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Archivos - Justicia social

 
Título El Islam y los derechos de las mujeres
Fuente Revista Share International- Octubre 1995
Autor Benazir Bhutto
Notas Benazir Bhutto fue primera ministra de Pakistán, y en este artículo demuestra que no es culpa del Islam que las mujeres no sean tratadas con dignidad...

El Islam y los derechos de las mujeres

Por Benazir Bhutto

Ya es hora de que las mujeres musulmanas reclamen los derechos que se les garantiza en el Corán. Lejos de ser una fuente de opresión, el mensaje del Islam es de igualitarismo y liberación. Una y otra vez, el Corán proclama la igualdad de hombres y mujeres. Fue el Islam el que primero proporcionó a las mujeres el derecho al divorcio, a la custodia de los hijos, a la manutención y la herencia derechos que las mujeres occidentales sólo obtuvieron recientemente.

Benazir Bhutto

Si las mujeres en los países musulmanes se están quedando atrás, no es a causa del Islam sino más bien a causa de las tradiciones masculinas de una naturaleza cultural o tribal que deniegan los derechos a las mujeres. Este es el caso con los casamientos forzados. En tiempos pre-islámicos, se enterraba vivas a las niñas que nacían porque tener una hija se consideraba vergonzoso. Fue el Islam el que detuvo esta práctica atroz.

El Islam resalta la importancia de la familia, la sociedad y la comunidad, acordando un alto respeto y honor a las mujeres como madres, hijas, esposas y trabajadoras.

Lejos de imponer barreras a las mujeres, el Islam las elimina. Las mujeres pueden trabajar en la casa, involucrarse en el comercio o tomar parte en una guerra. De hecho existen numerosos ejemplos en la historia islámica en los cuales mujeres musulmanas tomaron parte en batallas. El desafío a las mujeres trabajadoras de que una mujer no debería abandonar su hogar es una contradicción directa con el mensaje de liberación que contiene el Islam. En 'ijtehad' (discusión para el cambio) tanto los hombres como las mujeres pueden participar en el proceso. Pero en el mundo occidental, las mujeres recibieron el derecho a votar o a determinar cuestiones de sus sociedades sólo en el siglo XX.

En la actualidad existen muchos foros políticos donde se discuten asuntos políticos, pero no hay un foro donde las mujeres musulmanas puedan reunirse para discutir tradiciones sociales y tabúes y los derechos que el Islam les garantiza. Las mujeres políticas musulmanas deben cruzar la brecha política y discutir cuestiones sociales que afectan a las mujeres en países musulmanes, y aprender cómo cada una de nosotras, y nuestras sociedades, se enfrentan a los problemas sociales por ejemplo, qué clase de leyes contra la violación existen en otros países musulmanes.

En Pakistán tenemos que hacer frente a un gran problema de violencia doméstica. Hemos establecido ahora un tribunal para grupos desaventajados, que puede tomar nota explícita de los excesos contra las mujeres. ¿Qué es lo que tenemos que hacer cuando el Islam afirma claramente que los niños permanecerán en la custodia de una mujer hasta una cierta edad y aún así los jueces a menudo violan esta ley y arrebatan a los bebés de nuestros brazos? ¿Cómo debemos afrontar estos desafíos?

Pakistán, el primer país musulmán que ha elegido a una mujer como primera ministra, ha intentado llevar a cabo un cambio drástico en lo que concierne a los derechos de las mujeres.

Este año, tenemos el privilegio de acoger la primera Conferencia Internacional de Mujeres Parlamentarias de Países Musulmanes. El próximo año, seremos anfitriones de la segunda Olimpiada de Mujeres Musulmanas.

Hemos designado a mujeres en cortes supremas, continuando el proceso inaugurado por el primer ministro Zulfikar Ali Bhutto que abrió las puertas de la judicatura subordinada a las mujeres y reclutó por primera vez a mujeres en los cuerpos de policía pakistaníes. Hemos consolidado este proceso mediante la apertura de comisarías de policía de mujeres, donde estas pueden informar de delitos contra ellas o a otras mujeres.

Creyendo que la independencia económica es la clave para la libre elección, y por tanto para la libertad y la dignidad, hemos inaugurado un banco de desarrollo de las mujeres, que emplea sólo a mujeres y da préstamos sólo a mujeres.

Gracias a los créditos concedidos por este banco, han aparecido varios negocios emprendidos por mujeres en Pakistán. Cuarenta centros informáticos para las mujeres se han abierto en todo el país, mientras que cien mil mujeres están por incorporarse en nuestra guerra contra el crecimiento demográfico y la mortalidad infantil. Hacia finales de este año, 35.000 mujeres trabajadoras ocuparán sus puestos, salvando las vidas de los niños y la fortaleza de la madre, permitiéndole tomar decisiones por ella misma.

Centros de ayuda legal, albergues para mujeres, trabajos para mujeres, son todos ellos parte de nuestro esfuerzo para proporcionar a las mujeres lo que el profeta Mahoma prometió hace más de 1.400 años: dignidad, igualdad, respeto.

En Pakistán, hemos llevado la lucha por los derechos de la mujer a cada provincia, a cientos de pueblos, a las sedes de nuestras asambleas nacionales y provinciales. Nuestros medios de comunicación electrónicos han retransmitido anuncios educando a las mujeres sobre el hecho de que la violencia doméstica es un crimen.

Hemos intentado repetidas veces proporcionar modelos a imitar para las niñas y mujeres jóvenes de nuestra nación. Esto no quiere decir que los hombres no tienen un papel en la emancipación de las mujeres: los hombres pueden oprimir y los hombres pueden ayudar a emancipar. De hecho, lo mismo es cierto para las mujeres. No es fácil ser una mujer musulmana. Los obstáculos son mayores. Las exigencias también. Las diferencias en la tabla de valores son más grandes, y las expectativas de aquellos que nos miran como modelo a imitar son más altas. Aquellas de nosotras que han elegido trabajar han hecho algo nuevo y han hecho temblar los estereotipos. Hemos tenido que trabajar más y dirigir mejor que los hombres, sobrepasarlos en todos los niveles.

Nosotras no debemos encogernos ante esa responsabilidad sino darle la bienvenida, en nombre de las mujeres de todo el mundo. Para todas aquellas que sufrieron antes, y por todas aquellas que nos sucederán, tenemos el privilegio de encontrarnos en esta posición especial, en esta época especial, con esta extraordinaria oportunidad de cambiar el futuro.
 

 

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