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Las leyes del karma y renacimiento

 

Muerte y vida post-mortem, nacimiento y vida en el plano físico son estados de un viaje sin fin hacia la perfección.

Vida después de la muerte y renacimiento

por Benjamin Creme

Una de las grandes tragedias de nuestra perspectiva actual sobre la existencia es nuestra actitud hacia ese acontecimiento periódico que llamamos muerte. La abordamos, en su mayor parte, con miedo y aversión, tratando por todos los medios resistir a su llamada, prolongando, a menudo más allá de su utilidad, la actividad del cuerpo físico como una garantía de "vida". Nuestro temor a la muerte es el temor a lo desconocido, a la completa y total disolución, a "ya no" ser. A pesar de la enorme cantidad de evidencias reunidas a lo largo de los años por los muchos grupos espiritistas de que la vida de algún tipo continúa después de la muerte; a pesar de la aceptación intelectual por muchos de que la muerte es sólo un despertar a una vida nueva y más libre; a pesar de la creciente creencia en la reencarnación y del testimonio de los más sabios Instructores a través de las eras, continuamos abordando esa gran transición con miedo y aprensión.

Lo que hace que esta actitud sea tan trágica es que está muy lejos de la realidad, lo cual es origen de tanto sufrimiento innecesario. Nuestro miedo a la muerte es nuestro miedo a que nuestra identidad sea aniquilada. Esto es lo que aterra. Sin embargo, si nos diéramos cuenta y experimentáramos nuestra identidad como un Ser inmortal que no puede morir o ser aniquilado, nuestro miedo a la muerte desaparecería. Si, además, comprendiésemos que después de la llamada muerte entramos en una nueva y más clara luz en la que el sentido de nuestra identidad es del todo más intenso, que hay todavía aspectos superiores de nuestro Ser esperando nuestro reconocimiento de los cuales hasta entonces no percibimos, todo nuestro enfoque de la muerte cambiaría para mejor.

Veríamos la muerte y la vida en el plano físico como etapas de un viaje interminable hacia la perfección y la muerte como la puerta hacia una experiencia mucho menos limitadora en ese camino. Liberada de los límites del mundo físico, nuestra conciencia encontraría magnificas perspectivas nuevas de significado y de belleza hasta ahora desconocidos. En un futuro cercano, los Maestros y Sus discípulos enseñarán la verdad de esa experiencia que llamamos muerte y harán accesible para todos una magnífica libertad nueva. Aprenderemos a aceptar la muerte como lo que es: la restitución de nuestros vehículos a su origen -- "las cenizas a las cenizas, el polvo al polvo" -- y la liberación hacia una nueva y significativa vida.

Llegaremos a comprender que el único acontecimiento trascendental que actualmente llamamos muerte es una sucesión ordenada de etapas por las que el alma se separa de los vehículos que ha creado, cada uno en su momento.

El proceso de la muerte

El proceso de la muerte se inicia cuando el alma retira su energía del cuerpo físico denso. Esto puede ocurrir en un período de tiempo más largo o más corto. Una serie de ataques al corazón o una enfermedad que llega a hacerse cada vez más grave podría ser la señal de que el alma está iniciando este proceso. Tan pronto como la muerte tiene lugar, los cuerpos sutiles -- los cuerpos astral y mental dentro del vehículo etérico -- se separan del cuerpo físico denso. Esto, también, puede ocurrir rápidamente o más lentamente, pero los Maestros aconsejan que debería esperarse tres días antes del entierro o (preferiblemente) la cremación para asegurar que el cuerpo etérico se haya separado completamente de su contraparte física.

La conciencia individual se queda entonces en el cuerpo etérico, que en su momento también será desechado. Las partículas de sustancia que constituyen el vehículo etérico fluirán entonces de regreso hacia el océano de energía etérica que nos rodea. La rapidez de ese proceso de desintegración depende del karma del individuo. Cuando el vehículo etérico ha sido desechado, la envoltura astral da a la persona conciencia en el plano astral, donde permanecerá durante un tiempo en uno u otro de los siete planos astrales que mejor corresponde con su naturaleza astral. Allí tendrá que enfrentarse otra vez con sus deseos postergados de su vida terrenal y a menudo permanece tan atrapado por ellos que la vida en ese plano se convierte en una realidad para él.

En el plano astral uno hace lo que, normalmente, habría estado haciendo en la encarnación en el plano físico. Si la conciencia está muy focalizada en el astral, con muy poco enfoque mental, tal persona podría permanecer en el plano astral durante un largo tiempo -- 'largo' a nuestra manera de pensar, porque fuera del terreno del cerebro físico no existe el tiempo. Aunque la vida en plano astral es un hecho, tal como es un hecho en el plano físico denso, es, sin embargo, sólo una ilusión. Todas nuestras esperanzas, miedos y agresiones, nuestros odios, envidias y vicios, forman potentes formas mentales que deben tarde o temprano disolverse. Por lo tanto, el único infierno que existe es el que nosotros mismos hemos creado en los planos astrales. El infierno que encontramos es el infierno de nuestros propios deseos, nuestras atrocidades, nuestra propia separación y nuestros propios resentimientos y miedos que habitan el reino astral. Este es el principio detrás del consejo de los Maestros: que aprendamos a controlar nuestros pensamientos y reacciones emocionales.

Muriendo conscientemente

Por esa razón también, es importante elevar la conciencia tan alto como sea posible en el momento de la muerte, utilizando el último reflejo nervioso para conducir la conciencia a través de los niveles astral y mental inferior hacia niveles mentales superiores tan lejos, tan rápido y tan conscientemente como sea posible. Por lo tanto debería haber una preparación deliberada para la muerte, y en el futuro a las personas se les enseñará a morir conscientemente para hacer esto. 

Para la mayoría de las personas, el miedo más grande a la muerte existe en su expectativa de la pérdida de la identidad y de la conciencia, de la soledad y cese del contacto con la familia y amigos. Lejos de sentir semejante pérdida, el difunto, libre de las limitaciones del vehículo físico, encuentra que su conciencia despierta consciente aumenta inconmensurablemente. Ve ambas direcciones: el mundo de las formas que acaba de dejar y el nuevo mundo al que ha llegado, con personas conocidas a su alrededor para darle la bienvenida en ese estado más libre. Al mismo tiempo, todavía puede sintonizar con los sentimientos y pensamientos de los dejados atrás. Lejos de ser una experiencia traumática, la muerte para muchos es tan dulce y serena que no se dan cuenta de que están muertos, necesitando la ayuda de aquellos cuya tarea es ponerlos al corriente de este hecho. Hay discípulos, iniciados y algunos Maestros activos en el plano astral protegiendo a las personas y haciéndolas conscientes de su muerte.

Éxtasis

Después de la muerte del cuerpo físico el individuo afectado permanece en aquellos planos astrales que corresponden más íntimamente al punto de desarrollo alcanzado por él en la vida física. En esos niveles sutiles nuestras facultades de percepción se liberan del proceso de pensar y razonar que funcionan a través del cerebro físico. Todo conocimiento y experiencia puede ser visto, oído, sentido y conocido directamente en su completo significado. Hay percepción instantánea, conocimiento y belleza y un tipo de alegría y liberación como no podemos conocer en el plano material.

En los niveles astrales superiores esta experiencia directa es de un tipo más estático, de una naturaleza emocional superior, más refinada, que corresponde a los niveles astrales superiores del centro del corazón. Una persona que ha alcanzado un cierto nivel de desarrollo antes de la muerte experimenta un casi constante éxtasis y alegría en esos niveles, una sensación de belleza y esplendor que es el reflejo en ese plano de buddhi, o amor-sabiduría. Buddhi es en realidad un estado de éxtasis que puede ser experimentado en el plano físico cuando se alcanza un alto grado de contacto búddhico durante la meditación.

La experiencia en el plano mental es de una clase completamente diferente. Aquí es menos una cuestión de éxtasis que de conocimiento o sabiduría; no sólo el éxtasis, sino que la gran significación y significado subyacente puede ser conocido en ese nivel. Alguien lo suficientemente evolucionado, intuitivamente consciente, comprende esto y el Propósito y Voluntad de Dios.

Para las personas más avanzadas la existencia en el plano mental sería la última experiencia antes de venir a la encarnación otra vez. Pero es posible que el cuerpo mental pueda a su vez ser disuelto, después del cual el individuo afectado viviría en un estado de pralaya, en devachan. Este es un estado de existencia no-mental, no-astral, no-material más o menos entre la vida y la muerte. Es un estado del Ser, fuera de la encarnación, donde el impulso vital está en suspensión. Es un estado de dicha interminable, una experiencia de paz perfecta. Vivir en pralaya no significa que se esté inconsciente, sino que ningún proceso de aprendizaje consciente ocurre antes de tomar la encarnación nuevamente. Es un estado de ser elevado hacia lo Absoluto, desde donde se retorna, según la ley, cuando la necesidad del grupo lo requiere.

Es un gran sacrificio para el alma descender al plano físico y encarnar, lo cual tiene lugar por su propia voluntad de auto sacrificio. El cuerpo del alma, o cuerpo causal, obtiene experiencia de esta manera. El cuerpo causal recibe más conocimiento del alma, conciencia del alma, a medida que sus vehículos llegan a ser más refinados.

Átomos permanentes

Este proceso que purifica los vehículos del alma (los cuerpos etérico, astral y mental) tiene lugar por medio de los llamados 'átomos permanentes'. Estos son átomos de sustancia física, astral y mental alrededor de los cuales se forman los cuerpos para una nueva encarnación. Los átomos permanentes retienen el nivel vibratorio del individuo alcanzado hasta el momento de la muerte. Si esa persona ha hecho grandes progresos, sus cuerpos en encarnaciones sucesivas serán más refinados, semejantes a la vibración de este átomo permanente y, debido al trabajo mágico del alma, atraerán cada vez más materia de naturaleza subatómica. De esta manera, los átomos permanentes girarán en espiral hasta alcanzar frecuencias cada vez más altas. Porque un cuerpo atrae hacia él materia de un nivel vibratorio similar, cada avance a través de cada vida creará un cuerpo más refinado, de vibración cada vez más alta. Los átomos permanentes son, por lo tanto, núcleos que atraen las partículas atómicas de las que los cuerpos, primero el mental, después el astral y posteriormente el físico etérico, están formados -- después de lo cual el cuerpo físico denso 'se precipita'.

Los átomos permanentes de un individuo están conectados al cuerpo causal del alma y no son influidos por la experiencia cuando sale de la encarnación. El cuerpo causal está localizado en el más alto de los cuatro niveles mentales y es un tipo de reserva o almacén de toda la percepción, de todo conocimiento y de toda experiencia en los planos físico, astral y mental. Un 'cordón de plata' conecta el alma y su cuerpo con los tres átomos permanentes. La conciencia es continua en este cordón, de modo que cuando es el momento para reencarnar el alma otra vez, las partículas de materia de vibración semejante son atraídas mágicamente para tomar formar alrededor de los átomos permanentes. Los átomos permanentes aún vibran a la misma frecuencia que en la vida anterior y son penetrados con la conciencia, la vibración energética, de esos niveles.

Al comienzo de las encarnaciones posteriores, cuando los vehículos están preparados, el alma forma sus envolturas mental, astral y física. El conocimiento y la experiencia acumulados, obtenidos en una sucesión de vidas anteriores fluyen hacia abajo desde el nivel del alma al cerebro físico, que retiene tanto como puede absorber, usar y conocer conscientemente. Este conocimiento no puede en realidad utilizarse hasta que los centros del cerebro hayan sido despertados lo bastante para ser utilizados de esta forma. Cuando esto ocurre, tenemos lo que llamamos 'un genio'.

En el alma están reflejadas la Mónada o Voluntad Espiritual, Buddhi, la intuición espiritual y Manas, la mente superior. Un genio es capaz de armonizarse al nivel del alma y al de la conciencia, o pensamiento, manásica o búdica. Esta es la fuente de ese conocimiento más alto y talento superior contenido en el almacén de la experiencia en vidas anteriores. Un genio, por lo tanto, es alguien que tiene un contacto íntimo e instantáneo con el alma y puede traer la sabiduría y el conocimiento desde ese nivel hacia abajo al cerebro físico porque los centros del cerebro, que en la mayoría de las personas permanecen inactivos, han sido abiertos.

(Revista Share International − Octubre/Noviembre 1982, Enero/Febrero 1985)
 

 

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