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Crecimiento espiritual

 

Extracto de la sección "Preguntas y Respuestas" del discurso de B. Creme: La Superación del Temor

El Ser y la meditación

por Benjamin Creme

La meditación es el resultado de la conciencia despierta del Ser. La verdadera meditación es vivir en el estado de conciencia despierta del Ser. Es una experiencia, momento a momento, de lo que es; y lo que es, es el Ser.

Si te sientas a meditar con el fin de llegar al Ser, nunca llegarás al Ser. Podrías llegar a todo tipo de experiencias interesantes, pero no al Ser. O bien eres consciente del Ser y vives en la experiencia del Ser, o no lo estás; es una cosa o la otra. Y cuando algo es totalmente relativo, es relativo, y esa relatividad es la ilusión bajo la cual todos vivimos. La gente aprende a realizar toda suerte de técnicas meditativas formales, asanas, prácticas yóguicas, etc., que le dan todo tipo de experiencias, pero estas experiencias son psíquicas, no son el Ser. Todo lo que necesitas es la experiencia directa del Ser, y entonces estás en meditación. La meditación creo que es la experiencia directa de lo que es – eso es lo que es el Ser – sin la intrusión de nada más, sin que ni un solo pensamiento se interponga entre tú y esa experiencia.

La meditación, como ejercicio formal, no es verdadera meditación. Puede ser concentración o contemplación, puede conceder la iluminación, pero no es, estrictamente hablando, meditación en el sentido de conciencia despierta ininterrumpida del Ser. La meditación es el resultado de la conciencia despierta del Ser, y no hay nada formal en eso. Es realmente un modo de mirar a lo que es, y cuando miras lo que es, tal como es, estás meditando.

Si realmente haces meditación, quiero decir en el sentido más profundo de la palabra, en un continuo estado de conciencia despierta, llegas a realizar que no existes en absoluto. Decir eso suena temible, inquietante, de modo que la gente no lo hace. Es aterrador para algunas personas incluso considerar la idea de que en realidad no existen, de que todo lo que ven, todo lo que experimentan, es realmente una ilusión, un sueño, un juego de sombras, tan real, en sí mismo, como lo son nuestros sueños cuando despertamos. Toda esa fantasmagoría, todos esos sucesos extraordinarios, esas personas con las que hablamos tan maravillosamente, todas las maravillas que ocurren en nuestros sueños, desaparecen en un instante tan pronto como despertamos. ¿Adónde han ido? No van a ninguna parte, puesto que no existen. Son una pura sucesión de formas mentales que hemos creado. Eso es lo que es el mundo, eso es lo que eres 'tú'. Tu sentido de 'yo' es un manojo de formas mentales que comenzaron cuando eras un bebé, que has ido añadiendo a través de cada experiencia, de cada acción, de cada creencia, de todo lo que se te ha dicho o has leído; todo lo que te ha ocurrido alguna vez ha erigido en tu conciencia de vigilia una imagen de ti mismo, que llevas a todas partes pensando que eres tú. No es real. Es sólo una forma mental. Ya no eres la persona que estaba sentada en el cochecito para bebés, que fue a la escuela. Ya no eres la persona que obtuvo el primer trabajo, consiguió un aumento a los 25 y fue despedida a los 30. Ya no eres estas personas. Nada de lo que puedas decir constituye una persona sólida cuyas piezas se hubieran reunido como resultado de todas aquellas experiencias. Esto es simplemente una imagen, y una imagen es una forma mental. Construimos una imagen de nosotros mismos, y luego la proyectamos a todas partes, la convertimos en un foco para la comparación con cualquier cosa y con cualquier persona: ¿cómo me relaciono yo, (mi imagen de mí), con esa imagen que tengo de él o de ella? Pienso que son mejor que yo. Ahí comienza el temor.

Si puedes dejar marchar esa imagen, esto, creo yo, es lo que tienes que hacer. Tienes que aprender a no ser, porque no eres. Si puedes aceptar ese hecho, si puedes mirarte a ti mismo y pensar claramente sobre la realidad o la irrealidad de esa imagen de ti mismo, cómo es que se ha producido mediante la reunión de recuerdos, eso es todo lo que 'tú' eres, un manojo de recuerdos, recuerdos de cuando estabas en la escuela, de cuando te casaste, de cuando llegó tu primer hijo, de cuando creció. Todo esto son recuerdos que se registran en tu memoria. ¿Eres los recuerdos? ¿Por qué asustarse si sólo eres recuerdos? ¿Cómo pueden asustarse los recuerdos? Pero si te identificas con los recuerdos, con la memoria, entonces eres los recuerdos. Si te identificas con el temor, eres el temor. De manera que lo que tienes que hacer es reconocer que en realidad estás mirando a algo que no esta ahí. No estoy aquí. No existo. De manera que, ¿qué hay ahí? Este es el comienzo de la meditación.

¿Qué es lo que existe si yo no existo? ¿Hay una forma de mirar lo que existe sin introducir esta memoria, que yo pensaba que existía, pero que ahora he visto que no existe, y puedo mirar eso que existe de forma que no trate de alargarlo, de prolongarlo, de mantenerlo, de mantenerme seguro en ello, sino simplemente mirarlo tal y como es? ¿Puedo ser sutil?, porque eso necesita sutileza; sutileza y energía, se necesitan ambos.

Se necesita la sutileza para reconocer el movimiento de la mente que todo el tiempo está tratando de devolverte a la identificación con ese pensamiento y el siguiente, etc. De modo que has de ser muy sutil y reconocer que ese pensamiento no eres tú. El pensamiento es un mecanismo por el que damos forma a las ideas creadas por la mente. Pero nosotros no somos la mente; la mente es sólo un vehículo. Un vehículo, ¿para qué? El asunto es descubrir qué es eso, y sólo puedes hacerlo experimentándolo. No es algo de lo que puedas hablar, pero puedes experimentarlo, y cuando lo experimentas, cuando te permites a ti mismo no ser, cuando estás listo para morir, para abandonar esta tensión que crees ser tu mismo – y que es simplemente el deseo de este confort, de ese logro, de esa experiencia, de ese placer; eludir ese dolor, ese temor, eso es todo lo que estamos haciendo – tan pronto como permitimos que todo eso caiga y nos quedamos simplemente tranquilos y quietos, repentinamente nos llenamos de amor, de la naturaleza de nuestro propio Ser. Ese Ser nos ilumina y vemos que eso es todo lo que hay. No hay nada más. No existimos separados de Eso. Es amor – puedes llamarlo como quieras, amor, alegría, beatitud, es la naturaleza de la realidad – y somos cada uno de nosotros Eso, eternamente, momento a momento, con tal de que moremos allí, pero hemos de morar en Ello.

¿Cómo moras en Ello? Moras en Ello muriendo a lo que no es Ello. Estate preparado para morir a todo lo demás, a todo lo que piensas que quieres, anhelas, ansías, aspiras, suéltalo todo, y verás que cuando lo haces ocurre algo extraordinario. Ves que tu eres todo, todo lo que hay. Si miras a tu alrededor ves gente, el cielo, árboles, arbustos, casas, pero tú has desaparecido como una forma separada. Eso es lo que tú eres. YO SOY ESO. El gran movimiento lento de la sinfonía coral de Beethoven habla de Eso. Incluso lo deletrea: YO SOY ESO, YO SOY ESO. Ese movimiento habla de la naturaleza del amor, del cosmos, de Beethoven, de todo Ser. Debes ser capaz de morir a lo que no eres. Abandónalo. Suéltalo. No pidas absolutamente nada de la vida, ningún logro, ningún anhelo, ningún placer, ninguna evitación del dolor, y cuando haces esto la mente se aleja y se eleva, y ves que todo Eso eres tú, y que Eso es todo lo que hay. Tu no estás separado. La separación es una ilusión, y sentirás temor mientras te identifiques a ti mismo como separado de Eso. No hay nada sino Eso que es todo, que está en un grano de arena, que es enorme, inmenso, infinito; tiene forma y no la tiene, y desde ese nivel todo lo que está sucediendo aquí es un sueño, un juego; Dios jugando, creando. Pensamos que es real. No lo es, ni por un segundo. Lo hacemos real, y por eso sufrimos. Nuestro sufrimiento es el resultado de nuestro deseo. Así de simple. Si abandonáramos el sufrimiento y el dolor, si abandonáramos, en un momento, todos los tipos de temor, dejaríamos de desear, porque el temor, la angustia, el dolor, todo eso, es el resultado directo de nuestro deseo. El principio del deseo o nos gobierna, o no nos gobierna, eso ya es cosa nuestra.

¿Quién usa la mente?, ésa es la pregunta que hay que hacerse. ¿Quién usa el cuerpo astral, quién usa el cuerpo físico? Los usa aquello que llamamos el Ser, la divinidad, que se manifiesta a través de estos vehículos, y el pensamiento es simplemente uno de sus mecanismos. Es el agente de la mente, gracias al cual aquello que no es la mente puede experimentar el movimiento de la vida, el devenir de sí mismo a ese nivel. Ese devenir no es Ser, sino su devenir, en tiempo y en espacio.

Esa es la limitación del pensamiento, esa es la razón por la cual has de ir más allá del pensamiento para conocer lo que está más allá del tiempo y el espacio. Entonces eliminas el tiempo. Experimentas que no hay tiempo, que no hay yo. Desaparecemos en Eso, y no obstante tenemos conciencia total, pero el sentido separado del 'yo', esta imagen que es simplemente una forma mental construida por la memoria durante incontables años, desaparece totalmente. Somos las nubes, otras personas, los árboles, todo, pero no somos nada, porque tampoco todo eso existe, porque sólo son una imagen en un espejo, que atraviesa en descenso los planos, imagen gracias a la cual Eso que es –lo único que es– proyecta una sombra en el plano físico. Vista desde el punto de vista del Ser, esa sombra es tan fina como un papel, como una imagen en una pantalla. Parece real, igual que una figura en una pantalla parece real, pero sabemos que se trata únicamente de una proyección de la luz.

(Revista Share International − Enero/Febrerp 1990)
 

 

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