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Reflexiones de un periodista - 30


Al mando del Banco Mundial en la batalla contra la pobreza

Por Elizabeth Becker, 6 Mayo 2004 (THE NEW YORK TIMES)

WASHINGTON – De nuevo en Washington, en el despacho que ocupa a dos manzanas de la Casa Blanca, Wolfensohn, presidente del Banco Mundial afirma que lo tratan como a cualquier otro alto cargo cuya misión de ayudar a los pobres ha pasado a un segundo plano, especialmente desde los atentados del 11 de septiembre de 2001. “Hoy se da prioridad al terror, al conflicto, y quizá deba ser así”, declara. “Pero considero que es necesario dedicar una atención paralela e igualmente urgente al desarrollo como forma de prevenir el terrorismo”.

James D. Wolfensohn

A punto de cumplir una década como presidente del Banco Mundial, Wolfensohn lamenta el creciente desequilibrio en el gasto global: cada año se dedican 900.000 millones de dólares a gastos militares y sólo 56.000, al desarrollo de los países pobres. Mantiene que, de invertirse las prioridades, la guerra contra el terrorismo obtendría mejores resultados y añade que la gente desesperada puede dejarse influir por los terroristas.

Wolfensohn, nombrado por el presinente Bill Clinton, admite que pocos miembros del Gobierno de Bush comparten sus convicciones, y que también le critican desde el otro lado del espectro político: activistas que le acusan de incumplir su promesa inicial.

“Su contribución más decisiva ha sido en el sector social, a pesar de que venía con una gran reputación en la inversión privada”, afirma Mark Mallock Brown, administrador del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo y ex primer secretario de Wolfensohn.

El presidente, de 70 años, rompió varios tabúes en el banco. Convenció a la organización de que debía abandonar los proyectos de infraestructuras y, a cambio, financiar proyectos públicos sanitarios, educativos e incluso culturales. Su legado incluye un descenso en la cifra absoluta de personas incluidas en la pobreza y un descenso del analfabetismo desde el 40% al 25% en los últimos 20 años. También consiguió que el banco perdonara dos tercios de la deuda a 27 de los países más pobres, promesa que hizo en su primera reunión con organizaciones sin ánimo de lucro.

Wolfensohn  se ha enfrentado a dificultades extraordinarias. Con la globalización en boga dijo a los países pobres que tuvieran fe en los mercados de reciente apertura y no en los regalos de los países ricos. “Jim ha sido una de las pocas voces públicas que se ha seguido pronunciando en contra del irresponsable abandono de los pobres del mundo por parte de Estados Unidos, y del resto de países ricos”, afirma Jeffrey D. Sachs, economista de la Universidad de Columbia.

Wolfensohn también ha sido estricto con los países en vías de desarrollo. Cuando comenzó su mandato, le dijeron que toda mención a la corrupción estaba prohibida y que para referirse a ella se utilizaba la letra C, con la que frecuentemente se denomina al cáncer.

“Así que en mi primer discurso hice referencia al cáncer de la corrupción en los países pobres” afirma riéndose. Nancy Birdsall, presidente del Centro para el Desarrollo Global, comenta que le sorprendió el lento pero firme cambio de imagen del banco. “Su personalidad y su persistencia en estas cuestiones ha hecho que los ciudadanos crean que al banco le importa más lo que les sucede”, dice.
 

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