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Archivos - Alice A. Bailey

 
Título Reminiscencias de Alice Bailey
Fuente Revista Share International- Agosto 1982
Autor Carrol Joy
Notas Entrevista a Rose Comito que estudió y trabajó en la Escuela Arcana en Nueva York. Colaboró estrechamente con Alice Bailey duante los años 1943-1949

Reminiscencias de Alice Bailey

Entrevista a Rose Comito

por Carrol Joy

Rose Comito es una maestra y curandera que vive en Florida, EE.UU. Ella estudió y trabajó en la Escuela Arcana en la Ciudad de Nueva York, y mantuvo un estrecho contacto con Alice Bailey desde 1943 a 1949. La señora Comito se puso en contacto con Share International y Benjamín Creme a finales de la primavera pasada (1982), y recientemente nos concedió esta entrevista en la que ella recuerda algunos hechos sobre Alice A. Bailey a través de quien, en la primera mitad de este siglo, el Maestro D.K. divulgó extensa información sobre la esperada reaparición del Cristo. Rose Comito, que hasta hace poco suponía que Maitreya haría su aparición solamente hacia finales de siglo, no está en absoluto defraudada por el retraso del Día de la Declaración y dice: "Yo no creo que Maitreya esté aquí en cuerpo físico. ¡Yo lo ! No tengo ninguna duda en absoluto de que está aquí."

Rose Comito

SI: ¿Cómo conoció a Alice Bailey por primera vez?

RC: Yo le escribí una carta después de leer Magia Blanca e Iniciación, Humana y Solar. Su secretaria se puso en contacto conmigo quizás porque yo había dirigido realmente mi carta a "El hombre que escribió los libros", puesto que sabía que Alice Bailey no podía haberlos escrito ella misma, pero todavía yo no sabía quién era el verdadero autor. Fui a verla el 18 de diciembre de 1943. En cuanto entré en su oficina me dijo, "voy a mostrarle dos retratos. Quiero que me diga inmediatamente, rápidamente, a quién de ellos acudiría en primer lugar si estuvieran aquí en persona.”

Después ella abrió la puerta del santuario – una habitación pequeña que sólo usaba para las reuniones de grupo muy especiales. En la pared de la habitación del santuario enfrente de la puerta, por lo que nada más abrirla los veía, había dos bellos retratos de quienes ahora sé que son el Maestro Koot Hoomi y el Maestro Morya. Yo señalé al Maestro K.H. como la persona a quien acudiría primero, y dije, "¡lo conozco!" Ella sólo me abrazó y dijo, "¡lo sabía! Él es también mi Maestro”. Había reconocido el retrato en la pared porque durante muchos años había estado teniendo unos sueños importantes sobre ese mismo individuo que en mis sueños lo llamaba 'padre'.

SI: Así que usted empezó estudiando en la Escuela Arcana. ¿Usted siguió siendo principalmente una estudiante la mayor parte de esos años?

RC: No. Empecé a trabajar en la escuela de forma voluntaria tres o cuatro veces por semana, en el año 1945, poco después de la luna llena de Cristo cuando Alice nos dio la Gran Invocación. No sé por qué todo se volvió más animado para mí después de eso, y el volumen de correo que llegaba todos los días llegó a ser tan grande que tuve que pedir ayuda. Por entonces ya conocía mucho más a Alice, puesto que me hacía señas para entrar en su oficina privada y charlar.

SI: ¿Podría decirnos cómo fueron los momentos cuando Alice Bailey dio la Gran Invocación por primera vez?

RC: Bien, en primer lugar, poco antes de ese momento, me di cuenta que Alice llevaba una dieta especial – para purificarse, creo yo, para ese acontecimiento. En el momento de la luna llena de junio, estábamos celebrando el festival en el Hotel Pensilvania de Nueva York. En un momento dado, Alice se levantó y llevó a todos los ujieres, y todos los que iban a servirnos después la cena, fuera de la habitación. Cuando sólo quedaron los miembros que habían venido a la conferencia, ella dijo que iba a pronunciar una invocación – yo creo que dijo oración – y que nosotros intentáramos no escuchar las palabras, sino escuchar solamente el sonido de su voz, y que más tarde se nos daría a todos una copia. Como era aún nueva en la escuela no comprendí lo que quería decir, estaba muy confusa y dije una oración pidiendo ayuda para poder escuchar lo que ella decía sin escuchar las palabras.

La Gran Invocación

Ella comenzó a pronunciar la Invocación, pero yo no oía ni una palabra. En cuanto ella empezó a hablar, empecé a sentirme como si mi cabeza fuera una esponja seca, vacía. Empecé a cabecear y no podía sostenerla. La próxima cosa de la que era consciente era una lluvia muy suave cayendo por todo alrededor. La lluvia llenaba mi cabeza que era una esponja, y cuando me estaba preguntando lo que podría hacer para sostener mi cabeza, la lluvia cesó y yo salí de ella. Abrí los ojos y miré alrededor a los demás que todavía estaban con la cabeza inclinada. Alice había terminado de hablar y Regina Keller, su secretaria, venía hacia mí rápidamente. Cuándo llegó a mi mesa se agachó y susurró en mi oreja derecha, "Dígame Rose, ¿qué pasó cuando Alice estaba hablando?" "Nada", dije. "No estaba escuchando y no oí ni una palabra". "lo sé", dijo Regina, “pero ¿qué más pasó?” Yo le conté la historia. Ella me besó en la mejilla y corrió hacia Alice, y Alice me miró y asintió con la cabeza con una gran sonrisa. Yo era demasiado tonta para entender y muy tímida para preguntar a alguien, y por eso nunca pregunté lo que significaba mi experiencia, y nunca le hablé a Alice de ella.

SI: ¿Qué tipo de cosas hacía usted como voluntaria en la Escuela Arcana?

RC: Todas las mañanas cuando entraba, encontraba un montón de cartas – principalmente aquéllas que habían llegado en respuesta del reparto de la Gran Invocación. La escuela había enviado la Invocación a tantos países como podía llegar según estaba el mundo en ese momento, y las respuestas llegaban de todos ellos. Recuerdo especialmente una carta que nos decía que cierto maestro y sus estudiantes en Sudáfrica habían recibido la Invocación. Ellos habían decidido ir al próximo pueblo y hablar sobre ella. Cuando ellos llegaron allí quedaron sorprendidos al encontrar al otro maestro esperando por ellos, y entonces sus estudiantes empezaron a recitar la Invocación. Y ese tipo de cosas se repetía en muchas cartas: la escuela intentaba enviar la invocación a a otras partes, pero ya la habían recibido.

Yo tenía mucho contacto con Alice, y hablábamos de todo. Yo a veces escribía por ella a sus hijos en Inglaterra cuando estaba muy ocupada, e incluso le preparaba al horno tarta de plátanos que ella les llevaba cuando iba a visitarlos. Mi pequeña oficina estaba en el piso 30 y la suya estaba en el 31, así que nos visitábamos frecuentemente entre si. Generalmente, yo hacía cualquier cosa que se necesitaba, incluyendo a menudo ayudar a Alice a responder a las cartas de las personas de todo el mundo pidiendo ayuda para encontrar varios materiales que necesitaban y que eran difíciles de encontrar en esos días. También ayudaba a curar a personas que algunas veces Alice me pedía que hiciera.

La Reaparición

SI: ¿Pasaba usted mucho tiempo con Alice cuando estaba escribiendo La Reaparición del Cristo? Como puede imaginar, nuestros lectores apreciarían saber cualquier cosa que Alice podría haberle dicho sobre el futuro retorno del Cristo al mundo cotidiano.

Alice A. Bailey

RC: Yo estaba allí cuando Alice estaba recibiendo el libro, y un día ella entró muy entusiasmada y dijo, "Rose, sin pensarlo, enseguida, dime ¿qué nuevo principio crees que el Cristo nos enseñará en la nueva era cuando venga?" Inmediatamente dije, "compartir". Ella dijo, "pero ¿cómo lo sabias?" yo le dije que en 1940, poco después de haber pasado por un entrenamiento intenso especial, para convertirme en una practicante de la Ciencia Cristiana, iba de camino a casa en el metro, mientras me agarraba a la correa pensé: ¿Qué es lo que va a hacer que la fraternidad sea una realidad en lugar de simplemente una teoría? Vi ante mí lo que parecía ser una situación familiar – todos estaban sentados a la mesa pasándose la comida unos a otros. Yo pensé, ¡claro, tendrá que ser compartiendo, así como nosotros lo hacemos en la mesa de la cena!. Así que yo le conté eso a Alice y le dije que desde entonces siempre había sabido que compartir era el principio que traería la hermandad, amor y luz en el mundo.

A veces ella entraba en mi oficina y decía, "todavía estoy con La Reaparición", y entonces aparecía una gran mirada introspectiva en su cara. Ella se sentaba allí durante algún tiempo y luego se marchaba sin decir una palabra. Yo sé, por lo que ella había dicho en sus conferencias algunas veces, lo que estaba pensando.

SI: ¿Y qué era?

RC: Ella decía: “¿Alguna vez han considerado lo que significa para el Cristo el retorno a esta existencia en el plano físico?” La mirada en su cara nos decía lo que ella quería decir. "¿Cuántos de ustedes...", ella nos preguntaba, "...se dan cuenta de los pensamientos y sentimientos de las personas con las que se encuentran en una gran ciudad como Nueva York? ¿Cuántos de ustedes sienten aversión cuando entran en el metro? Y nosotros somos simplemente seres humanos. ¡Imagínense al Cristo! Cuando yo repito 'que el Cristo retorne a la tierra', no puedo dejar de recordar lo que estamos pidiéndole que haga". El día que ella dijo eso, yo lloré, y durante mucho tiempo era duro decir 'que el Cristo retorne a la tierra'. Ella impresionó en nosotros la importancia de preparar a todos para la reaparición y las meditaciones de luna llena... y nos dijo, “ustedes están construyendo realmente los fundamentos de la nueva religión mundial que Él fundará cuando venga.”

Permítame mencionar algo que siempre he guardado con cariño en mi mente y memoria sobre Alice. Siempre que ella mencionaba al Cristo, decía: "El Maestro de todos los Maestros, y el instructor de ángeles y de hombres por igual". Ella lo decía de forma pausada, como si estuviera saboreando no las palabras, sino el significado del cargo y la extensión del poder del Cristo. Me gustaba oírle decir eso.

La amiga perfecta

Rose Comito con su marido en 1947, durante el periodo cuando era más activa en la Escuela Arcana y trabajaba estrechamente con Alice A. Bailey.

SI: ¿Podría resumir para nosotros su impresión de Alice Bailey y lo que ella significaba para usted – como amiga e instructora a quien usted conoció, con quien trabajó y amó?

RC: Alice era la amiga perfecta. La hermana mayor perfecta para mí. La maestra amable, pero también la maestra estricta. Principalmente, para mí y para otros, era un ejemplo de ternura. Cuando te encuentras con Alice inmediatamente percibes lo invisible – el amor, la inteligencia, la compasión. Ella tenía el porte de una dama y su comportamiento era impecable, incluso cuando su corazón estaba roto porque había sido calumniada por escribir lo que El Tibetano le daba. Ella creía en las personas y los pocos errores que le vi cometer eran cuando pensaba más en la habilidad y capacidad de las personas que en demostrar las razones. Sin embargo ella nunca se quejó, nunca dijo una palabra de ello, y la mayoría de las veces se culpaba a sí misma. Era muy humana – la primera en ver el lado humorístico en todo, y en llorar contigo cuando le contabas algo triste, aunque salía muy rápidamente de ese estado y te hacía ver el lado bueno.

El tibetano nos dice que debemos hacer nuestro trabajo a pesar de cualquiera impedimentos físicos o de otro tipo que tengamos, y tratamos de hacer esto con nuestros trabajos pequeños. Pero piensa en Alice Bailey que llevaba 30 años de trabajo con El tibetano, y que estuvo, durante todos los años que la conocí, muy enferma. Yo iba al hospital Roosevelt una vez al mes para donar sangre para ella porque necesitaba transfusiones – algunas veces más de dos veces por semana. Yo no conozco a nadie que pudiera hacer el trabajo que ella hizo. Lo que más he aprendido de Alice es lo que se necesita para ser un buen discípulo. Ella era la persona más valerosa que nunca he conocido.

No demasiado orgullosa

SI: Todo esto debe haberla dejado con sentimientos muy intensos sobre la reaparición del Cristo, y seguramente usted debe haber tenido una fuerte reacción al mensaje de Benjamín Creme de que Maitreya ha regresado, ¿cuándo oyó usted hablar de esto por primera vez?

RC: Sí, así es, y no estoy demasiado orgullosa de los comienzos de mi experiencia con el mensaje de Benjamín Creme. Hace un poco más de dos años me visitó una mujer inglesa que mencionó su libro [1], y preguntó si yo lo había leído. Yo levanté las cejas y pregunté si él no sabía que ya había un libro llamado La Reaparición del Cristo. Ella me dio a entender que él había leído el libro de El tibetano y basándose en él escribió el suyo propio. Yo lo descarté inmediatamente por completo como una imposibilidad, porque sería una imposibilidad leer simplemente aquel libro y entonces escribir el suyo propio sobre la reaparición.

Me preguntaron muchas veces después sobre lo que pensaba acerca del libro de Benjamín Creme, y yo contestaba honestamente que no lo había leído porque no pensaba que pudiera haber mucho más que decir.

A principios de este año empecé a sentirme culpable por esa respuesta, y desarrollé un gran deseo de leer el libro. Le pedí a un amigo que lo comprara para mí puesto que yo estaba demasiado ocupada en ese momento con el cuidado de mi hijo que es un inválido total, pero él no lo hizo. Dio la fatal casualidad de que mi hijo tuvo que ingresar en una residencia el 5 de marzo y yo estaba en un estado muy depresivo, y mi salud muy mal. Estaba muy fatigada, y además, ¿qué puede hacer una madre cuando ya no puede cuidar más de su propio hijo? Apenas podía permanecer de pie, mi corazón estaba roto, y le pedí ayuda a Dios. Recibí una impresión clara: "Se le presentará un nuevo proyecto". Dos días después mi amigo me dio finalmente el libro de Benjamín Creme.

SI: ¿Una vez que leyó finalmente el libro, qué le pareció?

RC: Yo había disertado sobre este tema muchas, muchas veces, y durante mucho tiempo sentía que debía intentar preparar a aquéllos que se convertirían en instructores, para cuando Él apareciera. Yo estaba segura de que Él vendría después de mi propia vida, porque todos nosotros esperábamos que esto sucediera al final de siglo. En todos estos años nunca había encontrado ningún libro que me transmitiera una verdadera visión de lo que va a venir o que me haga sentir el amor del Maestro por la humanidad, como lo hace un libro de El Tibetano. Puedo decir sinceramente que ahora siento lo mismo con el libro de Ben que lo que siento con los libros del Tibetano. Yo pensaba para mí misma que este hombre es tan leal a su Maestro como lo era Alice Bailey. Sobre todo me gusta el hecho de que Ben hace hincapié en los logros de la presencia del Cristo en el planeta. Así que ahora yo les digo a todos los que están leyendo este libro: léanlo como un servicio. Lean sus ideas en el plano mental para ayudar a quienes no lo han leído todavía, para que cuando lo lean, lo entiendan mejor. Estoy muy agradecida por su mensaje y veo tanto entre líneas. No he encontrado nada en ese libro que no esté de acuerdo con las enseñanzas del Tibetano – y ahora me encuentro en mi cuarta lectura.

Si. ¿Usted cree en el mensaje de Benjamín Creme de que Maitreya ya está aquí en cuerpo físico?

RC: Yo no lo creo, yo lo . Tuve una clara, inequívoca visión del Cristo, y estoy segura que es como él aparece hoy. Créame, ahora puedo decir que no era fruto de la imaginación, era real. Tuve esta visión mientras leía el libro de Benjamín y no tengo ninguna duda en absoluto que Él está aquí.

SI: ¿Qué opina sobre el retraso del Día de Declaración sobre la fecha prevista? ¿Eso le ha decepcionado?

RC: No estoy decepcionada en absoluto por el retraso, porque no veo ninguna razón por la que nosotros pensemos que somos merecedores de comprender los complejos ciclos de tiempo involucrados, o las cosas que todavía están demorando Su aparición. Estamos ahora siendo probados y aquéllos que creen en esto deben estar juntos y mostrar que podemos perseverar.

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*Lea también Recuerdos de Alice Bailey, por Alain Aelvoet


NOTAS:

  1. El libro aludido aquí es el primero publicado de Benjamin Creme: La Reaparición del Cristo y los Maestros de Sabiduría.
 

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