. En ese mismo año, se fundó la UNESCO, con una carta
fundacional increíblemente inspirada. En 1948 ocurrió lo que yo entiendo como la
creación más importante del siglo XX: la Declaración Universal de los Derechos
Humanos. Nunca antes habíamos establecido un baremo moral tan elevado para el
conjunto de la humanidad.
Ahora hago un salto hasta el año 1995, el 50 aniversario de la ONU y el Año
Internacional para la Tolerancia. En esta extraordinaria declaración se registra
el deseo de los países de vivir en una actitud permanente de consideración hacia
otros países y pueblos; si es posible, con una actitud de amor hacia el otro,
pero si esto no es posible, de respeto permanente hacia el otro. Ese fue un
momento verdaderamente importante. Y por fin, en el año 2000, la Comisión de
Derechos Humanos adoptó una resolución para la puesta en práctica de una cultura
de paz para todo el mundo y en nuestro entorno cotidiano, y estableció la mejor
forma de articular esta relación entre los derechos humanos y una cultura de
paz.
Por tanto, todo parte de ese momento cumbre de la aceptación de la Declaración
de los Derechos Humanos –una declaración que empieza: "Nosotros, los pueblos".
Cabe observar que los autores, muchos de los cuales aún sentían en sus corazones
la tragedia del Holocausto, no escribieron: "Nosotros, los países victoriosos".
Ni siquiera escribieron: "Nosotros, los países". Simplemente: "Nosotros, los
pueblos", ya que quieren abarcar a todas las culturas y pueblos dentro de esos
países. Ellos continúan con: "Nosotros, los pueblos, hemos decidido evitar a
nuestros hijos el horror de la guerra".
Con esto, se creó una medida preventiva. ¿Y cómo evitamos más guerras?
Compartiendo mejor. Asegurándose de que todos los países estén 'desarrollados',
ya que esta es la forma de detener la injusticia y alcanzar la paz. Ahora ya han
transcurrido muchos años –y quiero decir esto muy alto porque lo he vivido de
primera mano– y hemos pasado de una construcción activa de la paz, de una
prevención de la guerra, al mantenimiento de la paz y la ayuda humanitaria. Nos
hemos convertido en una Cruz Roja al servicio de los países más poderosos del
mundo. Y esta no es la solución de la ONU. Lo cual no quiere decir que no
tengamos que cooperar y ayudar a los refugiados y niños a restablecer sus vidas
cuando ha habido un conflicto que no se ha podido evitar, pero este no es el
objetivo fundamental ni la visión de la ONU. La ONU se creó para evitar la
violencia, la guerra y el conflicto, para ir directamente a sus raíces. ¿Y
cuáles son las raíces del conflicto? La pobreza y la miseria. Estos son los
pilares sobre los que se levanta el conflicto, y estos son los pilares que no
vamos a destruir si [solamente] hacemos hincapié en nuestras operaciones de
mantenimiento de paz.
En relación a esto, también, se creó una comisión muy importante en el pasado
dentro de la familia de la ONU: el ECOSOC, que significa 'Económico y Social'.
Durante 50 años hubo sólo 'ECO', no había ningún 'SOC'. Recuerdo que, en algunas
ocasiones, con la intención de provocar un poco, cuando hablaba ante los grupos
de trabajo de ECOSOC, empezaba: "Es un gran placer para mi hablar en ECO (en voz
alta) SOC (con un susurro)". En 50 años no hubo ni una sola reunión sobre
desarrollo social. Lo único que importaba era el desarrollo económico. Fueron
los daneses quienes, en 1995, comentaron que deberíamos empezar a hablar sobre
desarrollo social. Y a raíz de ello, se celebró la cumbre sobre Desarrollo
Social en Copenhague, de la cual, por cierto, no tenemos resoluciones, sino sólo
compromisos. Hubo un intento serio de buscar soluciones específicas a temas
concretos pero, una vez más, hemos olvidado estos compromisos. No obstante, al
menos hemos empezado a abordarlos. Al menos hemos empezado a trabajar en el
desarrollo social, una de las claves para el cambio, y algo que todo gobierno en
el nuevo milenio debe fomentar.
En 1945, la rama más intelectual de la ONU, la UNESCO, se creó en Londres. Fue
inspirada, entre otras personas, por el ministro inglés, R.A.Butler quien,
mientras las bombas caían sobre Londres, exclamó: "Este horror nunca se
solucionará hasta el día en que, sin excepción, seamos todos educados, hasta que
nos demos cuenta de la enorme esperanza que reside en las capacidades
intelectuales y espirituales de los hombres y mujeres. Sólo así cesarán estos
actos de barbarie". Él aceleró la madurez de lo que al principio fue sólo una
institución educativa a escala mundial. Posteriormente, a la UNESCO le añadimos
la ciencia y la cultura. Esa puede ser la razón por la cual la carta fundacional
de la UNESCO empieza con unas breves líneas que resumen el espíritu y la
voluntad de sus creadores: "Ya que las guerras nacen de las mentes de los
hombres, es en las mentes de los hombres donde deben erigirse los baluartes de
la paz". Pero va más allá: que el desarrollo económico es importante, pero no
suficiente en sí mismo, que el desarrollo político es indispensable, pero no
basta. La paz y el bienestar dependen de la solidaridad moral e intelectual de
la humanidad. Insisto en las palabras "solidaridad intelectual y moral" porque
hemos sido reticentes en la ONU a pronunciar palabras como "moralidad", "ética"
o "amor". Y yo digo que debemos reivindicar estas palabras, porque las personas
que las escribieron en las distintas cartas constitutivas de la ONU fueron lo
suficientemente honestos consigo mismos como para incluirlas. "Solidaridad
intelectual y moral". No podemos limitarnos a decir que los países desarrollados
deben compartir mejor el resultado de sus esfuerzos, sus laboratorios y sus
sistemas de producción. Tenemos que hacer más que esto. ¿Por qué hay muchas
instituciones científicas y académicas que guardan silencio sobre nuestra
tragedia actual? ¿Por qué no dicen ni hacen nada ante la degradación del medio
ambiente, o cuando somos testigos de una pobreza extrema? Porque no tenemos esa
solidaridad intelectual y moral. Esa es la razón por la que decidimos: "De
acuerdo, encarguemos otra investigación, otro estudio, y más estadísticas".
Seguimos este camino de acumular informes y cifras, pero sin una acción
concreta. Esta solidaridad intelectual y moral tiene que tomar la iniciativa
porque es nuestra responsabilidad hacerlo. Y es nuestra responsabilidad,
también, actuar con esa fraternidad a la que nos invita el primer artículo de la
Declaración. Observen que después de decir que "todos los hombres y mujeres son
libres e iguales", sigue con "éstos deben actuar uno a otro en un espíritu de
fraternidad". La ONU debe reforzarse en este espíritu.
A menudo oigo a personas que hablan de los Derechos Humanos como si éstos
pertenecieran a sus respectivos países, como si ellos fueran quienes otorgan los
Derechos Humanos: "Yo te doy los Derechos Humanos. Yo te los quito". Es muy
fácil referirse a los Derechos Humanos como si algunas personas y países no los
'tuvieran' ni los observaran y otros países fueran ejemplos perfectos de su
cumplimiento. No, los derechos humanos son inherentes a cada ser humano; nadie
se los otorga a nadie. Recuerdo que cuando propuse la paz como derecho humano,
en el seno de la ONU, un 95 por ciento de los países estuvieron de acuerdo en
aceptarlo como tal, pero algunos países no estuvieron de acuerdo. Luego, dije:
"No estoy esperando a que ustedes aprueben el derecho humano a la paz. Si ya lo
tenemos. Es sólo cuestión de que empiecen a reconocerlo".
Tenemos que recordar todo esto cuando intentamos poner fin al hambre y la
pobreza. Y sobre todo, tenemos que recordar que no podemos decir que estamos
observando los Derechos Humanos si permitimos que esas personas mueran de esa
manera, ya que no estamos respetando su Derecho a la Vida.
Esto es algo que debemos cambiar. Puede hacerse por medio de la educación, tal
como indica la declaración. Ésta no menciona específicamente educación básica y
alfabetización. Me ha resultado muy difícil convencer a algunos países poderosos
que dejen de recomendar sólo educación básica y alfabetización a las zonas más
pobres. Esa es la razón por la que son pobres, porque sólo les damos educación
básica y alfabetización. Tenemos que proporcionarles eso y mucho más –educación
a todos los niveles y dejar de hacer ver que la vida de esas personas cambiará
con una simple alfabetización. Es la educación lo que puede hacer que las cosas
cambien. Es eso lo que está haciendo que algunas cosas estén empezando a
cambiar. En India, por ejemplo, ciertas escuelas e iniciativas de microcrédito
restablecen primero la dignidad y la auto estima en las personas, especialmente
en las mujeres. La educación es algo más que información.
Tenemos que saber, por tanto, que debido a nuestra falta de respuestas ante
estas injusticias, se está erosionando nuestra diversidad innata. Tal como el
escritor portugués y premio Nobel de Literatura, José Saramago, dice:
"¿Alcanzará la humanidad el punto de 'Tecnología - 100; Pensamiento - Cero'?
¿Llegaremos a una situación en la que la High-tech estará por encima del
High-touch?"
Nosotros tenemos que estar a favor del touch [en inglés, 'tacto'], del tacto
humano, de lo que representa este ser irrepetible que es el ser humano. Les pido
que siempre tengan en mente, en su trabajo, la salvaguarda de la verdadera
diversidad. Que seamos capaces de proteger y estimular esa unidad y unicidad del
ser humano. Es con nuestro esfuerzo de enseñar una cultura de paz, a todos los
niveles, que podemos alcanzar esa preciosa paz.
Federico Mayor Zaragoza fue Director General de UNESCO entre 1987 y 1999.
|
|
|