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Archivos - Actual crisis mundial

 

El Papa actor

por Enrique Meneses*


La cobertura que se le ha dado a Juan Pablo II en la prensa española ha sido excesiva bajo cualquier parámetro que se tome.

Como sacerdote polaco activista, Karol Wojtyla tuvo la suerte, una vez llegado a Papa, de encontrar en la URSS a un hombre como Mihail Gorbachov que había comprendido que cañones y mantequilla eran imposibles de tener al mismo tiempo en su país. No se podía seguir pidiendo sacrificios al pueblo soviético por mantener el pulso armamentista con Ronald Reagan.

En Polonia, un trabajador de los astilleros de Gdansk, llamado Leszek (Lech) Walesa, había fundado el sindicato Solidarnosk. Profundamente católico –tiene ocho hijos— este obrero que obtendría el Premio Nobel de la Paz, logró un valioso apoyo por parte de su compatriota Juan Pablo II desde la cátedra de San Pedro. ¿Quién provocó la caída del muro de Berlín y con ello el comunismo? Fueron varios personajes y circunstancias que influyeron poderosamente aunque una falta de objetividad y exceso de pasión atribuyan todo el mérito al recién fallecido.

La enfermedad del Papa, expuesta públicamente urbi et orbi a fieles e infieles, ha carecido de respeto y del debido pudor. Permitir que Juan Pablo II intentase hablar a quienes habían acudido a apoyarle con sus rezos, a los pocos días de sufrir una traqueotomía y sin la menor rehabilitación, ha sido una truculenta escena sacada de una película de terror. Algunos pensarán que este guión ha sido escrito por el entorno del Papa polaco pero, por sus antecedentes, no cabe la menor duda de que él ha querido escenificar una agonía tan trágica y gore como la de Mel Gibson con su película La Pasión”.

Por otro lado, y habida cuenta de que el hombre se ha construido un personaje a la medida de los astros del pop, no es de extrañar que atraiga fans por millones. Acampar a la intemperie, chicos y chicas con guitarras, se ha convertido, para la juventud del mundo entero, en una forma de vivir sus ratos de ocio y acudir a los macro-conciertos. Eso significa que cuando el suceso es luctuoso, no necesitan que se les empuje para ponerse en camino como si acudiesen a un concierto de Ricky Martin. Entre esos millones de personas, que acuden a despedir a un Papa con una vida llena de claroscuros, están los fieles de un catolicismo avanzado en lo social y en el pacifismo y conservador en la moral sexual y en lo que se refiere a la biogenética.

Sus enseñanzas en materia de sexualidad están causando estragos en el Tercer Mundo, especialmente en África. Combatir el SIDA con la abstinencia en el continente africano, a la vez que se recomienda a la mujer que acepte su papel subordinado al hombre, es una incongruencia. ¿Qué puede hacer esa mujer africana para resistirse a un hombre que no acepta la abstinencia que le pide el Papa y rechaza el condón de acuerdo con él? ¡Qué poco se escuchó a Juan Pablo II reprochar la ablación del clítoris en los numerosos países africanos que visitó! El sexo abierto a la reproducción es el único admitido por el Vaticano olvidando que la falta de control de la natalidad es una de las causas principales de la miseria de esos miles de millones de seres humanos que aceptan reproducirse como conejos porque saben que la mortandad infantil es brutal y que la expectativa de vida de los padres, no pasa de los 40 años en el mejor de los casos. 

Con la ciencia, tradicionalmente, la Iglesia ha tenido sus más y sus menos. No ha llegado a aceptar del todo la fecundación in vitro, no admite que se cree una vida con preselección genética para salvar a un hermano y, por supuesto, no admite, en ningún caso el aborto como tampoco la eutanasia en casos terminales. Hemos podido contemplar en Florida, el lamentable espectáculo de centenares de personas con enormes crucifijos, acompañadas por capuchinos, reclamando que se mantuviese la vida artificial el tiempo que fuese necesario. Aquellas personas, no aceptaban la voluntad de Dios de que Terri Schiavo muriese porque había llegado su hora. Exigían a la Ciencia que la mantuviese artificialmente en vida, contra la voluntad del mismo Dios al que rezaban. Sé que la fe y el racionalismo casan muy mal pero ha habido hombres en la Iglesia, como el jesuita y paleontólogo francés, Pierre Teilhard de Chardin que lo han intentado aunque sus escritos fueron prohibidos muchísimo tiempo por el Vaticano.

La condena que hizo Juan Pablo II –con la célebre reprimenda al cura-poeta sandinista Ernesto Cardenal— de la Teología de la Liberación es una de las caras negativas del papa polaco. Para él, comprender el catolicismo iberoamericano a partir de su mentalidad eslava, no fue posible. Si en África no existe una corriente de pensamiento revolucionario que intente acabar con la injusticia, el hambre y la enfermedad, en la América hispano-portuguesa, la revolución justiciera está siempre a flor de piel y si se ha querido hacer desde la misma creencia en una Iglesia pobre y descalza, no ha sido muy hábil ni justo condenarla. Los jesuitas, la orden más culta y preparada para la vida moderna, no solo comprendió desde los principios de la colonización el alma indígena de las Encomiendas paraguayas sino que llegó al sacrificio del Padre Ignacio Ellacuría, rector de la Universidad Centroamericana, asesinado con otros compañeros por la oligarquía salvadoreña.

La exposición mediática a la que se ha sometido al Pontífice durante toda su vida y que tanta juventud ha traído a Roma, desbordando todas las previsiones, no parece corresponderse con el descenso de las vocaciones en los seminarios y en el divorcio entre los mismos jóvenes y las restricciones que Juan Pablo II les imponía en materia sexual. La marabunta que se precipita en millonaria cola, en numerosos casos para poder presumir de haber estado ahí, forma parte de un fenómeno conocido: el de la psicología de las masas” que nada tiene que ver con la devoción. Un “peregrino” y su chica, entrevistados en Telecinco, declaró ser noruego y protestante que no quería perderse el acontecimiento. Como él, han sido cientos de miles los que, se vieron atraídos por la postura del Papa ante la guerra de Irak o simplemente por el espectáculo y el fastuoso decorado.

“¿A dónde va Vicente? A donde va la gente”.


Fuente:
  La Bitácora.

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* Enrique Meneses ha sido corresponsal en Oriente Medio y la India, director del programa A toda plana de TVE,  y de otros programas y medios de comunicación...
 

 

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