Federico
Mayor Zaragoza (Barcelona, 1934) es una figura respetada en España y en el
extranjero por su incansable labor por la paz y el desarrollo. A finales de
la década de 1970 y a principios de 1980, el profesor Mayor, bioquímico de
profesión, ocupó distintos cargos ministeriales en los gobiernos de la
transición española y posteriormente fue miembro del Parlamento Europeo.
Obtuvo un amplio reconocimiento internacional como director general de la
UNESCO desde 1987 hasta 1999, cuando dio un nuevo impulso a la misión de la
organización y trabajó por la creación de su Programa de Cultura de Paz.
Siguiendo sus pautas, la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó la
‘Declaración y Programa de Acción por una Cultura de Paz’ (septiembre de
1999) que constituye, desde un punto de vista conceptual y práctico, sus
aspiraciones más elevadas.
En 1999 decidió no presentarse a un tercer mandato con la UNESCO y, al
regresar a España, creó la
Fundación
Cultura de Paz, de la cual es presidente, así como su filial UBUNTU
(Foro Mundial de Redes de la Sociedad Civil). El nombre UBUNTU es “un
término antiguo africano que significa ‘calidad de humano’, cuidar,
compartir y estar en armonía con toda la creación. Como ideal, fomenta la
cooperación entre individuos, culturas y naciones”.
Carmen Font entrevistó al profesor Mayor para Share International.
Share International: Como férreo defensor de Naciones Unidas,
¿cuál es, en su opinión, el origen de sus supuestas disfunciones?
Federico Mayor: Creo que Naciones Unidas ha sufrido un
debilitamiento progresivo desde el fin de la Guerra Fría, a pesar del hecho
de que recientemente se han aprobado iniciativas importantes. En 1954, altos
cargos de la ONU se dieron cuenta de que el mundo necesitaba compartir mejor
sus recursos, y que era injusto que algunos países fueran tan pobres y otros
tan ricos. Para entonces, se creó el primer programa de gran importancia: el
Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). De pronto, la
comunidad internacional se dio cuenta de que compartir era la clave. ¿Y cuál
es el mejor curso de acción para compartir? El desarrollo.
Entonces se produjo un largo debate sobre cómo desarrollar todos los países
al mismo nivel, y si los desarrollos políticos, educativos y culturales eran
necesarios para el desarrollo económico. Por eso lo llamamos ‘desarrollo
integral’. Pero entonces surgió otra noción que es aún más importante: el
‘desarrollo endógeno’, es decir, ayudar a los países a ayudarse a sí mismos.
Esto es ‘construir capacidad’, pero ahora no estamos haciendo eso en
absoluto; si así fuera, cada país rico daría el 0,7 por ciento de su PIB
[Producto Interior Bruto].
Un tercer paso importante en el campo del desarrollo llegó con la noción de
‘sostenibilidad’. Gro Harlem Brundtland fue la primera en decir que el
desarrollo no sirve para nada si agotamos los recursos naturales. Por tanto,
cada recurso que utilicemos debe ser sustituido en igual proporción. Huelga
decir que no estamos aplicando ninguno de estos tres pasos básicos y
sensatos en desarrollo. No estamos produciendo un desarrollo con rostro
humano, a pesar de que cada año publicamos un colorido informe titulado
Informe de Desarrollo Humano.
SI: ¿Cuál sería el primer paso hacia la implementación del
auténtico desarrollo con rostro humano?
FM: En primer lugar, debemos deshacernos de los préstamos. Desde
el final de la Guerra Fría, las naciones han reemplazado el 0,7 por ciento
de las contribuciones del PIB con préstamos en unas condiciones muy duras.
Estos préstamos fuerzan un recorte en el número de ‘efectivos’, es decir,
maestros, médicos, enfermeras, trabajadores sociales, y gran parte del
dinero se asigna a infraestructuras construidas por los países donantes, ya
que los receptores no tienen medio alguno de invertir en formar a sus
propios ingenieros. Por tanto, estos préstamos son puro negocio y Naciones
Unidas, con su mandato de construir la paz a través del desarrollo, es un
participante renuente de ello. Este enfoque fomenta un sistema de países
fuertemente endeudados, en los que se invierte el flujo de la ayuda de modo
que los receptores pagan más de lo que reciben. Como resultado de ello, los
países pobres están financiando a los ricos. Esto es una vergüenza
indecible.
Así pues, poco a poco desde el final de la Guerra Fría, Naciones Unidas se
ha erosionado porque se ha visto obligada a desviarse de su trabajo
esencial: lograr la paz a través de la justicia, lo cual significa compartir
de verdad, cooperación, desarrollo, salud, vivienda y educación. Todos lo
sabemos, pero existe una enorme brecha entre lo que sabemos intelectualmente
y lo que estamos dispuestos a hacer.
SI: Una crítica constante a la ONU es que carece de poder
político. ¿Cómo reacciona ante ello?
FM: Naciones Unidas tiene poder político, pero no le permiten
utilizarlo. Existen distintos problemas que impiden la plena acción
política. En primer lugar, hay dos o tres países que, en virtud de su poder
económico, son capaces de retirar sus contribuciones (cabe recordar que EEUU
debe miles de millones de dólares); también se han erigido como gobernantes
de facto de la OUN. No acatan las resoluciones del Consejo de Seguridad ni
las sentencias del Tribunal Penal Internacional. Todo ello fomenta una
actitud negligente dentro del sistema de la ONU que cala en todos sus
departamentos. Muchos altos cargos y empleados se sienten abatidos y
traicionados, y por tanto la calidad de su trabajo y compromiso se
resienten.
Es cierto que el sistema de la ONU ha sufrido un ataque constante para
distraerla de su misión esencial. Todos sabemos que la gente es capaz de
morir por un ideal, pero si ese ideal es válido, éste nunca muere. Esto es
lo que ocurre con el sistema de Naciones Unidas. Algunos gobiernos y líderes
han tratado de debilitar a la ONU obligándola a hacer cosas que no son parte
de nuestro mandato. Pero todavía no hemos perdido nuestra integridad
moral...
Cuando los políticos entiendan que la creación de la paz implica la
prevención del conflicto, y la ‘construcción de la paz’, entonces la
verdadera alma del sistema de Naciones Unidas emergerá a la superficie.
Debemos evitar el conflicto creando condiciones económicas que permitan a
los países pobres obtener la emancipación y la autoestima. Desde luego,
siempre existirán grupos de locos que recurrirán al terrorismo y al
nacionalismo violento, pero la ONU cuenta con mecanismos de seguridad global
(como sus departamentos de energía nuclear) que existen para evitar acciones
peligrosas. No es función de EEUU ni de otro país emprender acciones
unilaterales bajo el pretexto de impedir el terrorismo. Necesitamos más
sabiduría y menos venganza...