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Actual crisis mundial
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Cómo romper el estancamiento sobre el clima
Por Gopal Dayaneni, Mateo Nube*
Un acuerdo climático debe tener
en cuenta la responsabilidad del mundo desarrollado por el casi 70 por
ciento de la contaminación de efecto invernadero y la necesidad de los
países en desarrollo de salir de la pobreza. Los primeros deben reducir
drásticamente las emisiones mientras los segundos dan un salto de rana
sobre la era industrial hacia la prosperidad de la energía limpia.
El camino hacia la justicia climática global
Para detener la crisis climática, vamos a tener que construir un mundo más justo.
Cualquier solución al cambio climático requerirá que todas las naciones
actúen juntas para reducir las emisiones globales. Pero el hecho es que
todos los países del mundo no están ingresando a un "futuro
post-carbono" en igualdad de condiciones. Los países pobres han tenido
el rol más pequeño en la creación de la crisis climática, y tienen
menos recursos disponibles para cambiar y adaptarse.
Las políticas sobre el clima que perseguimos tendrán que apoyar a las
comunidades pobres y a las naciones en desarrollo. Todo el mundo, ya
sea que vivan en países industrializados o en desarrollo, tiene
derechos fundamentales a niveles decentes de alimentos, vivienda, salud
y vestimenta, y muchas naciones en vías de desarrollo no apoyarán una
solución sobre el clima que no permita estos derechos a sus ciudadanos.
En Estados Unidos, tenemos que impulsar soluciones que distribuyan
equitativamente entre naciones ricas y pobres los costos de la próxima
transición. Si los residentes de los países industrializados no
presionan a sus gobiernos para compartir la riqueza y las capacidades
tecnológicas con el tercer mundo, la pobreza extrema inevitablemente
agravará el estrés ecológico del planeta. Las comunidades pobres que
son dejadas fuera de la economía post-carbono y son privadas de sus
recursos por parte de las corporaciones, se verán forzadas a despojarse
de las cantidades disponibles de agua limpia, bosques y tierras, cada
vez menores, sólo para sobrevivir.
Entonces, ¿cómo luciría un enfoque equitativo? Hay un creciente
consenso internacional en torno a un conjunto básico de principios
llamado "justicia sobre el clima".
1. Compartir justamente la responsabilidad por la reducción de las emisiones
Un enfoque internacional justo y viable debe
basarse en la responsabilidad histórica que tienen los países
industriales ricos al originar el cambio climático, así como la
capacidad de estos países para financiar la transición necesaria.
En los últimos 100 años, Estados Unidos ha sido el mayor emisor
acumulativo de gases de efecto invernadero, de acuerdo a los datos del
Instituto de Recursos Mundiales. Estados Unidos, la Unión Europea,
Japón y Rusia representan en conjunto casi el 70 por ciento de la
acumulación global de CO2 atmosférico entre 1850 y 2004. En los dos
últimos años, China ha superado a Estados Unidos como el mayor emisor
de CO2, pero la población de China es cuatro veces y media más grande.
Las emisiones per cápita de EE.UU. son todavía mucho más altas.
Las naciones industrializadas se hicieron
ricas a expensas del tercer mundo. El desarrollo y la industrialización
del mundo desarrollado se ha dado a través de la continua, y a menudo
forzosa, extracción de minerales, plantas, combustibles fósiles,
alimentos y mano de obra del tercer mundo, y a través de la
globalización corporativa. El petróleo, extraído principalmente de los
países subdesarrollados, ha sido la sangre vital de la globalización.
Junto con su hermano el carbón, ha hecho trabajar al capitalismo
industrial a un ritmo febril durante los últimos 200 años. Agotando la
capacidad de la atmósfera, de la tierra y del océano para absorber el
carbono, los países industrializados han dejado a países como India,
China y Brasil con poco margen para crear economías industriales que
establezcan estándares de vida decentes para sus poblaciones.
Las propuestas predominantes para financiar la transición hacia una
economía con bajas emisiones de carbono implican distribuir fondos del
primer al tercer mundo a través de entidades como el Fondo Monetario
Internacional y el Banco Mundial. Si bien se necesita financiación
desde el mundo desarrollado, estas instituciones son la elección
equivocada. Ambas cuentan con antecedentes de haber agobiado con deudas
a los países pobres, de requerir a sus gobiernos recortes del gasto
público que socavan sus economías nacionales, y de entregar contratos
lucrativos a las empresas transnacionales.
Los mecanismos establecidos para distribuir y asignar estos fondos
deben ser transparentes, democráticos y responsables ante la sociedad
civil del mundo en vías de desarrollo. Los movimientos populares
alrededor del mundo y un número creciente de países—incluyendo Bolivia,
Ecuador, Honduras, Nicaragua, Venezuela, Cuba y toda la Unión
Africana—han propuesto requerir a las naciones industrializadas el pago
de su "deuda ecológica" a través de una entidad de las Naciones Unidas.
Los países ricos pagarían al fondo de acuerdo con su grado de
responsabilidad en el cambio climático, y el dinero sería utilizado
para financiar tecnologías limpias y estrategias de adaptación en los
países pobres.
Recientemente, India y China conjuntamente instaron al mundo
desarrollado a tomar la iniciativa para la reducción de las emisiones y
proporcionar dinero y tecnología sustentable a los países en
desarrollo. Y el Presidente brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva,
recientemente dijo a la prensa que en Copenhague instará al primer
mundo a "pagar por los daños que ya han causado al planeta".
La única forma de que un acuerdo climático internacional sea política,
económica y ecológicamente viable es que los países ricos resuelvan su
deuda ecológica.
2. Terminar con el sobreconsumo y el agotamiento de los recursos
El cambio climático es simplemente uno de los
síntomas más evidentes de una economía de consumo que está empujando
nuestros sistemas ecológicos y humanos hacia el borde. "El crecimiento
económico global es la principal causa del aumento de las emisiones",
escribe el periodista británico George Monbiot. "Incluso la
deforestación en los países pobres está impulsada principalmente por
las operaciones comerciales que envían madera, carne y alimentos para
animales hacia los consumidores ricos".
Si las comunidades ricas avanzan hacia un paradigma de "energía
limpia", pero siguen dependiendo de los recursos naturales y la mano de
obra barata del tercer mundo para alimentar su enorme apetito de cosas
(incluso cosas "ecológicas"), la crisis climática sólo empeorará.
En China, por ejemplo, la "industria ecológica" está desplazando a las
aldeas de agricultores rurales. Una nueva zona industrial al oeste de
Shangai abarcará 98 kilómetros cuadrados e incluirá un "Valle Solar"
para producir energía fotovoltaica y otras tecnologías limpias para
exportación. Irónicamente, las necesidades de energía de esta zona en
desarrollo será alimentada por varias centrales de carbón.
Alcanzar las agresivas reducciones de carbono exigidas por la ciencia
requerirá disminuir la sobreproducción para el sobreconsumo por parte
de Estados Unidos, Canadá y Europa.
3. Dar a las comunidades el control sobre sus alimentos, tierra y energía
Las comunidades administradas democráticamente
y arraigadas en el lugar, que tienen una relación reflexiva y sensible
con su ecosistema, son más capaces de adaptarse a la transición
ecológica.
Apoyar el control local, entre otras cosas, significa apoyar a las
comunidades que se oponen a la extracción de combustibles fósiles.
Estas comunidades son las más perjudicadas por nuestra economía basada
en la contaminación y están articulando una de las soluciones más
simples a la crisis climática: mantener los combustibles fósiles en el
suelo.
Hace dos años, los indígenas Huaorani de
Ecuador ganaron el apoyo provisional del Gobierno ecuatoriano en su
campaña para mantener el petróleo intacto en las selvas del Parque
Nacional Yasuní. Las selvas almacenan carbono e impiden que éste
ingrese a la atmósfera, por lo que esta movida representa una gran
victoria para nuestro planeta. También es una opción costosa para el
Gobierno ecuatoriano—los 850 millones de barriles de petróleo estimados
de Yasuní constituyen el 20 por ciento de reservas petrolíferas
verificadas de Ecuador. Sin embargo, Ecuador está dispuesto a abandonar
el desarrollo de un yacimiento de petróleo en Yasuní si otros países lo
ayudan a recuperar 350 millones anuales—50 por ciento de los ingresos
que obtendría de la extracción de petróleo crudo. A partir de este
escrito, el gobierno de Alemania ha comprometido una suma inicial de 50
millones al año, y los líderes de Francia y España están considerando
un compromiso. Si tiene éxito, esta iniciativa será un momento decisivo
en la lucha por la justicia por el clima—la primera vez que una
comunidad en la línea de fuego ha conseguido mantener combustibles
fósiles en el subsuelo, y una de las primeras veces que una nación en
desarrollo ha negociado una compensación por los servicios ecológicos
que le provee al mundo.
Aquí en América del Norte, hay también luchas inspiradoras que se
resisten a la extracción de combustibles fósiles y que merecen nuestra
atención inmediata y apoyo, como las campañas para poner fin a
eliminación de la cima de la montaña en Apalachia, detener la
extracción de arenas bituminosas en Alberta, Canadá y detener el
refinamiento de petróleo crudo pesado de Chevron en Richmond,
California. Una victoria en cualquiera de esos frentes podría dar
impulso a un movimiento del tipo "déjalo en la tierra" en los países
industrializados y le diría al mundo que el pueblo de Estados Unidos se
preocupa profundamente por la justicia sobre el clima.
Crear una economía ecológica para todos
Es emocionante ver un movimiento multirracial dentro de Estados Unidos
pidiendo una transición climática justa que ayude a salvar el planeta
mientras produce empleos, riqueza y estabilidad económica para las
comunidades marginadas. Necesitamos buscar el mismo tipo de soluciones
a nivel internacional.
Podemos aprender mucho de redes internacionales inspiradoras como
Oilwatch International y Vía Campesina, la organización internacional
de agricultores rurales y campesinos. Las falsas dicotomías de la
economía frente al medio ambiente o la raza frente al medio ambiente no
existen para muchos de los movimientos vibrantes y sofisticados del
mundo en desarrollo. Los movimientos de los pueblos indígenas y
arraigados al territorio comprenden que nuestra supervivencia colectiva
depende profundamente de nuestra relación con la Tierra.
Las comunidades del tercer mundo se resisten a la explotación de los
recursos y están creando sus propias soluciones, desde los indígenas
U'wa en Colombia, que están haciendo campaña contra la explotación de
petróleo en sus tierras, hasta los agricultores indios que están
organizando bancos de semillas para proteger la diversidad cultural y
biológica que les ha permitido superar sequías e inundaciones durante
miles de años.
Grupos como éstos tienen una visión integrada de cómo los alimentos, la
tierra y la soberanía energética contribuirán a crear una sociedad
adaptable a las adversidades.
"Una economía mundial que tenga en cuenta los límites ecológicos debe
necesariamente regionalizar la producción para reducir el derroche
tanto de recursos naturales como de personas," dice Vandana Shiva, el
célebre escritor y activista indio. "Reclamar el control democrático
sobre nuestros alimentos, el agua y nuestra supervivencia ecológica es
el proyecto indispensable para nuestra libertad".
Restablecer la salud de nuestro planeta, requerirá una redistribución
duradera de poder y recursos. Reconocer nuestra herencia común de agua,
alimentos y energía debe estar en el corazón de un nuevo marco para la
gestión de los recursos mundiales. Los recursos naturales deben ser
conservados por el bien común, no privatizados ni explotados de forma
no sustentable. Debemos planificar y ejecutar una transición justa
hacia una sociedad sostenible con equilibrio de recursos y bajos
niveles de carbono que promueva los derechos de las personas, honre su
trabajo y proteja el bienestar y la integridad de toda la vida en el
planeta.
YES! Magazine, 4 enero 2010
__________________
* Gopal Dayaneni y Mateo Nube escribieron este artículo para Acción por
el clima, la edición de invierno de 2010 de YES! Magazine. Mateo es
director del movimiento Generation Justice and Ecology Project,
movementgeneration.org, un grupo que coordina las organizaciones en el
área de la Bahía de San Francisco y que trabajan por la justicia
económica y ecológica. Gopal es un organizador de Movement Generation y
capacitador en la Sociedad Ruckus. Ruckus Society.
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