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Reformando los valores en un mundo interdependiente Por Richard Barrett* Foro Buena Voluntad Mundial,
Nueva York.
Creo que el sistema de valores de nuestra civilización occidental está destruyendo los sistemas de apoyo de la vida del planeta y condenando a centenares de millones de personas a la pobreza. La destrucción medioambiental y la desintegración social capturan los titulares de la prensa en todo el planeta. Vivimos en un mundo donde el medio ambiente es visto como un recurso económico para saquear y abandonar, un mundo donde las especies se van extinguiendo a un ritmo tan rápido como jamás ocurrió antes en la historia de la humanidad, un mundo donde el abismo entre el rico y el pobre continúa creciendo y un mundo donde la base de toda negociación es: “¿Y para mí qué hay?” Nos hemos enjaulado colectivamente en un tremendo sistema de creencias donde los valores económicos están por encima de todo. Corremos a acumular riqueza, porque creemos que es la única cosa que puede garantizar nuestra supervivencia en el futuro. Nuestra meta se ha convertido en acumular suficiente riqueza que nos asegure poder vivir cómodamente y en buena salud para cuando ya no podamos trabajar. Si uno se encuentra entre los que han amasado suficiente riqueza para asegurarse una confortable vejez, entonces, teóricamente, ya no necesita más dinero. Por lo tanto, debería quedar satisfecho y parar la acumulación, pero el espejismo de riqueza es demasiado atrayente. Dondequiera que miremos, nos acosa una publicidad que nos promete mayor felicidad si compramos el más reciente artilugio o el auto de la más alta tecnología. El placer prometido consiste en la frívola felicidad del amor propio. Nuestra necesidad de ser admirados y respetados nos lleva a la esclavitud del consumismo. Obsesión por la Riqueza Al obsesionarnos más y más por la acumulación de riqueza, buscamos colocar nuestros excedentes donde podamos obtener los más altos intereses. No nos preocupa cómo se consiguen. Lo que nos importa es que nos proporcionen más dinero. Para esto es para lo que sirven los negocios. Siempre se busca mayor riqueza. Cuánto más grande sea el negocio, mayor riqueza crea para los inversionistas. La conservación de recursos valiosos y la preservación del medio ambiente y de la vida salvaje para las futuras generaciones no son valores que interesen. Lo que se quiere obtener son intereses más altos y más rápidos. Mientras tanto los trabajadores, los que crean la riqueza, temen por su supervivencia económica. Les preocupa que no puedan llevar a sus hijos al colegio o que no tengan suficientes fondos para su jubilación. Necesitan el empleo y están dispuestos a sacrificar sus más altos valores para conseguirlo. Todos hemos aprendido que los valores que sostienen nuestras familias, como la planificación para el futuro, el comunicarse abierta y honestamente, y vivir con integridad, no son valores bien aceptados en el trabajo. No podemos permitirnos tener valores diferentes a los de nuestro empleador. Por lo tanto, desarrollamos dos tipos de valores: los que adoptamos en nuestra vida familiar y los que usamos en el trabajo. Esta existencia esquizofrénica, combinada con nuestro temor por la supervivencia, crea una carga imposible, que nos desgarra y aparta de nuestra alma. Vivimos en una desagradable complicidad y confabulación, atrapados en un ciclo de riqueza y supervivencia. El rico necesita del pobre para crear riqueza y el pobre necesita del rico para tener empleo. Entretanto, todos observamos el mundo y cómo nuestras comunidades se deterioran lentamente ante nosotros y nos sentimos impotentes para remediarlo. Nuestros temores por la supervivencia económica y nuestra necesidad de respeto, estado y poder son las causas principales de nuestro deseo de acumular riqueza. Son también las causas principales de tres de los temas más importantes que amenazan nuestro mundo: la degradación del medio ambiente, la desigualdad y el caos social. La Degradación del Medio Ambiente En una reciente conferencia en el Banco Mundial sobre ética y valores espirituales en el desarrollo, Timothy Worth, el Subsecretario de Estado para Asuntos Globales de Estados Unidos, vinculaba claramente la destrucción medioambiental con la supervivencia económica. Lo planteaba así: “La economía es totalmente dependiente del medio ambiente. Cuando éste quede por fin forzado a la bancarrota, porque su base de recursos ha sido contaminada, degradada e irreparablemente comprometida, la economía también irá a la bancarrota”. [1] Si los empresarios e industriales no son capaces de cambiar su paradigma dominante de “¿Qué hay para mí?” por el de “¿Qué es lo mejor para el bien común?”, entonces ellos y el total de la humanidad se enfrentan a un futuro de desolación y sufrimiento. En la misma conferencia del Banco Mundial, Willis Harma preguntó: “¿Qué es lo que tiene que cambiar para que el desarrollo sostenible sea posible?” La respuesta fue: “No es principalmente de valores individuales de lo que estamos hablando. Individualmente, tanto el rico como el pobre expresan valores sanos. Más bien se trata de los valores incrustados en las instituciones comerciales y financieras... las cuales constituyen el problema. La gente siente una discrepancia entre lo que conoce en sus corazones, que es correcto, y lo que se ve forzada a hacer para apoyar las metas y valores de su organización”. [2] Todos nos damos cuenta de lo que está ocurriendo en nuestro planeta. Ya es hora de que también nos hagamos responsables de ello. La Desigualdad Cada vez está más claro que las regulaciones que rigen nuestro sistema global económico favorecen a los ricos y perjudican a los pobres. A nivel global, durante las cinco décadas pasadas, la mayor parte de la riqueza fue a parar a los ricos. Entre 1960 y 2001, el 20% de los más ricos de la población global recibió 30 veces más que el 20% de los más pobres. En 2001, la diferencia había llegado hasta el 60% . La participación de la renta del 20% de los más pobres de la población global de hoy en día representa aproximadamente el 1% de la renta total global. El 20% de los más ricos reciben más del 85% de la renta total global [3]. La extensión de la polarización global de la riqueza quedó completamente ilustrada en el año 2000, en un artículo de la revista Forbes, donde había un listado de 358 multimillonarios, cuyo valor neto combinado era equivalente a la renta anual del 45% de la población más pobre del mundo. El Programa para el Desarrollo de Naciones Unidas calcula que, aproximadamente tres cuartas partes de las personas del mundo se hallan inseguras económicamente. El alto crecimiento de la población del mundo en desarrollo impedirá que esta cifra cambie mucho durante los próximos 30 años. Aunque hay suficiente alimento para alimentar al mundo, unos 800 millones de personas pasan hambre cada día. La mayoría de ellas pasa hambre porque no puede comprarse alimentos. Caos Social Según la Oficina Internacional del Trabajo, el desempleo global y el sub-empleo es más elevado hoy que en el punto más alto de la Gran Depresión de los años 30. [4] Existe un fuerte vínculo entre el desempleo y el crimen. Los estudios muestran que las tasas de homicidio y de crimen aumentan fuertemente con el crecimiento del desempleo y los bajos salarios [5]. Al decrecer el empleo y aumentar la pobreza, la necesidad de supervivencia económica lleva a las personas a una vida de crimen y violencia. Las tasas del crimen suben en la medida que la gente busca sobrevivir. La situación es peor donde las desigualdades entre ricos y pobres son más agudas. En Río de Janeiro, donde la disparidad entre ricos y pobres es extremadamente alta, una persona es asesinada cada hora. En Johannesburgo, se mata a una persona cada dos horas. Incluso en países industrializados, la pobreza y las desigualdades económicas causan alarma por el incremento de las tasas de crimen. En Italia y Portugal, la tasa de asesinatos se dobló en la segunda mitad de los 90 y en Alemania se triplicó. Nos enfrentamos a una situación en la que el aumento de las desigualdades y el crecimiento del desempleo exacerban la desintegración social, y en la que el incremento del consumo material y la contaminación aumentan la destrucción medioambiental. Las Contra-Tendencias A pesar de estas tendencias negativas, hemos alcanzado algunos logros importantes en el bienestar humano durante las últimas décadas. La expectativa de vida en los países en desarrollo se incrementó en un tercio y la matrícula neta en educación básica aumentó en dos tercios. La democratización ha producido avances significativos y los derechos humanos, así como los problemas de las mujeres, han recibido mayor atención [6]. Existe también un acrecentado cuestionamiento de nuestras premisas globales predominantes. En el Foro Sobre el Estado del Mundo (“The State of the World Forum”), realizado en el 2000, se concluyó que: “muchas de nuestras premisas fundamentales requieren redefinirse para que nos enfoquemos, adecuadamente, a los paradigmas emergentes que configuran el siglo 21”. [7] Detrás de este cuestionamiento, subyace un cambio creciente en la conciencia. Cada vez más, la gente en todo el mundo está buscando comprender sus motivaciones y lo que les hace moverse. Las ventas de libros de autoayuda han aumentado significativamente durante los últimos treinta años. Los más populares de estos libros tratan de psicología y espiritualidad. Existe una profunda búsqueda que empieza en el nivel de la psique humana global. Es importante darse cuenta de que nuestros logros globales caen todos bajo la categoría del desarrollo humano, mientras que nuestras pérdidas globales (el medio ambiente, el desempleo, y el caos social) están vinculados, de una manera u otra, al desarrollo económico, los negocios y el comercio. El problema fundamental con el que nos enfrentamos no es la quiebra de nuestra sociedad, ni la destrucción de nuestros sistemas de apoyo a la vida, sino nuestra incapacidad para asumir los valores que apoyen el bien común. Es la hora, para cada uno de nosotros, de reconocer que nuestra propia supervivencia y la de nuestros hijos depende de que cada uno acepte la responsabilidad personal ante al futuro. Hemos de ver a la humanidad y al medio ambiente como lo que realmente son: totalmente interdependientes y totalmente interconectados. Tenemos que reconocer que las decisiones que tomamos individualmente, en nuestras organizaciones y gobiernos, tienen repercusiones en todo el planeta. No hemos de temer el poner en acción nuestros más altos valores. Es la hora en que cada uno de nosotros se comprometa plenamente a transformar los valores de nuestros gobiernos, organizaciones y empresas. Cuando se preguntó al economista E. F. Schumacher, “¿Qué podemos hacer?”, dijo: “La respuesta es tan simple como desconcertante: podemos, cada uno de nosotros, trabajar para poner orden en nuestra propia casa”. El Banco Mundial y la Sociedad de Desarrollo Espiritual Esto me lleva al tema de cómo pongo mi propia casa en orden y al trabajo que he estado haciendo con el Banco Mundial. A fines del año 1992, cuando me acercaba al término de la segunda redacción de mi libro Guía para la Liberación de su Alma [8], invité a doce de mis colegas más espiritualmente orientados en el Banco, para discutir las ideas y teorías expresadas en el libro. Dos colegas del grupo de discusión se me aproximaron y me preguntaron si yo crearía un grupo de estudio espiritual. Ese fue el inicio de la Sociedad de Desarrollo Espiritual (SUS, en inglés). Ciertamente que había algún temor en nuestras primeras discusiones de planificación sobre lo que íbamos a hacer y si sería aceptable para la dirección. Tal como lo veía, no había nada que perder. Nuestra declaración de la misión fue perfectamente loable: "La Sociedad del Desarrollo Espiritual promueve la transformación personal mediante el conocimiento de sí mismo, la comprensión y el despertar de la conciencia a mayor altura. SUS proporciona un foro seguro para el intercambio de creencias e ideas que promuevan el conocimiento espiritual. SUS fomenta la integración de la conciencia más alta en cada aspecto de nuestras vidas. SUS busca crear dentro del Banco Mundial una conciencia de amor y comprensión que contribuya a transformar la manera en que la organización interactúe con la vida del mundo". Comenzamos con reuniones semanales en marzo de 1993. No pedimos permiso. Simplemente anunciamos las reuniones en el boletín semanal del personal y esperamos a ver quiénes asistían. A los dos meses, entre 40 y 50 personas participaban en las reuniones. Fue como si de repente hubiéramos dado permiso a aquellos interesados en la transformación personal, y para aquellos otros que buscan un significado más profundo de la vida, era algo así como salir de un armario. Al principio, algunos de los charlistas internos no querían que sus nombres se mencionaran en el anuncio semanal, pues temían la reacción de sus colegas. A los pocos meses, resultó absolutamente respetable estar asociado a la SUS. Empezamos a anunciar nuestras reuniones en el sistema interno de correo electrónico. Desde la mismísima primera reunión de la SUS, he recibido incontables mensajes de e-mail de sus miembros sobre los efectos de las reuniones en sus vidas. Algunos informaban de significativos cambios en las percepciones de la vida. Para otros, era el sentido de comunidad y una apertura al compartir lo que les atraía de las reuniones. Supimos que estábamos haciendo algo correcto, porque la gente seguía viniendo. Conferencia sobre Ética y Valores Espirituales Entonces, del comité directivo, surgió la idea de que el Banco Mundial pusiera en marcha una conferencia internacional sobre valores espirituales, que explorara el vínculo entre los valores espirituales y el desarrollo sostenible. Nadie podía creer que el Banco Mundial organizara una conferencia semejante. Oí decir a la gente: “Estoy totalmente sorprendido”. Al mundo exterior le era difícil creer que este monolito conservador realizara una conferencia sobre ética y valores espirituales en relación con el desarrollo. El significado real, aunque sutil, de esta conferencia fue que el personal del Banco tenía, ahora, permiso para hablar sobre valores del desarrollo y cuestionar sus creencias y su derecho a imponerlas a otros, a poner en acción tanto sus corazones como sus mentes. Era un desafío para la supremacía del intelecto en el Banco Mundial. A partir de la conferencia, el Banco ha prestado mayor atención a los valores, particularmente a los que impactan en la cultura interna. Fui nombrado para el cargo de Coordinador de Valores en el recientemente formado Departamento de Cambio Institucional. Hemos creado un Círculo de Valores, que se reúne cada semana, para discutir los valores; hemos creado una trama de valores; y hemos desarrollado una Guía de Recursos Fáciles para realizar el trabajo sobre valores, conductas e incentivos con equipos dentro del Banco. La mayor necesidad que ahora mismo se nos plantea a cada uno de nosotros, preocupados por el futuro de la humanidad y del planeta, es la de llevar esta conciencia a nuestros lugares de trabajo y comenzar el proceso de transformar nuestras organizaciones. Somos los que estamos abriendo las puertas a la nueva era. Nuestros hijos son los que entrarán por el portal y crearán el nuevo mundo. Cada uno de nosotros lo tiene que demostrar sin temor en el lugar de trabajo si es que vamos a desempeñar nuestro papel. El tema fundamental del siglo 21 no será la creación de riqueza, sino el compartirla. El único modo de que las organizaciones sobrevivan será el asumir plenamente lo que es económica, social y medio ambientalmente mejor para el bien común. Revista Mundo Nuevo - Julio/Agosto 2003 ------------------ * El autor es Coordinador de Valores del Departamento de Cambio Institucional y Estrategia, Banco Mundial, Washington, D.C. Es autor del libro "Una Guía para Liberar su Alma", y fundador de la Sociedad del Desarrollo Espiritual para el personal del Banco Mundial. Notas:
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Maitreya
- el Instructor del Mundo |