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Discipulado y servicio - La Iniciación espiritual

 

Los requisitos para la iniciación

por Benjamin Creme

En la revista Share International (Abril de 1982), contribuí con un artículo sobre La Historia del Evangelio y el Sendero de Iniciación, mostrando la historia del Evangelio como la presentación a la humanidad, en forma simbólica, del sendero esotérico de la iniciación. Muchas personas actualmente están en el umbral de este sendero, aunque muy poco se conoce sobre los requisitos reales para estas grandes expansiones de conciencia que constituyen la iniciación. Parecería apropiado, por lo tanto, dedicar algún tiempo en acercarse a estos requisitos, recordando siempre que un artículo de esta clase no puede hacer más que abarcar, bastante superficialmente, lo básico esencial. La iniciación es un tema complejo, profundamente esotérico y misterioso, y aquellos lectores que deseen leer más profundamente sobre ella son remitidos a los escritos del Maestro D.K. a través de Alice A. Bailey, en particular a Iniciación Humana y Solar (publicado por Ediciones Lucis).

Un proceso

Es importante recordar que la iniciación es un proceso, no una ceremonia (aunque ciertamente implica la ceremonia), ni el paso satisfactorio de un examen. Es el resultado de una expansión gradual de la conciencia. Es una conciencia despierta creciente y la demostración de las realidades espirituales que yacen detrás de la expresión de nuestro plano fisco externo – nuestro Yo Superior o alma, y aquello del cual el alma misma es un reflejo, la Mónada Divina o Chispa de Dios. Es un proceso por medio del cual las sucesivas y graduales etapas de la unificación e identificación tienen lugar entre el hombre o mujer en encarnación y estos aspectos superiores de nuestra triple constitución.

Hay muchas iniciaciones menores y cinco iniciaciones mayores planetarias. Cada una representa una etapa definitiva de integración e identificación alcanzada por el iniciado. La meta se logra cuando en la quinta iniciación mayor, el Maestro liberado permanece completamente unido con la Mónada, Su "Padre en el Cielo". El ha expandido Su conciencia para abarcar los planos espirituales y no necesita más la experiencia encarnacional en este planeta. Para el Maestro hay uniones superiores – con los Logos Planetarios y del Sistema – de las que no es preciso que nos ocupemos.

La iniciación indica un punto alcanzado, pero no aporta ese logro. La vida misma es el campo de desarrollo del proceso. Es la experiencia, las pruebas y fallos de la vida diaria, y el dominio gradual de uno mismo, que realiza el control sobre la materia y la conciencia en todos los planos, lo que caracteriza al Maestro iniciado.

Artificial

Técnicamente, la iniciación es un proceso científico, artificial que acelera el proceso evolutivo. Históricamente es muy antiguo, siendo introducido en este planeta en la mitad de la era Atlante durante la cuarta raza raíz. Sin él, la humanidad habría alcanzado inevitablemente el mismo nivel evolutivo pero habría tardado millones de años más en hacerlo. No es obligatorio – individualmente los hombres pueden tomarlo siempre y cuando ellos quieran lograr la perfección – pero proporciona los medios por los cuales aquellos que están preparados y que quieren hacer el esfuerzo para pasar por las dificultades y pruebas, y sobre todo hacer los sacrificios y renunciaciones que la iniciación requiere, pueden acelerar el viaje de la evolución inconmensurablemente, y de este modo servir más completamente al Plan del Logos.

Los requisitos

Los requisitos para cada iniciación han cambiado necesariamente a medida que la humanidad ha evolucionado; cada nueva etapa alcanzada por la humanidad en conjunto eleva estos requisitos. Hoy, desde el punto de vista de los Maestros, la tercera es la primera verdadera iniciación (del alma); la primera y la segunda son en realidad preparatorias, que ponen de manifiesto el control de los vehículos – físico y astral respectivamente – de la personalidad. A través de estos cuerpos purificados e integrados el hombre interno divino, el alma hace sentir su presencia, al asir los vehículos y brillar por medio de la personalidad. Cuando esa integración incluye el cuerpo mental controlado, la tercera iniciación puede experimentarse. La sincronicidad de la vibración es la clave para este proceso. El alma solamente puede manifestarse en gran parte a través de vehículos de vibración análoga. Es por esta razón que se ha puesto tanto énfasis, en todas las enseñanzas, en la pureza – del cuerpo físico, de los sentimientos, de la mente y de la intención.

El proceso de purificación empieza exactamente en el Sendero Probatorio; para cuando el Sendero Iniciático está siendo hollado, los hábitos de la pureza se suponen como ya establecidos y automáticos.

El cuerpo físico es el primero en pasar por la purificación y por eso en la preparación para la primera iniciación una dieta vegetariana llega a ser esencial. Comer carne tiene un efecto reductor de la vibración del cuerpo físico del hombre y debe eliminarse de la dieta. Es interesante indicar como muchas personas en la actualidad, especialmente los jóvenes, están volviendo al vegetarianismo. No hay duda de que esto está relacionado con el hecho de que varios millones en la actualidad están en el umbral de la primera iniciación; consciente o inconscientemente, están respondiendo a los preceptos internos del alma.

La conciencia de un plano es algo muy diferente del control de ese plano, y la iniciación es el resultado, no sólo de la conciencia, sino también del control. En la primera iniciación el control del alma (o Ego) sobre el cuerpo físico debe estar bien avanzado. Los deseos del cuerpo por la comida, bebida, sexo, dormir, reposar, ya no deben dominar. 

Esto no quiere decir que el aspirante ya no debe comer, beber, dormir, tener relaciones sexuales, sino que todos estos deberían ser con moderación, ordenados y bajo el control del alma. Este control es realmente sobre el elemental físico Todos nuestros cuerpos, materiales y espirituales, están hechos con los cuerpos de diminutas vidas dévicas (ángeles) o elementales, los llamados pitris lunares y solares. Los pitris lunares forman los cuerpos fisco, astral y mental del hombre inferior, mientras los pitris solares constituyen el cuerpo del alma – el cuerpo causal.

La primera iniciación se llama la Iniciación del Nacimiento. Es el resultado del nacimiento de la Conciencia Crística en la caverna del corazón, y los aspirantes que tienen que pasar por esta experiencia se habrán orientado hacia la vida espiritual – que no significa necesariamente la vida religiosa. Una rectitud general de conciencia y pensamiento y una actitud de buena voluntad se pondrá de manifiesto. El carácter tendrá todavía muchas faltas (lo ideal raramente se alcanza), pero una nueva y más comprensiva e inclusiva actitud para todos los seres se mostrará y el deseo de servir será intenso. Como consecuencia del control del elemental físico se manifestará una mayor creatividad. Esto es debido al cambio del flujo de energía desde los chakras inferiores al centro de la garganta. No es por casualidad, por lo tanto, que la cultura de cualquier civilización sea creada por los iniciados.

Control astral

La segunda iniciación pone de manifiesto el control emocional, control del elemental astral, lo mismo que la primera ponía de manifiesto el control del elemental físico. Se dice que esta iniciación es la más difícil. El iniciado, atrapado en la red de las confusiones del deseo, las brumas del astral, ha de clarificar su respuesta a la realidad y liberarse de la esclavitud emocional. Tan poderosa es la naturaleza astral del hombre que ésta es una tarea enormemente difícil y puede tomar muchas vidas alcanzarla. El alma, por medio de la mente, ha de controlar el cuerpo emocional y hacerlo limpio y claro para su verdadero propósito: un vehículo adecuado para el nivel búdico o intuitivo de la conciencia.

El quinto principio de la mente, trabajando a través del cuerpo mental, actúa como el director y organizador de la reacción astral y de este modo como el disipador del espejismo. El Maestro D.K. ha escrito: "La segunda iniciación es una iniciación profundamente difícil de recibir. Para aquellos que son del primer o segundo rayos de aspecto es probablemente la más difícil de todas ellas". Sin embargo, con el advenimiento del Cristo, que actúa como el disipador del espejismo a escala mundial, el camino hacia adelante para el gran número de aspirantes actualmente cercanos a esta experiencia se allanará, y muchos, que han recibido hace tiempo la primera iniciación, pasarán a través de los portales por segunda vez durante esta vida.

Con la segunda iniciación tras él, el iniciado ha de aprender el control de su vehículo mental. Lo mismo que las confusiones del espejismo en el plano astral han tenido que ser disipadas, así ahora las ilusiones del plano mental deben ser disueltas en la luz que se proyecta cada vez más brillante desde el alma. La tercera iniciación, la Transfiguración, pone de manifiesto la personalidad completamente integrada, infundida por el alma y que responde ahora a la energía de la Mónada. Amor, sabiduría y voluntad dinámica, los atributos del alma, brillan ahora claramente a través de la personalidad, y sobreviene una vida creativa de servicio al mundo y eficacia.

Estas tres primeras iniciaciones mayores planetarias deben recibirse siempre en encarnación, en el plano físico. De esta forma la conciencia del iniciado se pone de manifiesto por medio de ambos, la mente y el cerebro.

Para concluir este breve y necesariamente incompleto relato de los requisitos para cada iniciación, cito de nuevo un texto de los escritos del Maestro D.K.: "Cuando un hombre recibe la cuarta iniciación actúa en el vehículo del cuarto plano, el búdico, y ha escapado permanentemente del círculo no se pasa de la personalidad. Este gran acto de renunciación, señala el momento en que el discípulo no posee nada que lo relacione con los tres mundos de la evolución humana (físico, astral y mental). Su contacto con esos mundos en el futuro será puramente voluntario y para propósitos de servicio". (Los Rayos y las Iniciaciones, Pág. 570).

"El hombre que recibe la cuarta iniciación, la Crucifixión, suele tener una vida de gran sacrificio y sufrimiento. Es la vida del hombre que hace la Gran Renunciación, y que aún exotéricamente es considerada difícil, intensa y penosa. Todo lo abandona, hasta su perfecta personalidad misma, sobre el altar del sacrificio, y queda despojado de todo. Renuncia a amigos, dinero, reputación, carácter, posición, familia y hasta a la vida misma". (Iniciación Humana y Solar, Pág. 81)

(Revista Share International − Marzo 1984)
 

 

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