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Archivos - La Misión de Maitreya

 
Título Que haya luz (1)
Fuente Revista Share International- Enero/Febrero 1999
Autor Benjamin Creme
Notas Esta charla está basada en un artículo del Maestro de Benjamin Creme que se publicó en Share International en diciembre/enero de 1983/1984 titulado "Que haya luz".

Que haya luz (1)

"Cada siglo lleva al hombre más cerca de su meta: la manifestación en toda su perfección, de la Luz de Dios. De esta manera el hombre se convierte en aquello que es potencialmente – un Dios viviente."

Es interesante que el Maestro diga "cada siglo". Los Maestros piensan y trabajan en periodos de 2.000 años y en periodos de 25 y 75 años. Un periodo de 25 años, de los que encontramos cuatro en un siglo, es como un par de semanas para un Maestro en la escala temporal, a pesar de que Ellos no tienen un sentido del tiempo en absoluto. Trabajan fuera del tiempo. Se reúnen y debaten varias posibilidades y evalúan los avances de algunas líneas de trabajo cada 25 años. Estos hitos de 25 y 75 años determinan puntos locales cruciales para los Maestros y para la entrada y salida de grandes energías cósmicas.

Por ejemplo, la energía de Piscis empezó a retirarse en 1625, no en 1624 o en 1626, y la energía de Acuario empezó a hacer efecto en este planeta en 1675. Se tratan de indicadores cruciales de la manera en que trabajan los Maestros: Ellos consideran el trabajo por delante y los logros conseguidos en los últimos 25 años. Cada siglo se reúnen otra vez y estudian cómo ha avanzado Su plan encaminado a llevar a la humanidad un paso más adelante; evalúan cuántos discípulos están trabajando conscientemente con el plan – buscando de esta manera la mejor forma posible de lograr Su plan, Su esperanza para la humanidad. El Maestro lo dice muy claramente: "Cada siglo lleva al hombre más cerca de su meta: la manifestación, en toda su perfección, de la Luz de Dios".

La Tríada Espiritual

La gente se pregunta: ¿Porqué estamos aquí? ¿Cuál es el propósito de nuestros ciclos reencarnatorios?" La respuesta es que estos proporcionan al alma la oportunidad de servir al plan de Dios. Es el alma la que se encarna una y otra vez en una serie de vehículos que gradualmente va invistiendo con su propia naturaleza, su propio Ser, hasta que el hombre o la mujer está totalmente infundido por el alma y puede trabajar consciente e inteligentemente con el plan. El alma realiza el gran sacrificio de descender de su estado de perfección en el plano causal para trabajar en los planos físico emocional y mental a través de los vehículos que ella misma se facilita para este propósito. El alma trae la Luz de Dios procedente de la Tríada Espiritual, el Ser, el Ser Espiritual que se refleja a través del alma, y del alma a la personalidad. La Tríada Espiritual encarna el atma (voluntad), buddhi (amor/sabiduría), y manas (mente). Estos tres aspectos de la tríada se enfocan en el alma, y uno por uno – empezando normalmente con el manásico, luego el búddhico y finalmente el átmico o el aspecto de voluntad o propósito – se convierten en elementos poderosos en la vida de la personalidad al ir incorporando la Luz de Dios. Gradualmente nos convertimos en lo que somos potencialmente: un Dios viviente.

El largo viaje de la evolución

El Maestro dice: "Cada encarnación marca un escalón labrado en la montaña del ascenso". Se trata de una afirmación muy general. Es cierta en esencia, naturalmente, porque incluso una encarnación inútil, relativamente hablando (y la mayoría de nosotros habremos tenido muchas de estas encarnaciones), es al menos un alto en el camino en este largo viaje de evolución.

A pesar de que es probablemente cierto en la mente del Maestro que cada encarnación "marca un escalón labrado en la montaña del ascenso", la afirmación tiene que tomarse, a mi entender, como un hecho relativo. Todos nosotros malgastamos encarnaciones. No tiene por qué ser un hecho inevitable, ya que Maitreya nunca malgastó una encarnación. Esa es la razón por la cual Él es el Alfa y el Omega, por la cual nunca ha fracasado en ningún esfuerzo encarnatorio. Esa es la razón por la cual Él es el Cristo. Esa es la razón por la cual un hombre de la Tierra, un planeta no muy evolucionado, ha sido capaz de encarnar el Principio Crístico. Este planeta Tierra ha creado un Cristo, algo que, por ejemplo, Marte nunca ha hecho. Aunque Marte posea una tecnología y una conciencia despierta del significado y propósito de la vida que por ahora la mayoría de habitantes de la Tierra no tienen, no ha logrado la creación de un Cristo.

"Con cada experiencia semejante el hombre agrega a sus vehículos una pequeña cantidad de luz cambiando sutilmente de este modo la vibración de sus cuerpos ".

La sustancia natural de nuestros vehículos, físicos y etéricos, es la materia atómica. Nuestro cuerpo etérico que constituye la contraparte del cuerpo físico también está compuesto de materia atómica, y tiene su propia vibración, su propia luz. No hay nada que no sea luz. Con cada experiencia encarnatoria, si no hay reincidencia o chapuceo, si existe un mínimo de esfuerzo, un movimiento hacia adelante y ascendente, añadimos a nuestros vehículos un poco de sustancia de partículas subatómicas, que son luz, elevando así la vibración de los vehículos. Esto se incrementa hasta que se equipara al nivel vibracional de la luz misma. Cuando este proceso se termina y todos los cuerpos están vibrando al mismo nivel, el trabajo está hecho. Tú eres el Maestro liberado. Esto, por supuesto, lleva tiempo; no pasa de la noche a la mañana. Se tardan muchísimas encarnaciones hasta llegar al inicio de este proceso.

El Principio Crístico

Durante largo tiempo las encarnaciones se suceden sin que el alma preste mucha atención a su vehículo, el hombre o la mujer, porque no hay nada en la vida del individuo que justifique su atención. Con el tiempo, por el proceso de la vida misma, los vehículos – primero el físico después el astral y luego el mental – van cambiando gradualmente su cualidad. Cada vez más cantidad de materia subatómica es atraída magnéticamente a lo que está ahí, y por tanto empieza a brillar una luz. Cuando esta alcanza una cierta frecuencia, el alma vuelve su atención hacia abajo. Hasta ese momento el alma prestaba atención a lo inmediatamente más alto, hacia la Mónada, o Ser, o Chispa de Dios, de la cual el alma es el reflejo. El alma cambia la dirección de su atención – no de forma permanente pero con más o menos frecuencia – invistiendo gradualmente a su reflejo con su propia naturaleza. El Principio Crístico nace como una luz en la cavidad del corazón, el centro del corazón a la derecha del cuerpo, al mismo nivel que el corazón físico. Estimula ese centro hasta que empieza a irradiar. La persona entonces cambia espectacularmente.

Llega un momento en el que todo lo que sabía, todo lo que disfrutaba, empieza a perder su encanto. La vida de antaño empieza a parecer aburrida, inútil, sin sentido. Hay una amplitud de ideas. La persona se siente interesada, quizás, en varias enseñanzas espirituales – todo lo que le conduzca fuera de ese punto muerto de lo que, hasta ese momento, constituía su vida y conciencia. El alma es el primer Maestro en este sentido. Cuando se alcanza un cierto punto, un cierto grado de absorción de luz, es posible que un Maestro se implique en la consecución de los esfuerzos de ese individuo en esa vida en particular. Esto continúa hasta que la persona está preparada para la primera de las cinco iniciaciones planetarias que comprenden las últimas pocas vidas del proceso evolutivo.

Iniciaciones

La primera iniciación se hace posible cuando se establece un control, a un nivel considerable, del elemental físico, de los diminutos elementales dévicos cuya actividad constituye nuestra forma o cuerpo. Ellos crean la forma de la humanidad, y controlan, a través de su actividad, la naturaleza de deseo del individuo hasta que nosotros, por nosotros mismos, alcanzamos un punto de disciplina y control que nos permite controlar su acción. Este conflicto al final lleva a los centros de fuerza, los chakras del iniciado, la luz del Cetro de Iniciación. En las dos primeras iniciaciones es el Cetro Menor el que es empuñado por Maitreya. En la tercera iniciación y superiores es el Diamante Flamígero, el Cetro Mayor, activado por la luz del sol y enfocado hacia los chakras del individuo por el Señor del Mundo, el mismo Sanat Kurnara.

Las dos primeras iniciaciones constituyen un proceso de transformación extraordinario. Es tan espectacular que la vida entera del individuo se transforma. Casi siempre él o ella se vuelve vegetariano. Pensad en todos los jóvenes de todas partes del mundo que espontáneamente se vuelven vegetarianos. Esto es parte de la purificación de luz del cuerpo físico. La luz funciona de distintas maneras: actúa como un gran purificador, y también como un gran estímulo portador de vida a la evolución porque esa es nuestra naturaleza. La luz es evolución, y la naturaleza de la vida es luz o electricidad.

Universo eléctrico

Conocemos muchas formas de luz. En un pasado lejano, antes de que existieran los interruptores de la luz, los primeros hombres y mujeres no tenían más alternativa que hacer un fuego. De esta forma conseguían un poco de luz. Esa luz les permitía verse unos a otros, mostrar el camino de salida a la cueva, y mantener alejados a los animales. Siempre había un gran fuego en el centro de las primeras sociedades humanas. Esto fue así durante muchos miles de años. En todas las cavernas donde se sabe que la humanidad vivió, se encuentran rastros de fuegos que los humanos utilizarían para calentarse. El calor es otra forma de luz.

El calor es la luz del sol físico. Existen en realidad tres soles, y cada uno emite una clase distinta de luz. Del sol físico se produce luz y calor por fricción; el calor se produce por fricción. La radicación del sol, combinándose con la radiación infrarroja de la Tierra, o por su fricción, produce calor. Si subes a la cima del Everest, descubrirás que en vez de hacer más calor (porque está más cerca del sol) es el lugar más frío de la Tierra porque está muy lejos del punto de encuentro vibracional Tierra/Sol en la atmósfera donde tiene lugar la fricción. Si la atmósfera es muy fina, como lo es en el Everest, hace más frío porque hay carencia de fricción. El Corazón del Sol irradia fuego solar; y el Sol Central Espiritual irradia fuego eléctrico. Vivirnos en un universo eléctrico; la naturaleza del universo, todo el cosmos, es luz o electricidad.

Cuando encendernos la luz eléctrica lo que estamos accionando en realidad es el nivel de luz más bajo del mundo, la del plano físico. El descubrimiento de la electricidad ha abierto los ojos de la humanidad a la posibilidad de conocer quiénes somos, de convertirnos en los dioses que esencialmente somos Cuando comprendamos la verdadera naturaleza interna de la electricidad, lograremos un control de las fuerzas del universo. Sólo hemos tocado, por ahora, la parte superficial de la electricidad. La manejamos más o menos diestramente a medida que avanza el tiempo; podemos hacer que accione todo tipo de cosas. Ha creado nuestra tecnología. La utilizarnos para calentar, para iluminar, para crear movimiento, etc. Pero aún así no entendemos el misterio interno que encierra la electricidad. Este, cuando se descubra, nos conducirá hacia un control de la luz misma.

La electricidad tiene estos distintos niveles: el fuego eléctrico del Sol Central Espiritual; el fuego eléctrico (fuego solar) del Corazón del Sol; y el fuego-por-fricción eléctrico del sol físico. En cada uno de ellos subyace un gran misterio. En el centro de ese misterio se encuentra la naturaleza de la luz y por tanto la naturaleza de la vida misma. La humanidad se está acercando a un punto donde empezará, bajo el estímulo de los Maestros, a investigar la naturaleza de la vida, manifestándose como la luz del sol. Se nos ha dicho que Maitreya introducirá con el tiempo una nueva tecnología, la Tecnología de la Luz. Esto nos permitirá entender y utilizar los secretos ocultos en la naturaleza de la electricidad.

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