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BC: El trabajo de Madame Blavatsky fue exteriorizado en el sentido de que la Sociedad Teosófica fue creada, tenía subgrupos y se extendió por todo el mundo; todavía prosigue. La sede está en la India, pero la sociedad está en Norteamérica, el Reino Unido, en toda Europa, etc. Existen grupos casi en todas partes del mundo. Ese es un aspecto de ello, pero el público en general realmente no fue contactado. Muy rara vez sintonizarás un programa de televisión o de radio y oirás sobre la Teosofía –sería un suceso muy raro. Al igual con Alice Bailey: ella inició la Escuela Arcana, y se formaron grupos que se reunían, quizás, una vez al año en una reunión para todos los miembros pero, nuevamente, no eran grupos trabajando, sino individuos, incluso se formaban pequeños grupos, grupos de discusión, etc. El movimiento de Triángulos fue para formar grupos minúsculos de sólo tres personas. La parte externa del trabajo de Lucis Trust fue publicar y difundir la literatura. Nuestro trabajo fue diferente. Estábamos realizando conscientemente el contacto inicial con el público, con la humanidad normal y corriente, a través de la radio, la televisión, los libros, las revistas, y con cualquier medio a nuestro alcance, de que los Maestros de Sabiduría estaban regresando al mundo, y que finalmente desde 1977, el Maestro de todos los Maestros, Maitreya mismo, estaba en el mundo, en Londres, Inglaterra, y ayudaba, detrás de la escena, a transformar el mundo. Así que era un tipo de trabajo muy diferente –un trabajo que yo nunca había realizado antes. Yo era la más reservada de las personas reservadas. Como sabéis soy artista, siempre fui artista, desde que tenía 13 años, y todo mi trabajo fue reservado. Pasaba el día solo pintando, nunca saldría por televisión o por radio, nunca se me hubiera ocurrido hacerlo. Así que significó una transformación total de mi vida, intentar hacer conocer el hecho de la Jerarquía, y el hecho de la presencia del Cristo en el mundo. No sabía cómo empezar. El Maestro dijo: “Escribe a grupos”. Le dije: “¿Qué grupos?” Él contestó: “¡Cualquier grupo!” Conseguí un folleto que tenía los nombres de unos 40 grupos (no conocía a ninguno), y les escribí ofreciendo mis servicios como conferenciante sobre las enseñanzas de Alice Bailey. P: ¿Grupos Nueva Era? BC: Eran de todo tipo, no todos Nueva Era, pero la mayoría lo eran. Tuve unas seis respuestas de las 40 cartas. Tres de ellas decían, le agradecemos mucho, tenemos nuestros propios conferenciantes, o tenemos una lista y estamos comprometidos para los próximos dos años pero si lo desea estaremos contentos de poner su nombre en la lista para dentro de dos años. Recibí respuesta de tres pequeños grupos nuevos. Ellos organizaron charlas, así que comencé en 1975. La primera la organicé yo en una sala de una iglesia cerca de dónde yo vivía y unas 40 personas asistieron de todo Londres. Presentó la información a muchas personas y algunas formaron Grupos de Transmisión, así que tuvo bastante éxito. Reservé espacio para charlas en centros cívicos en todo Londres. Impartí conferencias, las anuncié, y así crecieron. Mi primera charla en el extranjero sucedió debido a una extraordinaria coincidencia. Teníamos un stand en el primer Festival para el Cuerpo y la Mente. No éramos conscientes de cómo presentar la información, no teníamos folletos, pero teníamos la Meditación de Transmisión. Llevamos el Tetraedro, el instrumento transmisor, y fue un éxito fantástico. Realizábamos Meditaciones de Transmisión en espacio de pocas horas, tanto es así que las personas bloqueaban los pasillos entre los stand y fuimos advertidos varias veces por los organizadores, pero el público estaba fascinado. Vinieron cientos de personas, sostuvieron los alambres del Tetraedro, sintieron las energías, o imaginaron que sintieron las energías, o no sintieron las energías –cualquiera que fuera su respuesta al ver el Tetraedro, porque pensaban que era de allí de donde venían la energías. No lo era –venían de nosotros hasta el Tetraedro, y luego desde el Tetraedro hacia el mundo. P: ¿Les fascinó? BC: Sí. Era científico, algo que nunca habían visto antes, oro y plata, y cristal, y campo magnético y una forma curiosa. Teníamos una introducción a la ‘historia’, de unas 16 páginas, y Sir George Trevelyan, que me había escuchado en varias ocasiones y pensó que la información era muy interesante, hizo copias en los folletos que la Wrekin Trust utilizaba en una multicopista Roneo, en rosa o violeta chillones. Eso era todo lo que teníamos, quizás unas 500 copias de un resumen de la Reaparición del Cristo y los Maestros de Sabiduría. Un hombre de Holanda compró uno. Cobrábamos 30 peniques antiguos. Era lo único que teníamos para que las personas leyeran y para vender. (También teníamos folletos gratuitos.) Él se llevo uno de estos folletos de vuelta a Holanda, y lo entregó a la biblioteca Cosmos que está ubicada en una de esas mansiones inmensas construidas por los mercaderes de Amsterdam del siglo xvii. Tenían una gran sala en la parte alta del edificio con una capacidad de unas 150 personas, donde yo luego hablé más de una vez. Otro holandés que yo no conocía, Simon Vinkenoog, un poeta, y escritor sobre temas esotéricos, lo encontró allí. Escribió un artículo para una revista muy antigua esotérica, Bres, en Holanda. Como resultado, un hombre que vivía cerca de Amsterdam llamado August van Rossum leyó este artículo, y me telefoneó. “¡Esta es la información más extraordinaria que he leído jamás, esto es lo que he estado esperando durante 30 años!” dijo. Era un teósofo y un masón, y estaba esperando el regreso del Cristo. Le dije: “Bueno, ¡es cierto!” Él dijo: “Está escrito como si fuera verdad –¿Podría ir a verte?” Resultó ser una persona bella y maravillosa. Vino la misma noche de una de mis conferencias semanales. En esa época Maitreya estaba dando mensajes a través mío. Él dio 140 mensajes de esta manera en estas reuniones. Éste era el número 14. Creo que es el que finaliza con: “¿No podéis oír los tambores que os llaman hacia el futuro? ¿Podéis estar sordos a su estruendo?” P: ¿Cuándo tuvo lugar esto? BC: Maitreya vino a Londres en julio de 1977 y el primero de los Mensajes fue dado en septiembre del mismo año, y el Nº 14 sería probablemente en enero de 1978. Poco después fui a Holanda. Parecía que iba a Holanda cada pocos meses, quizás cinco veces al año, porque fue la primera gira fuera del Reino Unido. P: ¿Respondieron rápidamente? BC: Lo hicieron. En seguida había grupos de Meditación de Transmisión en toda Holanda, y los grupos crecieron, las personas estaban muy entusiasmadas, teníamos conferencias enormes. P: ¿Una vez tuvo una gran marcha? BC: Tuvimos una gran marcha a través de las calles de Amsterdam y asistieron 1.300 personas a la marcha y a la conferencia en el Concertgebouw –la famosa sala de conciertos de Amsterdam–, la mayor que tuvimos. Hubo una respuesta enorme, y asimilaron con mucha rapidez la idea de compartir, que ellos denominaban samen-delen – het kan: es posible compartir – puede hacerse. Luego las giras incluyeron a Bélgica, luego se extendieron a Alemania y Francia, y así sucesivamente, por toda Europa –Italia, Suiza, Eslovenia, Suecia y España. Entonces en 1979 el Maestro me dijo: “Prepárate para viajar lejos y ampliamente porque las invitaciones llegarán a raudales”. Mientras estaba en Amsterdam (fue, creo, en septiembre u octubre), tuve una llamada desde Los Angeles, de un hombre a quién no conocía, y que estaba organizando una gran conferencia y me preguntó si iría para ser uno de los conferenciantes. Le dije: “¿Cómo has oído de mí?” Él contestó: “Bueno, usted es famoso por aquí”. Nunca había estado allí. Él dijo: “Todos conocen su trabajo. Sus conferencias se graban en casetes y se encuentran en toda California”. Dije: “¿Cuántas personas esperas para la conferencia?” Él dijo: “Oh, quizás 3.000”. Le dije: “¡Vengo!” Fui el 1 de enero de 1980. Abandoné Londres con una temperatura de 3º y llegué a Los Angeles 11 horas después, y el sol estaba brillando, y caminé por el Sunset Boulevard y todas las tiendas estaban abiertas, y comí un helado, la temperatura era de 25º – pensé: “¡Esto es vida!” Mi llegada a Los Angeles por vez primera, el 1 de enero de 1980, fue muy agradable, soleada y con una cálida temperatura de 26 grados, algo increíble. Me hospedé en casa de un nuevo amigo que vivía en Hollywood en una casa que en su día perteneció, según me comentaron, a actores famosos de cine. Era Hollywood, Los Angeles, en su estado más puro y encantador. Prácticamente no había muebles, las habitaciones estaban decoradas con múltiples fotografías profesionales de gran tamaño. Por la noche, entrabas en una estancia y aplaudías dos veces para encender la luz. Una tarde pasé mucho rato sentado en el suelo junto a una señora que me contó, con absoluta seriedad, que cada año pasaba las vacaciones en Venus, viajando en unas pequeñas naves espaciales rojas enviadas especialmente para ella. La conferencia de tres días, a la que había sido invitado para intervenir y estar disponible al público, empezó inmediatamente después de mi llegada (el jet-lag todavía no se había inventado en aquella época remota). Durante tres días, de los que sólo dormí cuatro horas en total, no cesé de contestar preguntas. Jamás había visto ese afán de información. El entusiasmo y la respuesta eran extraordinarios. Mi primera ‘conferencia’ fue extraña y totalmente inesperada: subí al estrado y observé a la audiencia. Había varios cientos de personas allí sentadas, expectantes. Un hombre sentado en la primera fila a mi derecha estaba absorto leyendo el periódico, sin importarle nada más. Antes de que yo pudiera presentar la conferencia o incluso decir “buenas tardes”, fui adumbrado por Maitreya y miré al público inmerso en un absoluto silencio. La gente me miraba, como si estuviera en un trance, y vi muchos rostros que lloraban. Esto continuó durante 50 minutos aunque parecía estar fuera del tiempo, sin tiempo en absoluto. En cierto momento el caballero a mi derecha levantó la mirada y miró a su alrededor, no oyó nada, dobló su periódico y se marchó. Cuando el adumbramiento cesó, dije: “Bueno, se suponía que debía dar una conferencia, pero sólo nos quedan 10 minutos. ¿Qué sugerís que haga? Alguien contestó: “¿Puede responder a algunas preguntas?”, que es lo que hice en los 20 minutos siguientes, y en ellos expliqué la esencia de mi información sobre la Reaparición del Cristo. Este silenciosa presentación se repitió al cabo de unos meses en otra Conferencia de Florida, y durante muchos años eso ha sido la tónica (sólo que con una duración de media hora) en todas mis conferencias. Este adumbramiento es para muchas personas lo más convincente. Las energías liberadas durante el adumbramiento son tan potentes y producen una sensación tan profunda de bienestar que muchos se convencen de la realidad del “mensaje” solamente por ese motivo. Algunas personas son más o menos clarividentes y aseguran ver la luz del adumbramiento alrededor mío, que llena la estancia. Inmediatamente después de la conferencia, empezó una semana de conferencias en ciudades al norte y al sur de Los Angeles, entre San Diego y Santa Barbara, con un ritmo agotador de dos conferencias al día, aparte de los viajes. Sin duda alguna, ¡los estadounidenses hacen honor a su fama de trabajadores! Desde California viajé hasta Salt Lake City, Utah, e impartí una conferencia a los Mormones, me hospedé en casa de una encantadora familia Mormón, cuya madre de familia ya estaba totalmente convencida de la verdad de mi información. Después viajé a Colorado, con conferencias y Meditación de Transmisión en Denver y Boulder. Por alguna razón, a lo largo de los años, los medios de comunicación de Denver siempre se han mostrado especialmente interesados en mi ‘historia’ y era habitual tener cinco o seis entrevistas al día. Me acuerdo especialmente de una de esas entrevistas por sus extrañas consecuencias. Llegué con un amigo a la emisora de radio a las 11.30 de la noche, y era la quinta o sexta entrevista de ese día. El nombre del periodista era Berg, el estudio era del tamaño de un armario grande, con un letrero, pegado encima de un cenicero llenó de colillas de cigarrillos, que decía: “Gracias por no fumar”. El señor Berg fumaba continuamente, algo bastante desagradable en ese espacio tan pequeño. La entrevista empezó y se desarrolló a base de llamadas del publico, la mayoría de los cuales estaban muy interesados en el tema y formularon preguntas serias e inteligentes. El problema era que el señor Berg rara vez me permitía contestar una pregunta, sino que saltaba con sus comentarios ambiguos. Tanto yo como los oyentes nos quejamos de que no me dejara responder a las preguntas, pero él no paraba. Durante una pausa para anuncios, le dije que yo tenía mejores cosas que hacer, y le pedí que me dejara marchar a menos que me permitiera contestar. Él gruñó: “¡Salga antes de que algo peor le ocurra!” Nos marchamos e inmediatamente encendimos la radio del coche. El señor Berg decía a los oyentes cuán sorprendido estaba de que hubiera marchado, ahora que me dejaba paso para hablar. Resultó ser que el hombre había trabajado como abogado en Chicago, creo, y se había metido en algunos problemas, y había sido despedido o algo así, como les ocurre a los abogados que juegan doble con la mafia. Al cabo de una semana fue hallado muerto a las puertas de la emisora de radio, acribillado por las balas. Puedo asegurar a los lectores que este acto extremo no tenía nada que ver conmigo. De Denver viajé a Los Angeles, donde se formó el núcleo del primer grupo estadounidense, y se hicieron planes concretos para formar Tara Centre y publicar La Reaparición del Cristo y los Maestros de Sabiduría. Ya habíamos publicado el libro en Londres y yo llevaba conmigo una docena más o menos de libros, donde se vendieron rápidamente. Pasaron dos semanas inolvidables desde que llegué, y, como el incendio de un bosque, la información se propagó rápidamente por todo Estados Unidos, tanto es así que cuando regresé al cabo de unos meses la gira de conferencias me obligó a viajar casi por la mitad de ese enorme país. Se esperaba que fuera un viaje por la costa este, pero llevó desde Canadá (Montreal) al norte hasta Miami (Florida) al sur, desde Nueva York y Boston al este hasta Dallas (Texas) en el centro-oeste, y todas las ciudades entre medio. Impartí conferencias y meditaciones de transmisión en 17 ciudades en 21 días, aparte de muchas entrevistas por radio y televisión. Cuando enseñaba mi montón de billetes en los mostradores de check-in de los aeropuertos, la azafata decía: “¡Sí que viaja usted!” El interés fue extraordinario, la gente estaba emocionada y fascinada por la ‘historia’, aparte de estar sorprendentemente abiertos. Salvo por los fundamentalistas cristianos que encontraron mi noticia algo horrible. Me imagino que la mayoría de ellos la sigue encontrando así. (Continuará) |
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Maitreya
- el Instructor del Mundo |