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Archivos - Actual crisis mundial

 

La pobreza en África

por Federico Mayor Zaragoza*

(Extractos de un artículo publicado en EL PAÍS)
 

Está llegando el momento en que, juntos, podremos construir los baluartes de la paz -como nos encomienda la Constitución de la UNESCO- basada en la justicia, en la igual dignidad de todos los seres humanos, en la libertad de expresión, "en la capacidad de cada uno para dirigir su propia vida", como definió la educación, tan exactamente, tan bellamente, Don Francisco Giner de los Ríos. ¿Por fin, la gente? Agotadas la esperanza y la espera en las promesas reiteradamente incumplidas de los líderes del mundo, ¿será por fin el clamor popular el que logrará que se cumplan los Objetivos del Milenio, establecidos solemnemente en la Asamblea General de las Naciones Unidas el año 2000 por "Nosotros, los jefes de Estado y de Gobierno de las naciones"... y, luego, arrastrados una vez más a la zozobra por los estertores de un sistema que ha sustituido los valores universales por el mercado y ha ampliado las asimetrías económicas y sociales en lugar de reducirlas?

Los ciudadanos del mundo, unidos progresivamente por los medios de comunicación, podrán exigir que se haga lo que los líderes no han podido o no han querido hacer hasta ahora. Poco a poco, disminuirá el número de súbditos resignados y aumentará el de ciudadanos capaces de participar, de expresarse, de conferir progresivamente mayor autenticidad a la democracia. Pocas semanas después de la reunión de los G-8 en Gleneagles nos damos cuenta de que, a pesar de los anuncios reconfortantes y de los buenos propósitos que, al parecer, animaban a algunos de los participantes, el resultado ha sido, de nuevo, decepcionante. Ojalá, lo deseo muy sinceramente, algunos países al menos comprendan que las cosas están cambiando y que la gente empieza a ocupar, pacíficamente, con mesura, espacios sucesivamente mayores en el escenario internacional. Ojalá sea así, aunque, de momento, las noticias que nos llegan cada día indican que nada ha cambiado: gente que muere de hambre en el Níger y otros países africanos; incendios forestales y catástrofes naturales para la reducción de cuyo impacto estamos totalmente desarmados mientras seguimos invirtiendo cantidades alucinantes en la maquinaria bélica convencional; aumento del narcotráfico y del número de adictos... Después de declarar, hace cinco años, que no se escatimarían esfuerzos para la puesta en práctica de los Objetivos del Milenio, todo parece indicar que, salvo excepciones, el sistema imperante a escala global sigue proclamando una cosa y haciendo otra.

Con motivo de la reunión de los G-8, tuvieron lugar grandes concentraciones musicales, actos de manifestación masiva en favor de África y de la lucha contra la pobreza. Tenemos que rendir homenaje a personas como Bob Geldof y Bono, que han puesto su indiscutible capacidad de convocatoria al servicio de este objetivo mundial apremiante. En estas concentraciones se ha pedido al G-8 la cancelación de la deuda, la atención al cambio climático y sus causas... De nuevo, buenos propósitos. De nuevo se anuncia, antes de la reunión, que van a abordarse los grandes retos que representan la pobreza y las asimetrías económicas y sociales. Después, se han comunicado algunas decisiones, para su puesta en práctica en varios años... sin que, por ejemplo, se hayan adoptado medidas correctoras del actual funcionamiento del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional. Y la brecha se seguirá ampliando, mientras se recuerda, como "de pasada", la existencia de corruptos en África. No es que no los haya -los corruptores lo saben mejor que nadie- pero no apartemos la vista de quienes son los protagonistas y beneficiarios, que viven en condiciones paupérrimas y humillantes. Pensemos en ellos y desenmascaremos a los embozados que siguen aferrados a sus privilegios y prebendas, ajenos -quiero suponerlo- a los efectos de su actitud: promover el desgarro social, la radicalización, la agresividad; aumentar caldos de cultivo de la animadversión y del rencor; oscurecer los horizontes de nuestros descendientes...

La diferencia entre evolución y revolución es la "r" de responsabilidad. Por no querer evolucionar y estar, serenamente, a la altura de las circunstancias en cada momento histórico, nos vemos abocados a la revolución, a la ruptura. No hay justificación para el uso de la violencia. Pero debemos explorar sus orígenes. Para intentar explicarla. Para evitarla, en la medida de lo posible.

La pobreza material de tantos seres humanos es, en buena medida, consecuencia de la pobreza espiritual de los más prósperos. "No puede haber excusa ni justificación para los requerimientos de millones de nuestros compañeros seres humanos en el África de hoy. Y nada debe obstaculizar nuestro camino para remediar esta situación", proclamó el primer ministro Tony Blair a principios de este año. Se trata, desde luego, de incrementar la ayuda directa para el desarrollo endógeno (en octubre de 1974 los países ricos decidieron invertir con esta finalidad el 0,7% de su producto interior). El país líder, Estados Unidos, aporta actualmente a África el 0,16% de su PIB, una de las más reducidas contribuciones internacionales...

"El mundo exige justicia para África: más de 200.000 personas siguieron en Londres el macroconcierto de U2, McCartney y Elton John", comunicaba la prensa del día 2 de julio. Una vez más, renacía cierta esperanza. Tres días después: "La economía mundial desplaza a África en las conversaciones del G-8"... Aunque se aplicaran las decisiones anunciadas al término de la reunión, Nigeria deberá seguir pagando, sólo en servicio de la deuda 1,700 millones de dólares al año. En 2004, ha pagado por este mismo concepto cinco veces más de lo que invirtió en educación y 13 veces más de lo que gastó en salud...

El mundo no debe ser dirigido por un grupo de países ricos ("Nosotros, los poderosos...") sino, como el propio presidente Roosevelt estableció, por todos los países, en las Naciones Unidas ("Nosotros, los pueblos"...).

Deberíamos responder a la pregunta que formulé hace años en una reunión de alto nivel sobre desarrollo en África, que he vuelto a plantear en varias ocasiones después: ¿a quién pertenece África? Y, entonces sí, al conocer la realidad, seremos capaces de transformarla.

Disponemos de unos medios de comunicación de los que antes carecíamos. Unos medios que, si la sociedad civil se organiza bien, pueden ser de una gran eficacia y propiciar que se escuche la voz del pueblo. Actualmente podemos enviar millones de mensajes a parlamentarios, a los gobernantes, a los miembros de la oposición, a través de los teléfonos móviles y manifestarles nuestro asentimiento o disentimiento, nuestras observaciones y propuestas. Podemos, sobre todo, llevar a cabo una inmensa manifestación no presencial, un gran clamor popular. A escala local y mundial, millones de voces, pacíficamente, asumiendo el papel que les corresponde, actuando de forma responsable para el futuro, sin resignarse, sin ceder al "no tiene remedio", sin permitir las desmesuras del excesivo poder económico, político, cultural, medioambiental, mediático... concentrado en unas pocas manos. ¡La gente, por fin, en el estrado! Y la transición desde una cultura secular de fuerza e imposición a una cultura de conciliación, de diálogo, de paz...

Fuente:  EL PAÍS, 29 agosto 2005.

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* Federico Mayor Zaragoza es catedrático (jubilado) de la Universidad Autónoma de Madrid y presidente de la Fundación Cultura de Paz.
 

 

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