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Archivos -
Actual crisis mundial
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La súbita desaparción de la economía neoliberal
Roberto Savio
Roma, Italia
El Consenso de Washington, la receta económica neoliberal que presumía
de ser universal y permanentemente válida, ha sido duramente censurado
por la actual recesión mundial junto con otras fórmulas "de talla
única".
El nombre "Consenso de Washington" fue otorgado en 1989 a una
convergencia de políticas económicas que el Fondo Monetario
Internacional (FMI), el Banco Mundial y el Tesoro de EEUU impusieron al
mundo como el nuevo modelo de desarrollo económico justo cuando caía el
Muro de Berlín. Las implicaciones políticas fueron profundas.
Numerosos estudios, incluyendo algunos del mismo Banco Mundial, han
demostrado de forma convincente cómo los programas de ajuste
estructural, el instrumento fundamental del Consenso de Washington,
causó graves daños a las economías más débiles y a los sectores más
vulnerables en todo el Tercer Mundo, aunque supuestamente eran los
principales beneficiarios.
La decisión de desmantelar el estado y su capacidad reguladora donde
fuera posible condujo a una reducción en todos los gastos sociales y a
su vez a deficiencias en sanidad y educación, la eliminación de las
redes de seguridad. Al mismo tiempo se abrieron las fronteras y todos
los aranceles cuyo objetivo era defender los productos nacionales fueron eliminados con la esperanza de que una mayor
inversión del sector privado extranjero llegaría una vez que el mercado
finalmente fuese libre.
El ex presidente de Tanzania, Benjamin Mkapa, resumió con precisión su
experiencia y la de muchos otros países: "Privatizamos todo lo que
tenía el estado. Todo fue comprado por capital extranjero porque no
teníamos capital nacional para competir. Las compañías extranjeras casi
siempre cerraron las empresas locales, que no eran competitivas,
transformándolas en distribuidoras de productos extranjeros y
aumentando el desempleo. Los expertos del Banco Mundial y del FMI
predijeron que esto sucedería, pero nos dijeron: ahora el influjo de
inversión extranjera conducirá a la creación de empresas nuevas,
competitivas y tecnológicamente avanzadas que proporcionarán los
cimientos para un desarrollo moderno y duradero. Nada de esto tuvo
lugar".
El Nobel de economía Joseph Stiglitz indicó en sus memorias de su
tiempo como vicepresidente y economista jefe del Banco Mundial cómo se
tomaban decisiones en base a un modelo económico abstracto sin ninguna
consideración a las realidades locales. El ex presidente de Haití,
Jean-Bertrand Aristide, encontró incompresible que las misiones de las
organizaciones financieras internacionales propusieran, como el modelo
económico para su muy pobre país, una industrialización estilo mexicano y la creación de
condiciones para "maquiladoras" o talleres de montaje, como aquellas en
la frontera entre México y EEUU, para que así Haití pudiera
beneficiarse de su proximidad con EEUU. En respuesta, Aristide
repetía: el desarrollo industrial sólo es posible después de un mínimo
de desarrollo educativo y de infraestructuras, para lo cual Haití
necesitaría ayuda económica, no préstamos.
En la historia de las teorías económicas y políticas, ninguna ha tenido
un ascenso tan rápido o un declive tan precipitado como la teoría
neoliberal del libre mercado como panacea y su cosmogonía política,
denominada globalización neoliberal, que fue fomentada por economistas
ávidos de actualizar sus antiguas teorías liberales, respondiendo al
desafío que la integración global suponía para los mercados.
Actualmente estamos presenciando una considerable rectificación de
muchos veteranos defensores de la invisible mano del mercado. Después
de Stiglitz, el más conocido es Jeffrey Sachs, arquitecto no sólo de
los más severos programas de ajuste estructural para Bolivia sino más
espectacularmente del brutal proceso de privatización de la economía
soviética, que condujo al nacimiento del salvaje capitalismo ruso.
Actualmente Sachs trabaja para Naciones Unidas y para el cumplimiento
de los Objetivos de Desarrollo del Milenio y resalta la importancia del
estado como un elemento esencial para la política social, educativa y
sanitaria y para la regulación del desarrollo económico.
El Banco Mundial también ha cambiado su actitud. Ahora insiste en el
papel central que debe desempeñar el estado, habiendo desperdiciado
una década apoyando financieramente su desaparición. Es extraordinario
cómo la elección del político Dominique Strauss-Kahn, como director
general del FMI, cuya percepción y visión son muy diferentes de los
miembros del mundo financiero tradicional, ha conducido al organismo a
un sorprendente proceso de cambio.
Por supuesto, se necesitó de una crisis casi tan masiva como la de
1929, con un impacto global en el empleo y el crecimiento, para inducir
a los predicadores de la globalización neoliberal a un cauto silencio.
Sus costes han sido demasiado masivos para ser ignorados.
Hemos visto una avalancha de recriminaciones, también procedentes de
aquellos que participaron en el fracaso. Así es ciertamente curioso ver
a Gordon Brown, que como ministro de economía, suprimió todas las trabas
para convertir a la City de Londres en el punto caliente para la
especulación financiera, anunciar el funeral del Consenso de Washington.
Mientras tanto, estamos lejos de lograr un nuevo consenso en un modelo
económico. El Nobel de economía Paul Krugman, un neo-keynesiano y
columnista de The New York Times,
escribe regularmente que con el tiempo se pondrán ciertos controles,
pero que eso no llegará a la raíz del problema. Lo que debe suceder es
esto: en base a nuestras experiencias, debemos dejar de creer en la
teoría del libre mercado y adoptar un sistema regulador que restituya
al ser humano y a lo social al centro de la economía y la sociedad.
(©IPS)
Roberto Savio
es fundador y presidente emérito de la agencia de noticias IPS.
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