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Archivos - Economía y finanzas

 
Título ¿Están los gobiernos cediendo nuestros derechos democráticos?
Fuente Revista Share International- Abril 1998
Autor Connie Hargrave
Notas Un informe sobre el poco conocido Acuerdo Multilateral de Inversión (MAI) que se firmará en mayo de 1998 a puerta cerrada por 28 de los países más ricos del mundo...

¿Están los gobiernos cediendo nuestros derechos democráticos?

Los franceses indican que el MAI suprimirá su industria del cine; en Gran Bretaña el MAI ha sido criticado en el Parlamento y en el Financial Times; los 'Tigres Asiáticos' se están resistiendo al MAI, y un pequeño pero persistente grupo de canadienses advierte que el MAI dará a las grandes empresas tanto poder que el Parlamento ya no será de mucha trascendencia.

¿Qué es el MAI? Desconocido para la mayoría de personas, representantes de los 28 países más ricos del mundo se reunirán en la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) en París para negociar un Acuerdo Multilateral de Inversión, llamado MAI, proyectado para firmarse a puerta cerrada en mayo de 1998. Prácticamente nadie había oído hablar del MAI hasta que los ciudadanos dieron la alarma, y aún muy pocos conocen y comprenden sus implicaciones.

Los defensores del MAI dicen simplemente que crea un terreno de juego equilibrado para los inversores a nivel global, y que será beneficioso especialmente para los países desarrollados. Desde su punto de vista, las distintas normas y reglas de los gobiernos nacionales, provinciales, de los estados o municipales, son un impedimento a la hora de hacer negocios. Las normas y leyes varían de un lugar a otro, y resulta una molestia. La coherencia garantizada por el MAI tranquilizaría a los inversores, y esto sería beneficioso para todos los países de la OCDE, según dicen.

No es así, dicen sus oponentes. Prácticamente el MAI da a las grandes empresas una carta de derechos y libertades, asegurándoles el derecho a dirigir negocios y a mover sus operaciones donde quieran y cuando quieran, sin las normas de ningún gobierno.

Las leyes nacionales y locales representan la soberanía nacional, o el poder de los gobiernos de constituir normas, dicen los que están alarmados. Las leyes nacionales, por ejemplo, protegen el medio ambiente o proporcionan empleo o incentivos financieros tales como subvenciones para la creación de empleo a empresas locales, o apoyo financiero para la producción de películas, libros, revistas y otros proyectos culturales. Este tratamiento preferente se vería desafiado con el MAI, porque las compañías extranjeras esperarían tener iguales derechos que el resto de negocios locales. Los oponentes dicen que las leyes que protegen el medio ambiente, el empleo, los comercios y la cultura ya no sobrevivirían con el MAI. 

No es de extrañar que unos cuantos canadienses estén bastante preocupados. Canadá ha sido históricamente vulnerable al dominio cultural de su vecino del sur, Estados Unidos. Ya que no existe la barrera lingüística fuera de Quebec, los canadienses se ven inundados de películas, revistas y otros productos americanos. Esto es tan generalizado que, en un reciente estudio, en el que se preguntaba a los estudiantes canadienses de enseñanza secundaria que dijeran el nombre del Primer Ministro de Canadá, uno de cada cuatro nombraba al presidente norteamericano en vez del canadiense. Para contrarrestar esta tendencia, el gobierno canadiense ha ofrecido en el pasado subvenciones a libros, revistas, películas y otros artículos culturales de origen canadienses, para compensar el aluvión de materiales producidos por su vecino más populoso.

Viendo el peligro del MAI, un pequeño grupo de ciudadanos canadienses empezaron a educar a los demás vía Internet y dando conferencias. Se dirigieron a los políticos para pedirles una explicación de su postura respecto al MAI, y descubrieron que estos por lo general no sabían mucho sobre ello. Desde entonces, la provincia de British Columbia se ha opuesto oficialmente al MAI, aunque el acuerdo es competencia del gobierno federal. Además, un ciudadano, Connie Fogal, ha emitido un recurso legal a la autoridad del gobierno federal por haber cedido el poder del ciudadano.

Con el MAI, los productos como las películas son simplemente una inversión. En un reciente telediario de la televisión canadiense se informó que la industria francesa del cine se ha implicado en la cuestión, reconociendo que el gobierno francés ya no sería capaz de ofrecer un tratamiento preferente, o subvencionar, las películas producidas por los franceses. Como resultado, creen ellos, la industria francesa del cine quedaría esencialmente eliminada.

Un portavoz de la industria francesa del cine amenazó que "los americanos, que son la fuerza impulsora detrás del MAI, no van a forzarnos a crear una monocultura a nivel mundial". Los negociadores americanos han indicado, por otro lado, que si la cultura se excluye del acuerdo, quedaría demasiado diluido y débil para que ellos lo puedan firmar. Los oponente franceses han respondido que eso sería un sueño hecho realidad.

David Weston, que introdujo el tema del MAI en Canadá durante la primavera de 1997, dirigiéndose tanto a políticos federales como provinciales, y posteriormente a asesores políticos claves en Gran Bretaña, afirma: "La OCDE ha reconocido la falta de popularidad del MAI, y lo está abandonando bajo su nombre y patrocinador actual. Ya están en marcha las negociaciones en París para darle otro nombre al acuerdo y firmarlo bajo la Organización Mundial del Comercio (OMC). Tengo la confirmación de Claude Laverdure, asistente del viceministro (de Europa) en el ministerio canadiense de Asuntos Exteriores y Comercio Internacional, que el MAI está saliendo de la OCDE y que aunque su traspaso a la OMC era posible, él no era consciente del calendario".

Weston explica: "El Acuerdo Multilateral de Inversión original impulsado por la OMC desfalleció porque el Tercer Mundo vio sus implicaciones neocoloniales. La Cámara de Comercio Internacional (ICC), junto a sus homólogos canadienses, que parecen ser el principal grupo de presión, transmitieron posteriormente la responsabilidad de su entrada en vigor a la OCDE, cambiando el nombre a MAI, con la esperanza de impulsarlo. Entonces 'invitaron' al Tercer Mundo a subirse a bordo bajo las normas de la OCDE".

No obstante, añade Weston: "Ahora que la ICC y semejantes han descubierto que se ha suscitado la conciencia y la ira del público, han decidido encauzarlo una vez más de vuelta hacia la OMC. Las implicaciones de la involucración de la OMC son importantes, porque en virtud de la Proposición de ley 57, capítulo 47 (1994) de la Ley Ejecutiva de la OMC, al Primer Ministro canadiense se le autoriza a firmar cualquier acuerdo internacional dentro de los límites legales de la OMC, sin remitir al parlamento".

Sin embargo, dice Weston: "Cualquier acuerdo que nuestro país firme en virtud de la Ley Ejecutiva de la OMC sería ilegal. Por la Constitución canadiense (Ley de Interpretación de las leyes parlamentarias, Normas Procesales del Tribunal Supremo: 1985, c.1-21, sección 42(1)), queda absolutamente claro que ningún parlamento, presente o futuro, puede verse impedido u obligado por las decisiones de cualquier parlamento anterior. Es mi argumentación, por tanto, que ya que la Ley Ejecutiva de la OMC intenta obligar al parlamento actual y los futuros, se trata de un acto ultra vires, es decir, sobrepasa la competencia del parlamento. Si cualquiera de sus acuerdos firmados obligan a un parlamento más allá de la duración de este mismo, entonces ese gobierno está actuando ilegalmente, y como tal, raya la traición, porque el derecho de los ciudadanos a introducir la legislación que ellos quieran, es sacrosanto".

Weston dice que asume un papel tan activo en despertar la conciencia del público sobre estas oscuras negociaciones porque "estos acuerdos no tratan esencialmente de comercio e inversión sino, más bien, son un intento de sustituir la implicación y el control democrático de los ciudadanos por el control empresarial de una pequeña elite. Lo que me preocupa es que mientras nuestra atención se desvía hacia el MAI, otros acuerdos igualmente perjudiciales están siendo firmados delante de nuestras narices".

Weston y un pequeño grupo de ciudadanos siguen activos a la hora de interpretar estos acuerdos cara al publico y los políticos. Parece que esta minoría ha tenido algunos éxitos, ya que personas como David siguen intentando derrocar al Goliat del comercio internacional liberalizado.

 

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