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Otro mundo es posible: El movimiento de los ciudadanos del mundo por Susan George*
(Extractos de una conferencia en Sitges, 25 de
febrero de 2005)
Actualmente nos enfrentamos a lo que podría denominarse la “conmodificación”, es decir, el apoderamiento de todos los aspectos de la vida humana por parte del mercado, el dinero y la consecución de beneficios. La sanidad, la educación, la cultura, el medio ambiente, las semillas, el agua, la propia vida y las consecuencias de genes que la definen, todos son en la actualidad bienes de consumo. Hasta el propio dinero es un bien de consumo… Las personas del movimiento creen que tenemos una serie de derechos por el mero hecho de estar en la Tierra, del mismo modo que tenemos una serie de obligaciones para con los demás, dado que todos somos seres humanos. Los textos de la ONU no dicen que la mitad o tres cuartas partes de las personas que habitan en la Tierra tengan derecho a comer, a recibir una educación básica, a tener seguridad y a no morir prematuramente: dicen que estos y otros muchos derechos son aplicables a todos.
También sabemos que el mundo dispone de los medios físicos y financieros para satisfacer todos estos derechos para todos. En breve explicaré la forma en que sería posible captar tan sólo una pequeña porción de la gran riqueza actualmente secuestrada por las empresas transnacionales y los mercados financieros. Los del movimiento creemos que los textos sobre los derechos humanos no son unos documentos utópicos, sino prácticos. Creemos que, mediante un esfuerzo concertado, una buena organización, unas amplias alianzas entre fuerzas políticas de todo el mundo y unas estrategias no violentas adecuadas, podemos crear la presión necesaria y realmente conseguir que sucedan estas cosas en un plazo razonable… Y quisiera añadir que o conseguimos que estas cosas sucedan o nos enfrentamos a un siglo XXI nada halagüeño. Alrededor de 1980, cuando Ronald Reagan asumió el poder en EE.UU. y Margaret Thatcher en Gran Bretaña, el mundo sufrió un cambio cualitativo considerado como el inicio del neoliberalismo. Con el término neoliberalismo hacemos referencia al último escenario del capitalismo mundial, a una economía globalizada impulsada básicamente por empresas transnacionales y por gigantescos operadores del mercado financiero que actúan en conformidad con una trinidad de libertades ideales:
Las primeras 500 empresas transnacionales controlan el 70% del comercio mundial, y de éstas, las 200 primeras son responsables de aproximadamente una cuarta parte del producto global del mundo; en otras palabras, de la actividad económica mensurable o medida del planeta. Personas, comunidades, países, regiones y continentes enteros se incorporan a esta economía mundial en unas condiciones más o menos favorables. Trabajadores de distintos países acaban enfrentados entre sí y la globalización neoliberal acaba siendo una economía mundial integrada que se lleva lo mejor y deja el resto. El término “globalización” es ideológico, ya que sugiere la existencia de una única gran comunidad en todo el planeta que camina feliz de la mano hacia la tierra prometida. Nada más lejos de la realidad; se trata de un sistema brutal en el que decenas de millones de personas han perdido su puesto de trabajo y se han convertido en elementos superfluos, innecesarios tanto para la producción como para el consumo capitalista. Los populares mantras neoliberales nos dicen que todos competimos en el mismo terreno de juego, que la globalización crea unas reglas justas iguales para todos y que la marea ascendente mantiene a flote todos los barcos. Sin embargo, el terreno de juego no es justo para la mayoría de los agentes económicos y la marea ascendente no mantiene a flote todos los barcos, sino que hunde y vara a los más frágiles. Los neoliberales viven en el siglo XIX, pues creen en la supervivencia del más fuerte y están convencidos de las ventajas de la competencia y la guerra. Los neoliberales se horrorizarían de ser tildados de marxistas, pero sus políticas provocan que la lucha de clases sea crucial e inevitable. De hecho, el futuro que están creando para todos no está basado tanto en sobrevivir a la explotación, sino en tratar de sobrevivir y punto. Tanto esta actitud, esta visión de la actividad humana y de las relaciones económicas humanas, como las personas o instituciones que la propagan son los adversarios del movimiento. Nadie sabe si en el futuro podremos destruir estas instituciones y rescribir las reglas; serán la historia y el esfuerzo humano colectivo quienes decidan el resultado. Sin embargo, sí que podemos trabajar ahora mismo, estemos donde estemos, para detener la marcha de estos adversarios e intentar tenerlos bajo control. Las personas que pertenecen al movimiento por la justicia global no comparten necesariamente una única visión del futuro. El futuro variará en función del lugar, los pueblos y la cultura idiosincrásica, aunque deberá incluir los mismos derechos básicos para todos. Por consiguiente, no nos mostramos especialmente dogmáticos con respecto al resultado específico de nuestras luchas diversas, sino más bien comprometidos con un proceso. Este movimiento no debate cuestiones que tanto preocupaban en los años sesenta y setenta, como la reforma frente a la revolución. Nosotros esperamos reinventar y reavivar la democracia, no queremos que el mercado tome decisiones que sólo los ciudadanos deberían tomar, ni tampoco que el Estado se convierta en una especie de “vigilante nocturno”, parafraseando al gurú de los neoliberales Friedrich von Hayek. Estamos viviendo una fase regresiva en lo que respecta al bienestar humano y medioambiental. Una clase internacional dominante especialmente codiciosa no ceja en su empeño de arrebatar a la clase pobre trabajadora y a la clase media muchas de las mejoras y ventajas por las que tanto han luchado en las últimas décadas y los últimos siglos. Los derechos humanos deben ser universales y, para que ello suceda, las instituciones públicas y privadas deben estar bajo el control de la democracia. ¿Cómo esperar cambiar el mundo y convertirlo en un lugar en el que reine una mayor igualdad y donde haya un nivel de vida básico para todos?... Mejorar el nivel de vida para todos requiere recursos, muchos recursos nuevos, y nosotros simplemente decimos que éstos deben hallarse allí donde se encuentran, es decir, en el ámbito internacional. Utilizando instrumentos de tributación y redistribución, podemos hacer en el ámbito internacional lo que los países occidentales han hecho en el ámbito nacional durante los últimos cien años. Creemos que debería cancelarse la deuda de los países más pobres del Sur y reducirse considerablemente la de los países en vías de desarrollo de rango medio. De hecho, ésta es la única manera de eliminar las perjudiciales políticas neoliberales impuestas sobre estos países por el Banco Mundial y el FMI… Debería obligarse a estas dos instituciones a regresar a sus objetivos iniciales e impedir que actuaran como dictadores que imponen sus políticas económicas en todo el mundo. Estamos intentando crear un nuevo equilibrio de poder que cese de favorecer únicamente a los ricos y poderosos y cuyo objetivo sea más bien el bienestar de los ciudadanos del mundo. Si se tiene en cuenta que nuestro movimiento apenas existía hace seis años, tampoco nos ha ido tan mal, aunque seguimos teniendo importantes puntos débiles. Creo que ha emergido un nuevo elemento dentro del escenario mundial y que éste no va a desaparecer. Fuente: "Frente a la razón del más fuerte", © Círculo de Lectores, 2005. ______________ * Susan George, vicepresidenta de ATTAC
Francia (Asociación para una Tasación de las Transacciones financieras para la
Ayuda a los CIudadanos) y una de las más destacadas activistas que defiende una
globalización alternativa. Autora de libros sobre los efectos de la
globalización como "El Informe Lugano" y "Otro mundo es posible
si..." en el que analiza cuál es la situación geopolítica del mundo actual y
cómo estamos en un momento sin precedentes en la historia, donde podemos jugar
un importante papel para cambiar este mundo. |
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Maitreya
- el Instructor del Mundo |