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Archivos - Desarrollo espiritual

 
Título El Antahkarana (1)
Fuente Revista Share International- Enero/Febrero 1994
Autor Benjamin Creme
Notas Una exposición sobre el "puente de luz" que construye el hombre/mujer en encarnación entre el ser inferior y el ser superior como parte de la evolución espiritual.

El Antahkarana

(  Parte 1  )

La ciencia del Antahkarana es probablemente la ciencia más importante del futuro pero esta charla no pretende cubrir todo el tema del Antahkarana ni la ciencia de su uso.

Esta es una ciencia que es, todavía, desconocida para la humanidad pero que será la ciencia de la mente en la Nueva Era, la ciencia de construir el puente entre el hombre inferior y el superior, y también otros puentes: entre los miembros de la raza humana en su conjunto; entre un Centro –la Humanidad– y otro, la Jerarquía; entre la Jerarquía y Shamballa; entre la Humanidad, a través de la Jerarquía, y Shamballa; y entre este planeta y otros planetas, este sistema solar y otros sistemas solares. Todos estos puentes y conexiones son el resultado del uso correcto de la ciencia del Antahkarana, que será el principal campo de educación para la humanidad en la era entrante.

Alice A. Bailey

El mejor método para estudiar el Antahkarana es leer las Enseñanzas de Alice Bailey, en particular el libro Educación en la Nueva Era, y más referencias en Los Rayos y las Iniciaciones. Uno no obtendrá de esta charla ni de las enseñanzas de Alice Bailey la técnica de la ciencia del Antahkarana. Esto es algo, que en lo que concierne a la humanidad en su conjunto, yace en el futuro. Es un proceso gradual de iluminación para la humanidad, pero será la ciencia principal –la ciencia del desarrollo como raza y de realizar las conexiones internas, (que por supuesto ya existen pero tienen que ser conscientemente construidas por el hombre o la mujer en encamación), para tejer el hilo de retorno a la fuente de donde originariamente provenimos. Es realmente la ciencia del Sendero de Retomo.

Durante largo tiempo, el alma en su propio plano observa a su reflejo, el hombre o la mujer en el plano físico, y no ve la manera de intervenir en su desarrollo. Poca cosa puede el alma hacer excepto crear un cuerpo, darle su estructura física, astral y mental, y dejarle que prosiga con su tarea de evolucionar.

Finalmente, llega una vida –una serie de vidas de hecho– en la que el alma ve que su reflejo, el hombre o la mujer, está empezando a responder a la influencia de la energía que conecta el alma con su reflejo, y el proceso de infusión del alma comienza.

Cada individuo tiene realmente una constitución triple: la Mónada, o chispa de Dios, el Ser impersonal que se refleja en el plano del alma como el alma humana individualizada o ego. El alma de nuevo se refleja en el plano físico denso como el hombre o la mujer en encarnación. Ese es el "camino descendente", el proceso por el cual el espíritu se relaciona con su polo opuesto, la substancia. Cuando el aspecto espíritu o vida y el aspecto materia se unen nace un tercer aspecto, la consciencia. El "Antahkarana" es, sobretodo, el hilo de la consciencia. Es el resultado de la interacción de la vida con la forma, con la substancia, con la materia; eso produce algo totalmente diferente. Le llamamos "consciencia". También podemos llamarle "el Principio Crístico". Es el proceso de la evolución misma.

Aquellos que estudian antropología, la historia de la evolución en el plano físico –la evolución de las formas– saben que al principio había grandes océanos rebosantes de vida, nada en la tierra, y entonces algunos de los animales más evolucionados –peces, reptiles de todas clases– fueron a la tierra y se convirtieron en los primeros reptiles y mamíferos. Gradualmente, evolucionaron en un tipo prehumano que finalmente se convirtió en el hombre animal primitivo, separándose del reino animal. Con un germen de mente –que podía llegar a ser el núcleo de un cuerpo mental– finalmente formado, surgió la raza humana. Esto es denegado por los cristianos fundamentalistas y otros grupos religiosos ortodoxos que niegan la realidad de la teoría de la evolución de Darwin, pero los esoteristas lo aceptan como un relato más o menos preciso del crecimiento de la forma, la evolución de la forma, en este planeta. Esto no nos atañe; lo que nos atañe, como seres humanos evolucionando de regreso hacia nuestro origen, no es la evolución de la forma –que ha llegado más o menos a la perfección (aunque aún quedan algunos pequeños ajustes y mejoras por hacer) sino la evolución de la consciencia. La evolución de la consciencia es la base por la que llegamos a ser conscientes de nosotros mismos y de nuestro entorno, y creamos conjuntamente la evolución de la raza humana. 

El descenso de la Mónada al alma y del alma a la personalidad tiene que rehacerse en sentido inverso. El triple hombre –físico, astral y mental– tiene que encontrar su camino de retorno a través de un proceso de alineamiento, primero con el alma y luego, a través de la tríada espiritual –el reflejo de la Mónada– con la Mónada misma: el triple Ser monádico. Ese viaje de retorno o el proceso por el cual este viaje se realiza, es a través de la creación, el gradual desarrollo y la construcción, del Antahkarana. Este es un proceso consciente y sólo ocurre por etapas. Así como el proceso descendente ha sido lento, durante millones de años, así también el proceso de regreso puede ser largo y duradero, y para la vasta mayoría de la humanidad así lo es.

Estamos en el segundo de un triple sistema solar. En otras palabras, este sistema solar es la segunda encarnación o manifestación del gran Hombre Celestial que llamamos el Logos Solar que tiene un Plan para la evolución de todas las formas en el sistema solar.

El primer sistema solar expresó a través de la materia la substancia. La cualidad de la inteligencia activa. Estuvo vinculado, principalmente, con la creación inteligente de las formas. Estamos en la segunda de esta triple expresión en la cual la cualidad del alma –el aspecto amor o consciencia– del Logos está en proceso de ser expresado. El Antahkarana Solar está siendo construido por el Logos Solar y por todas las formas, tanto si lo saben como si no, que han evolucionado del primer sistema solar y que están creando ahora el puente entre aquel sistema y este y, finalmente, entre este sistema y el próximo. El próximo sistema solar estará vinculado con el aspecto Voluntad, el aspecto Monádico, del Logos Solar. Cuando se construye el puente correcto entre estas tres expresiones, el Antahkarana Solar se completa. Esto Llevará a la culminación del Plan del Logos Solar en su triple expresión.

Cada sistema solar crea un cuerpo de expresión a un nivel más elevado que el anterior. El primero –relacionado con la forma, con la substancia– es, por supuesto, preparatorio para la expresión del alma. Es el alma, en todas las formas, que se encarna. Descendiendo en la forma, el alma –en realidad la Mónada, el aspecto espíritu, a través del alma– comienza un proceso de redención del alma en la forma. Comienza a espiritualizar la substancia; el propósito subyacente de nuestra experiencia en encarnación es, precisamente, espiritualizar la substancia de este sistema solar en particular. Cuando hayamos tomado la substancia –las formas creadas en el sistema solar anterior– y la hayamos energetizado con la energía del alma, el aspecto consciencia, en este sistema solar, la elevaremos, la redimiremos, aumentaremos su vibración y la llevaremos a un nivel en el cual la Voluntad, el aspecto Propósito de Dios (en términos de nuestro Logos Solar), pueda ser expresada.

En este sistema solar actual Dios es Amor, Amor es el aspecto del alma, Voluntad del nivel Atmico del ser. En el próximo sistema solar, Dios será Voluntad y Propósito. Nosotros estamos todos, como microcosmos, evolucionando exactamente de la misma forma que el macrocosmos, nuestro Logos Solar a través de su triple expresión, elabora su Plan de evolución en cada reino y en cada planeta.

Al encarnarnos, por lo tanto, estamos realizando algo bastante extraordinario, algo mucho más grande de lo que nosotros, como individuos, podríamos darnos cuenta. Pero tan pronto como descubrimos la interconexión entre el microcosmos y el macrocosmos, se profundiza nuestro sentido del propósito –el sentido de la realidad– en la vida, y es también un estímulo para concentrarnos más, y para construir una línea de ascenso directa entre este nivel bajo (porque eso es lo que es) de expresión de la Deidad y alinearlo con el propósito subyacente de la Deidad para su perfeccionamiento.

La energía de cada sistema solar se eleva y se convierte en la base para el nuevo sistema, de la misma manera que en nuestra experiencia encarnados cada encarnación crea una expresión a través de los vehículos hasta una vibración determinada. Esta vibración se mantiene exactamente en el punto que alcanzamos al morir.

Existen tres 'átomos permanentes' alrededor de los cuales se forman los nuevos cuerpos físico, astral y mental. Estos átomos permanentes vibran exactamente a la misma frecuencia alcanzada en esa vida anterior, y podemos comprender, por lo tanto, como el nivel vibracional alcanzado es el grado en que hemos perfeccionado o espiritualizado la materia. El alma infunde la materia de los tres cuerpos con su energía y así salva, redime, esa materia. Aumenta su vibración a un nivel siempre más elevado hasta que llega un punto en que el alma se refleja a sí misma, directamente, a través de la personalidad. Así es como nos volvemos divinos. Lo hacemos elevando la vibración de la substancia de los tres cuerpos hasta el punto en que el Hombre Divino, el alma en su propio plano, puede reflejarse relativamente pura a través de su reflejo, el hombre o la mujer en el plano físico. Ese es el proceso evolutivo, de retorno; la técnica del cual es la ciencia del Antahkarana.

Sutratma

Hay dos hilos principales que conectan la Mónada, a través del alma, con el hombre o la mujer en encarnación. Uno, el Sutratma, el hilo de vida, está anclado en el corazón. Viene directamente de la Mónada, se refleja en el alma, y se fija en el centro del corazón en el lado derecho del cuerpo. Es reflejado a través de ese centro etérico al corazón físico y dentro del flujo sanguíneo, que, como se sabe es la corriente purificadora que lleva la energía de la vida a todo el cuerpo. Mientras la sangre vital es impulsada correctamente a través del cuerpo y se mantiene libre de venenos, el cuerpo físico manifiesta toda su habilidad y exactitud de movimiento y expresión. Asimismo, el cuerpo de enlace, el cuerpo astral-emocional y el cuerpo mental dependen del hilo de vida, el Sutratma, para su existencia y correcto funcionamiento. Hay otro hilo llamado, en realidad, el Antahkarana. Este hilo está anclado en el centro de la cabeza, y a través de estos dos hilos la triple expresión –Mónada, alma y el hombre o la mujer en el plano físico– viven sus vidas. Estos dos hilos informan de todo esto y en una corriente descendente, unen las distancias entre, primero, la Mónada y el alma, y segundo entre el alma y su reflejo, el hombre o la mujer en el plano físico.

Finalmente, un tercer hilo es construido por el hombre o la mujer mismo/misma a través de la interacción de la energía del alma y luego la energía monádica, a través del aparato físico: el hilo de la creatividad. Estos tres hilos unidos entre sí finalmente producen el puente entre los tres niveles de existencia.

La futura ciencia del Antahkarana estará vinculada con esto, el sendero de retorno. Esta será la educación de la Nueva Era. Los individuos serán reconocidos por lo que son, almas en encarnación; se determinará y conocerá su punto de evolución y su estructura de rayos; a través de esta ciencia se unirán las distancias entre los varios niveles de nuestro ser. Esto es solamente posible ahora que la raza humana ha alcanzado el presente estado y por supuesto, por el retorno al mundo cotidiano de los únicos seres en el mundo que realmente conocen esta ciencia: los Maestros.

Puesto que los Maestros regresan esta será una ciencia exotérica. Todos los niños desde la edad temprana hasta los 28, finalmente pasarán por este proceso de educación en la ciencia de la Vida –la ciencia de construir el canal, o sendero de retorno. Me gustaría aquí mostrar la unidad intrínseca de método y de enfoque de algunos términos.

El Antahkarana es el puente construido –primero de materia mental y luego de luz– sucesivamente por el aspirante, el discípulo y el iniciado, que están evolucionando. Durante cierto tiempo la conexión entre el hombre y la mujer y el plano del alma se desarrolla por el control de la mentalización, la energía del cuerpo mental. Esto pone bajo control al cuerpo mental y las estructuras-pensamiento crean un puente. El Antahkarana es, por lo tanto, en primer lugar un puente que conecta al hombre inferior, la mente inferior, con el alma, y luego la mente inferior, a través del alma, con la mente superior que es el aspecto más bajo de la Tríada Espiritual. Esta es Alma, Buddhi y Manas –el reflejo en el plano del alma de la triple Mónada, o chispa de Dios.

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