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El servicio y el discípulo (2)
Así trabaja el alma, 'controlando' gradualmente su vehículo. Mientras tanto, los Maestros observan este proceso. Trabajan cooperando con el alma y dan diversos estímulos al discípulo a medida que se aproxima a la iniciación. Ellos estimulan enérgicamente los vehículos y chakras superiores del individuo. Pueden estimular el centro del corazón, buscando evocar la energía del amor, para despertar el corazón o naturaleza de amor de la persona. (El corazón es casi siempre el primero de los chakras en abrirse). Los Maestros trabajan por estímulos y pruebas y, lo más importante de todo, proporcionando un campo de servicio a la persona. Esto en sí mismo es una prueba. El alma quiere servir. El Maestro ayuda en este proceso proporcionando un campo de servicio. Si él no está en contacto directo con su Maestro, el Maestro lo hace por medio de la experiencia extracorporal (fuera del cuerpo) de la persona. El aspirante querrá servir de alguna forma (podría querer servir durante algunas encarnaciones y no hacer nada al respecto, pero él deseará servir). Es el alma la que está demandando el servicio porque esa es su naturaleza. Los Maestros llaman a Su trabajo "el Gran Servicio". Su existencia en este planeta es para cumplir con Su deseo de servir. No están aquí por ninguna otra razón más que servir al plan de evolución de todos los reinos. Cuando uno sirve, cambia. Un hecho muy extraordinario sucede. El objetivo del discípulo es cambiar de ser el integrado Leo que se sirve a sí mismo a ser el servidor del mundo en Acuario. El león de El Antiguo Comentario desaparece y "el portador del cántaro se presenta y comienza su misión". El que se sirve a sí mismo, el separatista, el individuo poderoso en Leo llega a ser el discípulo integrado, el servidor mundial, el aguador de Acuario. El Cristo viene hoy para servir al mundo, para actuar como el Agente de Dios, el Avatar, el Instructor del Mundo para esta era. El dice: "Yo soy el Aguador". El trae las Aguas de Vida, la nueva y radiante vida que El libera en todos los planos. El trae una nueva potencia a nuestra vida, en los planos físico, emocional, mental y espiritual. Estamos entrando en una clase de vida completamente nueva, una vida que hasta ahora solamente los más avanzados iniciados posiblemente puedan comprender. Esto llegará a ser la realidad para la inmensa mayoría de la gente. La raza en conjunto efectuará este tremendo paso adelante para llegar a ser el discípulo mundial. Los senderos del discípulo individual y el discípulo mundial son paralelos. Se avanza por medio del servicio. Saliendo de la manada como la separada y poderosa personalidad de Leo, que se sirve a sí misma y, en Acuario, sacrificando esa individualidad separada ganada con mucha dificultad, uno la pone al servicio del alma y por lo tanto del mundo. Esa es la Ley que gobierna la evolución de los discípulos. Tres principios muy importantes gobiernan la evolución de los discípulos. Son, constancia, determinación para cumplir con este principio, sin cambiar y nunca retroceder, constancia para el Plan y para la promesa hecha por el discípulo; servicio y sacrificio. Estos son los principios que rigen. Por supuesto, están interrelacionados. No se puede servir a tropezones. El servicio verdadero del alma es una expresión de constancia. El alma nunca tiene deseo de descansar, de cambiar (excepto para cambiar su vehículo cuando ya al viejo está agotado). El discípulo para progresar, debe mostrar constancia con firmeza; no puede llegar a ser un discípulo si no la tiene. No sólo debe desear servir, sino realmente debe servir. De otra manera ningún progreso puede hacerse. Muchas personas se acercan a mí y me dicen, "¡Estoy deseando servir! Durante años y años he deseado servir. Tengo un sentimiento profundo de que nací para jugar un papel importante en socorrer a los millones de hambrientos del mundo. ¿Podría usted decirme como empezar?" En realidad he recibido esa clase de preguntas no una, sino muchas veces. Estoy encontrando siempre personas que dicen "Estoy trabajando sobre mí mismo para servir mejor – naturalmente no puedo servir hasta que me ponga realmente estabilizado y saludable". Y hablan en serio. No digo esto de ninguna forma crítica – lo creen. Sienten realmente que si tuvieran un cuerpo mejor serían capaces, obviamente, de servir mejor. Lo que es cierto, pero ello no quiere decir que servirían mejor sino simplemente que tendrían una mejor capacidad para hacerlo. Algunos de los mejores servidores de los que tengo conocimiento han estado enfermos toda su vida. Tenemos ejemplos en el pasado de grandes discípulos como Helena Blavatsky y Alice Bailey que estuvieron enfermas durante muchos años. Alice Bailey estuvo enferma sólo Dios sabe cuantos años. Sólo la actividad continua de su Maestro mantuvo a Madame Blavatsky en el cuerpo durante aproximadamente los últimos trece años de su vida. Padeció varias enfermedades que habrían matado a cualquier otra persona; sin embargo, tuvo voluntad y puso de manifiesto esa voluntad en el servicio. La voluntad de servir, la voluntad sacrificada del alma, es la fuerza que impulsa a estos grandes discípulos, a pesar de las limitaciones del cuerpo físico, el cansancio, la fatiga, los tontos que deben haberlas rodeado si la historia ha de creerse – a pesar de todo eso, el desgaste de su atención, de su energía, de su voluntad y de su paciencia – sirvieron como pocos sirven en el mundo. Esa es la verdad de todos los grandes servidores. Mientras se sirve, se cambia. ¿Por qué se cambia? Porque el servicio trabaja en uno para hacer un milagro. Es literalmente un milagro; un proceso de transformación tiene lugar. Su alma le hace servir en cualquier habilidad pequeña, limitada. Cuanto más cerca está uno del campo de servicio, más rápido se identifican con él. No es necesario estar en el otro lado del mundo, aunque esto podría ser su llamada. Puede comenzar justamente donde está ahora. El objetivo es salir de una condición completamente centralizada, la de servirse a uno mismo. Todos estamos centralizados, todos vivimos como si fuéramos el centro de nuestro mundo. Esa es la experiencia psíquica de todos nosotros, si reflexionan sobre ello. Esa es la acción del principio del deseo. Y por supuesto, es una etapa. No es algo incorrecto o malvado, pero es una etapa necesaria de la cual hay que salir. Mientras sirve desplaza su punto de enfoque. Se identifica con lo que sirve. Se identifica cada vez más con lo que sirve, hasta que, incluso sin que se esté dando cuenta, pierde la conciencia de uno mismo, se olvida de sí mismo y al hacerlo consigue más salud, más fuerza, más energía. El proceso es de descentralización. Al relacionarse con aquellos a quienes sirve, llega a estar cada vez más descentralizado. Se identifica con una esfera de la vida cada vez más amplia, hasta que pueda, si llega a ser un Maestro, identificarse con toda la vida. El Maestro no tiene en absoluto el sentido de Sí Mismo como una individualidad separada. No tiene ningún sentido de la personalidad. No tiene ningún sentido del "Yo". No hay en la conciencia del Maestro la sensación de un ser separado. Tiene sólo conciencia grupal. Nosotros no sabemos lo que es eso, no podemos incluso imaginarlo, pero es lo que será desarrollado inevitablemente durante esta Era de Acuario venidera al cambiarnos, desde la experiencia de Leo hacia la de Acuario; del que se sirve a sí mismo en Leo, hacia el servidor mundial en Acuario y llegar a ser el aguador. El Cristo trabaja a través de nosotros. El trae las Aguas de Vida "en abundancia", como El dice. Y añade "Yo busco canalizar estas Aguas de Vida a través de vosotros". Cuando llegamos a ser los aguadores, los servidores mundiales, actuamos como canales para estas Aguas de Vida y a través nuestro el Cristo transforma el mundo. A través nuestro El construye las formas, las estructuras, la conciencia de la nueva era. El papel del servicio en la evolución del discípulo es la naturaleza de Dios trabajando a través del discípulo. De ahí su importancia y, naturalmente, su eficacia. No se trata de un instrumento que podría o no funcionar. Funcionará, es inevitable que así sea, porque es la naturaleza de Dios Mismo. A medida que demostramos la naturaleza de Dios a través del servicio, llegamos a ser dioses. En verdad nos convertimos en dioses. De seres humanos, hombres y mujeres, nos convertimos en seres creativos divinos, vivientes. El servicio es la clave para todo ese proceso y provee al discípulo con la fuerza impulsora para su evolución. El servicio es la fuerza impulsora del proceso evolutivo. (Revista Share International
− Julio/Agosto 1987) |
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Maitreya
- el Instructor del Mundo |