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Una Zona Cero Libanesa Por Andrea Bistrich Cuando oigo el sonido de los motores de reacción sobre la cabeza estos días, creo que en cualquier momento dejarán caer sus mortíferas cargas. Uno, dos, tres, cuatro, cinco…. Cuento. Sin embargo, las sordas detonaciones que conmocionaron mi sistema nervioso durante muchos días no llegan. En su lugar –silencio. Estaba en Beirut, al igual que Esther y Camille que hicieron una película sobre dos periodistas, como Ghada del Internet café en la calle Hamra, que me traducía las últimas noticias en árabe para mí y que sin su ayuda no lo hubiera conseguido en tales circunstancias difíciles, como Monika y Zico, Sharif, Robert y muchos, muchos otros, que, incluso ahora, aún están en Beirut. Los siguientes son algunos pensamientos, impresiones y voces de los artículos que escribí mientras estuve allí durante los primeros 10 días del bombardeo israelí. Moverse en Beirut, la capital bombardeada del Líbano
La ciudad que nunca duerme “Nuestro pasado es difícil, pero el presente es insoportable”, afirma en alemán Jamil, mi taxista. Él me lleva hasta la puerta de mi apartamento en Spears Road en Sanayeh Park. Hace años, Jamil pidió asilo en Alemania, pero le fue denegado. En los 11 meses de espera aprendió sorprendentemente un buen alemán. “Después de 15 años de guerra civil, dos invasiones israelíes y muchos años de bombardeo israelí, esperaba un futuro mejor para mi pequeña hija. Y ahora todo vuelve a estar destruido. Deseo intentar sacar a mi familia de aquí”. Probablemente está en lo cierto. Incluso si Israel detuviera la destrucción ciega de aeropuertos, carreteras, puentes, centrales eléctricas, cadenas de televisión, faros, estaciones de servicio y edificios de apartamentos en las próximas semanas, llevará años para que el país vuelva a alcanzar el nivel de prosperidad que disfrutaba hace tan solo tres semanas, antes de que comenzara la agresiva ofensiva militar. Jamil no es el único con planes de emigrar. Muchos jóvenes de Beirut comparten la misma actitud. “Ya no tenemos un futuro aquí”, afirma de forma convincente, Ahmad, de 18 años. Él acaba de finalizar el instituto. De la noche a la mañana la popular ciudad de la fiesta mutó para convertirse en la zona número uno de guerra. Kassin, de 44 años, es camarero en un restaurante de lujo. “Beirut era la ciudad que nunca dormía”, recuerda con tristeza. “Hemos visto muchas guerras aquí, pero ésta es la peor. Comenzó de forma tan rápida y violenta”.
Ver Share International, Septiembre 2006, para el texto completo. |
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Maitreya
- el Instructor del Mundo |