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Archivos - Actual crisis mundial

 

Una correcta economía espiritual requiere justicia más que caridad

Noviembre 2009, Dallas (EE.UU.)
-  Andy Morgan


“La verdadera compasión consiste en algo más que arrojar una limosna a un mendigo... se trata de ver que un edificio que produce mendigos necesita una reestructuración”.  (Martin Luther King, Jr.)

Con el Día de Acción de Gracias aproximándose y la Navidad a la vuelta de la esquina, la gente comienza a introducirse en el ambiente festivo, lleno de sentimientos de agradecimiento, bondad y generosidad. Campañas de solidaridad están donando ropas y otras cosas, y los estadounidenses desinteresados están dispuestos a dar. Es una escena y un sentimiento maravillosos de ver a tanta gente responder de corazón a las necesidades de los demás.

De hecho, cualquier época del año siempre es un buen momento para donar todo lo que pueda para ayudar a aquellos que son menos afortunados. Como informa el Programa Mundial de Alimentos, el hambre y la desnutrición devasta a más de 1,000,000,000 (1 billón) de niños y familias en las zonas más pobres del mundo.

Comparado con el tema de las obras de caridad y donaciones personales, sin embargo, hay una pregunta que rara vez se hacen nuestras historias de noticias generales y el diálogo público:

¿Pueden sólo las donaciones resolver nuestras crisis mundiales más urgentes?

Solo la justicia por medio del compartir traerá la paz

Sólo la JUSTICIA a través del
COMPARTIR traerá la PAZ.

Martin Luther King, Jr., creía que no. El músico y activista de derechos humanos Bono cree que no. El economista y ganador del Premio Nobel de la Paz Muhammad Yunus cree que no. Desde actuales y anteriores presidentes y primeros ministros hasta filántropos y líderes empresariales, hay una larga lista de voces públicas respetables que advierten que la justicia, y no la caridad, es el único camino a largo plazo para resolver las disparidades de la economía mundial entre las naciones y los diversos grupos de personas en todo el mundo.

Los defensores de la justicia social y económica a menudo van más allá del aspecto superficial de las teorías económicas racionales. Los libros de texto y los modelos académicos han demostrado ser áridos e insuficientes, si problemas como el hambre y la pobreza han de ser realmente comprendidos.

Por un lado, sabemos que la donaciones benéficas sólo pueden llegar a determinadas personas. No se ocupa de las leyes comerciales injustas, y cómo un pequeño grupo de naciones han impuesto sus propias normas y esencialmente dirigen la economía mundial para satisfacer sus deseos durante décadas. Además, la caridad en forma de ayuda exterior por parte de los gobiernos no funciona tan bien como la mayoría de nosotros suponemos. Mucho de lo que los EE.UU. dona, por ejemplo, podría ir a manos de consultores privados, en lugar de a los ciudadanos más pobres. (*)

Algunos ven un problema mucho más profundo. La actual inestabilidad y turbulencia financiera se deriva de un enfoque equivocado de nuestro punto de vista básico de la vida. Fundamentalmente, todos somos seres espirituales. Tenemos una herencia espiritual que debe ser reconocida y restaurada en nuestra consciencia. Esto no debe confundirse con la filiación religiosa, sino más bien es la naturaleza básica y divina que compartimos en común. Ya sea que sigamos un sistema de creencias o no, es universalmente aceptado que todos los seres humanos tienen derecho a una adecuada alimentación, vivienda y atención médica, para no morir por causas fácilmente evitables.

Los seres “civilizados” no permitirían que más de 24.000 de sus congéneres murieran de hambre cada día, día tras día, en un planeta que produce alimentos más que suficientes para todos. Sin embargo, nosotros, en el G-7 de los países más ricos, nos llamamos “civilizados” y permitimos que un acto tan vergonzoso continúe.

Siendo un catalizador para el cambio

Nosotros sólo podemos hacer tanto como un solo individuo. La crisis económica mundial parece ser un problema gigantesco para hacerle frente, y muchos se dan por vencidos, porque no saben cómo o por dónde empezar. Sin embargo, no hay ninguna razón para sentirse inútil o insignificante. Podemos unirnos a otras personas que piden un mayor esfuerzo en todo el mundo para corregir la situación de los pobres, para reexaminar las estructuras económicas que han traído tanta miseria e injusticia hasta ahora.

Una época de vacaciones en medio de una crisis financiera nos desafía a repensar lo que significa verdaderamente ayudar a los pobres. ¿Echamos una moneda a los mendigos y nos alejamos con la sensación del deber cumplido, o podemos ir un paso más allá y tratar de hablar con nuestros vecinos, amigos y familiares sobre problemas más profundos? El crimen del hambre que se produce en medio de la abundancia es un problema colectivo. Es un problema espiritual. Cuando otros sufren, nosotros inevitablemente sufrimos. Cuando la tensión cesa, y otros tienen lo suficiente para vivir felices, podemos vivir felices y estar a gusto con nosotros mismos.

El problema del hambre en el mundo es un problema que, como sociedad occidental, hemos permitido que continúe, no en el sentido de que seamos personalmente responsables, sino porque seguimos siendo complacientes y permitimos que nuestros líderes pasen de lado sin tratar de encarar este patente problema y no siga adelante. Es hora de resolver este problema, juntos. La única posibilidad que tenemos de ser más fuertes, de requerir a nuestros líderes un cambio, es formar parte de un movimiento más amplio para exigir justicia. Lo más importante es dejar de permanecer en silencio.

Como Martin Luther King, Jr. lo dijo claramente: “Llega la hora en que el silencio es traición.”


Examiner.com, 24 noviembre 2009


* Abajo se muestra el comienzo de un artículo relacionado con la ayuda externa y el alivio de la pobreza. Puede sorprender a los lectores lo poco que realmente llega a los necesitados. Por eso existe una creciente demanda de menos donaciones y más reestructuración de la propia economía.

DESARROLLO: Ayuda para los pobres, no para los Consultores
Por Moyiga Nduru

JOHANNESBURGO, 5 de julio (IPS) - No menos de una cuarta parte de la ayuda anual para el desarrollo - alrededor de 20 millones de dólares - está siendo utilizado por los países donantes para financiar la asistencia técnica de valor a veces dudoso, dice ActionAid International en un nuevo informe... http://ipsnews.net/news.asp?idnews=33878  (En inglés)




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