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Las Leyes que gobiernan la
reencarnación por Benjamin Creme El factor importante en relación con el proceso de la encarnación es que nosotros encarnamos, no individualmente, sino en grupos. Si bien, por supuesto, la encarnación individual tiene lugar, es sólo accesoria al acontecimiento más grande del renacimiento grupal. El renacimiento grupal se desarrolla cíclicamente, según ciertas leyes que gobiernan la manifestación de las energías o Rayos y conectan también con el punto de evolución de los grupos implicados. Frecuentemente se plantea la pregunta sobre el período de tiempo entre encarnaciones y una gran cantidad de información ha sido publicada sobre esto, mucha de ella errónea y necesariamente especulativa. El hecho es que hay enormes diferencias en la duración de los períodos fuera de la manifestación física, tanto de los individuos como de los grupos. Algunas almas tienen un ciclo extraordinariamente rápido de encarnaciones y pralayas, mientras que otras pasan eones entre cada experiencia de encarnación y la siguiente. No hay un tiempo 'promedio' (recordando siempre que estamos hablando sobre el tiempo del plano físico; fuera del cerebro físico el tiempo no existe). Sin embargo, es posible dar una imagen generalizada que (con muchas variaciones) explica el modelo de encarnación de los tres grupos principales dentro de la humanidad bajo el impacto de tres Leyes. La Ley de Evolución Las masas humanas están hoy en gran parte focalizadas en el vehículo emocional-astral – su conciencia es todavía principalmente la de la Atlántida o cuarta raza raíz, cuyo objetivo evolutivo era la perfección del cuerpo astral. Muchos millones actualmente en encarnación fueron parte de la raza de la Atlántida y todavía ponen de manifiesto poderosamente las tendencias emocionales de esa raza. Para ellos, los menos avanzados, el período fuera de la encarnación es por lo general corto. Siendo 'jóvenes', como egos, todavía tienen mucho que aprender y son atraídos magnéticamente hacia la vida del plano físico por las formas mentales que las ata al plano de la tierra y por el flujo y reflujo kármico que se ha originado en la tierra. Ellos mismos no tienen mucho que decir en lo tocante a este tema, pero, bajo la Ley de Evolución, son empujados cíclicamente, una y otra vez a encarnar, aprender, experimentar por ensayo-error, dolor y sufrimiento y con el tiempo elegir libremente: el retorno consciente desde la materia de vuelta hacia el espíritu y la liberación. Aquellos que están algo más evolucionados tienden a permanecer durante un período de tiempo más largo fuera de la encarnación, debido al hecho de que no han creado vínculos terrenales tan fuertes y son más flexibles, más libres, con mayor enfoque mental. También, necesitan más tiempo para absorber y asimilar (a causa de su más rica experiencia de la personalidad) lo que sólo puede ser adquirido e integrado en los planos superiores, fuera de la encarnación. Como ya he dicho, los egos más evolucionados pasan un período de 'tiempo' más largo o más corto en pralaya, un estado de existencia entre la muerte y el renacimiento en el que no hay impulso para encarnar otra vez. Allí, el alma, desprovista de sus vehículos, físico, astral y mental, permanece en un estado de dicha sin fin. Pralaya, o la experiencia en devachan, corresponde a la idea cristiana de paraíso. Allí estas almas esperarán, algunas durante cortos periodos, algunas durante innumerables eras, hasta que surge la necesidad de la presencia de ese grupo particular en el plano físico. Todas las almas están en una u otra de las siete corrientes de energía – los siete rayos – y según la medida que estos rayos entran en manifestación, así lo hacen también los grupos de almas de estos rayos. Estos egos más avanzados no vienen individualmente, ni son arrastrados ciegamente bajo la Ley de Evolución tal como son sus hermanos menos avanzados. Encarnan bajo la ley grupal para un determinado propósito, bajo la influencia de la energía de un rayo específico y en relación con algún aspecto del Plan. Cada generación trae a la encarnación un grupo equipado con el conocimiento y la capacidad para enfrentarse más o menos con los problemas de ese período. De esta forma, el Plan se desarrolla y revela gradualmente por medio del trabajo de los sucesivos grupos que encarnan una y otra vez, grupos que bien pueden desaparecer de la encarnación durante eones al final de una era. Los Rayos Nunca hay más de cuatro rayos en manifestación en un tiempo dado, así que en cualquier período podemos ver cuatro tipo de rayos diferentes en encarnación. Por ejemplo, la mayoría de los individuos actualmente en encarnación son almas de los rayos 2º, 3º, 5º y 6º. El 6º rayo de la Devoción o Idealismo abstracto está saliendo rápidamente de manifestación, de manera que las almas de 6º rayo saldrán también gradualmente fuera de la vida del plano físico y entrarán en pralaya hasta que sean requeridas nuevamente. Un número creciente de almas de 7º rayo renacerán durante el siguiente período de 2.000 años, porque el 7º rayo de Orden Ceremonial predominará durante la era venidera. Estos grupos llegan a ser canales para y exponentes de, la energía del rayo particular y así pueden trabajar fácilmente en respuesta a su estímulo. La Ley de Servicio Hay otro grupo que se encarna muy rápidamente: los individuos más avanzados, los discípulos e iniciados. Ni la Ley de la Evolución ni la Ley Grupal gobierna su retorno, sino otra ley los empuja a renacer: la Ley de Servicio. Ellos eligen conscientemente encarnar por su propio libre albedrío. Porque conocen y desean servir al Plan, deciden, bajo la dirección de su propio Maestro personal, cómo pueden servir mejor. Sin embargo porque son iniciados, el Maestro, que conoce el sendero que los conducirá a su objetivo, los vigila y aconseja cuando deberían volver a determinados entornos y circunstancias. El iniciado también querrá volver entonces para continuar desde donde él o ella lo dejó, para ser de más utilidad. Repetida y rápidamente regresan a la encarnación para completar las últimas etapas del Sendero de Iniciación. La finalidad del iniciado es agotar rápidamente el karma y así llegar a estar libre y equipado para el servicio. El alma impresiona en su vehículo este deseo durante la encarnación y así evita cualquier deseo del discípulo por la dicha del pralaya en el devachan. Otra razón para explicar los ciclos rápidos de la encarnación podría ser la necesidad de 'completar' el equipamiento del discípulo concentrándose únicamente durante varias vidas en adquirir alguna cualidad que de otra manera seguiría careciendo, o para aportar alguna cualidad especial, perfectamente desarrollada en él, al trabajo de un grupo o nación particular. Todas las almas encarnan y reencarnan bajo la Ley de Renacimiento. Grupos de almas vienen juntos para expiar el karma creado en el pasado. En consecuencia, esta ley proporciona la oportunidad de pagar deudas antiguas, reconocer y trabajar con viejos amigos, aceptar antiguas responsabilidades y obligaciones y traer a la superficie para reutilizar actitudes y cualidades adquiridas hace mucho tiempo. ¡Qué belleza y orden hay, por lo tanto, en esta ley que gobierna nuestra aparición en este plano! Para resumir, podemos decir que la reencarnación depende del destino particular del individuo. Si él o ella no está suficientemente desarrollado todavía no hay destino; el individuo es sencillamente atraído de nuevo a la encarnación. Cuando el hombre o mujer ha progresado algo más, su destino llega a ser un destino grupal. En el caso de un discípulo o iniciado, sin embargo, los ciclos de encarnación son gobernados por el destino individual y sobre todo, por el deseo de servir. (Revista Share International
− Diciembre 1982) |
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Maitreya
- el Instructor del Mundo |