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Archivos - La Misión de Maitreya

 
Título Los Pares de Opuestos
Fuente Revista Share International- Enero/Febrero 2003
Autor Benjamin Creme
Notas Charla impartida por Benjamin Creme en la Conferencia de Meditación de Transmisión 2002 celebrada en San Francisco, EEUU,  el 9 de agosto de 2002. Basada en el artículo del Maestro "Los pares de opuestos"

Los Pares de Opuestos

Probablemente se trata del tema más importante sobre el que uno podría pensar, y con esperanza, resolverlo. Se trata de nada más y menos que la demostración por el Maestro del hecho fundamental de nuestra existencia como almas –porqué esto es difícil para el alma; y porqué es difícil para nosotros, la humanidad, hacer algo como almas durante un largo periodo de tiempo. Por supuesto, desde el punto de vista del alma no es nada de tiempo porque el alma no funciona dentro del tiempo. Pero desde el punto de vista de aquello a través de lo que funciona –los cuerpos físicos, en sucesión, durante todas las eras– eso parece un periodo de tiempo interminable antes de que el alma pueda realmente demostrar su naturaleza a través de su reflejo, el hombre o mujer en encarnación. Por supuesto, no tiene lugar todo a la vez. El alma se encarna en la materia. Se provee de cuerpos –físico, emocional y mental– sintetizados en la personalidad, el reflejo del alma en el plano físico. La diferencia en vibración entre el alma y los cuerpos impide cualquier fusión instantánea, o incluso temprana, entre ambos.

"Desde que emergió por primera vez el hombre en la Tierra, su historia ha sido de conflicto y lucha, agresión y guerra."

El hombre emergió en la Tierra hace dieciocho millones y medio de años, según los Maestros. Eso es un largo periodo de tiempo. Hemos estado en ello durante todo ese tiempo. ¿Os podéis imaginar lo agotador que sería si lo recordáramos? Dieciocho millones y medio de años parece un periodo de tiempo excesivamente largo para que la humanidad haya luchado para llegar a este punto.

Bueno, parecería que rara vez ha existido un tiempo en el que no hubiera existido conflicto y lucha, agresión y guerra. ¿Quién dijo que este país, Norteamérica, fue descubierto por Colón? No, los vikingos llegaron mucho antes. En el siglo VIII desembarcaron aquí, se pintaron, y luego descubrieron y lucharon contra otros pueblos que estaban aún más pintados.

“Rara vez ha habido una época en que estas tendencias no hayan sido predominantes.”

Os podéis imaginar, durante dieciocho millones y medio de años rara vez ha habido un fin de semana tranquilo. Siempre hubo una guerra que comenzaba, o estaban descansando, esperando al lunes para comenzar de nuevo, hasta el punto que pareciera que esto representa nuestra naturaleza esencial. ¿Es verdad? ¿Es posible que ésta es la naturaleza esencial del hombre, de la humanidad?

El Maestro afirma que, a pesar de toda evidencia en contra (y por supuesto, existe una sólida evidencia en contra) categóricamente éste no es el caso. Si un Maestro lo dice, Él lo sabe. Los Maestros saben porque Ellos perciben un tiempo y un estado en el que esto no es el caso. La naturaleza esencial del hombre y, por supuesto, de la mujer, es otra que el conflicto, la lucha, la agresión y la guerra. ¿Por qué entonces mostramos una imagen tan terrible, totalmente distorsionada, de nuestra naturaleza real?

“¿De dónde viene esta capacidad para la acción caótica y la violencia destructiva ?”

Cada generación, según la enseñanza esotérica, trae a encarnación a aquellos equipados con la capacidad de solucionar los problemas del momento. Esto asegura que la evolución de la humanidad continúa; que siempre existe una nueva generación que ve los problemas y puede abordarlos de una nueva manera; puede solucionarlos y preparar el camino adelante para la gran masa de la humanidad. Al mismo tiempo, por supuesto, existe esta tendencia, inherente en la relación entre espíritu y materia, que produce conflicto.

“El hombre es esencialmente un alma, un reflejo perfecto de Dios.”

Éste es el tópico de todos los tiempos. Realmente somos almas en encarnación. Almas perfectas idénticas a lo que denominamos Dios, el Hombre Celestial que enalma este planeta, que nos ha creado, para quién somos formas mentales en Su mente. Él ha concebido un plan de evolución y nos ha colocado en él como un aspecto del Plan, de ninguna manera como su totalidad, sino una aspecto importante. Para juntar espíritu y materia, Él ha creado al hombre.

“A través de incontables encarnaciones durante incalculables eras.”

Dieciocho millones y medio de años, ¿hasta cuándo? ¿Cuándo comenzaron nuestras almas a prestar atención de la materia a través de la cual se estaban expresando en el plano físico? Eso determina nuestro punto de evolución. En el momento en el que el alma ve que estamos preparados para comenzar a expresar, de alguna manera, la perfección del alma; de traer las cualidades del alma –la verdad, la belleza, la inteligencia, el anhelo de perfección del alma– al proceso encarnatorio, la verdadera evolución del hombre o mujer comienza. El momento en que eso sucede en cada caso individual determina nuestro punto de evolución.

A través de incontables encarnaciones, el alma busca expresar su naturaleza divina en tiempo y espacio a través de sucesivas personalidades, cuerpos físicos, emocionales y mentales, a veces como un hombre, a veces como una mujer. Lleva a cabo este deseo, este anhelo de replicar su naturaleza y cualidad, en una contraparte física. El alma dota a la contraparte con los medios de evolución para su propia perfección. Así es como funciona el Plan de Dios.

Millones de personas no saben que existe un Plan. Se trata de una situación desafortunada. Pienso que es probablemente la más desafortunada, después de la casi total ignorancia de que somos almas. Lo primero, la primera realidad, pienso, es que se le enseñe a todos la constitución humana: que todos somos esencialmente espirituales por naturaleza, y que esa divinidad o espíritu se refleje a sí mismo en un nivel vibratorio algo menor como el alma humana, y que el alma se refleje a sí misma en el plano físico como un hombre o una mujer. Esa es la realidad. La evolución tiene lugar según un Plan. Los Maestros de nuestra Jerarquía Espiritual son los Custodios de este Plan.

Si todos en el mundo supieran eso, o pudieran considerarlo como una hipótesis, el mundo sería extraordinariamente diferente. Ya que las personas no saben que existe un Plan, son corruptas, o son honestas, pero no tienen idea hacia donde se dirigen. Son impulsadas por el gran imán de la evolución, y como resultado no tienen realmente libre albedrío. Sencillamente son impulsadas por las circunstancias, y reaccionan a estas, por supuesto, desde el punto de evolución que han alcanzado.

Lo que se necesita, yo diría por sobre todas las cosas, es una reeducación de la humanidad para así conocer que la evolución procede según un Plan, y que podemos tomar parte en ese Plan. Podemos volvernos conscientes y trabajar según el Plan. El caos, agresión y guerra, el conflicto y la lucha, son el resultado de la ignorancia del hecho de un Plan y la naturaleza del Plan. Por tanto, no sabemos cómo vivimos. Existen grandes leyes que gobiernan este proceso de evolución, y el alma proporciona a sus vehículos los medios para evolucionar.

La clave para este desarrollo se denomina aspiración. Todo lo que evoluciona, desde un grano de arena hasta el Ser más evolucionado que podrías imaginar, el ángel o avatar más excelso que podrías visualizar, ha alcanzado ese punto como resultado de la aspiración.

Existió un tiempo en el cual toda vida se desarrollaba en el mar. Los mares abarcaban la gran mayoría de la vida en este planeta. En las zonas de tierra firme estaban los comienzos del reino vegetal, y algunas criaturas marinas salieron del mar hacia la tierra.

Debió de ser una experiencia extraordinaria para el primer pez o reptil, que salió del mar hacia una tierra relativamente más seca. Tuvieron que aprender a respirar y comenzar a moverse de una forma diferente. Tuvieron que aprender a andar, con torpeza al principio, y luego con gran facilidad hasta que pudieron correr más rápido de lo que puede un caballo hoy en día.

Esto no sucede al azar sino como resultado de la aspiración. Es difícil imaginar la aspiración de una criatura marina para desplazarse a tierra firme, y sin embargo sin aspiración nunca hubiera tenido lugar. Ningún cambio tiene lugar sin la aspiración por el cambio. Un cambio de esa naturaleza, de vivir en el mar hasta vivir en tierra firme, es trascendental. Obedecía a una voluntad interna, una aspiración por el cambio, por mejorar, por un estado más elevado, por una perfección nunca soñada hasta entonces pero percibida como una posibilidad. Nosotros evolucionamos exactamente de la misma manera.

A través de la aspiración tenemos nuestro idealismo. Respondemos a las energías que se envían al mundo a través de la Jerarquía de Maestros, que son los Custodios del Plan, y en respuesta aspiramos al cambio. Tenemos una visión de un estado diferente y mejor, más perfecto, sea político, económico, social, o científico, cultural, o el que sea. Evolucionamos a través de esta capacidad de visionar algo mejor, algo más cercano a la perfección que instintivamente sabemos que es posible. Instintivamente sabemos lo que está en la mente del Logos porque básicamente somos almas, reflejos exactos del Logos que llamamos Dios, el Logos del planeta Tierra, el Hombre Celestial cuyas ideas somos.

De esta manera evolucionamos, creamos nuevas condiciones. Podemos salir del mar y acostumbrarnos a vivir en tierra firme.

“La clave para este desarrollo es la aspiración. Morando internamente en todos los hombres está el deseo de perfección y el impulso de expresar lo bueno, lo bello y lo verdadero –los atributos del alma. Nadie, por mucho que falle en la acción, está desprovisto de este deseo de mejoramiento, como quiera que se exprese.”

Quizás existan algunas excepciones. Existen algunos políticos modernos, y algunos políticos del pasado, a los cuales es difícil colocar en ese contexto. Pero seamos generosos. Aceptemos lo que el Maestro dice: que nadie –por mucho que falle en la acción, inadecuado, ávido de poder, codicioso– está privado del deseo de mejorar. Él percibe lo bueno. Por supuesto lo tergiversa, completamente, y crea caos.

“¿Cómo explicar entonces las aberraciones del hombre, su violencia y odio?”

¿Cómo podrías explicar a algunos de los hombres que gobiernan el mundo actualmente?

“La respuesta yace en la posición única del hombre, el lugar de encuentro entre espíritu y materia, y las tensiones que su coincidencia evocan.”

Ese es el secreto de todo. Somos almas –seres perfectos, sublimes, espirituales, idénticos al Dios del que provenimos. Pero estamos envueltos en lo opuesto, o lo que aparenta ser lo opuesto: la materia de nuestros cuerpos físico, emocional y mental. Incluso nuestro cuerpo mental, incluso esa cosa tenue llamada pensamiento, es materia, expresándose a sí misma en un nivel específico. En esa materia tiene lugar una gran reorganización. La denominamos evolución. El alma se encarna en la materia y pasa a través del largo y aparentemente interminable conflicto entre aquello que denominamos espíritu y lo que llamamos materia.

Esa es la razón de la inacabable violencia y odio a lo largo de las eras, 18,5 millones de años, hasta a veces quedar la humanidad casi extinguida. Mucha de la matanza corrió a cargo del reino animal, pero mucha de ella la realizó el hombre contra el hombre, quitando la vida a su prójimo por comida, por tierra, por el dominio codicioso de su área. El hombre posee un lado codicioso, que surge de su malentendido del significado y propósito de la vida. Piensa que está bien, al menos algunos hombres piensan que está bien quitarle la tierra a otra persona, poner allí una tienda y llamarlo el imperio.

El imperialismo es casi tan antiguo como la humanidad, y todavía persiste. Todavía existe ese impulso por lo más grande y mejor. Por supuesto, cuanto más grande y mejores somos, más poderoso somos, y así podemos ser más grandes y poderosos. Esto es lo que todos los países imperialistas han hecho a través de los tiempos. Es la forma en que los romanos conquistaron todo el mundo conocido, toda Europa y Asia Menor, hasta la India, y en occidente hasta Alemania y las tierras bajas, Francia, España e incluso cruzar el canal hasta Gran Bretaña.

Mirad lo que hicieron los romanos. Estaban en todas partes, pero no estaban satisfechos con ello. ¿Así, qué hicieron? Cuando el mundo se abrió por otros pueblos, los españoles, los portugueses y otros, que llevaron sus descubrimientos a todo el mundo, los romanos volvieron a despertarse y dijeron: “Esto no está nada bien. Hemos perdido nuestro poder. Nadie ya piensa en Roma”. Y así los romanos se encarnaron como los ingleses. Nuevamente comenzaron a conquistar el mundo, y esta vez casi lo hicieron totalmente, unas tres cuartas partes, lo que denominaron el Imperio Británico. Eso es el imperialismo para vosotros.

Ellos se encarnaron como los ingleses, lo que hizo posible construir un imperio más grande de lo que Roma nunca hubo conocido. Los romanos construyeron caminos; los ingleses construyeron ferrocarriles. Pudieron llegar más lejos y rápido, y abrió el mundo. Es algo extraordinario. Los romanos aún siguen haciéndolo.

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